FÁBULA IV.
ACTEON TRANSFORMADO EN CIERVO.
En el mismo momento la cabeza de Acteon se cubre de astas de ciervo, su cuello y orejas se aumentan, sus manos se truecan en pies, los brazos en piernas largas y delgadas, y todo su cuerpo se cubre de un manchado pelo. Se llena de pavor; huye este héroe, y tan ligero, que se causa admiracion á sí mismo. Luego que vió su figura y cuernos en la sombra de un arroyo, ¡ah, que desgraciado soy! hubiera querido decir; pero le faltaba ya la voz; y en su defecto los suspiros y lágrimas, que corrian por agenas mexillas, declaraban toda su pena, porque conservaba aun su conocimiento: confuso, no sabe qué hacer, si emboscarse en la selva, ó volverse al palacio de su padre: el pudor le impide aquello; y esto el temor; y en medio de esta duda le descubren sus perros.
(42) Acteon transformado en Ciervo
es despedazado por sus perros.
Melampo, excelente perro de Creta, y el Espartano Icnobates, diéron señales por sus ladridos, que estaban sobre la senda; los demas los siguiéron con una velocidad, que igualaba á la del viento; Panfago, Dorcéo, Oribaso, naturales de Arcadia, el valiente Nebrofono, Teron, tan furioso como Lelape, el ligero Peterelao, Agre, que tenia una delicada nariz, Hiléo, que poco tiempo ántes habia sido herido con la dentellada de un jabalí, Nape, hija de un lobo verdadero, Poemenis, que en otro tiempo guardaba ganados, Harpia con sus dos hijos, Ladon, excelente perro agalgado de Sicion, Dromas, Canacho, Sticte, Tigre, Alce, el blanco Leucon, el negro Asboló, Lacon, el mas fuerte, y Aëlo, el mas ligero de toda la turba, Thoo, Licisce con Ciprio su hermano, el negro Harpalos, que tenia una señal blanca en la frente, Melanéo, Lachne con el pelo erizado, Labros y Agriodos, cuyo padre fué traido de Creta y la madre de Laconia, Hilactor, gran ladrador, con otros muchos que seria molesto nombrar; y todos, con deseos de coger la presa, le siguen con ardor, atravesando montes, rocas, y aun lugares inaccesibles donde no habia ninguna señal de camino. El desgraciado Acteon huye de sus canes por los mismos parages en que tantas veces habia cazado. ¡Ah! ¡el amo huye de sus criados! Quisiera hablar y decirles: yo soy Acteon; reconoced vuestro amo; pero su mala suerte ya le habia privado del uso de las palabras para poderse explicar. Entre tanto resuena el ayre por todas partes con los ladridos de los perros. Melanchete fué el primero que le mordió en la espalda, Therodamas le hirió casi en el mismo sitio, y Oresitrofo en los riñones; estos tres perros, aunque habian salido los últimos, llegáron primero que los demas, porque atajáron por las montañas. Despues que le detuviéron, toda la turba se echó sobre él, y fué tan maltratado, que no quedaba ya en su cuerpo parte alguna en que pudiesen hacerle nuevas heridas. Acteon gime, y hace que se escuche una especie de voz ménos articulada á la verdad, que la de un hombre, pero mas distinta que la de un ciervo. Las cercanas montañas, donde tantas veces habia cazado, resonaban con sus gritos y quejas; inclina las rodillas, y como queriendo pedir la vida á sus compañeros, les mira tristemente, no pudiendo tenderles los brazos: mas ellos azuzan á los perros contra su amo, que en vano buscan y llaman, como si estuviese muy distante. Al oirse nombrar, levanta el miserable la cabeza: ellos sienten amargamente no verle, y que no asista al espectáculo de la presa: él quisiera ciertamente hallarse ausente: quisiera asistir al espectáculo; pero no ser él mismo la víctima. Rodéanle todos sus perros, y aplicando los hocicos despedazáron á su amo baxo la figura de ciervo; pero no se sació la ira de Diana, aunque terminó su vida acribillado de innumerables heridas.