FÁBULA VIII.
LICAON TRANSFORMADO EN LOBO.
Despues de haber pasado el espantoso monte Menalo, por ser habitado de diferentes fieras, los helados pinares del Licéo, con el Cileno, llegué al anochecer á la Arcadia, y entré en el cruel palacio del tirano Licaon, dando señales de que era un Dios. El pueblo principió á venerarme; mas Licaon, despreciando los religiosos cultos, pronto veré, dice, con una infalible experiencia, si este es un Dios, ó un mortal, de modo que no me quedará duda. En efecto, determinó (por este medio queria descubrir la verdad) matarme improvisamente quando durmiera. No contento con esto degolló á uno de los que tenia en rehenes de la nacion Molosa, y coció parte de sus palpitantes miembros, y parte asó: apénas me presenta en la mesa tal manjar, quando destruyo con vengadora llama su palacio, para que le sepultase entre sus ruinas con sus dignos penates. Licaon huye espantado quando ve abrasarse su casa; y llegando á un solitario campo, principia á dar fuertes ahullidos, haciendo vanos esfuerzos para hablar: la rabia se traslada de su corazon á la boca, y exerce en los ganados su acostumbrada carnicería; deleytándose aun entónces en derramar sangre. Sus vestidos se convierten en pelos, los brazos en piernas, y él en lobo; pero sin embargo de esta transformacion conserva señales de su misma figura, las canas son las mismas que ántes tenia, la misma fiereza en el semblante, el mismo fuego en sus ojos, y todo su cuerpo es un retrato vivo de la crueldad.
(14) El Diluvio Universal.