FÁBULA III.
DIANA EN EL BAÑO.
En el mismo seno de la felicidad tu nieto Cadmo, convertido en ciervo, y devorado por sus propios perros, fué la primera causa de tus desgracias: mas el motivo de esta triste aventura, si se indaga, se ha de atribuir al acaso, y no á ningun delito personal; porque ¿qué crímen puede causar un error? Habia matado muchas fieras en el monte Citeron; y el sol estaba en medio de su carrera, quando llama á sus compañeros, que aun corrian por medio del bosque, y les dice: „Nuestras redes y dardos estan teñidos de la sangre de los muchos animales que hemos cazado; debemos estar contentos con la caza que tenemos: mañana, quando la aurora se asome por el oriente, repetirémos nuestro exercicio. Febo está á igual distancia de oriente y de occidente;[185] sus calores hienden la tierra; dexad el trabajo; recoged las nudosas redes.”
Sus compañeros le obedecen, y dexan el trabajo. Habia cerca de allí un valle con el nombre de Gargafie: lugar poblado de pinos y cipreses, y consagrado á Diana. Ocultaba en lo interior una cueva sombría y obscura, que aunque formada por sola la naturaleza, se podia tener fácilmente por obra del arte. Veíase en ella un nativo arco de rocallas y piedras pomez, á cuya derecha corria con apacible murmullo una fuente de agua clara entre las dos orillas cubiertas de yerbas. Á este agradable arroyo venia á bañarse la Diosa de los bosques quando se hallaba fatigada del exercicio de la caza. Aquel dia, inmediatamente que llega allí, da á una de sus Ninfas las flechas, arco y aljaba: otra la desnuda: dos de ellas la descalzan, miéntras que Crocale, hija del rio Ismeno, que era la mas diestra, la ataba el cabello, que estaba destrenzado por su espalda, aunque tambien ella le tenia desatado. Niféa, Hiale, Ranis, Pseca y Fiale sacaban agua en los vasos, y bañaban á su Señora. Á este tiempo Acteon, que despues de haber interrumpido su caza andaba sin cautela por aquel monte, llega guiado por su mala ventura al lugar en donde se bañaba la Diosa: apénas se acercó á la fuente, quando las Ninfas, viéndose desnudas á la vista de un hombre, hinchen de clamores todo el bosque, se hieren sus pechos, y se ponen á la redonda de Diana para ocultarla; pero sobresalia la cabeza de la Diosa, que les excedia en la estatura. Qual suelen parecer las nubes quando el sol las hiere con sus rayos, ó la rosada aurora despues de ocultarse las estrellas, tal pareció el rostro de Diana al verse desnuda en presencia de un hombre. Aunque estaba rodeada de sus Ninfas, no dexó de apartar su vista y ocultar su hermoso rostro. Y así como hubiera lanzado contra él sus flechas á haberlas tenido, del mismo modo se sirve de las aguas, y arrojándolas á la cara de Acteon, pronuncia estas palabras, funesto presagio de su desgracia: „Ahora, si eres hombre, di que has visto bañarse á Diana; y cerró sus labios.”