CAPITULO IX
Que pone como fue trasformado de Dionisio en Epulon el rico y cuanto trabajo tiene uno en ser rico y lo que le sucedio.
Gallo.—Mira, mi amo Micillo, yo no hago caudal en el nombre, llámame como mas te placerá. Sabras que despues de poco tiempo que fui Dionisio vine á ser un rico de Siria llamado Epulon el rico, de cuyo desasosiego y trabajo te quiero ahora decir. Yo fue hijo de padres muy ricos; yo ansi por herencia, como por la gran contratacion sobrepijé en el poseer muy mayores tesoros que ellos, por lo cual fue muy estimado del pueblo y todos me deseaban servir; hacianme gran veneracion con gran reverencia; no habia noble que en estima se me pensase igualar; tenia grandes vajillas de plata, vasos de oro para me servir en el comer; hacia grandes convites y banquetes á mis amigos por hacer gran fama de mi; servianse con gran aparato de pajes muy graciosamente ataviados los manjares; en mucha copiosidad aquellos potages y salsas en perfeccion; asalariaba grandes cocineros examinados en su arte que supiesen gran diversidad de los guisados como para un rey; mientras comia tenia gran diversidad de música, de cantores é instrumentos que daban mucho deleite; bebia las aguas destiladas y cocidas y los vinos puestos á infriar, muy acompañado de juglares y chocarreros que me daban á los convidados mucho placer. Despues de haber comido jugaba todo el dia grandes cantidades de moneda por me solazar; ataviabame muy suntuosamente; tenia muy poderosos cavallos; iba á caza de altaneria y de galgos; mas ¡ay de mi! que Dios sabe con qué ánimo hacia yo estas profanidades, que del alma me salia cada pequeña moneda que se gastaba, porque si me esforzaba á lo hacer era por los que á mi se allegaban por dar de mi buena fama, que escondido donde no me podian ver en mi casa con mis familiares y apaniguados esforzábame á pasar con un misero potaje de miseras lentejas y aunque en él no habia para todos poder comer, siempre andaba amarillo y pensativo como se me gastaba lo que con tanto trabajo habia adquerido yendo á las ferias de todo Egito e Palestina y aun á las de Grecia por convenir con los tratantes y mercaderes y con los deudores á quien con grandes intereses y usuras yo prestaba mi moneda; venia por los caminos y por el mar aventurando mi persona y hacienda á los cosarios que me robasen y me quitasen la vida, sufriendo las crueles tempestades que cada hora me ponian en peligro de me perder; no osaba dar á ningun mendigo un solo cornado pensando de me venir empobrecer; pesábame con grandisimo dolor en pensar que con la muerte lo habia de dejar. Si préstamos ó tributos se habian de dar al Emperador yo habia de ser el primero; si guerra habia en la provincia ó que Roma las quisiese tener yo habia de ir allá y aun habia de llevar lanzas á mi costa y mension; en todo esto pasaba en el campo la misera vida que pasan los soldados y suelen pasar en el campo de la guerra. Temia siempre si mi hacienda que habia dejado soterrada pensando que si me la hallaban quedaria pobre y si moria sin que supiesen donde estaba pesábame pensar que se habia de perder. Pues venido á mi patria y no sin congoja y dolor, venida la noche, cuando todos estaban en silencio y quietud, levantabame yo y abria las huesas adonde tenia el tesoro enterrado y en una mesa comenzabalo á contar y mirandolo me pesaba porque lo poseia, pues en conservarlo me daba tanta congoja y dolor, y despues de vuelto á la tierra no podia dormir considerando si estaba seguro allí, si los cofres en que estaba la plata y aparador los podian hurtar; en viendo un raton ó una mosca luego saltaba de la cama pensando que ladrones me hurtaban y robaban; voceaba con gran priesa y espanto y levantada mi gente decianme denuestos é injurias, que aun agora con ser gallo no los querria sufrir, llamabanme abariento rixoso miserable y que ellos mismos me robarian con enojo de mi misera abaricia, dezian que no querian serbirme y tenian mucha razon porque muchas noches los azia lebantar cinco y seys vezes que no los dexaba dormir: ¿Quién contaria agora, Micillo, por orden los sobresaltos, las malas comidas y bebidas que yo pasé? Hallarias de verdad que son los ricos verdaderos infelices sin algun descanso ni plazer porque se les va la gloria y el descanso por otros albañares de asechanzas que no se paresce, ladrillados por encima con lisonjas. E quánto mejor duerme el pobre que no el que tiene de guardar con solicitud lo que con trabajo ganó y con dolor de lo dejar. El amigo del pobre será berdadero y el del rico simulado y fingido, el pobre es amado por su persona y el rico por su azienda, nunca el rico oye verdad, todos le dizen lisonjas y todos les maldizen en ausencia por la enbidia que tienen á su posesion. Con gran dificultad allarás en el mundo un rico que no confiese que le será mejor estar en su mediano estado e en esta pobleza, porque en la berdad las riquezas no hazen rico sino oqupado, no hazen Señor, sino mayordomo, y más son siervos de sus riquezas y ellas mesmas les acarrean la muerte, quitan el plazer, borran las buenas costumbres; ninguna cosa es tan contraria del sosiego y buena bida quel guardar y arquerir tesoros y habellos de conservar. Gran trabajo es sobre todo ver el honbre veynte hyjos alredor de si de contino pregon á Dios que yo me aya de morir porque ellos se entreguen y hereden mi posesion. Pues sobre todos mis males te quiero contar los trabajos que pasé despues.