III.

Espectáculo nuevo para mí, que solo había visto dar garrote cuantas veces había podido.

Hace cuatro años, emprendí un viaje expresamente por ver una ejecución.

¡Qué queréis! Yo gozo en eso.

Me gusta ver á la sociedad entera, representada por el Clero, la Magistratura, el Ejército y la muchedumbre popular, reunir sus fuerzas—mandando, no prohibiendo, consintiendo y no protestando—para matar á un hombre, solo, inerme, atado, enfermo, suplicante...

Me gusta, sobre todo, considerar allí varias cosas.

Y, cuando muere el protagonista, cuando cae el telón, me gusta también escuchar, ó creer escuchar, este grito, que sale, ó parece salir, de la boca de todos aquellos millares de verdugos:

—¡Alleluia! ¡La sociedad se ha salvado!...

Mientras que cada corazón va murmurando sordamente:

—¿Qué hemos hecho?

A lo que responde la conciencia:

—¡Dios lo sabe!...

Y contesta la naturaleza:

—¡Algo muy horrible!