FÁBULA XIV.
HIPOMENES CONVERTIDO EN LEON Y ATALANTA EN LEONA.
„Dime ahora, querido Adonis, ¿no era yo digna de que Hipomenes me hubiese rendido gracias y ofrecido el honor del incienso y de los sacrificios por semejante favor? Pues has de saber que ni me las tributó ni me ofreció sacrificios. Me dejé arrebatar de la ira mas violenta; y sintiendo vivamente este desprecio, me indigné contra ambos, é hice en ellos un castigo tal que me asegurase de ulteriores desprecios. Pasaban un dia junto á un templo, que escondido en una espesa selva habia en otro tiempo edificado por voto á la madre de los Dioses el esclarecido Equion.[188] Como se hallaban fatigados del largo camino, se sentaron á la sombra para descansar. Alli asaltó á Hipomenes un intempestivo deseo del uso conyugal, promovido por mí. Cerca del templo habia un lugar retirado de escasa luz, formado naturalmente de las peñas, á manera de una cueva, y que habia sido consagrado desde la mas remota antigüedad, y alli los sacerdotes habian colocado muchos simulacros de madera de los antiguos Dioses. Entraron en este sitio, y le profanaron con una accion tan agena de su santidad. Los Dioses por no ver este sacrilegio volvieron los ojos, y Cibeles dudó si sumergiria á los delincuentes en la laguna Estigia; pero le pareció que este castigo era muy leve para un delito tan enorme. Al punto pues se cubren sus cuellos de rojas crines; sus dedos se encorvan en uñas; los hombros se convierten en espaldas; todo el peso carga sobre los pechos; con la cola barren la superficie de la arena; en el rostro se ve pintada la saña, y en vez de palabras pronuncian un espantoso murmullo, y tienen por tálamo las selvas: en una palabra, fueron transformados en leones, animales temidos de todos, y dóciles para el carro de Cibeles. Tú pues, amado Adonis, huye de estas fieras, y de todas aquellas que en vez de huir y volver la espalda presentan su cuerpo y pecho á los que les acometen. Evita su encuentro, no sea que tu osadía sea perjudicial á tí y á mí, que mas que tú sentiré tu desgracia.” Despues que Venus dió este consejo á Adonis, tomó el camino por los aires en un carro tirado de cisnes. Pero Adonis, dejándose llevar de su valor, no se aprovechó de las advertencias de Venus.”
(112) Venus llora á su querido Adonis
herido por un jabalí.