CAPITULO XIV

Como de Epulon fue transformado en asno; cosa de notar y gran sentencia.

Gallo.—Oyeme, mi buen Micillo, que yo te satisfare; sabras que como complí el espacio de mi vida en el qual había de dejar de ser Epulon, fue llevado á los infiernos á ser sentenciado de mis costumbres y despues que con gran compaña de ánimas me pasó en su barca Aqueron, fue presentado ante las Furias infernales Aleto y Tesifone y los jueces Minos y Pluton, los quales estaban asentados en un tribunal cercados de los acusadores y en siendo empresentado vi ante los ojos junto todo mi mal, que me parescio que otra vez pasaba por él; y como le vi rescebí muy entrañable dolor, tan grande que tuviera por bien dejar de ser; despues que Minos me hubo desanimado mandó que me leyesen la sentencia conforme á su ley é levantóse un viejo calvo de gran autoridad é abriendo un libro dijo ansí: ley teneis ¡oh dioses! conforme á la qual el mismo se puede condenar; pues oíd; el viejo en alta voz leyo ansi: porque los ricos en el mundo mientras viven cometen nefandísimos pecados, robos, usuras, latrocinios, fuerzas, teniendo á los pobres en menosprecio, es determinado por toda nuestra infernal congregación que sus cuerpos padezcan penas entre los condenados y sus ánimas vuelvan al mundo á informar cuerpos de asnos, hasta que conforme á sus obras sea nuestra voluntad. Y como fuese leida esta ley, mandó Minos que fuese asno diez años y luego lo aprobo toda la congregacion y aulló Proserpina y ladró muy fieramente el can Cerbero, porque se requería esta solenidad porque fuese alguna cosa firme y enviolabre en el infierno, y como no pude suplicar fue sacado de allí y en esta oportunidad ofreciose en Egito estar de parto una burra de un geciano, y como vino á parir yo me vine á ser el asno primero que nasció, y desque yo me vi metido en cuerpo tan vil pense rebentar de enojo; mas como vi que era escusada mi pasion pues traía poco provecho el mucho me doler, aunque por una parte pense dejarme morir de hambre y no mamar pensandome escapar de la cruel sentencia, mas desque consideré que era inviolable ley y ya estaba determinado en el senado infernal y como vi que aquel egicio era rico que me podia bien mantener determiné de sufrir con paciencia mi malhadada suerte, pensando que podia venir á manos de otro en el mundo que no me tratase tan bien, y más que como mi amo me veia pequeño y bonito y el primero y que con grandes aullidos me apartaba de la madre y no queria mamar, entre tres hermanos mios se condolia de mi y me traia con gran piedad á las tetas y puestas á la boca me las apretaba y aunque yo no queria me hacia mamar por fuerza.

Micillo.—¡Oh! donosa transformacion de rey y filósofo en asno; ¿y no rescibias en ello enojo? porque me huelgo en te lo oir.

Gallo.—Ansi como acaesce deleitarse el hombre recontando entre sí aquello que en tiempos pasados con prospero estado le acaesció y se regocija en lo contar de nuevo mill veces á sus amigos, representándoles qualquiera particularidad notable que en ello se ofreciere, ansi sin ninguna comparacion apasionan más las adversidades traidas á la memoria, enojan considerar de mucho qualquiera miseria y fatiga que cada cual pasó; mas yo tengo por bien padescer cualquiera dolor que de contarte mis trabajos se me puede seguir, por te complacer. Y ahora, Micillo, sabrás que como fue convalesciendo en edad con gran regalo como el egicio me criaba, esforceme á sufrir mi miseria aunque conosciese mi dolor, y mientra fue pequeño no tengo cosa que de contarte sea, porque con la niñez todos los animales pasan el mal sin sufrir. Inviábame con [mis] hermanos al prado y despues que de mamar y pascer las yerbas tiernas estábamos hartos, armabamos batallas por aquellos campos deleitosos; corriamos con grandes relinchos y saltos; ansi veniamos á juntar con los pechos é boca, peleabamos sin nos herir y despues con mucho placer volviamos á escaramuzar é íbamos á las viñas y mieses; con gran sabor hartábamos nuestros estomagos á nuestro querer, y si los viñadores ó misigeros nos prendaban, nuestro amo sin pasion alguna nos rescataba. Por nos ver borricos, que la edad nos citaba al trabajo, comenzonos el egicio á dar paja y cebada porque nos pusiese el manjar fuerzas y ya yo iba á llevar la comida al campo á los gañanes y la cebada y trigo á la sembrada y aun llevaba á mi amo sobre mi á requerir el ganado y labranzas, y en fin que fue ya grande para llevar cualquiera carga, ofrecio...