FÁBULA X.
NEPTUNO AMANSA LAS AGUAS.
Viendo Júpiter el mundo reducido á líquidas lagunas, y que de tantos millares de hombres solo sobrevivia uno, y una muger de otras tantas; ámbos justos, ámbos adoradores de los Dioses, disipó las nubes, y arrollándolas con la impetuosidad del Aquilon, descubrió las tierras al cielo, y el cielo á la tierra. La ira del mar se aplaca; y Neptuno, deponiendo su tridente, amansa las aguas, y llama al cerúleo Triton,[46] que está siempre sobre ellas con sus brazos cubiertos de natural púrpura: le manda tocar la concha, y á los rios y olas que vuelvan á sus lugares, luego que se haga la señal. Toma la cóncava concha, bocina torcida hácia un lado, que va ensanchándose desde el principio, y que quando se toca en medio de la mar hace oirse de polo á polo. Luego que la llegó á su boca este Dios, mojada con la humedad de la barba, y promulgó, inflada, los preceptos que le habian dado, fué oida de todas las aguas, tanto de las de la tierra, como de las de la mar, y reduxo á sus antiguas márgenes á todas las que la oyéron. El mar vuelve á tener riberas, y los rios á correr dentro de su propia madre: báxanse estos, y parece que empiezan á salir los collados: la tierra se descubre poco á poco, y segun baxaban las aguas, iban creciendo los lugares. Las selvas, ocultas tanto tiempo entre ellas, presentan sus cumbres desnudas, y sus árboles cubiertos de cieno.
(16) Deucalion y Pyrrha vuelven á poblar la tierra
siguiendo el oráculo de Themis.