FÁBULA II.

FINÉO TRANSFORMADO EN ROCA.

Viendo Perséo que eran desiguales sus fuerzas, comparadas con las de tantos contrarios: „pediré, dixo, auxîlio al enemigo, á ello me obligais vosotros: apartad la vista los que seguis mi partido,” y descubrió la cabeza de la Górgona. „No me asusta, le dixo Tescelo, la vista de ese monstruo;” y al levantar el brazo para disparar un dardo, se quedó convertido en estatua en la misma postura. Ampix, el mas inmediato á este, acomete lleno de valor con la espada al pecho de Lincéo, pero en vano; porque la mano quedó yerta conforme la habia tendido. Niléo, que habia fingido ser hijo del caudaloso Nilo, y en prueba de lo qual traia en su escudo las siete embocaduras de este rio esculpidas en oro y plata,[89] habló á Perséo de esta manera: „Mira en este escudo el antiguo blason de mi linage: tendrás á lo menos en la mansion de las almas el consuelo de haber sido muerto por tan ilustre y valerosa mano.”

(59) Perséo no pudiendo resistir al gran número
de enemigos les presenta la cabeza de Medusa.

Sus últimas palabras fueron interrumpidas á medio articular, quedando su boca en ademan de hablar, pero sin poder hacerlo.[90] Erix,[91] viendo tímidos á sus compañeros, les dice con altivez: „Valor, amigos, seguidme; no la cabeza de la Górgona, sino el temor, os hace estar inmobles: acometed conmigo, y echad por tierra á un temerario que solo tiene por armas unos vanos encantamientos:” ya iba á acometerle, y el suelo le detuvo los pies convirtiéndose en estatua de piedra armada: justamente pagaron estos su merecido; pero el desgraciado Acontéo, soldado de Perséo, miró por desgracia en la pelea la cabeza de Medusa, y sin culpa quedó transformado en piedra. Astiages, juzgando que aun vivia, le dió una estocada, y sonó la espada como quando se dan golpes sobre un mármol: y al admirar tal prodigio se convierte en piedra baxo la figura de un hombre que conserva todas las señales de su admiracion.

Seria nunca acabar referir uno por uno de tantos como fueron castigados. Doscientos combatientes quedaban aun; pero con la vista de la Górgona se petrificaron. Ya en fin se arrepiente Finéo de la injusta guerra que habia movido; pero ¿qué ha de hacer? Por todas partes ve estatuas de piedra en diversas posturas; conoce á los suyos; los llama por su nombre pidiéndoles socorro, y no queriendo creer lo que veia, toca á los que estaban á su lado, y se desengaña por último que eran mármol: aparta la vista de la fatal cabeza, y tendiendo los brazos á Perséo, le habla humillado de este modo: „Me doy por vencido, Perséo: solo te ruego que ocultes el semblante de tu Medusa, que convierte en piedra á qualquiera que lo mira: apártalo por vida tuya; has de saber que ni el odio ni el deseo de reynar me ha compelido á la guerra que te he dado, sino solo el amor de Andrómeda me ha hecho tomar las armas: tu causa fue mejor en mérito, y la mia en tiempo. Me pesa, ó valerosísimo Perséo, de no habértela cedido, concédeme solo la vida, y todo lo demas sea tuyo.” Así habló Finéo sin atreverse á mirar á su enemigo. „Te concederé, le responde Perséo, lo que puedo concederte, y es mucha gracia para un cobarde como tú: no morirás por hierro: quiero quedes aquí para perpetua memoria, y que estés siempre en la casa de mi suegro, para que consuele tu vista á mi esposa.” Dicho esto mudó la cabeza de Medusa á aquella parte á que miraba el temeroso Finéo: quien al querer apartar su vista se le quedó yerta la cabeza, el humor de sus ojos helado, y él hecho piedra en la actitud de un suplicante que pide la vida con los brazos tendidos y el semblante humillado.

Luego que cesó la batalla partió el nieto de Abante con su esposa para los patrios muros;[92] y aunque no debia grandes favores á su abuelo Acrisio,[93] determinó no obstante vengarle de su hermano Preto que le habia echado de sus estados. La fuerza de las armas y fortaleza de que se apoderó este usurpador no le sirvieron de nada contra la cabeza de Medusa. No obstante esto, ni el valor de este jóven, que se habia distinguido por tantas acciones ilustres, ni los peligros que habia corrido, pudieron ablandar tu corazon, Polidectes, Rey de la pequeña isla de Serifo, sino que exercitas tu odio inflexîble, no queriendo acabar de deponer la ira que sin razon tienes á Perséo:[94] quieres disminuir su fama, y dices que no ha quitado la vida á Medusa: Perséo por fin va á convencerte y á darte pruebas de la verdad: apartad, dice á sus compañeros, la vista, y presentándote la cabeza de Medusa quedas transformado en una descarnada piedra.

(60) Minerva va al monte Helicon
á visitar á las Musas.