FÁBULA VIII.

METRA TOMA DIFERENTES FORMAS.

„Asi Eresicton, despues de haber engullido todas las viandas que le habian servido, pide otras: lo que come no hace sino acrecentar su hambre, y siempre queda en su vientre un vacío que no se puede llenar. Ya con ella habia consumido todos sus bienes; pero esta no se disminuia, y la llama de su voraz gula se aumentaba cada vez mas. En fin, despues de haberse metido en el vientre todo su caudal y riqueza, solo le quedaba una hija, á la que, digna por cierto de mejor padre, vendió. Metra (asi se llamaba), viéndose en la esclavitud, alargó sus brazos hácia el mar, que no distaba de la casa de su amo, é hizo esta súplica á Neptuno: „Ó Dios de las olas, á quien yo agradé en otro tiempo, líbrame del indigno estado en que me hallo; tú debes esta recompensa á una doncella que correspondió á tu amor.” Neptuno oyó la súplica de Metra, y á presencia de su amo, que la acompañaba, muda de figura en la de un pescador. Viendo el amo á su lado un hombre que tenia una caña en la mano, le dijo: „Quien quiera que seas, asi el mar te sea propicio como para enriquecerte la pesca, te ruego me digas si has visto y donde está una jóven mal vestida y desgreñada, que poco há estaba en esta playa: yo acabo de verla en la ribera, y por sus huellas infiero que no está muy lejos de aqui.” Metra, que conoció la utilidad que la resultaba ya de esta mudanza, se alegró de que su amo la preguntase sobre su situacion, y le respondió: „Siempre tuve la vista fija en estas aguas, y cuidadoso he estado aplicado á mi ministerio y egercicio; y para persuadirte mejor que lo que te digo es cierto, consiento que Neptuno haga mi pesca infructuosa, si ha habido en esta playa mucho tiempo há mas hombre ni muger que yo.” El amo, dándole crédito, se retiró con el engaño, y Metra recobró su primera forma. Viendo Eresicton que su hija tenia el poder de transformarse, la vendió á diferentes personas, y ya bajo la forma de vaca, ya bajo la de yegua, ave y ciervo, servia á mantener, aunque él no lo merecia, la insaciable hambre de su padre;[66] pero á poco tiempo se burlaba de los compradores escapándose; mas viendo que ninguno de estos socorros bastaban á satisfacer la cruel hambre que le atormentaba, tomó por último la desesperada resolucion de morderse sus propios miembros, sustentando el miserable su mismo cuerpo con los pedazos que de él se arrancaba.”

„Pero ¿por qué, continuó Aqueloo, he de contaros egemplos extraños, cuando yo mismo tengo el poder de transformarme en tres diferentes figuras? Unas veces parezco lo que ahora soy; otras me vuelvo en culebra, y otras en toro; y entonces consiste toda mi fuerza en las astas. Pero por desgracia ahora solo tengo una, como ves; la otra me la han arrancado.” Á cuyas tristes palabras siguieron los suspiros de su corazon.