FÁBULA XV.

MUERTE DE ADONIS.

„Los perros de Adonis, que seguian el rastro, echaron del bosque un jabalí, y cuando iba á salir de la selva le hirió de través con una flecha. Al punto el feroz animal sacudió el dardo ensangrentado, y con sus colmillos corvos siguió á Adonis, que temblaba y buscaba donde guarecerse; se los clavó todos debajo de la ingle, y lo arrojó moribundo en la roja arena. Venus, conducida por medio de los aires en su ligero carro, no habia llegado aun á la isla de Chipre, y de lejos oyó los suspiros de su moribundo amante, y volvió hácia alli el ligero carro: luego que desde la alta region le vió desmayado, y que se revolcaba en su misma sangre, bajó; y rasgando sus delgados vestidos, se arranca los cabellos, se hiere el pecho lastimosamente, y quejándose de los hados, les dice: „No han de estar todas las cosas sujetas á vuestro poder. Querido Adonis, quedarán para siempre vestigios de mi llanto y sentimiento por tí, y en memoria de tu muerte se repetirá y celebrará todos los años una fiesta en que se imitará y representará mi llanto y mi dolor. Tu sangre será convertida en flor. Asi como tú, Proserpina, pudiste en otro tiempo convertir á tu rival[189] en olorosa yerbabuena, ¿no podré yo tambien, sin que se me atribuya á mal, convertir á Adonis en otra yerba?”

„Despues que dijo esto roció con néctar oloroso la sangre de Adonis, que hinchándose como aquellas gotas de agua que al caer forman menudas y transparentes ampollas, en menos de una hora salió de la sangre una flor colorada semejante á la de la granada. Esta flor es de corta duracion, porque siendo de poco vigor y de mucha ligereza, la marchitan los vientos, de quienes tomó el nombre de amapola.”