FÁBULA III.
ENEAS Y LA SIBILA.
Dejó Eneas á Fiteusas siguiendo su viage; y dejando á su derecha á Nápoles,[87] y á su izquierda el sepulcro de Miseno,[88] célebre trompetero, é hijo de Eolo, llegó á las playas de Cumas, que eran unos sitios pantanosos, y llenos de ovas y otras plantas palustres, en donde encontró y entró en la cueva de la Sibila Cumea, que es sola la que vive entre todas las demas,[89] y la suplicó que le acompañase y le condujese á los infiernos á visitar en ellos á su padre Anquises. La Sibila, despues de haber tenido algun tiempo sus ojos fijos en la tierra, alzó la vista, y embriagada y enfurecida con la deidad que se le habia entrado en su pecho, le dijo: „Mucho es lo que pides, héroe esclarecido en hechos, cuyo valor tiene dadas pruebas por la espada, y cuya piedad se ha singularizado por el fuego de que sacaste á tu anciano padre; pero no tengas recelo, esclarecido troyano, que conseguirás lo que pides, y guiándote yo, visitarás los campos Elíseos, los últimos reinos del mundo y la amada sombra de tu padre: al valor ninguna senda está cerrada.”
Esto dijo; y mostrándole en la selva de Proserpina un resplandeciente ramo de oro, le mandó que lo cortase del árbol y lo tomase. Obedeció Eneas, y con esta señal pudo entrar y ver las riquezas del formidable reino de Pluton, y en él á sus ascendientes y la anciana sombra del magnánimo Anquises su padre, quien le instruyó de las prerogativas y autoridad á que llegarian la ciudad y reino que habia de fundar, y le predijo las nuevas guerras que le esperaban, y los peligros que le habian de acontecer en ellas. Despues de esto salieron de aquella triste region, caminando por una senda cuesta arriba, en la que guiaba la Sibila; y entreteniendo con conversaciones el trabajo del camino medroso, y por entre sombras y crepúsculos, dijo Eneas á la Cumea: „Bien seas tú Diosa, ó mortal sumamente grata á los Dioses, te tendré siempre por deidad, y me confesaré existir por el beneficio que me hiciste de facilitarme poder visitar las regiones de la muerte, y salir de ellas despues de haberlas penetrado, por cuyo favor, ya que me hallo restituido á la luz del mundo de los vivientes, te edificaré templos, y te veneraré en ellos con el culto del incienso.”
Volvióse la Sibila á mirar á Eneas, y lanzando grandes suspiros, le dijo: „No soy deidad, ni debes venerar con el sagrado incienso á una persona humana, y para que en esto no peques de ignorancia has de saber que Apolo me ofrecia por mi virginidad una vida perpetua y eterna, haciéndome deidad é inmortal. Con la esperanza de inclinarme y vencer con dones mi resistencia me dijo: „Hermosa doncella y sacerdotisa de Cumas, elige y pide lo que se te antoje, pues todo te será concedido.” Yo, enseñándole un monton de arena, le pedí me concediese tantos años de vida como átomos en él habia; pero no tuve la advertencia de pedir que todos hubiesen de ser en juventud y sin envejecerme; pero él me prometia lo uno y lo otro con tal que yo me rindiese á su deseo; mas yo no quise, y desprecié sus ofertas, permaneciendo sin casarme, en cuyo estado se me ha pasado ya lo florido y lo mejor de mi vida, y viene á paso largo la trémula vejez, la cual habré de tolerar el mucho tiempo que aun me queda para llenar el número de las arenas, pues ya he vivido siete siglos, y aun me restan y tengo que ver trescientas primaveras y otros tantos otoños, y llegará el tiempo en que los muchos años apoquen y hagan menor mi cuerpo, y reduzcan á muy poco peso mis miembros debilitados y consumidos con la vejez, y entonces nadie creerá que en mi juventud agradé á Apolo y fuí amada por él; y acaso él mismo ó no me querrá conocer, ó negará que estuvo enamorado de mí. Me mudaré y trocaré hasta el punto de que nadie me quiera ver, y solo seré conocida por mi fama, que será la que quede despues de mi muerte.”
Estas cosas iba refiriendo á Eneas la Sibila; y caminando entrambos por una senda cuesta arriba, terminaron su viage desde las oscuras regiones, y hallaron salida á la superficie de la tierra junto á la ciudad de Cumas, de donde, despues de haber hecho á los Dioses un sacrificio segun rito, se partió Eneas á la playa que aun no tenia, y despues por una ciudad que en ella edificó tomó el nombre de Cayeta,[90] que era el de la nodriza que le habia criado.
(130) Eneas manifiesta su piedad por los
sacrificios que ofrece á los Dioses.