FÁBULA VIII.
PERSÉO LIBERTA Á ANDRÓMEDA.
Iba á la sazon á perecer allí la inocente Andrómeda[69] por decreto del injusto oráculo de Amon para expiar la culpa de su madre. Vióla Perséo con sus brazos amarrados á un peñasco; y á no ser porque sus cabellos se movian á impulso de un débil soplo del viento, y por las lágrimas que corrian de sus ojos, la hubiera tenido por una estatua de mármol. Aficiónase á ella sin echarlo de ver: se pasma, y arrastrado del encanto de su hermosura, casi se olvidaba de batir sus alas para sostenerse. „Tú, que no mereces, la dice, esas duras cadenas, sino las que pone el amor á dos amantes, ruégote que me digas tu nombre, tu patria, y por qué estas aprisionada á esa roca.”
(56) Perséo liberta á Andrómeda.
Ella enmudece al principio, porque su vergüenza no la dexaba hablar á un hombre; y aun cubriera su modesto rostro con las manos, si no las tuviese atadas; solo indicó sus desgracias con el copioso llanto que eclipsaba sus dos soles, hasta que vencida de sus instancias, y temerosa de que infiriera de su silencio alguna grave culpa, le confesó su nombre, su patria, y el exceso de vanidad que su madre tuvo en su hermosura. Aun no habia acabado de hablar, quando bramó el mar, y se vió en la superficie de las aguas un monstruo, cuyo cuerpo ocupaba un espacio inmenso. Grita la afligida Andrómeda, y su padre y madre, igualmente infelices, aunque mas culpados, se hallan presentes; pero no pudiendo socorrerla, se contentan con gemir, llorar, y estrecharla entre sus brazos. „Tiempo bastante os queda, les dixo Perséo entonces, para llorar, pero bien poco para remediar á vuestra hija. Si yo que soy hijo de Júpiter y de Dánae, que vencí á la Górgona,[70] coronada de víboras, y me atrevo á surcar con veloces alas la vaga region del ayre, os la pidiese por esposa ¿me prefeririais sin duda á otro hombre? pues yo quiero añadir á estos títulos, el mérito de salvar su vida, si place así á los hados. Solo quiero que me otorgueis su mano si lo cumplo.” Cefeo y la Reyna, no solo se convienen, sino que le ruegan que cumpla su promesa, ofreciéndole, si lo hace, la hija, y aun el Reyno en dote. Del modo que la nave agitada fuertemente por los remeros, que sudan con el trabajo, surca las ondas, cubriéndolas de espuma, así las venia cortando con su pecho el marino monstruo. Distaba ya del peñasco el espacio que puede alcanzar una piedra disparada por la honda mallorquina,[71] quando el jóven, estribando el pie en la tierra, se elevó rápidamente en el ayre; y apenas vió el monstruo retratada en las aguas su sombra, quando se lanza á ella con toda su fuerza; y así como el águila, quando con el sol descubre al dragon en campo raso, vuelto de espalda al sol, se arroja sobre él ligeramente, y rezelosa de que la muerda si vuelve la cabeza, la hace presa con sus garras en la escamosa cerviz, así se dexa caer Perséo volando sobre el monstruo, y le introduce por la espalda derecha el acero hasta la empuñadura. Sintiéndose herida la fiera, ya se levanta sobre las aguas, ya se sumerge en ellas, y ya finalmente se vuelve y revuelve con ferocidad como un jabalí acosado de una manada de perros. Pero el jóven, al paso que con la ligereza de sus alas evita las heridas de sus rabiosos dientes, insiste hiriéndola con su alfange, unas veces en el costado, otras en donde no podian defenderle las conchas, y otras en fin en la parte que á manera de pez acababa en una delgada cola. Vomitaba la fiera agua teñida en sangre, rociando con ella las ya pesadas alas de Perséo; el qual temiendo no poderse sostener en ellas, vió un peñon, cuya cima dexa descubierta el mar quando está en calma, pero la cubre quando se embravece; y asiéndose de él con la mano izquierda, le introduxo muchas veces con la derecha el hierro por el vientre. Entonces fue quando los ecos de aplauso y alegría resonaron en la playa, y llegaron hasta las encumbradas mansiones de los Dioses. Casiope y Cefeo, llenos de gozo, saludan á su yerno, confesando que habia sido su libertador, y el amparo de su casa. Andrómeda, libre de las cadenas, como causa de su riesgo, corre á premiar al vencedor, quien despues de lavar sus manos victoriosas, sepulta con gran cuidado en la arena la cabeza de Medusa, hija de Forco; y por evitar que hiciera algun daño, la cubrió de hojas y ramas tiernas que nacen en el mar. Pero como estaban recien cogidas, chuparon el veneno de la Górgona, y sin mas que su contacto se petrificaron. Las Ninfas, admiradas, hicieron la experiencia con otras ramas, y regocijadas de ver en todas igual prodigio, arrojaron algunas al mar, y se convirtieron en corales; este vegetal conserva la misma naturaleza, pues siendo dentro del agua una planta tierna, fuera de ella se convierte en piedra. Perséo en accion de gracias erigió á tres Dioses tres altares de cesped, el de la derecha á Palas, el de la izquierda á Mercurio, y el del centro á Júpiter: sacrificando una vaca á la Diosa de la guerra, un becerro á Mercurio el mensagero de los Dioses, y á tí, Júpiter, el mayor de todos ellos, un toro.[72]
(57) Perséo da gracias á los Dioses por su victoria
y se casa con Andrómeda.