CAPITULO V

Pone á quantos peligros se ponen las personas por adquirir riquezas y lo que dello les sucede y si es lícito o no.

Micillo.—Dime agora quantos son los que menos preciada su vida y pospuesta la seguridad de vivir se disponen a salir de sus propias tierras donde son nacidos y criados, y desamparados sus padres y parientes, no estimando el sosiego de su anima, se ponen en el mar de las tempestades ciertas a mal comer y mal beber, a peligro de morir cada hora en manos de sus enemigos, para pasar a las Indias por adquerir las inciertas riquezas del oro, por gozar de la felicidad de lo poseer, y después de pasados diez años en las Indias o en otros semejantes lugares a quántos peligros se disponen por lo ganar de aquella gente barbara y sin fe ni sin ley, quanto animó con arte uno solo a docientos de aquellos solo por ver entre las piedras el oro relucir; y aun despues de haber pasados todos estos peligros plugiese a Dios fuese licita su posesion porque no sé yo con qué color pueden ellos tomar aquella gente el oro que poseen; y a fin si fuesen a lo cavar de las venas de la tierra y con su propio trabajo y sudor lo procurasen adquerir descubriendo las minas donde está, aun con justo título lo podrían tomar, no haciendo cuenta si era nescesario de lo tomar a su rey por estar en su territorio y juridicion, porque no quiero agora dudar si posean los reinos con razon ni los extraños se los puedan tomar; bien sé yo que por vedar ellos que se les predique el Evangelio de Dios les podemos hacer guerras y todo lo demas; en suma todo lo puede el dinero; las peñas quebranta, los rios pasan en seco; no hay lugar tan alto que un asno cargado de oro no lo suba; ¡oh, qué bienaventuranza es el tener que dar; qué miseria es el contino rescebir!; las riquezas conservan los amigos, allegan los parientes, adquieren quien de vos diga bien; todos le saludan, todos le llaman al rico señor, y si pobre es, de todos es desechado y aborrescido de contino; quel pobre os hable, ois pensando qué os quiere pedir; en conclusion siempre oi decir quel oro mandaba todas las cosas criadas; mas dime, Gallo, porqué te ries.

Gallo.—Riome porque tú tambien, Micillo, estás en la misma necedad que'stá el inorante vulgo en la opinion que tienen los ricos; pues creeme a mi, que muy más trabajada y desventurada vida pasan ellos que vosotros, y hablo esto por saberlo como lo sé muy bien porque yo soy inspirimentado en todas las vidas de los hombres; en un tiempo fui rico y en otro pobre como ago agora; si esperas lo oirás.

Micillo.—Pues, por Dios, que es razon que tú nos cuentes como fueste transformado y qué has pasado en cualquier estado de tu vida.

Gallo.—Pues oyeme y ten por prosupuesto que en toda mi vida nunca yo vi estado de hombre mas bienaventurado quel tuyo.

Micillo.—Yo te ruego que me enseñes mi bienaventuranza y cuenta desde qué fueste nascido hasta ahora que eres gallo y como fueste en cada uno transformado y qué te acaesció en cada una de tus transformaciones, porque necesariamente paresce que han de ser cosas diversas y notabres.