CAPITULO III

Que quenta Mycyllo lo que le sucedio en el conbite del rico Everates.

Mycillo.—Yo te [lo de]seo contar porque me es muy sabroso dezirlo y acordarme dél; mas dime tú, Pitagoras, ¿quando me contarás estas tus transformacyones?

Gallo.—Quando tú, Micyllo, acabares de contarme lo que te acontecyo en la cena y me dixeres tu suenno, porque te lo deseo saber.

Mycillo.—Bien te acordarás que no comi ayer ninguna vez en casa, porque topandome ayer aquel rico Eberates en la plaça me dixo que labado y polido me fuese con él a comer.

Gallo.—Bien me aquerdo, porque yo en todo el dia no comi, asta que viniendo tu a la noche bien arto, me distes vnas cynco abas, por cyerto esplendida cena para gallo el qual en otro tiempo fue rey y poderoso peleador.

Mycillo.—Pues entonces yo me eché a dormir quando te di las abas; luego me dormi e comence a sonnar en la noche vn suenno mas sabroso quel vyno, netar ny anbrosia.

Gallo.—Pues antes que me quentes el suenno ¡oh Mycyllo! me quenta todo lo que paso en la cena de Eberates, porque me plazerá ny tanpoco te pesará a ti si agora quisieres, contandome todo lo que comiste, rumiarlo como entre suennos.

Mycillo.—Yo pienso serte enojoso si lo que alli pasó te contase, mas pues tú lo deseas saber, yo huelgo de te lo dezir porque nunca asta agora he sido conbidado de algun ryco, ¡o Pitagora! e sabras que ayer rejido con buena fortuna me topé con Eutratas[291] y saludandole como yo lo tenia en costunbre, encobryame quanto podia por verguença que no byese my capa despedaçada, y dizeme el: Mycyllo, oy celebro el nascimiento de vna hija mia, he conbidado a muchas personas para comer e cenar; e porque me dizen que vno de los conbidados está enfermo e no puede venir, vente tú en su lugar y haz de manera que por ser festibal el conbite vayas polido e ataviado lo mejor que pudieres e comeras allá si acaso si aquel faltare, porque avn lo pone en duda. E como yo oí a Hencrates adorele y fume (sic) rogando a Dios todopoderoso, porque tubiese hefeto my felicedad, diese aquel henfermo en quyo lugar yo habia de oqupar la silla en el conbite algun frenesi o modorylla o dolor de costado o gotata (sic) de tal manera que le yziese quedar en su casa y no fuese allá. Pues myentras llegaba la ora de la cena yo me fui al baño y me labé y este tienpo se me yzo vn siglo o vna gran edad, mas quando fue el tienpo llegado voyme solycy[to] lo mejor que yo pude atabiado, puesta mi pobre capa de la parte más linpia y que sus agujeros menos se parescyesen; allegando a las puertas hallo otros muchos onbres, entre los quales veo que cuatro moços traen sentado en una silla aquel enfermo en quyo lugar yo era combidado e benia el mismo manifestando traer gran enfermedad, porque jemia muy doloroso y tosia y escopia muy asquerosamente; venia amaryllo e ynchado; era viejo de más de setenta años y dezian ser vn filosofo que lee en esquelas y aze cancyones en publyco; traya vnas vistiduras muy yploclitas, y como Archebio el medico le vio y qu'era alli conbidado le dixo: señor, mejor fuera que os quedarades en vuestra casa estando tan enfermo que salir agora acá; el qual respondio: no es razon que Daron filosofo quebrante a su amigo la palabra avnque esté enfermo de qualquiera enfermedad. E dixe yo: mas veo, sennor Tromopol, que ansi se llamava el filosofo, que olgara Ancrates que os muryerades en vuestra casa y cama en el servicyo de vuestros qryados que no venirle a ocupar el conbyte con hambrientos, y que si acierta aqui a salirseos el anima, que le paresce segun venis que no podeys mucho durar. El filosofo, como su yntencyon era padescer qualquiera muerte o ynjuria por comer de fiesta para satisfazer a su glotonia, disimuló el donayre que le dyxe con mucha gravedad, y estando en esto vino a nosotros Encrates y mirando por el filosofo podrydo dixo: buen Temospol, muchas gracias te doy por aver venido con esta tu enfermedad al conbite, puesto caso que aunque no binieras no se te dexara de enbiar todo el conbite por orden a tu posada; sientate e comeras; e como yo oi que los moços le metian adentro para le asentar a comer, muy triste comienzo a maldezir su flaca enfermedad, pues no le bastó a destruyr, y muy amarillo de afrenta de mi desventura, pues pense cenar mejor, dispuseme para salir de la sala del conbite para conplir la condicyon con que Encrates me abia conbidado, e comenceme a deleznar con alguna pesadunbre, mostrandome al vespede cada vez que bolbia la cara a mi, y casi con my rostro amaryllo le dezia: voyme a mi pesar. Tambien me enojaba más ver que en toda la mesa no avia sylla vazia para mí, porque estaban puestas en derredor en numero ygual con los conbidados; en fin como Eucrates me bio tan triste y me yva, alcançóme casi a la puerta y dixome: tu, Mycyllo, buelbe acá e cenarás con nosotros, y mandó a vn yjo suyo que se entrase a cenar con las mujeres y me dexase aquel lugar. Pues como poco antes me yva triste y desventurado, buelbo luego muy alegre con mi prospero suceso; como ninguno se quiso sentar junto al hanbriento filosofo por no le ver toser, viendo aquella sylla va[cia] que estava enfrente dél fuime ally asentar de lo qual mucho me pesó; luego començo la cena; ¡oh Pitagoras! qué opulento comer, qué fertylidad de manjares, qué diversidad de vinos, qué copiosidad de guisados, de salsas y especya, e quién te lo bastase a contar; quánto vaso de oro; plateles, copas y jarros eran todos de oro; los pajes muy dispuestos y muy bien atabyados; abia cantores que nunca dexaban de cantar; abia dibersos ynstrumentos de musica que azian muy diversos instrumentos de melodia y muchos que dançavan y bailavan muy gracyosamente; en suma toda la fiesta pasó en mucha curyosidad, sino que tenia yo vn contrapeso que me tercyaba el plazer, y era que aquel maldito viejo de Tresuropoles el qual con su tos y esqupir me ynchia tanto de asco que yo no podia comer si la anbre no me ayudara, y por otra parte no me dexaba tener atencyon a la musica porque me fatigava con disputar comigo quistiones de filosofia, preguntandome qué sentia de Juan de voto a Dios con que espantan los ninnos las amas que los qrian; afirmome con grandes juramentos que abia sido su conbidado y que le diera vna blanca de aquellas cynco que consygo suele traer, la qual dixo que tenia en gran veneracyon y despues quisome matar sobre presbadirme con mucha ynstancya que quando era de dia no era de noche y cuando era noche no era de dia. En estas y en otras vanidades me molia, hasta que llegado el fin de la cena, que quisiera yo ver antes su fin de aquel traidor por que el gozo de tanto bien me estorbaba. Ya as oido ¡oh Pitágoras! lo que en la cena pasó.

Gallo.—Mucho me ha parescido bien tu buena fortuna; mas no puedo estar en mi, de enojado de aquel malaventurado filosofo e con quantas importunaciones estorbaba placer tan sabroso.

NOTAS:

[291] En Luciano el nombre del rico es Eucrates. Su imitador lo escribe con la diversidad que se verá en el texto, si ya esta variedad de formas no es descuido del copista.