V
¿Quién no conoce y venera el nombre de Abraham Lincoln? ¿Quién no sabe que este hombre justo, que este político sagaz y consecuente, acabó con la esclavitud que deshonraba á los Estados Unidos?
Parece mentira que en la más libre de las naciones y en la segunda mitad del siglo XIX, vivieran en la esclavitud cuatro millones de personas.
Lincoln rompió sus cadenas.
Hombre ejemplar en su vida y en su muerte, salvó la Unión americana que atravesó durante su presidencia la crisis más tremenda de su historia.
Lincoln redimió á toda una raza de la más humillante servidumbre, y murió asesinado como suelen morir los redentores.
Había nacido el 12 de febrero de 1809 en una cabaña miserable del Estado de Kentucky. Sus padres, de oficio carboneros ó leñadores, pertenecían á la religión ó secta de los cuákeros.
Como su padre, el joven Abraham fué leñador.
El futuro presidente, el hombre que había nacido para la inmortalidad, manejó el hacha hasta los 21 años sin descuidar por eso la instrucción. Desde niño había aprendido á leer.
Después de haber pasado la primera juventud en Kentucky y en Indiana, á la muerte de sus padres se estableció en las riberas del Misisipí, donde se consagró al cultivo de la tierra.
Más tarde se hizo molinero.
El molino, puesto bajo su dirección, no le pertenecía; era propiedad de un comerciante de Salem.
En aquella gerencia industrial y comercial demostró Lincoln su honradez y buenas cualidades, ganando la confianza de sus convecinos.
Sus virtudes, su laboriosidad y la parte activa que tomó (siendo capitán de voluntarios), en una compaña contra los indios que mandaba el Halcón negro, le valieron figurar en la Asamblea del Estado. Casi la totalidad de los vecinos de Nueva Salem apoyaron y votaron su candidatura.
Tenía Lincoln por entonces 25 años, y se dedicó al estudio de las lenguas y de las matemáticas.
Como Wáshington, se hizo agrimensor.
En 1834 empezó á cursar la carrera de Derecho, recibiendo en 1837 el título de abogado.
En 1840 formó parte de la Cámara del Illinois, retirándose poco después de la política para vivir consagrado al ejercicio de su profesión.
Como abogado, mereció fama de íntegro, activo é inteligente.
En 1845 tornó á la política militante, emprendiendo una activa propaganda en favor de la candidatura antiesclavista de Clay para la presidencia de la Unión.
Clay fué vencido en la elección presidencial; pero Lincoln siguió su propaganda antiesclavista, llegando á ser considerado por todos como uno de los primeros adalides de la abolición.
La convención del distrito de Springfield (Illinois) le nombró por unanimidad para el Congreso Federal, donde tomó asiento como diputado en 1847.
En el congreso combatió con energía la declaración de guerra á Méjico, sosteniendo que los americanos jamás deben pelear por una cuestión de límites.
Fué también el defensor de cuantas peticiones llegaban al Congreso en pro de la abolición de la esclavitud.
Sus esfuerzos eran vanos, que no había llegado la hora de la justicia. El crimen horrendo de la esclavitud lo soportaban pacientes los amigos de la libertad, por miedo de causar una ruptura entre los Estados esclavistas y los antiesclavistas. Á Lincoln, y á todos los que con él querían la abolición inmediata, se les tenía por hombres peligrosos.
En 1858 sostuvo Lincoln una campaña memorable, de esas que tanto enaltecen á los pueblos libres. El esclavista Douglas, aspirante á la senaduría, recorrió diferentes Estados de la Unión defendiendo la esclavitud; y entonces Lincoln se impuso la tarea de seguir por todas partes al orador esclavista, levantando su voz donde quiera que Douglas se atrevía á levantarla. En todos los meetings en que hablaba Douglas, también hablaba Lincoln. El público de los Estados Unidos se interesaba extraordinariamente en la singular campaña, leyéndose en todas partes los discursos de ambos oradores. Lincoln se acreditó de polemista hábil.
En 1860, la Convención nacional de Chicago propuso á Lincoln para la presidencia. Y el día 6 de noviembre, los electores de los Estados por considerable mayoría eligen al humilde leñador, al batelero, al hombre honrado, para presidente de los Estados Unidos.
Los ánimos exaltados de los esclavistas no pudieron contenerse más. Sin provocación de ningún género, proclamaron la segregación. La Carolina del Sur retiró sus representantes del Senado y del Congreso, declarando que se separaba de la Unión. Siguieron su ejemplo Georgia, Alabama, Florida, Luisiana, etc. El gobierno federal se limitó á censurar la conducta de la Carolina (donde se habían cometido excesos y usurpaciones), y la Carolina contestó atacando el fuerte Sumpter guarnecido solamente por 70 hombres mandados por el mayor Anderson, que se rindieron después de una resistencia heroica.
Una asamblea esclavista reunida en Mongomery votaba el 8 de febrero de 1861 la Constitución de los Estados confederados del Sur; Jéfferson Davis fué elegido presidente.
No es nuestro ánimo relatar aquí las peripecias de la titánica lucha. Sólo diremos que los siglos no han presenciado ninguna semejante. Batallas interminables, combates navales que eran espanto del mundo, victorias inverosímiles, desastres estupendos, inventos maravillosos, y todo grande, todo colosal.
Pero Lincoln había jurado en pleno Capitolio cumplir con su deber, el cual consistía en proteger y defender y mantener la Constitución de los Estados Unidos.
Y cumplió con su deber.
Al principio de la guerra, la suerte fué contraria á los Estados de Norte. Pero Lincoln hizo milagros, la federación hizo prodigios, la Constitución fué mantenida y vencidos los rebeldes.
Más de dos millones de ciudadanos combatieron en defensa de la Constitución; por su parte los separatistas armaron cerca de un millón de hombres. Federales y confederados se batieron con denuedo por espacio de cuatro años seguidos.
En las filas federales se alistaron muchos negros, de los que se dijo que ennegrecían con sus rostros las filas del ejército. Hoy blanquean sus huesos los campos de batalla.
En 1864—en plena guerra—hubo elección presidencial. Lincoln fué reelegido con una mayoría de 400,000 votos.
El 30 enero de 1865, la Cámara de Wáshington declaró abolida la esclavitud por 119 votos contra 56.
Entre tanto la guerra continuaba, pero ya nadie dudaba del éxito.
El general Lee, después de haber hecho inútiles prodigios de valor, se rindió al general Grant el 9 de abril de 1865.
Poco antes entraba Lincoln en Richmond, capital de los rebeldes, entre las aclamaciones del ejército victorioso, de los negros libertos y de todos los amigos de la libertad.
El día 14 del mismo mes y año fué asesinado Lincoln de un pistoletazo en la cabeza, hallándose en un palco del teatro Ford.
Juan Wilkes Booth se llamaba el asesino.
Hiciéronse á Lincoln suntuosos funerales, y su cadáver fué conducido á Sprinfield cubierto de coronas y de flores. Centenares de negros, rotas ya sus cadenas, le acompañaron dándole guardia de honor.
¡Digna apoteosis del grandioso drama!