FÁBULA V.
LUCINA RETARDA EL PARTO DE ALCMENA.
Atlante se resintió con el nuevo peso[94] que cargaba en el cielo que sostenia sobre sus hombros. Pero Euristeo aun no habia depuesto su antigua ira, y conservaba en los hijos de Hércules el odio atroz que habia tenido al padre. Mas Alcmena, natural de Argos, entrada ya en años, se hallaba fatigada con continuos cuidados, y solo tenia á Yole para consuelo de su vejez: esta la sufria las impertinencias de su ancianidad, y con ella comunicaba sus desgracias, y la referia los trabajos de su hijo Hércules, públicos y notorios á todo el orbe. Hilo, hijo de Hércules, cumpliendo con lo que le dejó encargado su padre, recibió á Yole por su muger con todo amor y cariño. Llegó el tiempo de que esta se hizo embarazada; y estando cercana al parto, la habló Alcmena de esta manera: „Los Dioses te sean favorables, y te concedan una hora pequeña cuando llegue el caso de que, acometida de los dolores del lance que esperas, invoques á Lucina,[95] auxiliadora de las que paren con timidez, y no te suceda lo que á mí, que la tuve contraria por el odio y precepto de Juno, pues cuando ya se acercaba el dia del nacimiento de Hércules, y habia yo entrado en el décimo mes,[96] el peso me extendia y abultaba el vientre en tal manera, que solo con verle podrias conocer que solamente Júpiter podria ser el autor de una cosa tan grande como la que ocultaba en él. Ya no podia tolerar mas las molestias que me causaba mi embarazo: aun ahora cuando te lo estoy contando se apodera de mis miembros un frio temblor que me hace estremecer, y el acordarme de ello es una reliquia de los dolores que entonces padecí. Siete noches y otros tantos dias estuve luchando con ellos, y ya cansada de padecer, levantando mis brazos al cielo, invocaba á gritos á Lucina para que me socorriese en la dificultad de mi parto. Ella es verdad que vino, pero mal impresionada, pues queria quitarme la vida por complacer á la implacable Juno. Luego que oyó mis lamentos se sentó ante la puerta; y poniendo la rodilla derecha sobre la izquierda, y entrelazando sus dedos unos con otros,[97] pronunció con voz baja algunas palabras mágicas para dilatarme el parto. Yo me esforzaba, y como loca me desahogaba en vanas injurias contra Júpiter, llamándole ingrato: yo deseaba morir, y daba unos gritos y gemidos capaces de mover á las duras peñas. Las matronas tebanas, que habian acudido á mi socorro, hacian por mí inútiles votos, y procuraban consolarme en mi dolor. Galantis, una de mis criadas, de mediana esfera, que tenia el cabello rojo, y era muy pronta en hacer lo que se le mandaba, á quien yo amaba por su buen servicio, entendió no sé qué hacia la contraria Juno;[98] y mientras entra y sale muchas veces de mi aposento, vió á la Diosa sentada en el umbral de la puerta, que tenia los brazos sobre las rodillas, enlazados los dedos. „Tú, quien quiera que seas, la dijo, alégrate, que mi ama acaba de parir, y se han cumplido sus votos.” Levántase espantada la Diosa que preside los partos, y separó las manos, que hasta aquel punto habia tenido juntas y cruzadas, y al instante, quitado este impedimento, se facilitó y verificó mi parto. Aseguran que Galantis se rió por haber engañado á la Diosa. Esta, viéndose asi burlada, asiéndola por los cabellos la arrastró; y al tiempo que queria levantarse de la tierra la convirtió en comadreja. Galantis, bajo esta transformacion, no perdió su antigua agilidad ni color; la cual, por haber favorecido á la parturienta con una mentira, pare por la boca sus hijuelos, y frecuenta como antes las casas.”
(97) Driope corta unas flores de Lotos, ninfa convertida
en árbol, y sufre igual suerte.