FÁBULA PRIMERA.

AYAX Y ULISES SE DISPUTAN LAS ARMAS DE AQUILES.

Sentáronse los capitanes griegos, y las tropas, que estaban en pie, formaban en círculo, cuando Ayax, señor del siete veces doblado escudo,[33] no cabiendo en sí de enojo, se levanta, tiende la vista con ceño airado á la playa de Sigeo en que estaba la armada, y alargando las manos hácia la escuadra: „¡Ó Júpiter![34] exclama: ¿cómo se permite que teniéndose esta controversia á la vista de esas naves, se quiera Ulises comparar conmigo? ¿Ese Ulises, que no tuvo valor para oponerse al incendio que Hector las puso, y del que yo las liberté y reservé de sus voraces llamas? El pelear con voces de elocuencia y vanagloria es cosa mas fácil y hacedera que el combatir con las manos armadas de valor; ni á mí me será fácil aquel modo, ni él podrá adelantar ni hacer cosa alguna por este medio, y cuanto yo le excedo en los combates, tanto vale él en su facundia y sus astucias.[35]

(121) Ayax y Ulises pretenden las armas
de Aquiles; se le adjudican á Ulises.

„No juzgo del caso, ó griegos, el recordaros mis hazañas, porque todos vosotros las habeis visto. Ulises será quien tenga necesidad de contar las suyas, pues las hizo de noche, y sin testigos que pudiesen publicarlas.[36] Confieso que es grande el premio que pido; pero deja desairado mi honor, y me roba mucha parte de él el atreverse Ulises á hacerme competencia en una cosa, que aunque para él es grande, el obtenerla yo no aumentará mi gloria. Él ya se ha llevado la recompensa de esta contienda; porque cuando fuere vencido se dirá que compitió conmigo, y bastante fama adquiere con esto. Mas yo, aun cuando se pudiese poner en duda mi valor, siempre seria preferido por mi nobleza como hijo de Telamon, que militando bajo las banderas del valeroso Hércules, se halló en la toma de Troya, y ademas fue á la expedicion de los Argonautas á la isla de Colcos. Mi abuelo es Eaco, uno de los tres jueces de aquella triste mansion, en que Sísifo, hijo de Eolo, se afana en vano en subir á la cumbre un gran peñasco. Júpiter reconoció á Eaco por hijo suyo, y de este modo vengo á ser el tercero despues de Júpiter. Pero no quiero, griegos, que esta noble descendencia me aproveche ni sirva para mi causa, si al mismo tiempo no estoy enlazado con el grande Aquiles. Primo mio era como hijo de un hermano de mi padre, y pido sus armas como por un derecho hereditario. ¿Quieres tú, Ulises, ingerirte en los derechos y timbres de una agena familia y de la gente de Eaco, siendo tú descendiente de Sísifo, y muy parecido á él en los fraudes y los hurtos? ¿Acaso el haberme yo alistado primero que tú á esta guerra para concurrir á ella sin que fuese necesario buscarme y descubrirme,[37] deberá ser motivo para que se me nieguen estas armas? ¿Será mas digno de ellas el que tomó las suyas despues que yo, y el que rehusó venir á la guerra aparentando una locura, hasta que Palamedes, mas astuto que él, aunque sin utilidad suya, antes bien en su perjuicio,[38] descubrió la estratagema de su ánimo cobarde, y le trajo contra su voluntad? No será seguramente razon que lleve y se le den estas honrosas armas al que tanto rehusaba tomar otras, ni concurrir á esta guerra, y que yo que vine primero, y me expuse á los mayores peligros, padezca el deshonor de verme privado de ellas, y de un don que se me debe por derecho de parentesco. ¡Ojalá que la locura de Ulises hubiera sido cierta, ó se la hubiese creido por tal, y que este consejero de maldades[39] no hubiese venido con nosotros á esta guerra contra Troya; porque entonces Filoctetes, hijo de Pean, no estuviera detenido en la isla de Lemnos[40] con afrenta y desdoro nuestro! Alli, segun se dice, encerrado en las silvestres cuevas, pones en movimiento á los mismos peñascos con tus gemidos, y demandas á Ulises el castigo que merece, y á la verdad que si hay justicia en las deidades, no las demandas en vano. El mismo Filoctetes (¡ay de mí!), que juró en nuestra coalicion, y que era uno de los próceres de ella, sucesor y poseedor de las flechas de Hércules, tan necesarias para la empresa, consumido al presente de enfermedad y hambre, se viste de las plumas, y se alimenta de la carne de las aves, en cuya caza emplea las flechas que deberian servir, segun los hados, contra Troya, y sin las que no puede ser tomada. Pero al fin él vive, y vive porque no siguió ni acompañó á Ulises, y fue abandonado por este. El desgraciado Palamedes querria tambien haber sido desamparado como Filoctetes, pues entonces viviria, ó á lo menos aunque hubiese muerto, hubiera sido con mas honra, y sin la mancha y calumnia que le forjó Ulises en venganza de haberle descubierto y convencido en su fingida locura, atribuyéndole que tenia trazada la traicion de vender y entregar á los troyanos el campo griego, cuya calumnia y ficcion persuadió manifestando el oro de la venta, que él mismo habia hecho poner y ocultar en la tienda de Palamedes. De esto se infiere y deduce que para lo que sirve es para privarnos de los mejores soldados, desterrando á unos y quitando la vida á otros: ¡asi pelea, y asi es temible Ulises! Aunque sea mas elocuente que Nestor, no podrá sincerarse con su elocuencia del delito é ignominia de haberle dejado desamparado, y no haberle ayudado en el peligro en que se vió; pues aunque fatigado con su vejez, herido su caballo y sin poder huir, llamaba á Ulises en su socorro, este huyó y le dejó en el peligro. No es esto una cosa que yo haya fingido: Diomedes, hijo de Tideo, es buen testigo de ello, el cual, aunque le llamaba y reprendia porque asi dejaba abandonado á Nestor, nada consiguió, ni pudo detenerlo en su cobarde fuga.

„Los Dioses miran con justicia las cosas humanas. Ulises necesita ahora el socorro que antes negó á Nestor; y como él le desamparó, asi debia él tambien ser desamparado, y sufrir la ley que él mismo se habia impuesto. No obstante llama á sus compañeros; voy á su socorro; lo veo amilanado, pálido con el temor, y horrorizado de la muerte que le amenazaba; opongo en su defensa la mole de mi escudo, con el que cubrí al que estaba tendido en el suelo, y libré de la muerte (poca alabanza merezco por esto) á un soldado bien cobarde. Si con esto no desistes afrentado de tu temeraria pretension, volvamos otra vez al lugar donde fue la pelea: vuélvete á poner á la vista del enemigo que te hirió y te causó tanto temor, ampárate de mi escudo, y pelearás defendido con él. Despues que le liberté, el que antes no podia tenerse en pie por las heridas, no le fueron impedimento estas para huir con la mayor velocidad.

„Se presenta Hector, trayendo en su favor todas las deidades. Por donde quiera que se arroja no tú solo tiemblas, Ulises, sino tambien los mas esforzados. ¡Tan grande es el terror que causa! Salgo al encuentro á este enemigo, que venia orgulloso con tanta carnicería como habia causado, y le derribé boca arriba, tirándole una gran piedra. Yo solo salí á su desafio, al que provocaba á todos los capitanes griegos uno á uno: vosotros hicisteis votos porque me tocase á mí la suerte, y con efecto me tocó, y se cumplieron vuestros deseos. Si me preguntais cual fue el fin del desafio, basta deciros que tengo la gloria de no haber sido vencido por él. Cuando los troyanos, auxiliados del mismo Júpiter, acometieron á hierro y fuego á la escuadra griega ¿adónde estaba entonces el elocuente Ulises? Yo solo la salvé[41] con mi valor y denuedo, asegurando vuestra vuelta. ¿Podreis negarme las armas que pido en recompensa de las mil naves libertadas? Si me es lícito decir verdad, mas cuenta tengo con el honor de las armas que con el propio mio; á lo menos la gloria es igual, puesto que Ayax es solicitado para las armas, y no las armas para Ayax. Compare ahora Ulises con mis hazañas el haber muerto á Reso y al cobarde Dolon, y asimismo haber hecho prisionero á Heleno, hijo de Príamo, y haber robado la efigie de Palas: todo esto lo hizo de noche y acompañado de Diomedes. Si por tan leves hazañas se han de dar estas armas, divididlas, y dad la mayor parte á Diomedes; pero á Ulises ¿para qué le sirven, cuando es un soldado que no pelea con armas, sino que solo tiene habilidad para engañar al incauto enemigo con hurtos y traiciones? El mismo resplandor del morrion que brilla con el luciente oro descubrirá y manifestará al engañador cuando con él oculte su semblante. La cabeza de Ulises no podrá sufrir el gran peso de aquel, y tambien la lanza Pelia[42] será pesada y gravosa á sus débiles brazos; ni el escudo en que está grabado todo el mundo será conveniente á su siniestra tímida, y acostumbrada solo á hurtos y vilezas. ¿Por qué te atreves, obstinado, á pretender un premio y unas armas que no puedes manejar, y que te han de debilitar? Pero si el pueblo griego, juzgando erradamente, te concediere estas armas, servirán en tí para verte despojado de ellas, y no para infundir con ellas miedo y terror á los enemigos; y si recurres, cobarde, á la fuga, que es en lo que á todos llevas ventaja, te será impedimento para emprenderla su pesadez. Añade á esto que tu escudo, como que rara vez se ha visto en combates, está entero é intacto, y el mio, acribillado á flechazos, necesita ya arrinconarse por inútil, y que se me dé otro nuevo. Últimamente ¿para qué nos cansamos en palabras? sean las obras las que decidan esta controversia; arrójense esas armas del valeroso Aquiles en medio del campo enemigo, y mandad que sea condecorado con ellas aquel que consiga arrojarse sobre las mismas y recuperarlas.”

Con esto puso fin Ayax á su discurso, y sus últimas palabras fueron acompañadas é interrumpidas con los clamores y gritería de todo el vulgo. Entonces levantándose Ulises, y fijando por un pequeño espacio y como pensativo sus ojos en la tierra,[43] los alzó despues á los jueces; y viendo que estaban esperando que hablase, dijo con mucha gracia y elegancia lo siguiente.

DISCURSO DE ULISES.

„Griegos, si mis votos y deseos, y tambien los vuestros, hubiesen sido oidos por los Dioses, no habria necesidad de entrar en esta competencia sobre dar sucesor á estas armas; y tu, ó invencible Aquiles, gozarias de ellas y nosotros de tí; pero pues á mí y á vosotros los adversos hados nos negaron estos deseos, y nos privaron de tan esforzado guerrero (al decir esto fingió que lloraba, y se enjugaba las lágrimas con la mano), ¿quién mejor podrá suceder á Aquiles que aquel por cuyo medio vino y fue traido á vuestro campo? Á Ayax no debe servir ni aprovecharle que, como ciertamente lo es, haya parecido estúpido en su arenga, y tampoco á mí debe perjudicarme, ó griegos, mi ingenio, que siempre os fue provechoso, ni mi elocuencia, tal cual ella sea, excite envidia y desconcepto porque ahora la emplee en mi defensa, cuando tantas veces la he empleado en la vuestra, y no es vituperable el que cada uno en alguna ocasion haga alarde de sus propias hazañas, porque el linage, la antigua ascendencia, y lo que nosotros no hemos hecho, con dificultad podremos llamarlo nuestro.[44] Pero pues Ayax se ha jactado, y ha alegado por mérito que es segundo nieto de Júpiter, debo decir que el mismo Júpiter es tronco de mi descendencia, y que Ayax y yo estamos con él en igual grado, porque yo tuve por padre á Laertes, de quien lo fue Arcesio, y este fue hijo de Júpiter, con la circunstancia de que en esta mi ascendencia no hubo ninguno que fuese condenado y desterrado.[45] Mercurio es tambien otro blason que se me añade por parte de madre; de modo que por ambas líneas soy descendiente de los Dioses. Pero no solicito estas armas porque mi padre no haya incurrido en fratricidio alguno como el de aquel: nada de esto quiero me valga, ni que se decida esta causa por otra cosa que por los méritos; pero tampoco deberá aprovechar á Ayax el que su padre Telamon fuese hermano de Peleo, ni en esta controversia debe servir el órden ni derecho de parentesco, sino solo el honor, el valor y el mérito personal; porque si estas armas se hubieran de dar por herencia ó por deudo, estando vivos Peleo y Pirro, aquel padre, y este hijo del magnánimo Aquiles, ¿que entrada puede tener el derecho de herencia que reclama Ayax? Por lo mismo estas armas deberian enviarse á Ptian ó á la isla de Esciros,[46] donde residen respectivamente aquellos dos. Tambien Teucro es primo hermano de Aquiles lo mismo que Ayax, y con todo ¿pide acaso estas armas, ni recuerda semejante derecho para conseguirlas? La controversia se versa sobre los méritos de cada uno, y sobre si las hazañas en que Ayax tiene tanta confianza son mayores que las mias. No me será fácil, ni de pronto podré acordarme de los servicios y méritos que tengo contraidos por la causa comun de toda la Grecia; pero me servirá para referir algunos el órden y la serie con que fueron sucediendo.

„Tetis, habiendo sabido por el oráculo que su hijo[47] habia de morir en esta guerra, para preservarle de que viniese á ella le ocultó, vistiéndole de muger, en la isla de Esciros, con cuya falacia habia engañado á todos, y tambien al mismo Ayax; pero no á mí, que trasluciendo el artificio, usé el de fingirme mercader; y entrando con requisitos y adornos del otro sexo, ocultas entre ellos unas armas, al ver que eligió una lanza y un escudo, descubriéndole por este medio, le dije: „Hijo de Tetis, á tí reservan los hados el suceso de la guerra;[48] sin tí no puede ser tomada Troya; ¿por qué pues te ocultas, y rehusas ir á destruirla?” Y asiéndole por la mano, os traje al esforzado de quien se esperaban las pasmosas hazañas que su valor ha egecutado en esta guerra; de forma que puedo alabarme de que cuanto ha hecho Aquiles ha sido egecutado por mí. Yo soy[49] el que vencí al valiente Telefo en el combate de la lanza, y el que, movido de sus ruegos, le curé y sané despues de vencido. Á mí debe atribuirse la conquista y ruina de Tebas, la de Lesbos, la de Ténedos, Crisa y Cila,[50] ciudades dedicadas á Apolo, y tambien la de Esciros; y del mismo modo y por la misma razon debe atribuírseme la conquista de Lirnesa y la entera destruccion de sus muros; y sin recordaros otras muchas hazañas, debeis haceros cargo de que yo fuí el que maté á Hector, trayendo á vuestro campo quien le venciese y diese la muerte. Pido estas armas por aquellas con que descubrí á Aquiles, y con que le armé y traje á esta guerra; cuando era vivo se las dí, y debo reclamarlas despues de su fallecimiento.

„Todos los griegos, sabido el robo de Elena,[51] tomaron parte en el dolor y afrenta de Menelao, y mancomunados todos, armaron una escuadra de mil naves, con la que llenaron el puerto de Aulide; pero fueron en él detenidas, porque ó no soplaban los vientos, ó los que soplaban les eran contrarios; sobre lo que consultado el oráculo, respondió que los vientos serian favorables, sacrificando á Diana la inocente hija de Agamenon. Resistíase á esto su padre, y se enfurecia contra los mismos Dioses, adelantándose en él el cariño y piedad de padre al caracter de Rey; pero yo le trastorné, y convencí con mi sagacidad á que pospusiese el cariño paternal, y antepusiese á él la utilidad de la causa pública. Confiésolo, y perdóneme Agamenon esta confesion, que manejé y obtuve una dificil causa ante un juez adverso; pero pude convencerlo á que apreciase mas su alabanza que su propia sangre, ponderándole con mis persuasiones la utilidad comun, el agravio y afrenta de su hermano, y la confianza que en él habia depositado toda la Grecia, dándole el mando, y haciéndole caudillo de la comun empresa. Convencido y conforme el padre con el sacrificio de su hija, se me encargó que fuese á convencer á la madre, para la cual no valian persuasiones, y por lo mismo era menester echar mano de las astucias; y si á esta comision hubiera ido Ayax, nada hubiera concluido, y aun no nos hubieran venido los vientos favorables que necesitaban nuestras velas, y estaríamos detenidos en Aulide.

„Encargóseme tambien que fuese de embajador á Troya, y requiriese á esta corte sobre la restitucion de Elena: penetré en ella cuando aun estaba abundante y llena de esforzados guerreros, y alli perorando sin temor y con energía la causa que me habia encargado toda la Grecia, acusé á Páris; pedí la restitucion de Elena, y reclamé la devolucion del rico equipage que con ella habia sido robado. Con el fuego y energía de mi persuasion intimidé al Rey Príamo y á Antenor su pariente, y los convencí á que se resolviesen á restituirnos á Elena; pero Páris, sus hermanos y los demas que le acompañaron en el robo se opusieron, y quisieron acometernos y maltratarnos. Bien te acuerdas de esto, Menelao, y por mas señas que aquel dia estuviste conmigo en el primer aprieto y peligro. Seria prolija en demasía mi narracion si hubiese de referir las muchas cosas que con mis consejos y con mis manos hice y obré en utilidad de toda la Grecia en el largo tiempo de esta guerra. Despues de los primeros combates se encerraron los troyanos en sus murallas, sin querer presentarse en campo abierto hasta el décimo año. ¿Qué hacias entre tanto, Ayax, puesto que ninguna otra cosa sabes sino pelear? ¿De qué utilidad eras, y para qué cosas servias? Pues si á mí me preguntas qué era lo que yo hacia en el tiempo que tú eras inútil, yo me empleaba en tramar asechanzas al enemigo; en ceñir y fortificar los fosos; consolar á los aliados para que sufriesen con tolerancia tan larga guerra; enseñar y proyectar los medios de abastecer nuestro campamento, y los de armarnos; y últimamente yo acudia á cuanto exigia la necesidad del egército, y á cuanto requeria el uso de mi persona.

„Agamenon, fingiéndose avisado por Júpiter en un falso sueño, propuso en el congreso de los griegos que se desistiese de la comenzada guerra, cuya opinion pudo sostener é hizo prevalecer, haciendo á Júpiter autor de ella. Ayax para contradecirla, é insistir en que se continuase la guerra hasta la destruccion de Troya, dijo que pelearia, que era lo único que podia hacer; pero ¿con esto detendria á los que ya empezaban á retirarse? ¿Cómo es que no pudo detenerlos tomando él mismo las armas, y exhortándolos á que imitasen su egemplo? No era esto mucho pedir á quien solo proferia baladronadas. Pero ¿cómo habia de detenerlos y esforzarlos á continuar la guerra, cuando él mismo era uno de los que iban huyendo? Yo lo ví, Ayax, y me llené de vergüenza al ver que volvias las espaldas, y te disponias á soltar con afrenta las velas á tus naves. Entonces sin detenerme esforcé mi voz diciendo: „¿Qué es lo que haceis, griegos? ¿Qué locura es la que os incita á dejar el cerco de Troya, que ya está para ser tomada? ¿Qué es lo que llevais á vuestras casas sino afrenta y deshonra despues de diez años de guerra?” Con estas y otras expresiones, en que el dolor me hizo prorumpir con energía y elocuencia, conseguí detener y reducir á los que ya habian vuelto las espaldas, y puesto las naves en disposicion de retirarse. Con esto Agamenon mudó de intento, y empezó á convocar y reunir á los aliados que estaban llenos de terror: Tersitas persistia prorumpiendo en dicterios contra Agamenon y los demas Reyes, sin que Ayax se atreviese á contenerle ni á hablarle una palabra; pero yo le hice callar, castigándole su insolencia. Redoblé entonces mi energía; y exhortando contra el enemigo á los temerosos soldados, les volví á infundir con mi voz el valor que ya tenian desmayado y perdido.

„Desde este momento cuento por mio todo lo que Ayax hizo ó pudo hacer con valor y fortaleza, porque yo fuí quien le detuvo en su fuga, y á quien por lo mismo deben atribuirse sus hechos posteriores. Ninguno de los griegos pidió ni escogió á Ayax para alguna empresa; pero á mí Diomedes me eligió para las suyas, y partió conmigo sus hazañas, emprendiéndolas con la confianza y seguridad de que llevaba por compañero á Ulises. Es cosa muy singular y honrosa el que entre tantos millares de griegos yo solo fuese el elegido por Diomedes, sin comprometer esta eleccion á la suerte.[52] Salí acompañándole; y trepando los dos por los peligros de la noche y del enemigo, maté á Dolon, troyano, que con el mismo intento que nosotros habia salido á ser espía de nuestro campo; pero no le maté hasta haberle precisado á descubrir todos los secretos, y hasta saber de él cuáles eran los proyectos de la pérfida Troya. Habiéndolos comprendido, y no teniendo mas que saber, podia ya retirarme cubierto de este honor y satisfaccion. Pero no contento con ello, penetré hasta la tienda de Reso,[53] y le asesiné y á sus compañeros en sus mismos reales; con lo que vencedor, y cumplidos mis votos y deseos, me entré en su carro, y me volví en él en triunfo. Negadme ahora las armas de aquel héroe, cuyos caballos habia pedido Dolon, y le habian ofrecido los troyanos por precio y premio en el caso de victoria, y sea enhorabuena mas acreedor á ellas Ayax, y mas dignos de atencion sus méritos. ¿Qué necesidad hay de haceros á la memoria las huestes de Licio Sarpedon, destruidas y desbaratadas con mi espada? Con derramamiento de mucha sangre hice caer y dí la muerte á Ceramon, hijo de Ifitis, á Alastor, á Cromio, á Alcandro, á Halio, á Noemon, á Pritanis, á Chersidamante, á Toon, á Charope y á Ennomon, que habia venido con funesta estrella, y por último á otros muchos de menos fama, que murieron á impulsos de mi valor bajo las mismas murallas de Troya. Griegos, no quiero persuadiros ni sorprenderos con vanas palabras; hablen por mí las heridas que he recibido peleando; aqui está mi cuerpo lleno de ellas, y toda la parte anterior de él; miradlas (esto dijo desabrochándose el vestido); estas son las que ha recibido mi pecho combatiendo en vuestra defensa.

„Pero Ayax en todo el tiempo que ha durado esta guerra no ha derramado ni una gota siquiera de su sangre, y por lo tanto tiene el cuerpo sin cicatriz alguna. ¿Qué importa que se jacte de que defendió y libertó nuestras naves de los troyanos y de Hector, que venia auxiliado del mismo Júpiter? No puedo negarle ni dejar de confesar esta hazaña, porque no soy tan maligno que vitupere los esforzados hechos; pero no es razon que se atribuya á sí solo la gloria y el honor, que debe comunicar con alguno de nosotros que concurrieron con él á aquel suceso. Patroclo, nieto de Actor, armado con las armas de Aquiles, repelió y detuvo el ímpetu de los troyanos y de su defensor Hector, é impidió el proyecto de poner fuego á nuestras naves. Tambien se jacta Ayax, sin hacer mencion de Agamenon, de Menelao ni de mí, de que sorteado entre nueve salió al desafio con Hector, atribuyendo á valor y osadía esta accion á que le obligó la suerte. Pero ¿cuál fue, esforzadísimo[54] Ayax, el suceso y fin de tu combate? El resultado fue el haber salido Hector de él sin que le hubieses hecho herida alguna.

„¡Desdichado de mí! con cuánto dolor me veo precisado á acordarme de aquel triste momento en que Aquiles, nuestro muro y defensa, perdió su vida á manos de Páris. Ni las lágrimas, ni la afliccion ni el temor me fueron impedimento para ir, tomar su cadaver que yacia en la tierra, y trasportarlo sobre mis hombros; sí, sobre estos mismos hombros traje el cuerpo de Aquiles, y tambien esas armas que ahora pretendo se me adjudiquen. Tengo fuerzas suficientes para manejarlas por mas pesadas que sean, y tengo ánimo noble para saber agradecer y conservar la honra que en ello se me haga. Ciertamente que la cerúlea Tetis hubiera empleado bien la solicitud y cuidado que tuvo por su hijo, para que ahora sus armas, fabricadas por un Dios, y que son obra tan artificiosa, pasasen á un soldado visoño, rudo y sin ingenio. Si él no comprende lo que se halla grabado en el escudo; á saber, el Océano, las tierras que ciñe, las constelaciones del alto cielo, las Pléyades, las Híades, la Osa, que nunca se baña en el mar, muchas y diversas ciudades, y Orion con su refulgente espada, ¿para qué pide y pretende unas armas cuyos emblemas no entiende? ¿De qué le aprovecha el haberme tachado de que rehusé el venir á esta guerra, huyendo con artificio y simulacion los peligros de ella, y echarme en rostro y argüirme de que me alisté despues que él? ¿No conoce que en esto arguye tambien y reprende al mismo Aquiles? Si el fingir fue delito, ambos nos valimos de ficciones; si la tardanza fue culpa, yo vine al campo mas pronto que Aquiles. Á mi me detuvo y obligó á fingir el cariño de mi esposa, y á aquel el de su madre. Primero procuramos desempeñar las obligaciones que debíamos á estas, y despues las que debemos á vosotros y á toda la Grecia, y con esto no temo ya el no poder defenderme de una falta en que tambien incurrió el mismo Aquiles. Este fue hallado y descubierto por el ingenio de Ulises; pero Ulises no lo fue por el de Ayax.

„Nada tiene de extraño ni debemos admirarnos de que su suelta y necia lengua se haya atrevido á calumniarme, cuando á vosotros tambien se atrevió á imputaros un vergonzoso delito; porque si en mí fue torpe el haber acusado falsamente á Palamedes, como él ha querido decirlo, á vosotros no os hace mucho honor el haberle condenado por una falsa acusacion. Pero hay ademas que ni Palamedes pudo sincerarse de un tan grande y tan manifiesto delito, ni vosotros os gobernasteis por relaciones y justificaciones, sino que visteis el oro que constituia el cuerpo de este delito. Ni tampoco soy culpado en que Filoctetes quedase y esté detenido en la isla de Lemnos; este es un delito que mas bien recae sobre vosotros, porque lo consentisteis y aprobasteis. Yo no negaré que le aconsejé y reduje á que se quedase, y no se expusiese á los peligros y trabajos del camino y de la guerra, sino que antes bien procurase con el descanso mitigar y curar los fuertes dolores que le causaba la herida que se hizo con una de las flechas que traia de Hércules; acomodóse á mi consejo, y vive por haberlo tomado. Mi consejo no solamente fue fiel, sino que como ha tenido unas felices resultas, hace tambien fiel al consejero. Pero pues, segun los hados, no puede ser tomada ni destruida Troya sin Filoctetes,[55] y es necesario hacerle venir con las flechas de Hércules, no me deis á mí esta comision; encargádsela á Ayax, que él con su persuasiva y elocuencia tendrá mas habilidad para templar su enojo, y la ira de que se halla agitado por las calamidades que padece, y sabrá reducirle con alguna astucia á que venga con sus flechas á concluir esta guerra. Esta empresa solo es propia para mi sagacidad; y si yo no hago uso de mi ingenio y prudencia, que siempre se han desvelado en vuestro favor, mas fácil será que el Gimois corra hácia su nacimiento; que el monte Ida[56] quede despojado de sus frondosas arboledas, y que la Grecia dé socorro á Troya, que el que la necia astucia de Ayax pueda seros de algun provecho, y reducir y traer á aquel héroe. Aunque te halles, Filoctetes, inexorable y poseido de la mayor dureza; aunque estés irritado contra todos los aliados, contra Agamenon y contra mí; aunque con infinitas execraciones desees sin término mi muerte; aunque todos tus anhelos sean apoderarte de mí, beber mi sangre, y cogerme bajo tu jurisdiccion y potestad, como tú estuviste bajo la mia, yo te entraré con mis astucias, y con ellas conseguiré reducirte y traerte conmigo; y si la fortuna no me fuese desgraciada, conseguiré apoderarme de tus flechas, del mismo modo que me apoderé del troyano adivino Heleno, como desconcerté los oráculos y hados de Troya, y como conseguí sacar y traerme por medio de los enemigos la estatua de Minerva, á cuya hazaña no puede compararse ninguna de las que ha hecho Ayax; pues sin este robo, y mientras Troya conservase el Paladion, era inconquistable, y no permitian los hados fuese destruida. Para esta empresa[57] ¿dónde estaban y de qué servian la jactanciosa fortaleza y las fanfarronadas de Ayax? ¿Cómo es que este temió el ir allá? Y ¿cómo es que solo Ulises se atrevió á penetrar por las centinelas, arriesgarse á los peligros de la noche, y por medio de las espadas de los enemigos no solo asaltar las murallas de Troya, sino entrarse hasta el mismo palacio y templo, sacar de él la estatua de la Diosa, y volver y llegar con ella á vuestro campo, trepando por los mismos peligros? Si yo no hubiera concluido esta empresa y allanado este inconveniente, de nada serviria toda nuestra expedicion, ni que estuviese en ella el hijo de Telamon, armado con su escudo forrado de siete cueros. En aquella noche conseguí yo la victoria de Troya; entonces la vencí, despojándola del Paladion, que era puntualmente en lo que consistia el ser inconquistable.

„No estés, Ayax, dando á entender con acciones y medias palabras que Diomedes me acompañó á esta empresa: su parte le toca tambien en ella; pero tambien tú debes acordarte de que cuando fuiste á la defensa de la escuadra no fuiste solo; á tí te acompañaron muchos, á mí solo Diomedes. Si este gran capitan no estuviera bien cerciorado de que el sabio es mas útil que el guerrero, y de que la prudencia es mayor mérito que el temerario valor, tambien se hubiera manifestado pretendiente á estas armas, y lo mismo hubiera hecho Ayax, hijo de Oileo, que ha tenido mas moderacion que tú. Tambien las hubiera pretendido el feroz Euripilo, Toas, hijo de Andremon, Idomeneo, Merion, su paisano, y Menelao.[58] Todos los cuales, aunque esforzados, y que no son inferiores ni de menor mérito y valor que el tuyo, cedieron reconociendo la ventaja de mi prudencia. Tú tienes esfuerzo para los combates; pero te falta el ingenio, y necesita ser dirigido por el mio. Tú tienes fuerzas sin prudencia; mas yo con mi sagacidad preveo lo futuro. Tú puedes pelear; pero Agamenon acuerda y elige con mi consejo el tiempo y la coyuntura en que pueden y deben empeñarse los combates. Tú solo eres útil en el cuerpo; pero yo tambien lo soy en el ánimo y el ingenio: en suma, tanto te llevo de ventaja, cuanto excede el piloto al marinero y el capitan al soldado; porque en mí es el ingenio mas esforzado y valiente que el brazo, y en aquel está y consiste el principal vigor. Ahora bien, próceres de Grecia, declarad este gran premio á quien tanto se ha desvelado por vosotros, y por tantos cuidados y fatigas como en el largo tiempo de esta guerra he tenido y desempeñado en vuestro favor; añadid á mis méritos este título mas, que sea recompensa de ellos. Ya nos falta muy poco para concluir esta guerra, pues yo he removido todos los inconvenientes que lo impedian por disposicion de los hados, y me glorío que he tomado á Troya, haciendo de modo que pueda ser tomada. Por la esperanza pues de nuestros aliados; por los muros de Troya, que ya estan para arruinarse; por las deidades tutelares de ella, que yo con intrepidez les quité y saqué de su seno, y por lo demas que aun pienso hacer y obrar, si es que queda alguna cosa que deba hacerse con sabiduría y consejo; y si falta algo que arguya audacia, dificultad, y sea el último término del hado y ruina de Troya, no os olvideis de mí, ni me negueis este premio; y cuando no estimeis que se me deben dar estas armas, concededlas (y muestra el simulacro fatal de Minerva) á esta efigie, que es la mas acreedora de los que las pretenden.”

En todos los próceres se advirtieron conmociones é indicios de que quedaban convencidos y persuadidos en favor de Ulises, á quien declararon las armas, y entonces se vió por experiencia el valor y poder de la elocuencia, y que el sabio y discreto prefirió al guerrero, y se alzó con las armas del fuerte Aquiles. Ayax, que solo y sin compañía salió al desafio de Hector, y que tantas veces resistió al hierro, al fuego y al mismo Júpiter, no pudo resistir á su propia ira. Vencióle el dolor; y tomando su espada, dijo: „Á lo menos esta es mia; esta no la pide Ulises; de esta debo usar contra mí mismo, y el acero, que tantas veces se manchó con la sangre de los troyanos, ahora debe emplearse en derramar la de su señor; porque Ayax no debe ser vencido por otro alguno que por sí mismo.” Al decir esto se lo clavó y escondió en su pecho, sin poder volver á sacarle de él hasta que le expelió la impetuosidad de la sangre que salia de la herida, con la que rociada la tierra, brotó de la raiz de un verde césped una flor de color de púrpura, idéntica en todo á la que antes habia nacido de la sangre de Jacinto,[59] en cuyas hojas estan escritas unas letras que pueden apropiarse tanto á la edad pueril como á la viril, con la diferencia de que en la de Ayax designan el nombre, y en la de Jacinto su queja.

Vencedor Ulises en la contienda de las armas, se embarcó para Lemnos, patria de Ipsifile, hija del Rey Toas, y para aquellas tierras que quedaron infames desde la muerte que las mugeres dieron á sus maridos,[60] é hizo este viage con el fin y designio de reducir á Filoctetes, y traerle, como lo consiguió, á la liga contra Troya con las flechas de Hércules, con el auxilio de las cuales se concluyó y puso fin á la guerra, quedando destruida Troya, muerto su Rey Príamo, y su infeliz muger Hécuba perdió por último la forma humana, y convertida en perra, espantó las regiones extrañas con sus nuevos ladridos. Ardia el Ilion, alcázar de Troya, situada en el estrecho en el que termina el dilatado Helesponto; y antes de apaciguarse el fuego, el anciano Príamo habia sido sacrificado á Júpiter, en cuya ara derramó su ya fria sangre. Casandra su hija, sacerdotisa de Febo, asida con violencia de los cabellos para apartarla de su padre, se resistia levantando en vano sus manos al cielo. Los griegos vencedores se apoderan, como de una poco honrosa presa, de las mugeres troyanas, que para impedirlo se acogian á los encendidos templos, y se abrazaban á las estatuas de los Dioses patrios. Astianacte, hijo de Hector, fue despeñado de aquella misma torre, desde la cual habia visto y le habia mostrado su madre muchas veces á su padre Hector, que peleaba por los suyos, y defendia el reino de sus abuelos.[61]