CAPITULO XXII

Como fue convertido en gañan del campo como servio á un avariento y despues fue tornado pavon é otras muchas cosas.

Después desto fue convertido en gañan del campo, adonde de contino con mucho trabajo sin reposo ninguno ni nunca entrar en poblado pasaba muy triste vida. Vine á servir y ser criado de un mísero avariento que me mataba de hambre, de lo cual no te doy entera cuenta lo que en este caso me sucedio, y fue transformado en pavon y agora gallo. ¡Oh! Micillo, si particularmente te hobiese de decir la vida y trabajos que he pasado en cada uno destos míseros estados no bastarían cien mill años que no hiciese sino contártelo. Por eso ya viene la mañana, por lo qual quiero concluir porque vayas al trabajo, porque en esperanza de tu sueño no moramos de hambre, que creo que desde las diez encomenzamos la prática sin nada nos estorbar y son dadas cinco horas.

Micillo.—Admirado me tienen los trabajos desta vida, ¡oh Gallo! Pues dime ahora lo que me prometiste, que deseo mucho saber: ¿cual estado te paresció mejor?

Gallo.—Entre los brutos cuando era rana; entre los hombres siendo un pobre hombre como tú, porque tú no tienes que temer próspera ni adversa fortuna, ni te pueden perjudicar, no estás á la luz del mundo porque nadie te calunie; solo vives sin perjuicio de otro, comiendo de tu sudor ganado á tu placer, sin usuras ni daño de tu ánima; duermes sueño seguro, sin temer que por tu hacienda te hayan de matar ni robar; si hay guerra no hacen cuenta de tí; si préstamos ó censuras no temes que te ha de caber nada. En conclusion que bienaventurado el que vive en pobleza si es prudente en la saber sollevar.

Micillo.—¡Oh! mi buen Gallo, yo conozco que tienes mucha razon y pues es venido el día quiero ir al trabajo y por el buen consuelo que me has dado en tu comer te lo agradeceré, como por la obra lo verás. Quédate con Dios, que yo me voy á trabajar.

FIN DEL DIALOGO DE LAS TRANSFORMACIONES