FÁBULA III.

ORFEO TOCA LA LIRA EN EL MONTE RODOPE.

En fin despues que Orfeo se quejó inútilmente de la crueldad de los Dioses del infierno, se fue al monte Rodope y á Hemo, donde reina el frio Aquilon. Pasáronse tres años sin haberse permitido al trato de ninguna muger, ya porque le habia salido tan mal el casamiento, ó ya porque le queria guardar á Eurídice la fidelidad que le habia prometido. No obstante muchas Ninfas desearon casarse con él, y solo las correspondió con desprecios, dedicándose á un amor inverso, que de él aprendieron los pueblos de Tracia,[152] á quienes agradaba la florida edad de los niños que aun no habian entrado en la juventud.

Sobre la cumbre de un collado se ostentaba una hermosa llanura de un campo, que estaba siempre verde con la grama y otras yerbas. En este sitio sin sombra fijó su residencia Orfeo, y en él tocaba su lira, y al sonido de ella vinieron todos los árboles comarcanos á hacerle sombra, atraidos del dulce sonido de la lira. No hicieron falta ni dejaron de concurrir las encinas, los álamos blancos, los suaves tilos, las hayas, los laureles, los avellanos, los fresnos, los abetos, los carrascos, los plátanos, los acebos, los sauces, los lotos, el box siempre verde, los brezos, los arrayanes de dos colores, y las higueras. Tambien vinisteis vosotras, yedras trepadoras, juntamente con las vides llenas de pámpanos, y los olmos vestidos de parras, los quejigos, el madroño cargado de fruto encarnado, las erguidas palmas, premio de los vencedores, el pino de áspera y recogida copa, grato á la madre de los Dioses desde que Atis, sacerdote de esta Diosa, se convirtió en él.

(103) Queriendo darse la muerte Cipariso,
es transformado en Ciprés por Apolo.