FÁBULA V.
JÚPITER Y SEMELE.
Opináron con variedad los Dioses de la accion de Diana: á unos parecia demasiado cruel: á otros justa y digna de una Diosa severamente casta: cada uno apoyaba su opinion con buenas razones. Sola Juno ni aprueba ni vitupera la accion, como que tenia complacencia en qualquiera desgracia acaecida á la familia de Cadmo. El odio que tenia á Europa, la hacia aborrecer toda su prosperidad. Una nueva causa de zelos acababa de aumentar su desesperacion contra esta familia. Viendo, á pesar suyo, que Semele estaba preñada de su marido, desata su lengua en oprobios: „¿Qué me aprovecha, dice, reñir tan sin fruto con mi esposo? Á ella en derechura dirigiré mis tiros; morirá, si es que verdaderamente soy llamada la gran Juno: si me es propio empuñar el precioso cetro, si soy Reyna, hermana y muger de Júpiter, á lo ménos sé que soy hermana. ¿Pero acaso esta belleza se habrá ocupado en una simple galantería, sin haber deshonrado mi lecho?
(43) Júpiter desciende con toda su magestad al palacio
de Semele y su resplandor le incendia.
No, hállase preñada, y solo me faltaba este agravio: el estado en que se halla prueba hasta la evidencia su delito; ella quiere tener hijos de Júpiter, cosa que á mí sola no ha cabido mas que una vez; ¡tanta es la vanidad de su hermosura! pero esta misma ha de acarrear su ruina, porque no he de ser hija de Saturno, si el rayo de su amante no la precipita de cabeza en el Tártaro.” Despues que la Diosa acabó de hablar, levántase de su trono, y desciende al palacio de Semele cubierta de una nube, y no salió de ella, sino despues de haberse dexado ver en la forma de una vieja. Cúbrese la cabeza de canas, arrúgase la cara, camina con paso vacilante, y habla con voz cascada: en fin, se transforma en la misma Beroe, nodriza de Semele. Despues que habláron cosas indiferentes, enderezó Juno de tal modo la conversacion, que hizo recayese sobre Júpiter, y suspirando: „¡Oxalá, dice, que sea el mismo Júpiter el que te ama! Pero yo temo lo contrario: ¡quantas mugeres han sido engañadas por simples mortales que tomaban el nombre de algun Dios! Pero no basta que él diga que es Júpiter, es menester que te dé pruebas seguras de su amor, y si es el verdadero, ruégale, que te reciba en sus brazos como le recibe Juno; y que tome, para asegurarte, todas las insignias de su grandeza.” Persuadida la hija de Cadmo por este discurso, cuyas miras no alcanzaba, pidió á Júpiter una gracia sin decirle qual era. „Puedes pedir, la responde, todo lo que quieras, segura de que nada te negaré, y para que mas lo creas lo juro por la Estigia, Dios tan temible para todos los demas, de quienes es el Soberano.” Alegre Semele con el mal, confiada de su poder, é ignorando que habia de ser su ruina el obsequio de su amante: „Quando vengas á verme, le dice, preséntate con la misma magestad que te enlazas con Juno en calidad de esposo.” Quiso el Dios cerrarla la boca, para impedirla acabar su demanda; pero la voz precipitada ya habia subido por los ayres.[186] Suspiró profundamente; pero ya ni podia evitar la peticion de Semele, ni el desdecirse él del juramento que le habia hecho. Sube, pues, al cielo lleno de tristeza: junta los nublados, la lluvia, los truenos, los relámpagos y los rayos, cuyos tiros siempre son certeros.
(44) Júpiter da á luz á Baco. Ino le cría en secreto
y lo confía á las Ninfas de Nisa.