FÁBULA VII.

ITIS SERVIDO Á SU PADRE TEREO EN UN BANQUETE.

Hallándose de este modo dudosa Progne, ve llegar á su hijo Itis, y su vista la hace decidir de pronto.[183] „¡Desgraciado, le dice, mirándole con sañudos ojos, quan parecido eres á tu padre!” Y sin decir mas palabra, medita el desastrado y trágico castigo que ha de dar á su hijo, estimulándola la rabia y desesperacion á executarlo quanto antes. No obstante, luego que el tierno Príncipe llega, saluda á su madre, se abalanza á su cuello, la besa y hace mil caricias: se enternece Progne, calma su cólera, y no puede menos de verter algunas lágrimas. Pero advirtiendo que se enternecia, aparta los ojos de su hijo, y se vuelve á contemplar en su hermana; y mirando despues á ambos alternativamente: „¿Por qué, decia, este niño me ha de mover con halagos, y mi hermana ha de callar por faltarle la lengua? ¿Por qué aquella no llama hermana á la que este llama madre? Mas considera, hija de Pandion, el marido que tienes, y no podrás amarle sin hacerte delinqüente. En fin, sin detenerse arrebata á Itis qual una tigre que conduce por los sombrios bosques á un cervatillo para devorarle, y le lleva al sitio mas retirado del palacio. Allí esta madre cruel, insensible á las caricias de su hijo, que, como si previese el riesgo, la tendia los brazos, y clamaba muchas veces ¡ó madre! ¡ó querida madre! le clavó un puñal en su pecho, sin apartar siquiera un momento los ojos de tan horroroso espectáculo. Aunque esta sola herida bastaba á quitar la vida al jóven príncipe, no obstante, Filomela le degüella, y despedaza los miembros aun palpitantes, los que recogieron estas dos furias, é hicieron cocer una parte de ellos, y asar la otra, quedando lo interior de palacio bañado de sangre.

Progne mandó avisar despues á Tereo que el banquete estaba dispuesto; y suponiendo que era costumbre de su pais, que durante las fiestas de Baco el marido comiese solo con su muger, mandó retirar á los amigos y criados. Luego que Tereo se sentó en el excelso solio de sus mayores, tomó del detestable manjar que le habian preparado, alimentándose así de su propia sangre y substancia. ¡Tan ignorante está del caso! Un momento despues mandó que le llevaran allí á su hijo, y gozosa la cruel Progne de tener la ocasion de anunciarle ella misma el crímen que acababa de cometer: „Dentro tienes lo que buscas, le dixo con una alegría que ya no podia disimular.” Tereo vuelve á un lado y á otro la cabeza por ver dónde estaba su caro hijo, y al tiempo de llamarle, entra Filomela conforme estaba, esparcidos los cabellos y toda ensangrentada, y dió á Tereo en el rostro con la cabeza de Itis. Nunca deseó tanto poder hablar como en esta ocasion por expresar al tirano toda la satisfaccion que tenia de haberse así vengado. Á la vista de tan horroroso espectáculo, Tereo da un espantoso grito, derriba la mesa, é invoca en su socorro á todas las Furias del Averno. Quisiera poder abrirse el vientre para arrojar el cruel manjar que acababa de comer; vierte un torrente de lágrimas, y en el exceso de su dolor ya repite muchas veces que habia sido el triste sepulcro de su hijo; ya despues con la espada en mano busca á Progne y Filomela, pero ya se habian retirado, y huian con tanta ligereza que qualquiera creeria que sus cuerpos tenian alas. En efecto las tenian. Filomela, convertida en ruiseñor, voló á los bosques, y Progne, en golondrina, se fue al techo del palacio. Sus plumas teñidas de un color que se asemeja á la sangre, conservan aun las señales de su crueldad.[184] Tereo, en el exceso del mas vivo dolor, y deseando con ansia poder vengarse, fue tambien convertido en ave. Su cabeza apareció con una cresta que tenia la forma de un casco, y su boca se mudó en un pico semejante á un dardo. Se llama Abubilla,[185] y parece que está siempre armada. La nueva de esta deplorable tragedia, habiendo llegado poco tiempo despues á Atenas, causó tanto sentimiento á Pandion, que murió de la pena antes de sus dias señalados y de los últimos tiempos de su larga vejez. Ericteo su hijo heredó el Reyno; ilustre por sus virtudes, no es fácil decidir si el amor de la justicia excedia á su valor, ó el valor al amor de la justicia. Tenia este Príncipe quatro hijos y otras tantas hijas; pero dos de ellas eran de igual hermosura.

(73) No habiendo podido Boreas conseguir
á Oritia de su padre, la roba y lleva á la Tracia.