ESCENA VIII.
JULIA.—DOLORES.—Luego DON LUIS.
Julia. Qué quiere decir esto?
Dolor. (Riendo). Lo mismo iba yo á preguntar á usted.
Julia. Cierra la puerta, y di que no habran á nadie.
Dolor. Voy, señora. (Váse por el foro. Don Luis, que ha entrado sin ser visto, se desliza por detrás de la cortina de la puerta de la derecha).
Julia. Oh! Cualquiera diria que se está burlando de mí... Pero, no, no lo creo. Eso sí, no es del todo despreciable... y no he dejado de pensar en él desde que lo ví por primera vez... Si yo estuviese segura de que me ama... En fin, no pensemos mas en él.
Luis. (Tosiendo). Gem... ejem...
Julia. (Volviéndose). Quién está ahí?...
Luis. (Dando un paso ceremoniosamente). Señora, tengo el placer...
Julia. Cómo!...
Luis. Si incomodo...
Julia. Esto ya es demasiado, y...
Luis. Lo ha pasado usted bien desde la última vez que tuve el gusto de verla?
Julia. (Yendo vivamente á la puerta del fondo). Caballero, decididamente voy á mandar ahora mismo que lo pongan á usted á la puerta de la calle.
Luis. A la puerta? Hará usted mal.
Julia. Sí señor.
Luis. Perdone usted, señora; pero su doncella me ha hecho observar que habia muchas formalidades que cumplir antes de pedir á la mujer á quien se ama, su corazon y su mano.
Julia. Pero en fin... en fin...
Luis. En fin, señora, esto quiere decir que en menos de un cuarto de hora he venido á ver á usted tres veces; saldré dentro de cinco minutos; volveré á los otros cinco, y resultará que al cabo del dia habré hecho á usted cincuenta visitas.
Julia. Cincuenta visitas!
Luis. En seguida pasaremos al capítulo de la correspondencia; despues vendrán los presentes... y... (Aparece un criado con un ramo de flores). A propósito, ese es el primero.
Criado. Para la señorita Julia.
Luis. (Tomando el ramo). Dignese usted aceptarlo. (Se lo presenta á Julia, esta le vuelve la espalda y don Luis lo pone sobre el velador).
Julia. Pero esta es una verdadera persecucion, caballero!