III
San Martín es una de las figuras más respetables de América.
Hemos dicho que Wáshington es un patriarca, un verdadero tipo de ciudadano y patriota; dejamos dicho también que el gran Bolívar es un caudillo revolucionario; digamos ahora que San Martín es el tipo militar de la Revolución, no del caudillo osado y genial y un tanto aventurero á lo Bolívar, sino del soldado regular, que ha hecho el aprendizaje de la profesión y conoce la milicia por reglas aprendidas y por la propia experiencia.
Don Juan San Martín nació en 1780, creemos que en Buenos-Aires. Ingresó muy joven todavía en el ejército español, y tomó parte en la guerra que sostuvo España contra las ejércitos de Napoleón. Entre los hechos de armas en que tomó parte activa como oficial subalterno, figura la batalla de Bailén ganada por los españoles el 19 de julio de 1808. En tan brillante escuela se formó el futuro general de las tropas argentinas.
Ya lo hemos dicho en otra parte: «San Martín es una de las grandes figuras de la independencia americana; si no ciñen su frente, como la de Bolívar, los resplandores del genio, tampoco tenía soberbia ni ambición. Era un patriota modesto, un héroe desinteresado y un capitán ilustre.»
Realizada la independencia argentina, concibió San Martín el proyecto le libertar á Chile de la dominación española. Para este fin organizó un ejército, con el cual venció las dificultades que los Andes le oponían, mayores ciertamente que los opuestos por los abruptos Alpes á Aníbal y á Napoleón.
Grandes cosas hicieron en la América del Sur los generales de la independencia; muchas proezas realizaron también los soldados españoles; pero desde el punto de vista militar, nada hicieron los partidarios de la metrópoli ni los defensores de la independencia que supere ni aún iguale á lo hecho por San Martín.
Á continuación copiamos lo que escribe acerca de su marcha un oficial español[8].
«El general San Martín fué encargado por el gobierno de Buenos Aires del mando de los territorios que confinaban con Chile. Nuestro ejército (el español) tomó posiciones en la cordillera de los Andes para impedir que el general enemigo entrara en Chile; pero adoptando un sistema peligroso para la causa que se defendía, nuestras fuerzas se dividieron en ocho grupos que se escalonaron desde Concepción hasta Aconcagua, es decir, ocupando una línea tan extensa que resultaba débil en todos sus puntos. San Martín con escasos recursos y con un ejército de 4,000 hombres, compuesto en parte de desertores del ejército español y de emigrados chilenos, no se atrevió á presentar batalla y acudió á los movimientos, á las combinaciones estratégicas, para engañar nuestra atención y penetrar en Chile. Trató secretamente con los indios puelches, que simpatizaban con nuestra causa, para obtener de ellos el libre paso por su país, con la idea de que dichos indios pusieran en conocimiento de los españoles su pretensión, lo que sucedió efectivamente; al mismo tiempo hizo saber á las tropas establecidas en Mendoza, que intentaba marchar directamente á Santiago por el desfiladero de los Patos, el más inaccesible de toda la cordillera, pensando con razón que los españoles considerarían la noticia falsa y propalada únicamente para atraer á dicho punto la mayor parte de las fuerzas.
»Después de esta preparación diplomática, por decirlo así, dirigió un destacamento de sus tropas sobre Coquimbo, otro sobre Talca, y otros dos encargados de hacer demostraciones sobre Turicú y sobre Santiago, por el desfiladero de Uspallata, marchando él con el grueso de su fuerza por el desfiladero de los Patos, que en razón de sus dificultades naturales suponía guardado muy débilmente. Y así sucedió: su pequeño ejército franqueó las altísimas montañas sin la menor resistencia, pues si bien sostuvo terribles luchas con la naturaleza y hubo necesidad de emplear gran energía y hacer cuantiosos sacrificios para transportar la artillería y los bagajes, llegó San Martín al cabo á los valles fértiles de Chile dejándose en el desfiladero 4,980 mulos y 3,400 caballos.
»Los patriotas facilitaron recursos al tan destrozado como exiguo ejército, y éste cayó sobre Santiago. Inútil es decir que nuestro ejército no pudo ya contener el torrente impetuoso de la opinión, apoyada por tropas que mandaba un general inteligente, activo y victorioso.»
San Martín derrotó á los españoles en Chacabuco y Maipo, siendo el verdadero libertador de Chile.
Mas no se contentó con su campaña chilena, pues corrió la costa del Pacífico hasta Guayaquil, donde tuvo una conferencia con Bolívar.
En Lima, donde ejerció la dictadura con la honradez y templanza que suele echarse de menos en los dictadores, obtuvo el título de Protector después de proclamar solemnemente la independencia del Perú.
Había realizado grandes cosas con escasos elementos, y bien hubiera podido tener ambiciones personales; mas no las tuvo. Emigró definitivamente á Europa, renunciando para siempre á la vida política, y murió en Francia en 1852.
Desde 1880 reposan sus cenizas en la catedral de Buenos Aires.