FÁBULA VI.

FILOMELA SALE DE LA PRISION.

Celebraban por entonces las mugeres de Tracia en honor de Baco las fiestas que se renovaban cada tres años.[180] Habiendo llegado la noche consagrada á estos misterios, y quando el monte Rodope resonaba con el estrépito de los tambores é instrumentos de metal, salió la Reyna de su palacio con los adornos mismos de las demas Bacantes, coronada de pámpanos: llevaba sobre el hombro izquierdo una piel de pantera, y el ligero tirso en la mano. Rodeada de una multitud de compañeras, corria por medio de las selvas, causando espanto, y agitada de todo el furor que inspira la ira; en una palabra, imitaba fielmente, Baco, á tus sequaces. En fin, habiendo llegado al desviado castillo en que Filomela estaba encerrada, llena el ayre con sus gritos; y despues de haber hecho resonar por todas partes el misterioso nombre de Evoe,[181] hace pedazos las puertas, saca á su hermana de aquel funesto lugar; la viste de Bacante, y cubriéndola el rostro con hojas de yedra, la lleva atónita al palacio de su marido.

(71) Progne saca á Filomela de su prision y la conduce
en pompa á la Corte de Tereo.

Al entrar Filomela en un sitio en que se hallaba su mas cruel enemigo, empezó á horrorizarse, cubriéndose su rostro de la mas triste palidez. Su hermana la conduxo á un aposento; la despoja del vestido de Bacante; la quita la corona[182] que le cubria el rostro, y la abraza con todas las muestras de la mas tierna amistad. Triste y trémula la desdichada hija de Pandion no se atreve á mirar á su hermana, considerándose adúltera de ella; y sin atreverse á levantar los ojos quiere jurar y poner á los Dioses por testigos del caso y violencia que el pérfido cuñado le habia hecho, sirviéndola de intérpretes sus manos. No cabe ya la ira en el corazon de Progne, y conteniendo las lágrimas de su hermana: „No es tiempo, la dice, de lágrimas sino de venganza: el hierro, y si hay aun algun instrumento mas terrible, es lo que debemos emplear. Sí, querida hermana, á toda maldad estoy dispuesta. Ó el fuego que pondré al palacio abrasará al pérfido Tereo, ó le arrancaré la lengua, los ojos, y en fin quanto sirvió á su crímen, ó le abriré puerta á su alma perjura por mil heridas. Ignoro aun qual de estos dos partidos elegirá mi furor; pero estoy á todo dispuesta.”

(72) Progne hace servir á Tereo en una comida la
cabeza de su hijo Itis á quien habia quitado la vida.