CAPITULO VI

Como cuenta que fue Euforbio y da a entender a su amo quél habia sido hormiga.

Gallo.—No es necesidad que te diga agora cómo Apolo trujo mi ánima á la tierra y la invistio de cuerpo humano porque seria muy prolijo al contar, ni debes tú saber mas de que al prencipio vine á ser Euforbio y vine á defender los muros de Troya contra los griegos.

Micillo.—Dime ¡oh preclaro varon Pitagoras! qué fuí yo antes que fuese Micillo y si hubo en mi la misma conversion?

Gallo.—Sabras que tú fueste una hormiga de las Indias de las que cavan oro para comer.

Micillo.—¡Oh, desdichado de mi! ¿por qué no traje yo acá un poco de lo que me sobraba allá, para salir desta miseria? pues dime, Gallo, en qué tengo de convertirme despues de que deje de ser Micillo?

Gallo.—Eso yo no lo sé porque está por venir; mas volviendo á mi propósito, como al prencipio de mi ser yo fuese Euforbio y pelease ante los muros de Troya matóme Menelao y dende á poco tiempo vine á ser Pitágoras; por cierto vine á vevir sin casa ni techo donde pudiese posar hasta que Menesarca me la edificó.

Micillo.—Ruégote que me digas, ¿hacias vida sin comer ni beber?

Gallo.—Por cierto no usaba de más de lo que al cuerpo le podia bastar.

Micillo.—Pues primero te ruego me digas lo que en Troya pasó y lo que viste siendo tú Euforbio, por ver si Homero dijo verdad.

Gallo.—¿Cómo lo podia él saber, pues no lo vio? que cuando aquello pasaba era él camello en las Indias; una cosa quiero que sepas de mí; que ni Ayax Telamon fue tan esforzado como lo pinta Homero ni Helena tan hermosa porque ya muy vieja era, casi tanto como Hécuba, porque esta fue mucho antes robada de Teseo en Anfione; ni tampoco fue tan elegante Archiles (sic) ni tan astuto Ulises, que en la verdad fabula es y muy lejos de la verdad, como suele acaescer que las cosas escritas en historias y contadas en lejos (sic) tierras sean muy mayores en la fama y mas elegantes de lo que es verdad. Esto te baste de Euforbio y de las cosas de Troya.