FÁBULA IV.

APOTEOSIS DE HÉRCULES.

La hoguera estaba ya encendida, y la llama sonaba por todos lados, y abrasaba el cuerpo de Hércules, que la miraba con serenidad, cuando los Dioses temieron por el vengador de la tierra; lo cual viendo Júpiter (que conoció la pena que tenian), les habló con alegre semblante de esta manera: „Ese temor, ó Dioses, es un deleite para mí, y me alegro, porque soy gobernador y padre de un reconocido pueblo, y porque mi hijo tambien está seguro con vuestro favor:[92] pues aunque esto se le da por sus grandes hazañas, no obstante yo os quedo obligado. Pero porque los corazones fieles no teman con vano miedo, ningun cuidado tienen que daros esas llamas del monte Oeta, porque el que todo lo venció tambien saldrá triunfante del fuego, y no le sentirá sino en lo que por parte de madre tiene de mortal, porque lo que tiene de mí es eterno, inmortal é incombustible. Luego que se purifique de lo mortal determino recibirle en el cielo, y confio que esta disposicion mia será agradable á todos vosotros; y si alguno no obstante siente que Hércules sea Dios, y quiere negarle el premio que yo le doy, debe hacerse el cargo de que le tiene merecido, y forzosamente lo aprobará.” Todos los Dioses se conformaron con la resolucion de Júpiter; y la misma Juno al parecer todo lo aprobó menos las últimas palabras, que le parecieron duras, y se la notó que las oyó con algun sentimiento. En tanto habia consumido la llama cuanto Hércules tenia de mortal:[93] no le quedó cosa que pudiese conocérsele de su anterior figura, ni de lo que tenia de la semejanza de su madre; solo conservó aquello en que se parecia á Júpiter, su padre. Al modo que la renovada culebra, dejada la piel, suele remozarse y resplandecer con las nuevas escamas, asi Hércules, despues de haber perdido lo que tenia de terrestre, tomó vigor en su mejor parte, y empezó á parecer mayor, y á hacerse digno de veneracion por su augusta gravedad; al cual arrebatando Júpiter en una carroza tirada de cuatro caballos entre las demas nubes, lo colocó en el número de los Dioses.

(94) Lucina aterra á Galantis y la transforma
en Comadreja.