FÁBULA III.
CONVERSACION DE LAS MUSAS CON PALAS.
Hasta aquí acompañó Palas á su hermano Perséo, engendrado de la lluvia de oro, y ocultándose despues en una nube parte de la isla de Serifo, dexando á la derecha las de Cythno y Giarea,[95] y por donde la pareció mas corto el camino se dirige á Tebas, y de allí al monte Helicon, consagrado á las Musas, adonde luego que llegó las habla de esta manera: „La fama de una fuente[96] que abrió el duro casco del alado Pegaso, nacido de la sangre de Medusa, en este sagrado monte, es la causa de mi viage. Como le vi nacer de la sangre de su madre, quiero averiguar ahora si las maravillas que he oido de la admirable fuente son verdaderas.”[97] „Sea qualquiera el motivo que te trayga á nuestra morada, respondió Urania[98] á la diosa, estamos con razon muy contentas por el honor que nos dispensas. No te ha engañado la fama en lo que has oido de la fuente: el Pegaso es seguro que la abrió:” diciendo esto guió á Palas á las sagradas aguas, de las que maravillada bastante tiempo, registra despues los bosques de las antiguas selvas, las grutas y yerbas adornadas de innumerables flores. Alabó á las Musas sobre sus sabias ocupaciones,[99] llamándolas felices por su estudio y por el sitio que habitaban. „¡Ó Tritonia, la dixo una de ellas, que habias de ser nuestra compañera, si la virtud[100] no te hubiera destinado á cosas mayores!; no puedo negarte que dices bien, y con razon alabas nuestro exercicio y sitio, y en efecto seríamos dichosas si la malicia agena nos dexase; pero hasta ahora nada se ha prohibido á la maldad, y todo causa miedo á unas castas doncellas; aun me parece que estoy viendo al cruel Pirenéo:[101] todavía no nos hemos recobrado del susto que nos causó: este tirano se apoderó con tropas de Tracia, de los campos Dauticos y Foceos, y tenia ocupados injustamente aquellos Reynos. Nos vió un dia que íbamos á visitar los templos del sagrado Parnaso; y venerándonos con semblante engañador: Musas, nos dice (porque ya nos conocia), ruegoos que os quedeis aquí; no temais; libraos de la abundancia de la lluvia que despide el cielo; entrad en mi casa: muchas veces han entrado los dioses en otras menores. Movidas de sus ofertas y de la tempestad fuimos á su palacio y nos guarecimos en la entrada de él.[102] Luego que dexó de llover, y huian las opacas nubes, serenado el cielo, quisimos continuar nuestro camino, pero nos lo impidió el tirano cerrando las puertas, é intentó violarnos. Felizmente huimos de su fuerza valiéndonos de nuestras alas; y como nos vió en medio de los ayres subió á una torre alta diciendo: „seguiré el mismo camino que vosotras.” Creyó en efecto volar como nosotras, y el desatinado se arroja de lo alto de una torre cayendo boca abaxo; y al morir se esparcieron en la tierra la sangre de este malvado y los huesos de su cara y cabeza.”
Hablaba aun la Musa quando oyeron resonar por los ayres ligeras alas, y una voz que parecia descender de los altos ramos y saludar á Minerva. Alzó la vista la diosa, llena de admiracion, preguntando de donde salia aquella voz que parecia humana. Eran nueve picazas, aves que repiten quanto oyen, y parándose entonces en las ramas, se quejaban amargamente de la desgracia que les habia sucedido. La Musa, para sacar á Palas de la admiracion en que se hallaba, la habló de esta manera: „Hace poco tiempo que vencidas estas en un certámen, fueron transformadas en aves. Piero, Rey de Macedonia, tuvo nueve hijas de la Reyna Evipe su esposa. Esta Princesa parió nueve veces, y nueve veces invocó á la poderosa Lucina:[103] desvanecida la numerosa turba de las necias hermanas se atrevió á penetrar el Parnaso, despues de haber atravesado la Tesalia y parte de la Grecia, y nos desafiaron en estos términos: No engañeis al vulgo ignorante con vuestro canto; si teneis alguna satisfaccion entrad en competencia con nosotras: tantas á tantas somos;[104] mas estamos seguras de no ser vencidas ni en la voz ni en la destreza de tocar: ó confesaos vencidas, y cedednos la fuente Hipocrene y la de Aganipe,[105] ó si nos venciereis, os cederemos los agradables valles de Tesalia, y nos retiraremos á las nevadas montañas de Tracia: he aquí las condiciones de la competencia; las Ninfas de esta comarca serán nuestros jueces. Indecoroso era seguramente el admitir el desafio; pero lo hubiera sido mas el dexarlo de aceptar. Las Ninfas elegidas por jueces, despues que juraron por los rios que harian justicia al mérito, ocuparon unos asientos formados naturalmente de piedra viva.
Entonces, sin echar suertes, la primera[106] que se convidó á disputar cantó la guerra de los Gigantes[107] con deshonor de los Dioses, y disminuyó quanto pudo las hazañas de estos: dixo que Tiféo,[108] producido de las entrañas de la tierra, de tal modo atemorizó á los moradores del cielo que fueron huyendo hasta Egipto; que este formidable Gigante habiendo ido tras ellos les obligó á mudarse en diferentes figuras; que Júpiter Amon, que se venera en Libia, se hizo carnero; que Apolo se disfrazó en cuervo, Baco en cabron, Diana en gata, Juno en vaca blanca, Venus en pez y Mercurio en Ibis.[109]
Hasta aquí habia cantado en su cítara la hija de Piero; en seguida nosotras fuimos solicitadas; pero, acaso, gran Diosa, no tendrás tiempo para detenerte á oir la referencia de lo que contamos. „Sí tendré, respondió Palas, sentándose en la suave sombra de la selva, porque quiero tambien enterarme de lo que vosotras cantásteis.” La Musa prosiguió su narracion de esta manera: „Á Caliope,[110] nuestra hermana, le confiamos por nuestra parte el certámen: se levantó esta, y despues de haber recogido sus sueltos cabellos con yedra, y templado la vihuela, cantó al son de sus dulces cuerdas la historia del rapto de Proserpina del modo siguiente.”