WALKER
Este americano célebre de nuestros días forma un contraste violento con el anterior. Sucre, que le precede en nuestra galería, fué un defensor de la justicia, un soldado de la libertad, un héroe de la patria. Walker no es otra cosa que un osado aventurero sin más ideal que la codicia. Para él no había gloria si no había utilidades, prefiriendo en todo caso la rapiña á los laureles. Si vamos á bosquejar su figura, no es para tributarle aplausos que no merece ni para honrar su memoria que es bien poco ejemplar, sino para marcarlo con afrentoso estigma por perturbador de pueblos y victimario de hombres.
Las glorias militares, los nombres de los guerreros, las batallas históricas y trascendentales deslumbran á los pueblos y resplandecen en las páginas de la universal historia; pero es con la condición de ser glorias legítimas, de ser nombres honrados, de ser batallas libradas por causas dignas y justas.
Las guerras promovidas por el interés ó la ambición de reyes ó de pueblos, no son legítimas nunca; las que tienen por fundamento la ruindad ó la audacia de un caudillo, no pueden ser gloriosas; no hay más guerras gloriosas que las guerras justas, y únicamente son justas las que sostienen los pueblos en defensa de su libertad, de su independencia y de su honor.
Las guerras de conquista pueden ser en algún caso gloriosas, no por las hazañas de los conquistadores, sino por los beneficios que produzcan á la civilización, al progreso y á la humanidad. En muchas ocasiones son los conquistados los más favorecidos. La humanidad tiene derecho á poseer el mundo, á estirpar la barbarie donde exista y á destruír las barreras que oponga la ignorancia á la fraternidad.
Pero Walker no intentó abrir ninguna puerta al comercio, ni destruír valladares que se opusieran á la civilización, ni romper cadenas de esclavos que no existían, ni librar á Centro-América de tiranos y déspotas odiosos. No fué más que un atrevido y audaz filibustero, con ideales mezquinos si es que los suyos merecen el nombre de ideales.
Guillermo Walker nació en los Estados Unidos (Tennessee) en 1824. Se educó en Alemania, donde no se distinguió por sus talentos aunque sí por sus puños. Cuentan que descalabró á muchos estudiantes alemanes. Su carácter inquieto le impulsó á viajar, sin que los años le hicieran menos turbulento ni modificaran su genio díscolo y emprendedor.
Intentó conquistar el departamento mejicano de Sonora, mas fué vencido por los mejicanos.
Después alistó 10,000 filibusteros, con los cuales fingió que se proponía conquistar la Isla de Cuba; pero el nublado cayó en el continente, en la América Central. Nicaragua fué la víctima de la osadía de Walker, pues desembarcó en las costas de esa pacífica República en 1855.
Walker y su gente cometieron sin pudor todo género de tropelías, sembrando el terror y la desolación en campos y ciudades. Hombres sin fe y sin vergüenza, no respetaban las leyes ni las costumbres ni la religión de Nicaragua. ¿Cómo habían de respetar la conciencia de los habitantes si ellos no la tenían?
La empresa filibustera de Walker no fué única, pues habiéndole salido bien la de 1855, organizó una segunda aprovechando la ocasión de una ruptura entre Nicaragua y Costa Rica. Intervino entonces el gobierno de los Estados Unidos, siendo Walker detenido en Punta Arenas por el comodoro norte americano Paulding. Conducido á su patria en calidad de preso, fué puesto en libertad por el gobierno y aun agasajado por sus amigos y sus admiradores. No dándose por vencido ni cejando en su empresa, organizó una tercera expedición para su soñada y quimérica conquista.
Desembarcó en Trujillo el 6 de agosto de 1860, y emprendió una campaña que fué la más penosa de las suyas, demostrando en las adversidades y los riesgos un temple digno de más justa causa.
Arrostró toda suerte de penalidades, fué herido en una pierna y en la cara en uno de los encuentros, se vió perseguido como una fiera por selvas, desiertos y pantanos, y al fin se rindió al general hondureño don Mariano Álvarez, que le hizo fusilar á principios de septiembre.
Así terminó su vida el filibustero Walker.
Este hombre sin creencias se había convertido antes al catolicismo, creyendo que de este modo le sería más fácil obtener la elección de presidente en una república centroamericana.