JORNADA TERCERA.


Atrio de un palacio del Rey en Lisboa.

ESCENA PRIMERA.

DON JUAN, MANRIQUE.

D. Juan.

¿Dónde está Don Lope?

Manriq.

Cuando

Entró en palacio, yo aquí

Me quedé.

D. Juan.

Búscale, y dí

Que yo le estoy esperando.

(Vase Manrique.)

ESCENA II.

DON JUAN.

Quedaréme imaginando

A solas, sin mí y conmigo,

El dudoso fin que sigo,

Y la obligacion que tiene

Quien á hacer discursos viene

En la opinion de un amigo.

Yo de Don Lope lo soy

Tanto, que no ha celebrado

Amigo más obligado

La antigüedad hasta hoy.

Huésped en su casa estoy,

Su hacienda gasto, y es mia,

Su vida y alma me fia:

¿Pues cómo ¡cielos! podré

Ser ingrato á tanta fe,

Amistad y cortesía?

¿Podré yo ver y callar

Que su limpio honor padezca,

Sin que mi vida le ofrezca

Para ayudarle á vengar?

¿Podré yo ver murmurar

Que este castellano adore

A Leonor, que la enamore,

Y le dé lugar Leonor,

Y padeciendo su honor,

Yo lo sepa y él lo ignore?

No podré; pues si él quedara

Satisfecho, siendo mia

La venganza, en este dia

Al castellano matara.

A él sin él yo le vengara,

Prudente, advertido y sabio;

Mas de la intencion del labio

Satisfaccion no se alcanza,

Si el brazo de la venganza

No es del cuerpo del agravio.

Yo á Don Lope le diré

Clara y descubiertamente

Que no hable al Rey ni se ausente.

Mas si me dice por qué,

¿Cómo le responderé

La causa? Duda mayor

Es esta; que al que el valor

Eterno honor le previene,

Quien dice que no le tiene

Es quien le quita el honor.

¿Qué debe hacer un amigo

En tal caso, pues entiendo

Que si le callo, le ofendo

Y le ofendo si lo digo,

Oféndole si castigo

Su agravio? Yo fuí su espejo:

¿Por qué bien no le aconsejo?—

Mas él mismo viene allí.

No ha de quejarse de mí.

Él me ha de dar el consejo.

ESCENA III.

DON LOPE, MANRIQUE.—DON JUAN.

D. Lope.

Vuélvete, Manrique, y dí

Que luégo á la quinta voy;

Que esperando á hablar estoy

Al Rey.

Manriq.

Don Juan está allí,

Y viene á hablarte. (Vase.)

D. Lope.

(Ap.¡Ay de mí!

¿Qué puede haber sucedido?

¿A qué puede haber venido?)

Don Juan, ¿pues qué hay por acá?—

(Ap. ¡Oh, cómo un cobarde está

Siempre á su temor rendido!)

D. Juan.

Don Lope, amigo, yo vengo

(Si estamos solos los dos)

A aconsejarme con vos

En una duda que tengo.

D. Lope.

(Ap. Ya para oir me prevengo

Alguna desdicha mia.)

Decid.

D. Juan.

Un caso me envía

Un amigo á preguntar,

Y quiérole consultar

Con vos.

D. Lope.

¿Y es?

D. Juan.

Jugando un dia

Dos hidalgos, se ofreció

Una duda, en caso tal

Forzosa, sobre la cual

Uno á otro desmintió.

Con las voces, no lo oyó

Entónces el desmentido;

Un amigo lo ha sabido,

Y que se murmura dél;

Y por serlo tan fiel,

Esta duda se ha ofrecido.

¿Si éste tendrá obligacion

De decirlo claramente

Al otro, que está inocente;

O si dejar es razon

Que padezca su opinion,

Pues él no basta á vengalle?

Si lo calla es agravialle,

Y si lo dice es error

De amigo. ¿Cuál es mejor,

Que lo diga, ó que lo calle?

D. Lope.

Dejadme pensar un poco.

(Ap. Honor, mucho te adelantas;

Que una duda sobre tantas

Bastará á volverme loco.

En otro sujeto toco

Lo que ha pasado por mí.

Don Juan pregunta por sí:

Luego alguna cosa vió.

¿Haré que la diga? no;

Pero que la calle, sí.)

Don Juan, yo he considerado,

Si es que mi voto he de dar,

Que no puede un hombre estar

Ignorante y agraviado.

Aquel que ha disimulado

Su ofensa por no vengalla,

Es quien culpado se halla;

Porque en un caso tan grave,

No yerra el que no lo sabe,

Sino el que lo sabe y calla.

Y yo de mí sé decir

Que si un amigo cual vos

(Siendo quien somos los dos)

Tal me llegara á decir,

Tal pudiera presumir

De mí, tal imaginara,

El primero en quien vengara

Mi desdicha, fuera en él;

Porque es cosa muy cruel

Para dicha cara á cara.

Y no sé que en tal rigor

Haya razon que no asombre,

Y que se le pueda á un hombre

Decir: «No teneis honor.»

¡Darme el amigo mayor

El mayor pesar!—Testigo

En Dios (otra vez lo digo),

Que si yo me lo dijera,

A mí la muerte me diera,

Y soy mi mayor amigo.

D. Juan.

Ya quedo ahora de vos

Enseñado. Eso diré,

Y á este amigo avisaré

Que calle. Quedad con Dios. (Vase.)

ESCENA IV.

DON LOPE.

¿Quién duda que entre los dos

Pasa el caso que ponia

En tercero, y que sabía

Que Leonor matarme intenta?

—Pues el que supo mi afrenta,

Sabrá la venganza mia.

Y el mundo la ha de saber.

Basta, honor: no hay que esperar;

Que quien llega á sospechar,

No ha de llegar á creer,

Ni esperar á suceder

El mal; y pues su mudanza

Logra tan baja esperanza,

Volveré donde contemplo

Que dé su traicion ejemplo,

Y escarmiento mi venganza.

ESCENA V.

EL REY, ACOMPAÑAMIENTO.—DON LOPE.

Rey.

Aunque en la quinta, que del Rey la llama

El vulgo, aquesta noche duerma, digo

Que no me he de quedar hoy en Lisboa.

Esté la gente toda prevenida,

Que desde allí saldrá la más lucida

A competir con plumas y colores

Del sol los rayos, del Abril las flores.

D. Lope.

(Ap. Cobarde al Rey me llego;

Que esta pena, esta rabia y este fuego

Tan cobarde me tiene, que sospecho,

Con vergüenza, dolor y cobardía,

Que todos saben la desdicha mia.)

Dáme tus piés; será feliz mi boca,

Si con su aliento esas esferas toca.

Rey.

¡Ah Don Lope de Almeida! Si tuviera

En Africa esa espada, yo venciera

La morisca arrogante bizarría.

D. Lope.

¿Pues pudiera quedar la espada mia

En la paz, en la vaina que se os muestra,

Cuando vos, gran señor, sacais la vuestra?

Con vos voy á morir. ¿Qué causa hubiera

Que en Portugal, señor, me detuviera

En aquesta ocasion?

Rey.

¿No estais casado?

D. Lope.

Sí, señor; mas no el serlo me ha estorbado

El ser quien soy; porque ántes hoy me llama

Tener mayor honor á mayor fama.

Rey.

¿Cómo, recien casada,

Quedará vuestra esposa?

D. Lope.

Muy honrada

En ver que os ha ofrecido

A esta empresa un soldado en su marido;

Que es noble, es varonil, y más sintiera

Que á vuestro lado, gran señor, no fuera;

Pues si ántes por mi fama os acudia,

Ahora por la suya y por la mia.

Y no es inconveniente á mi deseo

El ausentarme della.

Rey.

Así lo creo;

Que yo lo dije porque no era justo

Descasaros tan presto, y desto gusto;

Que en vuestra casa, aunque la empresa es alta,

Podreis hacer, Don Lope, mayor falta.

(Vase el Rey y acompañamiento.)

ESCENA VI.

DON LOPE.

¡Válgame el cielo! ¿qué es esto

Por que pasan mis sentidos?

Alma, ¿qué habeis escuchado?

Ojos, ¿qué es lo que habeis visto?

¿Tan pública es ya mi afrenta,

Que ha llegado á los oidos

Del Rey? ¿Qué mucho, si es fuerza

Ser los postreros los mios?

¿Hay hombre más infelice?

¿No fuera mejor castigo

¡Cielos! desatar un rayo,

Que con mortal precipicio

Me abrasara, viendo ántes

El incendio que el aviso,

Que la palabra del Rey,

Que grave y severo dijo

Que yo haré falta en mi casa?

¿Pero qué rayo más vivo,

Si fénix de las desdichas,

Fuí ceniza de mí mismo?

Cayeran sobre mis hombros

Esos montes y obeliscos

De hiedra, fueran sepulcros

Que me sepultaran vivo.

Ménos peso fueran, ménos,

Que esta afrenta en que he caido,

A cuya gran pesadumbre

Ya desmayado me rindo.

¡Ay honor, mucho me debes!

Júntate á cuentas conmigo.

¿Qué quejas tienes de mí?

¿En qué, dime, te he ofendido?

Al heredado valor,

¿No he juntado el adquirido,

Haciendo la vida en mí

Desprecio al mayor peligro?

¿Yo, por no ponerte á riesgo,

Toda mi vida no he sido

Con el humilde, cortés,

Con el caballero, amigo,

Con el pobre, liberal,

Con el soldado, bienquisto?

Casado (¡ay de mí!), casado,

¿En qué he faltado? ¿en qué he sido

Culpado? ¿No hice eleccion

De noble sangre, de antiguo

Valor? Y ahora á mi esposa,

¿No la quiero? ¿no la estimo?

Pues si yo en nada he faltado,

Si en mis costumbres no ha habido

Acciones que te ocasionen,

Con ignorancia ó con vicio,

¿Por qué me afrentas? ¿por qué?

¿En qué tribunal se ha visto

Condenar al inocente?

¿Sentencias hay sin delito?

¿Informaciones sin cargo?

Y sin culpas ¿hay castigo?

¡Oh locas leyes del mundo!

¡Que un hombre, que por sí hizo

Cuanto pudo para honrado,

No sepa si está ofendido!

¡Que de ajena causa ahora

Venga el efecto á ser mio

Para el mal, no para el bien,

Pues nunca el mundo ha tenido

Por las virtudes de aquél

A éste en más! ¿Pues por qué (digo

Otra vez) han de tener

A éste en ménos, por los vicios

De aquélla que fácilmente

Rindió alcázar tan altivo

A las fáciles lisonjas

De su liviano apetito?

¿Quién puso el honor en vaso

Que es tan frágil? ¿Y quién hizo

Experiencias en redoma,

No habiendo experiencia en vidrio?

Pero acortemos discursos;

Porque será un ofendido

Culpar las costumbres necias,

Proceder en infinito.

Yo no basto á reducirlas,

(Con tal condicion nacimos)

Yo vivo para vengarlas

No para enmendarlas vivo,

Iré con el Rey, y luégo

Volviéndome del camino

(Que ocasion habrá), tambien

La tendré para el castigo.

La más pública venganza

Será, que el mundo haya visto.

Sabrá el Rey, sabrá D. Juan,

Sabrá el mundo, y áun los siglos

Futuros ¡cielos! quién es

Un portugués ofendido. (Vase.)


Orillas del mar.

ESCENA VII.

Óyese ruido de cuchilladas, y sale DON JUAN riñendo con unos SOLDADOS; despues DON LOPE.

D. Juan.

Cobardes, el satisfecho

Soy yo, que no el desmentido.

Un sold.

Huye, que es rayo su espada.

(Entranse Don Juan y sus contrarios.)

D. Lope.

(Dentro.) ¿No es Don Juan aquel que miro?

A vuestro lado me hallais. (Sale.)

Otro.

(Dentro.) ¡Muerto soy!

D. Juan

(Volviendo.)Si estais conmigo,

Poco fuera el mundo.

D. Lope.

Ya

Huyeron. Decid qué ha sido,

Si la ocasion que teneis

No nos obliga á seguirlos.

D. Juan.

¡Ay Don Lope, muerto estoy!

Hoy nuevamente recibo

La afrenta, que en la venganza

Pensé que estaba en su olvido.

Mas ¡ay de mí! ha sido engaño,

Porque bastante no ha sido

La venganza á sepultar

Un agravio recibido.

Cuando me aparté de vos,

Llegué hasta este propio sitio

Que bate el mar, con el fin

Que vos propio habeis venido,

Que es de volver á la quinta

Adonde habeis reducido

Vuestra casa, previniendo

Vuestra ausencia. Divertido

Llegué pues, y en esta parte

Estaban en un corrillo

Unos hombres, y al pasar

El uno á los otros dijo:

«Aqueste es Don Juan de Silva.»

Yo, oyendo mi nombre mismo,

Que es lo que se oye más fácil,

Apliqué entrambos oidos.

Otro preguntó: «¿Y quién es

Este Don Juan?—¿No has oido

(Le respondió) su suceso?

Pues este fué desmentido

De Manuel de Sosa.»—Yo,

Que ya no pude sufrirlo,

Saco la espada, y á un tiempo

Tales razones le digo:

«Yo soy aquel que maté

A Don Manuel, mi enemigo,

Tan presto, que de mi agravio

La última razon no dijo.

Yo soy el desagraviado,

Que no soy el desmentido;

Pues con su sangre quedó

Lavado mi honor y limpio.»

Dije, y cerrando con todos,

Siguiéndolos he venido

Hasta aquí, porque me huyeron

Luego; que es usado estilo

Ser cobarde el maldiciente;

Y así ninguno se ha visto

Valiente, que todos hacen

A las espaldas su oficio.

Esta es mi pena, Don Lope,

Y ¡vive Dios! que atrevido,

Que loco y desesperado,

De aquí no me precipito

Al mar, ó con esta espada

Mi propia vida me quito,

Porque me mate el dolor.

«¡Este es aquel desmentido,»

Dijo, no «aquel satisfecho!»

¿Quién en el mundo previno

Su desdicha? ¿No hizo harto

Aquel que la satisfizo?

¿Aquel que puso su vida

Desesperado al peligro,

Por quedar muerto y honrado

Antes que afrentado y vivo?

Mas no es así; que mil veces,

Por vengarse uno atrevido,

Por satisfacerse honrado

Publicó su agravio mismo,

Porque dijo la venganza

Lo que la ofensa no dijo. (Vase.)

ESCENA VIII.

DON LOPE.

«Porque dijo la venganza

Lo que la ofensa no dijo.»

Luego si me vengo yo

De aquella que me ofendió,

La publico: claro está

Que la venganza dirá

Lo que la desdicha no.

Y despues de haber vengado

Mis ofensas atrevido,

El vulgo dirá engañado:

«Este es aquel ofendido,»

Y no «aquel desagraviado.»

Y cuando la mano mia

Se bañe en sangre este dia,

Ella mi agravio dirá,

Pues la venganza sabrá

Quien la ofensa no sabía.

Pues ya no quiero buscalla

(¡Ay cielos!) públicamente,

Sino encubrilla y celalla;

Que un ofendido prudente

Sufre, disimula y calla.

Que del secreto colijo

Más honra, más alabanza.

Callando mi intento rijo,

Porque dijo la venganza

Lo que el agravio no dijo.

Pues de Don Juan, que atrevido

Su honor ha restituido,

No dijo el otro soldado:

«Este es el desagraviado,»

Sino: «este es el desmentido.»

Pues tal mi venganza sea,

Obrando discreto y sabio,

Que apénas el sol la vea,

Porque el que creyó mi agravio,

Me bastará que la crea.

Y hasta que pueda logralla

Con más secreta ocasion,

Ofendido corazon,

Sufre, disimula y calla.—

¡Barquero!

ESCENA IX.

Un BARQUERO.—DON LOPE.

Barq.

Señor.

D. Lope.

¿No tienes

Un barco aprestado?

Barq.

Sí,

No faltará para tí,

Aunque en una ocasion vienes,

Que siguiendo á Sebastian,

Nuestro rey, que el cielo guarde,

Hasta su quinta esta tarde

Los barcos vienen y van.

D. Lope.

Pues prevenle, porque tengo

De ir hasta mi quinta yo.

Barq.

¿Ha de ser luégo?

D. Lope.

¿Pues no?

Barq.

Al momento le prevengo. (Vase.)

ESCENA X.

DON LUIS, que sale leyendo un papel.—DON LOPE.

D. Luis.

(Para sí.) Otra vez quiero leer

Letras de mi vida jueces;

Porque ya es placer dos veces

El repetido placer.

(Lee.) «Esta noche va el Rey á la quinta: entre la gente podeis venir disimulado, donde habrá ocasion para que acabemos, vos de quejaros, y yo de disculparme.—Dios os guarde.—Leonor.»

¡Que no haya un barco en que pueda

Pasar! ¡Oh suerte importuna!

¡Plegue á Dios que la fortuna

Nunca un gusto me conceda!

D. Lope.

(Ap.) Leyendo viene un papel

Quien mi venganza previene,

¿Y quién dudará que viene

Leyendo mi afrenta en él?

¡Qué cobarde es el honor!

Nada escucho, nada veo

Que ser mi pena no creo.

D. Luis.

(Ap.) Don Lope es este.

D. Lope.

(Ap.Rigor,

Disimulemos, y dando

Rienda á toda la pasion,

Esperemos ocasion

Sufriendo y disimulando;

Y pues la serpiente halaga

Con pecho de ofensas lleno,

Yo, hasta verter mi veneno,

Es bien que lo mismo haga.)

En muy poco, caballero,

Mi ofrecimiento estimais,

Pues que nada me mandais,

Cuando serviros espero.

Yo quedé tan obligado

De vuestra gran cortesía,

Discrecion y valentía,

Que en Lisboa os he buscado

Para que á vuestro valor

Servir mi espada pudiera,

Cuando otra vez pretendiera

Vengarse el competidor,

Que aquí os busca aventajado,

Y tanto, que desta suerte

Pretende daros la muerte

Cuando esteis más descuidado.

D. Luis.

Yo, señor Don Lope, estimo

Merced que pagar espero;

Mas hoy, como forastero,

A pediros no me animo

Que en esta ocasion me honreis,

Por no empeñaros, señor,

Con ese competidor

De quien vos me defendeis:

Fuera de que ya los dos

Que estamos amigos creo;

Pues ya le hablo y le veo

Del modo que estoy con vos.

D. Lope.

Créolo; pero mirad

Vuestro riesgo con cuidado;

Que amistad de hombre agraviado

No es muy segura amistad.

D. Luis.

Yo, al contrario, siento y digo

Cuando su amistad procuro,

¿De quién no estaré seguro,

Si lo estoy de mi enemigo?

D. Lope.

Aunque argüiros podia

Con razon ó sin razon,

Seguid vos vuestra opinion,

Que yo seguiré la mia.

Y decidme, ¿qué buscais

Por aquí?

D. Luis.

Un barco quisiera;

En que hasta la quinta fuera

Del Rey.

D. Lope.

A tiempo llegais:

Que os podré servir creed,

Que ya le tengo fletado.

D. Luis.

Ocasion la gente ha dado

A recibir tal merced,

Que siendo tanta, no ha habido

En qué pasar; y yo quiero

Ver faccion que considero

Que otra vez no ha sucedido.

D. Lope.

Pues conmigo ireis. (Ap. Llegó

La ocasion de mi venganza.)

D. Luis.

(Ap.) ¿Cuál hombre en el mundo alcanza

Mayor ventura que yo?

D. Lope.

(Ap.) A mis manos ha venido,

Y en ellas ha de morir.

D. Luis.

(Ap.) ¡Que me viniese á servir

De tercero su marido!

ESCENA XI.

EL BARQUERO.—DON LOPE, DON LUIS.

Barq.

Ya el barco ha llegado.

D. Lope.

(Al Barquero.)Entrad

Vos en el barco primero,

Porque yo á un criado espero.

Pero no, vos le esperad,

Pues conoceis al criado;

Que al barco nos vamos ya.

Barq.

No entreis en él, porque está

Solo y á una cuerda atado,

Que no estará muy segura.

D. Lope.

Buscad al criado vos,

Que allí esperamos los dos.

D. Luis

(Ap.) ¿Quién ha visto igual ventura?

Él me lleva desta suerte

Adonde á su honor me atrevo.

D. Lope.

(Ap.) Yo desta suerte le llevo

Donde le daré la muerte. (Vanse los dos.)

Barq.

El criado no vendrá

En mil horas, segun creo.

Mas ¿qué es aquello que veo?

¡Desasido el barco está,

Rompida la cuerda! Dios

Solo los puede librar;

Que sin duda que en el mar

Tendrán sepulcro los dos. (Vase.)


Otro punto de la playa á vista de la quinta de Don Lope.

ESCENA XII.

MANRIQUE, SIRENA.

Manriq.

Sirena, cuyo mirar

Suspende, enamora, encanta,

¿Vienes acaso á escuchar

A su orilla cómo canta

La sirena de la mar?

Oye un soneto oportuno,

Heroico, grave y discreto:

No te parezca importuno,

Porque este es el un soneto

De los mil y ciento y uno.

(Saca Manrique un papel y lee.)

«Cinta verde, que en término sucinta,

Su cinta pudo hacerte aquel Dios tinto

En sangre, que gobierna el globo quinto,

Para que Vénus estuviese en cinta:

»La primavera tus colores pinta,

Por quien yo traigo en este laberinto,

Tamaño como pasa de Corinto,

El corazon, más negro que la tinta.

»Hoy tu esperanza á mi temor se junte,

Porque en su verde y amarillo tinte

Amor flemas y cóleras barrunte;

»Que como á mí de su color me pinte,

No podrá hacer, aunque en arpon me apunte,

Que mi esperanza no se encaraminte.»

Sirena.

¡Qué lindo soneto has hecho!

Pero enseña á ver si es verde

La cinta.

Manriq.

(Ap.En bien se me acuerde

Lo que la cinta se ha hecho.

¡Ah! sí.) Estaba cierto dia

Junto al Tajo, en su frescura

Contemplando tu hermosura,

Sirena, y la dicha mia.

Saqué aquella cinta bella

Para aliviar mi esperanza,

Y culpando tu mudanza,

Empecé á llorar con ella.

Besábala con placer,

Y un águila que me vió

Llegarla al labio, pensó

Que era cosa de comer.

Bajó de una piedra viva,

Y con gran resolucion

Arrebatóme el liston,

Y volvió á subir arriba.

Yo, aunque con gran ligereza

Subir á su nido quiero,

No pude hallar un caldero

Que ponerme en la cabeza.

Con esta ocasion se pierde

De tu liston la memoria.

Esta es, Sirena, la historia

Llamada la cinta verde.

Sirena.

Pues óyeme lo que á mí

Despues acá me pasó.

Estando en el campo yo,

Volar un águila ví,

Que era la misma; pues viendo

No ser cosa de comer,

La cinta dejó caer

Junto á mí; y yo, acudiendo

A ver lo que habia caido,

Hallé entre las flores puesta

La cinta: mira si es esta.

Manriq.

¡Notable suceso ha sido!

Sirena.

Más notable será ahora

La venganza.

Manriq.

Mejor es

Dejarlo para despues,

Que sale al campo señora. (Vase.)

ESCENA XIII.

DOÑA LEONOR.—SIRENA.

D.ª Leon.

Sirena.

Sirena.

Señora.

D.ª Leon.

Mucha

Es mi tristeza.

Sirena.

¿Pues no

Sabré qué es la causa yo?

D.ª Leon.

Ya la sabes; pero escucha.

Desde la noche triste

Que en tantas confusiones, abrasada

Troya á mi casa viste,

Quedando yo de todos disculpada,

Don Juan más engañado,

Libre Don Luis, Don Lope asegurado;

Despues que por la ausencia

Que quiere hacer, en esta hermosa quinta

Adonde la excelencia

De la naturaleza borda y pinta

Campaña y monte altivo,

Más estimada de Don Lope vivo;

Perdí, Sirena, el miedo

Que á mi propio respeto le tenía;

Pues si escaparme puedo

De lance tan forzoso, la osadía

Ya sin freno me alienta;

Que peligro pasado no escarmienta.

A aquesto se ha llegado

Ver á Don Lope más amante ahora;

Porque desengañado,

Si algo temió, su desengaño adora,

Y en amor le convierte.

¡Oh cuántos han amado desta suerte!

¡Oh cuántos han querido,

Recibiendo por gracia los agravios!

Deste error no han podido

Librarse los más doctos, los más sabios;

Que la mujer más cuerda,

De haber amado, amada no se acuerda.

Cuando Don Luis me amaba,

Pareció que á Don Luis aborrecia;

Cuando sin culpa estaba,

Pareció que temia;

Y ya (¡qué loco extremo!)

Ni amo querida, ni culpada temo;

Antes amo olvidada y ofendida,

Antes me atrevo, cuando estoy culpada,

Y pues para mi vida

Hoy sigue al Rey Don Lope en la jornada,

Escribo que Don Luis á verme venga,

Y tenga fin mi amor, porque él le tenga.

ESCENA XIV.

DON JUAN.—Dichas.

D. Juan.

(Ap.) ¡No sé cómo el corazon

Tan grandes rigores sufre,

Sin que se rinda á los golpes

De una y otra pesadumbre!

D.ª Leon.

Señor Don Juan, ¿pues no viene

Con vos Don Lope?

D. Juan.

No pude

Esperarle, aunque él me dijo

Que ántes que en el mar sepulte

El sol sus rayos, vendrá.

D.ª Leon.

¿Cómo puede, si ya cubren

Al mundo pálidas sombras,

Y al cielo lóbregas nubes?

D. Juan.

A mí me tuvo violento

Un gran disgusto que tuve,

Y esperar no puede á nadie

El que de sí mismo huye.

D. Luis.

(Dentro.) ¡Válgame el cielo!

D.ª Leon.

¿Qué voz

Tan lastimosa discurre

El viento?

D. Juan.

En tierra no hay nadie.

D.ª Leon.

En las ondas se descubre

Del mar un bulto, que ya

Siendo trémulas las luces

Del dia, no se determina

Quién es.

D. Juan.

Osado presume

Escaparse; pues parece

Que hácia nosotros le induce

Piedad del cielo. Lleguemos

Donde valientes le ayuden

Nuestros brazos. (Vase.)

ESCENA XV.

DON LOPE.—Dichos.

D. Lope.

(Dentro.)¡Ay de mí!

D. Juan.

(Dentro.) ¡Llega!

D. Lope.

(Dentro.)¡Oh tierra, patria dulce

Del hombre!

(Vuelve Don Juan y con él sale Don Lope, mojado y con una daga en la mano.)

D. Juan.

¡Qué es lo que veo!

¡Don Lope!

D.ª Leon.

¡Esposo!

D. Lope.

No pude

Hallar puerto más piadoso,

Que el que en tal favor acude

A mi fatiga. ¡Oh Leonor!

¡Oh mi bien! no es bien que dude

Que el cielo me ha prevenido

Con sus favores comunes

Tan grande dicha, en descuento

De tan grande pesadumbre.

¡Amigo!

D. Juan.

¿Qué ha sido esto?

D. Lope.

La mayor lástima incluye

Aquesta ventura mia,

Que vió el mundo.

D.ª Leon.

Como ayude

El cielo mis esperanzas,

Y vivo esteis, no hay quien culpe

A la fortuna, aunque usase

De su trágica costumbre.

D. Lope.

Hablé al Rey, busquéos á vos.

Y como hallaros no pude,

Fleté un barco. Estando ya

Para hacer que el agua sulque,

A mí un galan caballero,

Cuyo nombre apénas supe

(Que pienso que era un Don Luis

De Benavides), acude

Diciéndome que por ser

Forastero, á quien se suple

Un cortés atrevimiento,

Me ruega que no le culpe

El pedirme que en el barco

Le traiga; que es bien procure

Ver en la quinta del Rey

La gente cuando se junte.

Obligóme á que le diese

Un lugar; y apénas hube

Entrado con él, y el barco

De los dos el peso sufre

(Que el barquero áun no habia entrado),

Cuando el cabo, á quien le pudren

Las mismas aguas del mar,

Falta, porque le recude

Una onda reciamente,

A cuyo golpe no pude

Resistir, aunque tomé

Los remos. Al fin no tuve

Fuerza, y los dos en el barco

Entrando por las azules

Ondas del mar, padecimos

Mil saladas inquietudes.

Ya de los montes de agua

Ocupé las altas cumbres,

Ya en bóveda de zafir

Sepulcro en sus arcos tuve;

Al fin guiado á esta parte,

A vista ya de las luces

De tierra, chocando el barco,

De arena y agua se cubre.

El gallardo caballero,

A quien yo librar no pude,

Por apartarnos la fuerza

Del golpe, sin que se ayude

A sí mismo, se rindió

Al mar, donde le sepulte

Su olvido.

D.ª Leon.

¡Ay de mí! (Cae desmayada.)

D. Lope.

¡Leonor,

Mi bien, mi esposa, no turbes

Tu hermosura! ¡Ay cielo mio!

Un hielo manso discurre

Por el cristal de sus manos.

¡Ay, Don Juan! la pesadumbre

De verme así, no fué mucho

Que la rindiese: no sufren

Corazones de mujer

Que estas lástimas escuchen.—

Llevadla al lecho los dos.

(Llévanla entre Don Juan y Sirena.)

ESCENA XVI.

DON LOPE.

¡Qué bien en un hombre luce

Que callando sus agravios,

Aun las venganzas sepulte!

Desta suerte ha de vengarse

Quien espera, calla y sufre.

Bien habemos aplicado,

Honor, con cuerda esperanza,

Disimulada venganza

A agravio disimulado.

¡Bien la ocasion advertí

Cuando la cuerda corté,

Cuando los remos tomé

Para apartarme de allí,

Haciendo que pretendia

Acercarme! Y ¡bien logré

Mi intento, pues que maté

Al que ofenderme queria

(Testigo es este puñal),

Al agresor de mi afrenta,

A quien dí en urna violenta

Monumento de cristal!

¡Bien en la tierra rompí

El barco, dando á entender

Que esto pudo suceder

Sin sospecharse de mí!

Pues ya que conforme á ley

De honrado, maté primero

Al galan, matar espero

A Leonor: no diga el Rey,

Viendo que su sangre esmalta

El lecho que áun no violó,

Que no vaya, porque yo

En mi casa no haga falta.

Pues esta noche ha de ver

El fin de mi desagravio,

Medio más prudente y sabio

Para acabarlo de hacer.

Leonor (¡ay de mí!), Leonor,

Bella como licenciosa,

Tan infeliz como hermosa,

Ruina fatal de mi honor;

Leonor, que al dolor rendida,

Y al sentimiento postrada,

Dejó la muerte burlada

En las manos de la vida,

Ha de morir. Mis intentos

Solo los he de fiar,

Porque los sabrán callar,

De todos cuatro elementos.

Allí al agua y viento entrego

La media venganza mia;

Y aquí la otra mitad fia

Mi dolor de tierra y fuego;

Pues esta noche mi casa

Pienso intrépido abrasar.

Fuego al cuarto he de pegar,

Y yo, en tanto que se abrasa,

Osado, atrevido y ciego

La muerte á Leonor daré,

Porque presuman que fué

Sangriento verdugo el fuego.

Sacaré acendrado dél

El honor que me ilustró,

Ya que la liga ensució

Una mancha tan cruel;

Y en una experiencia tal,

Por los crisoles no ignoro

Que salga acendrado el oro

Sin aquel bajo metal

De la liga que tenía

Y su valor deslustraba.

Así el mar las manchas lava

De la gran desdicha mia:

El viento la lleve luego,

Donde no se sepa della;

La tierra ande por no vella,

Y cenizas la haga el fuego;

Porque así el mortal aliento,

Que á turbar el sol se atreve,

Consuma, lave, arda y lleve

Tierra, agua, fuego y viento. (Vase.)

ESCENA XVII.

EL REY, EL DUQUE DE BERGANZA, acompañamiento.

Duque.

Pensando el mar que dormia

Segundo sol en su esfera,

Mansamente retrató

A sus ondas las estrellas.

Rey.

Vine, Duque, por el mar;

Que aunque pude por la tierra,

Me pareció que tardaba,

Cuanto por aquí es más cerca.

Y habiendo estado las aguas

Tan dulces y lisonjeras,

Que el cielo, Narciso azul,

Se vió contemplando en ellas,

Ha sido justo venir

Donde tantos barcos vea,

Cuyos fanales parecen

Mil abrasados cometas,

Mil alados cisnes, pues

Formando esta competencia,

Unos con las alas corren,

Y otros con los remos vuelan.

Duque.

A todo ofrece ocasion

La noche apacible y fresca.

Rey.

Entre la tierra y el mar

Deleitosa vista es esta;

Porque mirar tantas quintas,

Cuyas plantas lisonjean

Ninfas del mar, que obedientes

Con tanta quietud las cercan,

Es ver un monte portátil,

Es ver una errante selva;

Pues vistas dentro del mar,

Parece que se menean.

Adios, dulce patria mia,

Que en él espero que vuelva

(Puesto que es la causa suya),

Donde ceñido me veas

De laurel entrar triunfante

De mil victorias sangrientas,

Dando á mi honor nueva fama,

Nuevos triunfos á la Iglesia,

Que espero ver.

Voces.

(Dentro.)¡Fuego, fuego!

Rey.

¿Qué voces, Duque, son esas?

Duque.

Fuego, dicen; y hácia allí

La quinta, que está más cerca,

Y si no me engaño, es

La de Don Lope de Almeida,

Se está abrasando.

Rey.

Ya veo

En ímpetu salir della,

Hecha un volcan de humo y fuego,

Las nubes y las centellas.

Grande incendio, al parecer,

De todas partes la cerca:

Parece imposible cosa

Que nadie escaparse pueda.

Acerquémonos á ver

Si hay contra el fuego defensa.

Duque.

¡Señor! ¿Tal temeridad?

Rey.

Duque, accion piadosa es esta,

No temeridad.

ESCENA XVIII.

DON JUAN, medio desnudo.—Dichos.

D. Juan.

Aunque

Cenizas mi vida sea,

He de sacar á Don Lope,

Que es su cuarto el que se quema.

Rey.

Detened aquese hombre.

Duque.

Desesperado, ¿qué intentas?

D. Juan.

Dejar en el mundo fama

De una amistad verdadera.

Y pues que presente estás,

Es bien que la causa sepas.

Apénas, oh gran señor,

Nos recogimos, apénas,

Cuando en un punto, un instante,

Creció el fuego de manera,

Que parece que tomaba

Venganza de su violencia.

Don Lope de Almeida está

Con su esposa, y yo quisiera

Librarlos.

ESCENA XIX.

MANRIQUE.—Dichos.

Manriq.

Echando chispas,

Como diablo de comedia,

Salgo huyendo de mi casa,

Que soy desta Troya Eneas.

Al mar me voy á arrojar,

Aunque menor daño fuera

Quemarme, que beber agua.

ESCENA XX.

DON LOPE, medio desnudo, que saca á DOÑA LEONOR, muerta.—Dichos.

D. Lope.

¡Piadosos cielos, clemencia,

Porque, aunque arriesgue mi vida,

Escapar la suya pueda!—

¡Leonor!

Rey.

¿Es Don Lope?

D. Lope.

Yo

Soy, señor, si es que me deja

El sentimiento, no el fuego,

Alma y vida, con que pueda

Conoceros, para hablaros,

Cuando vida y alma atentas

A esta desdicha, á este asombro,

A este horror, á esta tragedia,

Yacen postradas y mudas.

Esta muerta beldad, esta

Flor en tanto fuego helada,

Que solo el fuego pudiera

Abrasarla, que de envidia

Quiso que no resplandezca,

Esta, señor, fué mi esposa,

Noble, altiva, honrada, honesta,

Que en los labios de la fama

Deja esta alabanza eterna.

Esta es mi esposa, á quien yo

Quise con tanta terneza

De amor, porque sienta más

El no verla y el perderla

Con una tan gran desdicha,

Como en vivo fuego envuelta,

En humo denso anegada;

Pues cuando librarla intenta

Mi valor, rindió la vida

En mis brazos. ¡Dura pena!

¡Triste horror! ¡fuerte suceso!

Aunque un consuelo me deja,

Y es, que ya podré serviros;

Pues libre desta manera,

En mi casa no haré falta.

Con vos iré, donde pueda

Tener mi vida su fin,

Si hay desdicha que fin tenga.—

Y vos, valiente Don Juan, (Ap. á él.)

Decid á quien se aconseja

Con vos, cómo ha de vengarse

Sin que ninguno lo sepa;

Y no dirá la venganza

Lo que no dijo la afrenta.

Rey.

¡Notable desdicha ha sido!

D. Juan.

Pues óigame vuestra Alteza

A parte; porque es razon

Que solo este caso sepa.

Don Lope sospechas tuvo,

Que pasaron de sospechas

Y llegaron á verdades;

Y en resolucion tan cuerda,

Por dar á secreto agravio

Tambien venganza secreta,

Al galan mató en el mar,

Porque en un barco se entra

Con él solo: así el secreto

Al agua y fuego le entrega,

Porque el que supo el agravio

Sólo la venganza sepa.

Rey.

Es el caso más notable

Que la antigüedad celebra;

Porque secreta venganza

Requiere secreta ofensa.

D. Juan.

Esta es verdadera historia

Del gran Don Lope de Almeida,

Dando con su admiracion

Fin á la tragicomedia.