CAPITULO XIII

Como casó la quarta vez y lo que con esta muger le sucedio.

Gallo.—Y ansi no quiriendo olbidarme la rigurosa fortuna de contentarse con el mal pasado me dieron a Coridona por muger, con la qual por su buena fama casé, porque ni era hermosa ni fea, ni tan poco baxa de estado ni alta de generacion y antes pobre que rica, y si con ella casé no pienso, amigo Micillo, que lo causó el apetito de la voluntad ni aun el contento que me quedó de las mujeres pasadas, salvo por el deseo que tenia de haber hijos y tambien por la necesidad que tenia de la guarda de mis bienes y por otras causas que son legitimas para ello y tambien porque pensaba que no teniendo alguna cosa de las que las otras pasadas tenian no me daría la vida que las otras me daban, en especial siendo en todas sus operaciones la mejor y mas sana donzella que creo en el mundo se hallase; mas quiero que sepas, Micillo, que si me guerreó la primera por ser de mejor parte que yo y la segunda por ser el dote tan grande que me dio y la tercera por la gran hermosura que poseyó, que tambien me dio guerra Coridona porque muy buena se halló. La qual quando guerrear me queria me ponia delante el tratamiento que las otras mujeres pasadas me hazian, diciendome: ni vos me meresceys ni ellas fueron mis yguales, porque aunque en linaje la una me hizo ventaja y la otra en riquezas y la otra en hermosura, yo se la hago á ellas en ser muy mejor de mi persona y condicion que ninguna dellas, porque si la primera os trató con poca estima yo os trato con mucha, y si la segunda os pedia quenta en qué dispendiays sus bienes yo huelgo que dispendiays los vuestros; y si la tercera os agrabiaba con sobra de palabras yo os sirvo con sobra de buenas obras; de tal manera que apenas le hablaba con paciencia, quando luego me respondia con yra diciendome: peores afrentas que las pasadas mujeres habia menester yo que no della; que ellas me trataban como yo merescia; de donde venia que ella por mucho hablar, yo por poco sufrir le daba algunos castigos y venia en tanta diferencia con ella y en tanta guerra y discordia que parescia que era más que no las pasadas, y aun digote, amigo, en verdad que fueron mayores las que tubimos despues que engendró un hijo, que quisimos mucho, y aun mucho, mas á menudo reñiamos que antes que lo hubiese; lo uno por el preñado; lo otro porque se tenia por muy buena no osaba hablarle lo que me combenia por no venir con ella en enojo; en fin ella se murio y si más me durara yo me enterrara vivo, porque no me aquerdo estar dia sin pasion ni noche sin renzilla, y yo quedé della tan hostigado que me paresce que hace mas el hombre que sufre á la muy buena mujer que la mujer que sufre al mal varon; por que no hay ninguno por malo que sea que una vez en el dia no perdona la falta de su muger, ni ninguna muger por muy buena que sea que disimule ni enqubra la quiebra del baron; nunca vi cordura tan acertada como lo que hizo Udalio Gario en Jerusalen cuando fue importunado por los tribunos que se casase con Palestina, que porque no veniese el casamiento en efeto puso fuego a todos sus bienes y pregutado porqué lo hizo responde que porque queria mas estar pobre y solo que no rico y mal acompañado, porque sabia que Palestina era mujer loca y presuntuosa; y otra cosa hizo Anteo en Grecia; que por no sufrir las airadas palabras de Hentria su mujer se subio á un gran monte y hizo sacreficio de si mismo quemandose en un gran fuego; Fulsio Catulo en Asia que era del linaje de los partos, viendose descontento con Mina su mujer por la mala vida que con ella tenia, se subio con ella á la mas alta torre de sus palacios y diciendo, nunca plega á los dioses que tú, Mina, des á otro ningun varon mala vida, ni á mi buena otra mujer; y acabadas estas palabras la lanzó de la torre abajo no quedando él encima. Mira bien, Micillo, qué felicidad tienen con sus riquezas los ricos y qué descanso con las mujeres que son casadas; mira si tien aqui qué desear.

Micillo.—¡Oh! mi buen Pitágoras, cuan notables cosas has traido á mi noticia; por cierto á mi me parescen increibles cuando son tan admirables. Mas dime agora, porque rescibo gran deleite [en] te oir, ¿que fueste de ti despues que fueste Epulon el rico?