MARIPOSAS

I

La pléyade fugaz de alas de oro

surgió de pronto en la callada alcoba,

Y mi madre me dijo:

—No te asustes,

son bellas, y se llaman mariposas.

Donde hay amor, perfumes, alegría,

besos, arrullos, esperanzas, notas...

Donde tiene su trono la inocencia,

altar el bien, la dicha sinagoga;

donde hay luz, y cariños, y poesía;

donde no existe un átomo de sombra,

allí van á formar, amado mío,

nido de luz las raudas mariposas.

II

Cuando me encorve el peso de los años,

cuando la senda del dolor recorra

y, cansado viajero, sin un triunfo

me tienda á descansar sobre una fosa,

¡quiera Dios que en la noche de mi cráneo,

así como en el hueco de la alcoba,

vengan á fabricar, madre del alma,

nido de luz las bellas mariposas!