JORNADA TERCERA.
ESCENA PRIMERA.
Judíos, músicos, y luego MARIENE, soldados romanos, EL CAPITAN, y OTAVIANO.
Judíos.
(Dentro.) Viva Otaviano.
Músicos.
(Dentro.)Viva.
Judíos.
(Dentro.) Y en los campos de Oriente...
Músicos.
(Dentro.) Y en los campos de Oriente...
Judíos.
(Dentro.) Ciñan su augusta frente...
Músicos.
(Dentro.) Ciñan su augusta frente...
Judíos.
Sacro el laurel, pacífica la oliva.
(Tocan cajas destempladas.)
Mariene.
(Dentro.) La aclamacion festiva
Convertida en lamento
De mísero concento,
Diga en mi pena fiera
Que muera yo donde mi esposo muera.
Solds.
(Dentro.) A tierra, á tierra.
(Salva y chirimías dentro.)
Capitan.
(Dentro.)Marche,
Inspirado el clarin, herido el parche,
A la ciudad en órden nuestra gente.
(Salen Otaviano, el Capitan y soldados romanos.)
Otavian.
Salve, tú, oh gran metrópoli de Oriente,
Jerusalen divina.
Salve, oh tú, emperatriz de Palestina
Y del Asia señora,
Que en el rosado imperio del aurora,
Con luciente voz muda
El sol en su primera edad saluda.
Salve otra vez, y admite
Tu César, cuyo nombre, que compite
Al tiempo y al olvido,
Dos veces al laurel restituido,
Pisa tu arena: una
En favor del poder y la fortuna;
Y otra, por más blasones,
A pesar de traidoras sediciones;
Pues cuando presumias
Que del romano yugo sacudias
La cerviz con haber hoy enviado
A Aristóbolo tanto leño alado
A librar tu Tetrarca,
Yo como en fin caudillo de la parca,
Habiéndole encontrado en el camino,
Y á fuerza del destino
Dejádole su armada
En las costas de Jafa derrotada,
Llego á tí, donde intento
Que el primer escarmiento
Que tu muralla vea,
De tu Tetrarca la cabeza sea;
A cuyo fin, por más infeliz suerte,
Su muerte dilaté, porque su muerte
Le dé terror más fiero,
Y más al filo de este infausto acero[15],
Desagraviando de camino aquella
Que ofendió, soberana deidad bella.
De ese, pues, bajel donde
Más le sepulta el buque que le esconde,
A tierra le sacad con el criado,
Que tambien, por haberme á mí engañado,
Y que él era Aristóbolo fingido,
Ha de morir. ¿Mas qué confuso ruido
(Vanse los soldados, y suenan á un lado cajas y á otro música.)
De músicas en una
Parte se escucha? ¿Quién (en otra alguna
Sedicion) cajas toca destempladas,
Repitiendo encontradas,
Allí con voz altiva...?
Judíos y
Músicos.
(Dentro.) Viva Otaviano, viva.
Otavian.
Y allí con voz severa...
Mariene.
(Dentro.) Y muera yo donde mi esposo muera.
Capitan.
De la ciudad abiertas
A tu salva, señor, miro dos puertas
Que de aquí se divisan,
Y várias de un extremo en otro avisan;
Que por una de hombres el festivo
Vulgo, aclamando tu renombre altivo,
A recibirte sale;
Y porque el llanto al regocijo iguale,
Por otra, negros lutos arrastrando,
Y haciendo las mujeres nuevo bando,
Salen tambien diciendo,
En ambos coros uno y otro estruendo...
Judíos y
Músicos.
Viva Otaviano, viva;
Y en los campos de Oriente
Ciñan su augusta frente
Sacro el laurel, pacífica la oliva.
Mariene.
(Dentro.) La aclamacion festiva,
Convertida en lamento
De mísero concento,
Diga de otra manera,
Que muera yo donde mi esposo muera.
ESCENA II.
Salen, por un lado, FILIPO, con una fuente y en ella unas llaves, y TOLOMEO con otra, y en ella un laurel; y por el lado opuesto, MARIENE y damas, vestidas de luto, con un velo en el rostro; judíos, músicos.—Dichos.
Tolom.
Pues la ciudad no tiene
Más medio, aunque lo sienta Marïene,
Fuerza es rendirnos. Llega,
Y tú las llaves y el laurel entrega.
Filipo.
(A Otaviano.)
En albricias del fin de penas tantas,
Jerusalen, señor, hoy á tus plantas
Sus llaves rinde...
Tolom.
Y su laurel y oliva...
Los dos.
Diciendo á voces...
Todos.
Otaviano viva.
Mariene.
A tus piés infelice
Llega tambien quien afligida dice,
Bien que en cláusula ménos lisonjera,
Que muera yo donde mi esposo muera.
Otavian.
En extremos tan raros,
Que agradeceros tengo y que estimaros
A vosotros;—mas no que agradeceros
(A Mariene.)
Ni estimaros á vos, llegando á veros
Con señas tan funestas,
De mis aplausos perturbar las fiestas.—
Marche el campo.
(Vuelve la espalda, y ella le detiene.)
Mariene.
Primero
Me has de escuchar.
Otavian.
Si enternecer no espero
Mis iras, ¿para qué con ellas luchas?
Mariene.
¿Para qué tú gobiernas si no escuchas?
Otavian.
Dices bien, oirte quiero; mas no ignoro
Que tampoco es respeto ni decoro
Que tapada escucharte haya, sin verte.
Mariene.
Tambien tú dices bien: ahora advierte.
(Quítase el velo.)
Otavian.
(Ap.) ¡Cielos! ¿qué es lo que veo?
¿De cuándo acá tomó cuerpo el deseo?
Mariene.
(Ap.) ¡Cielos! ¿qué es lo que miro?
Todo el aliento al corazon retiro
Al verme en su presencia descubierta.
Otavian.
(Ap.) ¿No es esta la beldad que adoré muerta?
Mariene.
(Ap.) Suspensa al verle quedo.
Otavian.
(Ap.) Al mirarla, ni crêr ni dudar puedo.
Tolom.
(Ap.) ¿Qué extremo es este? ¡Ay infeliz! sin duda
Viene á que el César á vengarla acuda
De aquel rigor. ¿No basta, pena mia,
Presa á Libia tener desde aquel dia,
Sino querer ahora
Descubrir el secreto?
Filipo.
(Ap.)Pues ignora
A qué fué mi venida,
No hay que temer, segura está mi vida.
Mariene.
(Ap.) Mal cobarde me aliento.
Otavian.
(Ap.) Mal osado me animo.
Mariene
(Ap.) Mas ¿por qué me reprimo?
Otavian.
(Ap. ¿Pero por qué lo que he de estimar siento?)
Mujer, ¿qué quieres?
Mariene.
Que me estés atento.
Otavian.
¿Qué aguardas pues?
Mariene.
Escucha.
(Ap. Mucha es mi turbacion.)
Otavian.
(Ap.) Mi pena es mucha,
Pues la muerta ceniza es viva llama.
Mariene.
Inclito César, cuya heroica fama...
ESCENA III.
Soldados que traen al TETRARCA y á POLIDORO.—Dichos.
Un Sold.
Con el criado aquí el Tetrarca viene.
Tetrarc.
(Ap á Polidoro.)
¡Qué miro! ¿con el César Marïene?
¿Pues no bastaba ¡cielos!
Ir á morir, sino á morir de celos?
Polidor.
¿Qué son celos? ¡pluguiera
A Baco, para mí celos hubiera,
Y no hubiera un garrote
Que anda desde la nuez hasta el cogote,
Ya haciéndome cosquillas!
Otavian.
Su castigo
Diré despues: prosigue.
Mariene.
Ya prosigo.
Inclito César cuya heroica fama
Al alcázar se eleva de la luna,
Cuando con labios de metal te aclama
Su Júpiter, y dios de la fortuna:
Si cuando él á relámpagos se inflama,
El íris le serena, en mi importuna
Suerte que eres mi Júpiter se vea,
Y el íris de mi paz tu laurel sea.
Y pues tu nombre en láminas se escribe,
Que el tiempo que más vuela, que más corre,
Ni con las torpes alas le derribe,
Ni con las plantas trágicas le borre;
Vive piadoso, generoso vive.
Y del sol coronada la alta torre
Que al águila de Roma le dió nido,
Verás triunfar del tiempo y del olvido.
Yo soy la desdichada Marïene...
Dijera bien la desdichada esposa
De ese, contra quien ya tu ceño tiene
Blandida la cuchilla rigorosa.
Si una línea de púrpura detiene
Del más noble animal la más furiosa
Accion, deten tú el paso á tus enojos,
Pues son líneas de púrpura mis ojos.
Mas ¡ay! que en vano á tus piedades pido
La vida que has de darme generoso;
Que eres Rey, y has de ser compadecido;
Que eres valiente, y has de ser piadoso;
Que eres noble, has de ser agradecido;
Que eres tú, y has de ser tan victorioso
Que conozcas que alcanza ménos gloria
El que con sangre mancha la victoria.
No pues el que te espera heróico asiento
Construyas en cadalso duro y fuerte,
No el triunfal carro en triste monumento,
No el fausto en ceremonias de la muerte,
No la música en mísero lamento,
No la felicidad en triste suerte,
La gala en luto, en pena la alegría.
No eches á mal tan venturoso dia.
Entra triunfando, pero no venciendo,
Entra venciendo, pero no vengando;
Que más aplausos has de ganar, entiendo,
Perdonando, señor, que castigando:
Halle piedad la que lloró pidiendo,
Halle piedad la que pidió llorando;
Y pues son dos, siquiera una reciba,
O que yo muera, ó que mi esposo viva.
Tetrarc.
(Ap.) ¿Quién de dos muertes sitiada
Vió su vida tan á un tiempo,
Que negada ó concedida,
De cualquiera suerte muero?
Polidor.
(Ap.) ¡Hay tal infamia! ¡que llore
Por su marido, pudiendo
Llorar por mí, que á estas horas
Más de sentenciado tengo
La cara que él!
Otavian.
(Ap.Bien se deja
Ver que Aristóbolo al trueco
Del criado, y ver que estaba
En el retrato suspenso,
Fingiendo ser muerta, quiso
Desvanecer mis afectos.
Por mí, por ella y por él
Importa que satisfecho
Viva, pues ha de vivir.
¿Adónde hallará el ingenio
Disculpas para un marido
Que es plática de tal riesgo,
Que áun satisfaciendo agravia?
Mas no hablando con él, puedo
Darle á él la satisfaccion.)
Alzad, señora, del suelo.
Una vida me pedís,
Y aunque es verdad que lo siento,
Enmiende el pesar de oiros
El gusto de obedeceros.
Mas no me lo agradezcais;
Que si una vida os ofrezco,
Es porque os debo una vida,
Sin saber á quién la debo.
Vuestro hermano, entre otras joyas,
Perdió este retrato vuestro,
Y sin saber cúyo fuese
(De que hago testigo al cielo,
Y á cuantos dioses adoro),
Sólo por ser tan perfecto,
Mandé á un pintor que me hiciese
Dél una imágen de Vénus.
Esta pues, constituida
Ya una vez en deidad, viendo
Un peligro en que me hallaba
(Decir cuál fuese no quiero,
Porque olvidaré el perdon
Si del delito me acuerdo),
Dél me libró; de manera,
Que aunque Vénus fuese el dueño
Del acaso, fuisteis vos
Del acaso el instrumento;
Y así en términos pagando
El haberos interpuesto
Entre otro acero y mi vida,
He de hacer con vos lo mesmo,
Hoy que os advierto interpuesta
Entre otra vida y mi acero.
Viva vuestro esposo, y no
Solamente viva, pero
A su honor restituido;
Y por no dejar á riesgo
Vuestros ojos de que lloren
Otra vez, ni oiros ni veros
En mi vida... (Ap. La voz miente,
No el alma.) perdon concedo
A vuestro hermano, y á cuantos
En este levantamiento
Cómplices fueron; y en fin,
Porque ni al llanto ni al ruego
Quede nada que pedirme,
Aun vuestro retrato os vuelvo;
Que no es decoro ser mio,
El dia que sé que es vuestro.
Tomad, pues. (Dásele.)
Mariene.
Vivas los siglos
Del Fénix.
Tetrarc.
Y tan eternos
Como deseará esta vida,
Que ya como tuya ofrezco,
Porque el ser dádiva tuya
Le crezca el merecimiento
A Marïene.
Mariene.
¡Felice,
Dulce esposo, amado dueño,
El dia que vuelvo á verte
En mis brazos! Quien en ellos...
(Ap. Mas no, que el de mi decoro
No es el de mi sentimiento.)
Tetrarc.
(Ap.) ¡Qué dichosos desengaños!
Haber sabido, el primero,
El acaso del retrato,
Y el segundo hallar secreto
Aquel rigor que fié
De Filipo y Tolomeo.
Tolom.
(Ap.) Ya ¿qué tengo que temer?
Pues anda tan fina, es cierto
Que tener quiere su enojo
En la cárcel del silencio.
¡Y luégo dirán que no hay
Mujer que guarde secreto!
Así me sucedan bien
Los medios que tengo puestos
En la libertad de Libia,
De que avisada la tengo
Con el mismo que esta noche
Ha de abrir el aposento
Para que pueda librarla.
Otavian.
Mi tienda armad; que no quiero
Entrar en Jerusalen
Hasta que el recibimiento
De imperial triunfo aperciba.
(Ap. Hermoso prodigio bello,
¿Qué me sirve haberte hallado,
Si cuando te hallo te pierdo?)
Mariene.
Hasta dejarle en su tienda,
Vamos todos.
Tetrarc.
Yo el primero,
Como el más interesado,
Seré quien vaya diciendo:
¡Viva Otaviano!
Todos.
(Música.)Viva,
Y en los campos de Oriente
Ciñan su augusta frente
Sacro el laurel, pacífica la oliva.
¡Viva Otaviano, viva!
(Vanse todos, menos Polidoro y unos soldados.)
ESCENA IV.
POLIDORO, soldados.
Sold. 1.º
¿Por qué vos, pues perdonado
Estais, en su seguimiento
No vais, dándole con todos
Las gracias?
Polidor.
Porque no quiero;
Que tan gran superchería
Como conmigo se ha hecho,
No se hiciera, vive Apolo,
No digo yo con un negro,
Pero ni con un capon,
Que áun es muchísimo ménos,
Cuanto va desde ser hombre,
A sólo empezar á serlo.
Sold. 1.º
¿Qué superchería?
Polidor.
¿No fuisteis
Vos quien me dijo, viniendo,
Que venía á ser ahorcado?
Sold. 1.º
Yo lo dije.
Polidor.
¿Pues qué es ello?
¿Es bien hacerme caer
En falta con todo un pueblo,
Que estaba ya convidado?
¿Es juego de niños esto?
—Venga usted á ser ahorcado.
—Vaya usted, que ya está absuelto.—
¿Qué ha de decirse de mí,
Sino que soy un grosero,
Y no valgo cuatro cuartos
Para ahorcado? Y fuera desto,
¿Qué ahorcado no es como un pino
De oro, en el comun lamento
De las viejas que le lloran?
¿Está por ventura el tiempo
Para no ser pino de oro,
Siquiera por un momento?
La costa que tenía hecha,
De más de cuatro mil gestos,
Para escoger los que habia
De ir por el camino haciendo,
¿Qué he de hacer della? Y despues,
¿Qué dirán de mí los ciegos,
Que la jácara tendrán
Escrita ya de mis hechos?
Ello, he de morir ahorcado;
Que mi honra es lo primero:
Y así, ustedes no se cansen,
Que aunque les pese, he de hacerlo.
Pues luégo ¡es bobo el delito,
Sino oir al pregonero:
«Esta es la justicia, á este hombre
Por príncipe contrahecho!»
Sold. 1.º
Ande el menguado.
Sold. 2.º
Este es loco.
Polidor.
Hablemos bien, caballeros;
Que no es loco ni menguado
Quien tiene mi entendimiento.
Sold. 1.º
Dejarle para quien es.
Polidor.
Han de ahorcarme, ó sobre eso
Me mataré con mi padre,
Con mi tio y con mi abuelo:
Y para satisfacer
Hoy á todo el universo
De que no queda por mí,
A voces iré diciendo:
«Esta es la justicia, á este hombre
Por príncipe contrahecho.»
Sold. 1.º
Pues por vida...
Polidor.
¿Qué me jura?
ESCENA V.
ARISTÓBOLO.—Dichos.
Aristób.
Polidoro, pues ¿qué es esto?
Sold. 2.º
No es nada.
Polidor.
No sino mucho.
Aristób.
¿Qué es, dí?
Polidor.
Un atrevimiento,
Y un desacato muy grande,
Que aquí contigo se ha hecho;
Pues siendo yo tu persona
Ahorcarme quisieron éstos,
Y no pudo ser á mí
Cuando yo no era yo mesmo,
Porque hacía tu papel.
Aristób.
Pues si conmigo es el duelo,
Satisfecho le perdono,
Porque no te quejes dellos.
¿Dónde está el Emperador?
Sold. 1.º
En su tienda.
Aristób.
Pues yo quiero
Irle á agradecer la vida
A la piedad de su pecho.
Polidor.
Yo sabré de aquí adelante
El papel que represento. (Vanse.)
Aposento retirado en el palacio de Heródes, en Jerusalen.
ESCENA VI.
EL TETRARCA, MARIENE, acompañamiento.
Tetrarc.
Despues de darme la vida,
Que yo tan á costa compro
De los agravios que callo,
De las desdichas que lloro,
Torciendo las blancas manos,
Humedeciendo los ojos,
Turbada la voz del pecho,
Pálido el color del rostro,
Hasta el palacio has llegado,
Y en él á lo más remoto
De sus cuartos. Pues ¿qué es esto?
Mira que es afecto impropio
Del beneficio cobrarle
Tan presto: no rigoroso
Tu pecho aquel bruto sea,
Que viendo el veloz arroyo
De una fuente inficionado
Del áspid, noble y piadoso
La enturbia porque no beba
El caminante, que absorto
De ver enturbiar la plata,
Que le brindó con sonoro
Acento á beber cristal
En penada copa de oro,
Maldice al bruto, ignorando
El favor: yo así dudoso,
No agradeceré la vida,
Si con agravios la logro;
Que es turbar los beneficios
Embozarlos con enojos.
Mariene.
Ya hemos llegado hasta el cuarto
Prevenido. Salíos todos.
(Vase el acompañamiento.)
Tú tenme abierta esa puerta,
En tanto que yo dispongo
Cerrar esotra.
Tetrarc.
(Ap.)¿Fortuna,
Qué es esto?
Mariene.
Ya estamos solos.
Tetrarc.
¿Qué miras?
Mariene.
Miro el puñal,
Que del reloj presuroso
De mi vida fué el volante.
Tetrarc.
En un peligro notorio
De mi vida, le perdí.
Mariene.
Pues escucha.
Tetrarc.
Ya te oigo.
Mariene.
Bien pensarás, oh cobarde
Amante, oh tirano esposo,
Aleve, cruel, sangriento,
Bárbaro, atrevido y loco,
Bien pensarás que pedir
A aquel monarca famoso,
A aquel valiente romano,
A aquel capitan heróico,
Cuya vida el ave sea
Que en sagrado mauseolo
Nace, vive, dura y muere,
Hijo y padre de sí propio,
La tuya, comprada á precio
De suspiros y sollozos,
Ha sido piedad y amor
De mi pecho generoso;
Pues no ha sido, no, piedad,
Ni amor, afecto rabioso
Y venganza sí, porque
No hay otro estilo, no hay otro
Camino de castigar
Un ingrato pecho, como
Pagarle con beneficios,
Cuando ofende con enojos;
Que merced hecha á un ingrato,
Más que merced es oprobio.
No pues por librarte, no,
Del veneno riguroso
Turbé el cristal, aprendiendo
Piedades del unicornio;
Antes, para que le bebas,
Te le enturbié con embozos;
Y al reves de la piedad
De aquel animal piadoso
Procedí, pues él cubrió
El beneficio de polvo,
Y yo de halagos la ofensa:
¡Mira lo que hay de uno á otro,
Que él desdora las piedades,
Y yo las crueldades doro!
No me diera, no, venganza
Verte morir, cuando noto
Que es la muerte en los afanes
Ultima línea de todos;
Verte vivir, sí, ofendido,
Aborrecido y quejoso;
Porque en el mundo no hay
Castigo más riguroso
Para un ingrato, que verse
Olvidado de lo propio
Que se vió amado: el que llega
Á esto, ¿cómo vive? ¿cómo?
Fuera desto, por mí misma,
Por mi honor, por mi decoro,
Pedí tu vida, encubriendo
Las causas con que me enojo,
Que saben todos quién soy,
Y quién eres uno solo;
Y no por ganar con uno,
Habia de perder con todos.
Tu vida pedí en efecto,
Porque sepas que no ignoro
Que has vivido en esta ausencia
De mi muerte cuidadoso.
Este papel, esta firma
Te convenza. ¡Con qué asombro
Le miras, quedando viva
Estatua de nieve y plomo!
En mi mano está: no tienes
Que examinar estudioso
Cómo vino á ella, porque
La tierra, viendo el adorno
Y la hermosura que debe
A ese cristalino globo,
Que parte la luna á giros,
Que el sol ilumina á tornos,
Le ofreció de no encubrirle
Nada en su centro más hondo;
Que áun los cielos, con ser cielos,
Dan las mercedes á logro.
¿Tú eres (¡aquí de mi aliento!)
Tú (desmayo al primer soplo,
Con mis lágrimas me anego,
Con mis suspiros me ahogo)
De Jerusalen Tetrarca?
¿Tú eres rama de aquel tronco?
¡Qué bien dice aquel que dice
Que eres bajo y afrentoso
Idumeo, cuya cuna
Bárbara es! ¿Qué más apoyo
Desta opinion, que tus celos,
Infames como alevosos?
¿Qué fiera la más cruel,
Qué bruto el más riguroso,
Qué pájaro el más aleve,
Qué bárbaro el mas ignoto
Mató muriendo? pues ántes
De hombres, fieras y aves oigo
Que mueren dando la vida.
Dígalo en bramidos roncos
La víbora, que mordiendo
Sus entrañas, poco á poco
Se despedaza, sacando
Muchas vidas de un aborto.
Dígalo el ave que muestra
El pecho en mil partes roto,
Y por dar la vida, muere
Desangrada entre sus pollos.
Dígalo el bárbaro, pues
Que al peligro más notorio
Expuesto el pecho, á su espalda
Pone á su esposa, y piadoso
Es escudo de su vida
Contra la pluma y el plomo.
Mas tú, más que todos fiero;
Mas tú, más bruto que todos;
Mas tú, más bárbaro, en fin,
No solo apénas, no solo
Favoreces lo que amas;
Pero avaro de los gozos,
Aun muriendo no los dejas:
Bien como el que codicioso
Amante de sus riquezas,
Porque no las goce otro,
Manda que despues de muerto
Le entierren con su tesoro.
Supongo que fué fineza
Este decreto, supongo
Que fué con celos; que nada
Quiero dejar en tu abono:
¿Quién muriendo, pues, previno
Avariento ó cauteloso,
Llevar desde aqueste mundo
Prevenciones para el otro?
Si es nuestra vida una flor
Sujeta al más fácil soplo
De los alientos del austro,
De los suspiros del noto,
Que en espirando ella, espira
Todo cuanto vemos, todo
Cuanto gozamos; ¿qué error
Dispuso que tú celoso
Prevengas para el sepulcro
Las riquezas y los gozos?
¿Qué hazaña de amor es esta?
Y pues examino y toco
Que podrá vivir mi pecho
Más seguro y más dichoso
Aborrecido que amado,
Desde aquí á mi cargo tomo
El hacer que me aborrezcas;
Que aunque pudiera con otro
Medio huir de tí, y vivir
En el clima más remoto
(Donde el sol avaramente
Dispensa sus rayos rojos,
Ú donde pródigo abrasa
Menudas arenas de oro)
Más feliz sin tí y conmigo,
No he de dar con tal divorcio
Que decir al mundo, y esto
Se quedará entre nosotros.
En tu vida, ni en mi vida
Me has de mirar sin enojos,
Me has de hablar sin sentimientos,
Me has de escuchar sin oprobios,
Ver sin suspiro los labios,
Ver sin lágrimas los ojos;
Y este obscuro velo puesto
Siempre delante del rostro,
Estorbará el que te vea,
Siendo mis reales adornos
Eternamente este luto;
Y en aquese cuarto solo
Viviré con mis mujeres
Guardando viudez en todo.
Y nunca me entres en él,
Que por los dioses que adoro,
Que de la más alta almena
Me arroje al sepulcro undoso
Del mar, donde infelizmente
Me oculte en su centro hondo.
Y no me sigas, porque
Te miro con tanto asombro,
Con tanto temor te hablo,
Con tanto pavor te oigo,
Que pienso que ya se cumple
De aquel judiciario docto
El hado; pues si él me dijo
Que tu acero prodigioso,
Y el mayor monstruo del mundo
Me amenazan, hoy conozco
La verdad, pues si entras dentro,
Huyendo del uno al otro,
O me ha de matar tu acero,
O el mar, que es el mayor monstruo.
(Vase, y cierra la puerta.)
ESCENA VII.
EL TETRARCA.
¡Hasta aquí pudo, hasta aquí
Llegar un hado cruel!
El papel mismo, el papel
Que con Filipo escribí
A Tolomeo ¡ay de mí!
¿Tiene Marïene? ¡fuerte
Dolor! Y ella ¡injusta suerte!
De mi rigor ofendida,
Me ha dilatado la vida,
Por dilatarme la muerte.
No me quejo del rigor
Con que se queja á los cielos:
Bien lo merecen mis celos,
Bien lo merecen mi amor.
Mas quéjome de un traidor
Tan aleve y tan cruel...
Mas ¡ay de mí! que no es dél
La culpa, que sólo es mia,
Que esto merece quien fía
Sus secretos de un papel.
Ni sé qué hacer, ni decir:
Que entre uno y otro pesar,
Ya ni me puedo quejar,
Ni dejarlo de sentir.
Desenojarla es mentir,
Porque es mi amor de manera,
Mi pasion tan dura y fiera,
Que si en tanta confusion
Hoy volviera á la prision,
Hoy al delito volviera.
Porque ella, al fin, no ha de ser,
Ni vivo, ni muerto yo,
De otro nuevo dueño, no;
Que mi amor se ha de ofender,
Aunque no lo llegue á ver.
En parte gusto me ha dado
El que se haya declarado,
Pues en esta ocasion ya,
Sin escándalo estará
Siempre este cuarto cerrado.
Cerraréle por de fuera,
Y yo mismo no entraré
En él, porque áun yo no sé
Si á mí otros celos me diera.
Y sí hiciera, sí, sí hiciera,
Pues si á mirarme llegara
En sus brazos, y pensara
Que era tan dichoso, allí
Me desconociera á mí,
Y que era otro imaginara.
De suerte que mis desvelos,
Enseñados á desdichas,
Tuvieran miedo á mis dichas,
Pues ellas me dieran celos.
¿Quién son estos desconsuelos,
Quién es aqueste rigor,
Cuya pena, cuyo horror,
Que no es, discurso prolijo,
Ni envidia, ni amor, es hijo
De la envidia y del amor?
Hecho de heridos despojos,
Tiene de sirena el canto,
Y de cocodrilo el llanto,
De basilisco los ojos,
Los oidos, para enojos,
Del áspid: luego bien fundo,
Siendo monstruo sin segundo
Esta rabia, esta pasion
De celos, que celos son
El mayor monstruo del mundo.
ESCENA VIII.
FILIPO, TOLOMEO.—EL TETRARCA.
Filipo.
¿Cómo te daré, señor,
El parabien de tu vida?
Tetrarc.
Viendo la tuya rendida
A manos de mi rigor.
Filipo.
¿En qué te ofendí?
Tetrarc.
Traidor,
Poco leal, ménos fiel,
¿Qué hiciste, dí, de un papel
Qué...?
Tolom.
(Ap.)Ya mis desdichas creo.
Filipo.
¿No era para Tolomeo?
Tetrarc.
Sí.
Filipo.
Pues él te dirá dél.
Tolom.
(Ap.) ¡Qué poco duró (¡ay de mí!)
El secreto en la mujer!
Tetrarc.
Dí tú, traidor.
Tolom.
(Ap.)¿Qué he de hacer?
Tetrarc.
Un papel que te escribí,
¿Qué es dél?
Tolom.
(Ap.La verdad aquí
Es la disculpa mejor.)
Una dama...
Tetrarc.
Dí.
Tolom.
Señor,
A quien sirvo para esposa...
Tetrarc.
Prosigue.
Tolom.
De mí celosa
(Necios delitos de amor),
Me le quitó de la mano,
Y ella...
Tetrarc.
No prosigas, no,
Y castigue ese error yo...
Filipo.
Tente, señor.
Tetrarc.
Por mi mano.
Tolom.
Ya esperar aquí es en vano.
La fuga mi vida guarde.
Filipo.
Huid, Tolomeo.
Tetrarc.
¡Ah cobarde!
Si al mismo cielo te subes,
Campaña serán las nubes
Que hagan de mi honor alarde.
(Huye Tolomeo, y síguele Heródes, á quien procura detener Filipo.)
Campo, y en él la tienda de Otaviano.
ESCENA IX.
TOLOMEO, huyendo, y FILIPO, deteniendo al TETRARCA.
Tolom.
¿Dónde de tanto rigor
Estaré seguro? (Éntrase en la tienda.)
Filipo.
Advierte
Que huyendo tu acero fuerte,
Al campo salió, señor,
Y ya del Emperador
Hasta la tienda ha llegado.
Tetrarc.
Pues válgale ese sagrado
Por ahora; aunque no sé
Cómo un punto viviré
Ofendido y no vengado. (Vanse.)
ESCENA X.
OTAVIANO y TOLOMEO, saliendo de la tienda.
Otavian.
Hombre, que turbado y ciego,
Robado el color, y puesta
La mano en la espada, osas
Haber entrado en mi tienda,
Cuando he mandado que todos
Solo me dejen en ella
Con mis pesares: si acaso
Alguna traicion intentas.
Buena ocasion has hallado.
¿Qué aguardas?
Tolom.
Detente, espera,
Que es lealtad, y no traicion,
La que á este trance me fuerza.
Otavian.
¿Quién eres?
Tolom.
Soy un soldado,
Hijo infeliz de la guerra,
Que llegué por mis servicios
A ser capitan en ella
De las guardias del Tetrarca,
Y de Sion en su ausencia
Gobernador.
Otavian.
¿Qué pretendes?
Tolom.
No mi vida, aunque pudiera,
La de Marïene sí,
Que es mi señora y mi Reina.
Otavian.
Buenas cartas de favor
Traes. Dí, y lo que fuere sea.
Tolom.
(Ap. ¡Oh Libia, cuánto el empeño
De tu libertad me arriesga,
Pues por tí de una verdad
He de hacer una cautela!)
El Tetrarca enamorado
Tanto de su esposa bella
Vivió, que intentó pasar
A la práctica experiencia,
De que á amores y privanzas,
Cuando sus aumentos llegan,
Es de la felicidad
Declinacion la tragedia.
Viendo, pues, que de su muerte
Pronunciada la sentencia
Estaba; y viendo que tú,
Enamorado de verla,
En dos retratos la amabas
(Que todo aquesto me cuenta
Quien trajo una carta), aleve
Dispuso mandarme en ella
Que yo, como quien aquí
La asistia de más cerca,
La atosigase y matase:
Cuyos celos de manera,
Al verla hoy viva y contigo,
Crecieron con la sospecha
De que por ella tomaste
A Jerusalen la vuelta;
Que en vez de que agradeciese[16]
El que su vida pidiera
Con tantas ánsias, llegó[17]
Con ella á palacio apénas,
Cuando en un obscuro cuarto
La encerró, y con saña fiera
Conmigo embistió á matarme,
Por no haberla hallado muerta.
Dél es de quien vengo huyendo
A darte la infeliz nueva
De que Marïene está
Por tí en tanto riesgo puesta,
Que no tiene de su vida,
Seguridad; pues es fuerza,
Quien en ausencia lo manda,
Que lo ejecute en presencia.
Pues eres César, señor,
Y tan generoso César,
Que para victorias tuyas
Faltan plumas, faltan lenguas,
Del poder deste tirano
La saca, porque te deba
El sol su mejor aurora,
La aurora su mejor perla,
La tierra su mejor sol,
Y el cielo su...
Otavian.
Cesa, cesa;
Calla, calla, no prosigas,
No en la persuasion me ofendas.
¡Expuesta Mariene, cielos!
¿Y por mi ocasion expuesta
Á tanto riesgo? ¿Qué aguardo?
No soy quien soy, si por ella
No pierdo la vida. Iré
Donde... (Ap. Mas con más prudencia
Lo he de mirar; que no es bien
Que la informacion primera
Me lleve tras sí, y más cuando
No es cobarde la sospecha
De todos estos.) Soldado,
Mira si verdad me cuentas.
Tolom.
Tanto, que á la misma torre
Adonde encerrada, presa
Y afligida está, señor,
Te llevaré á que la veas,
Luego que baje la noche
De pardas sombras cubierta.
Otavian.
¿A la misma torre?
Tolom.
Sí,
Porque yo tengo...
Otavian.
Dí apriesa.
Tolom.
(Ap. ¡Para qué de cosas sirve
Hoy mi amor!) Llave maestra
De sus jardines. Si acaso
De mi lealtad te recelas,
Lleva tus guardas contigo
Y todo el palacio cerca,
Para que en cualquiera trance,
Llegando una vez á verla,
Como he dicho, en su socorro,
Asegures su defensa.
(Ap. Y yo la vida de Libia,
Pues que no dudo que puesta
La ciudad en confusion,
Podré ir á favorecerla.)
Otavian.
Tan á los reparos sales,
Que ya nada dudo; y sea
En fin lealtad ó traicion,
Por verte, Mariene bella,
Iré, y si es á darte vida,
Quiera amor que lo agradezcas. (Vanse.)
Habitacion de Mariene.
ESCENA XI.
MARIENE, SIRENE; damas, unas con luces, que pondrán en un bufete, y otras con azafates.
Mariene.
Dejadme morir.
Sirene.
Avierte
Que esa pena, ese dolor,
Más que tristeza es furor,
Y más que furor es muerte.
Mariene.
Es tan fuerte
Mi mal, es tan riguroso,
Que no me mata de fiel,
Sin ver él
Que ser conmigo piadoso,
No es dejar de ser cruel.
Dama 1.ª
Ya que aborreciendo el lecho,
En el jardin te has estado
Hasta esta hora, dé el cuidado
Blandas treguas al despecho.
Mariene.
Mal sospecho
Que pueda el sueño aliviar
Mi pesar;
Pero, porque no pagueis
La culpa que no teneis,
Empezadme á destocar.
(Recogen las damas en los azafates los adornos que quita Mariene.)
Sirene.
¿Quieres, miéntras desafía
Al sol esplendor tan bello,
Desobligado el cabello
De los adornos del dia,
La voz mia
Algo te advierta?
Mariene.
No,
Porque yo
No quiero que me mejore
Quien cante, sino quien llore.
Sirene.
Filósofo hubo que halló
Causa en la naturaleza
Para aumentar la armonía,
Al alegre la alegría,
Como al triste la tristeza.
Mariene.
Pues empieza,
Con calidad que el dolor
Hagas mayor.
Sirene.
Con una letra será,
Que aunque es antigua, podrá
Conseguir eso mejor.
(Canta.) Ven, muerte, tan escondida,
Que no te sienta venir,
Porque el placer del morir
No me vuelva á dar la vida.
Mariene.
¡Bien sentida
Y declarada pasion!
¿Cúyos son
Esos versos?
Sirene.
No lo sé,
Porque acaso los hallé,
Estudiando otra cancion.
Mariene.
Vuélvelos á repetir,
Porque yo con ellos pida...
Las dos.
Ven, muerte, tan escondida
Que no te sienta venir.
Mariene.
Mas si á advertir
Llego mi ansia entretenida,
El canto impida,
Que ya no los quiero oir.
Las dos.
Porque el placer del morir
No me vuelva á dar la vida.
ESCENA XII.
OTAVIANO y TOLOMEO, á la puerta, embozados.—Dichas.
Tolom.
(Ap. á Otaviano.) Pisando las negras sombras
En el silencio nocturno,
El jardin has penetrado,
Al tiempo que al cuarto suyo
Se iba retirando ella.
Otavian.
(Ap. á Tolomeo.) Ya tus verdades no dudo,
Ni su prision, pues tan sola
Está, y vestida de luto
Todavía. Tú á la puerta,
En tanto que me aseguro
De si es acaso ó malicia.
Pues ménos ruido hará uno,
Me espera.
Tolom.
Sí haré, teniendo
La gente que has traido, á punto
Para cualquier accidente. (Vase.)
ESCENA XIII.
Dichos, ménos Tolomeo.
Otavian.
(Ap.) Tanto de verla me turbo,
Que no sabré discurrir
Si esto es ya pesar ó gusto.
Mariene.
Vuelve, Sirene, pues es
Tan á mi intento el asunto.—
Tú, Laura, cierra esas puertas.
Sirene.
Obedecerte procuro.
(Canta.) Ven, muerte, tan escondida...
Dama 1.ª
Y yo tambien, pues acudo
A cerrar las puertas.
(Al ir hácia donde está Otaviano, él la detiene.)
Otavian.
No
Lo intentes, que es dolor sumo,
Sin luz y sol quedar ciego
Dos veces.
Dama 1.ª
¡Qué veo y escucho!
¡Ay de mí infeliz!
Mariene.
¿Qué es eso?
Dama 1.ª
El mal embozado bulto
De un hombre que ha entrado aquí.
Mariene.
¡Hombre aquí!
Otavian.
(Ap.)Ya hablar no excuso.
Mariene.
Dad voces.
Sirene.
Yo no podré,
Que áun cómo respirar dudo.
Dama 1.ª
Ni yo, que apénas aliento.
Dama 2.ª
Ni yo, que medrosa huyo.
(Huyen las damas, dejando caer los azafates y adornos.)
ESCENA XIV.
MARIENE, OTAVIANO.
Mariene.
Huya tambien yo.
Otavian.
(Desembozándose.)Teneos,
Vos, y reparad el susto;
Que más que para enojaros,
Para serviros os busco.
Mariene.
¡Vos, señor! pues... cómo... si...
Aquí... yo... cuando...
Otavian.
Quien pudo
Antes de veros amaros,
Despues de veros, mal dudo
Que dejar de amaros pueda.
Mariene.
No son de César Augusto
Esas razones.
Otavian.
Sí son,
Pues más á veros me indujo
Vuestro daño que mi afecto,
Vuestro riesgo que mi gusto.
Yo he sabido que, en poder
De tirano dueño injusto,
Estais expuesta al peligro
De tan sacrílego insulto
Como que obre por su mano
Lo que á la ajena dispuso.
A poner en salvo vengo
Vuestra vida.
Mariene.
El labio mudo
Quedó al veros, y al oiros
Su aliento le restituyo,
Animada para sólo
Deciros que algun perjuro,
Aleve y traidor, en tanto
Malquisto concepto os puso.
Mi esposo es mi esposo, y cuando
Me mate algun error suyo,
No me matará mi error,
Y lo será si dél huyo.
Yo estoy segura, y vos mal
Informado en mis disgustos;
Y cuando no lo estuviera,
Matándome un puñal duro,
Mi error no me diera muerte,
Sino mi fatal influjo;
Con que viene á importar ménos
Morir inocente, juzgo,
Que vivir culpada á vista
De las malicias del vulgo.
Y así si alguna fineza
He de deberos, presumo
Que la mayor es volveros.
Otavian.
Sí haré, si vuestro discurso,
Como salva mi primero
Motivo, salva el segundo.
Un retrato tenía vuestro,
A cuyo hermoso dibujo,
Sin saber cúyo era, daba
Mi humana adoracion culto.
Por sanear sospechas (ya
Lo vísteis) sabiendo cúyo
Fuese, os le dí, y pues sirvió
Ya en vuestro abono, no dudo
Que con justicia le pido.
Mariene.
No haceis; que tenerle es uno
Por acaso, y otro es
Por voluntad; y á este puro
Fuego abrasará mi mano,
(Haciendo ademan de acercarla á una de las hachas que alumbran el cuarto.)
Si en ella el menor impulso
Reconociera de que
Para volvérosle tuvo.
Otavian.
No hicierais, porque impidiera
Yo llegar al ardor suyo,
Estorbando así la accion.
(Quiere tomarla la mano, y ella lo resiste.)
Mariene.
Es atrevimiento injusto.
Otavian.
No es sino justo deseo.
Mariene.
Antes á los cielos juro,
Que con vuestro mismo acero,
(Quita á Otaviano el puñal que trae, que es el de Herodes.)
Que ya en mi mano desnudo
Está, me atraviese el pecho.
Otavian.
Ténte, mujer; que confundo
Mis sentidos al mirar
No sé qué fatal trasunto,
Que ví otra vez.
Mariene.
De ese pasmo,
De ese pavor que en tí infundo,
El contratiempo gozando,
Huiré, puesto el iracundo
Acero al pecho. Mas ¡cielos! (Conociéndole.)
¿No es el que fiero y sañudo
Me amenaza? Con más causa
Ya de dos contrarios huyo.
(Arroja el puñal, huye, y síguela Otaviano.)
Otavian.
Oye, espera. (Vanse.)
ESCENA XV.
EL TETRARCA.
¿Quién, ladron
Del mismo tesoro suyo,
Dentro de su misma casa
Buscó sus bienes por hurto?
Hasta ahora la esclava no
Abrió. ¡Qué triste discurro
El cuarto á la media luz
De escaso esplendor nocturno,
Que allí horrores late, y más
Si á sus reflejos descubro
De mujeriles adornos,
Ajadamente difusos,
Sembrando el suelo! ¿Qué es esto?
No me propongas, discurso,
Que bajel que echa la ropa
Al mar, padece infortunios;
Que casa que se despoja
De las alhajas que tuvo,
Estragos de fuego corre;
Pues ni la tormenta dudo
Ni el incendio ignoro, cuando
Entre dos aguas fluctúo,
Entre dos fuegos me hielo,
Viendo que me embisten juntos,
Para zozobrar, suspiros,
Para hacerme llorar, humos.
Estas arrojadas señas,
¿No son de ilustres, de augustos
Faustos despojos? ¿Aqueste
No es el fiero puñal duro, (Levantándolo.)
Que registro de los astros
Es aguja de sus rumbos?
¿No es este el que yo á Otaviano
Dejé? Sí. ¿Pues quién le trujo
Aquí entre arrastradas pompas?
Pero ¿para qué lo apuro,
Si es de los desconfiados
La imaginacion verdugo?
¡Tarde hemos llegado, celos,
Tarde, tarde! Pues no dudo
Que quien arrastra despojos,
Habrá celebrado triunfos.
Si es dichoso el desdichado,
Que siéndolo no lo supo;
¡Desdichado del dichoso,
Que ya sin serlo lo tuvo
Por cierto! Y pues que me ponen
En mi mano mis influjos,
A ellos muera, ántes que...
ESCENA XVI.
OTAVIANO, MARIENE.—EL TETRARCA.
Otavian.
(Dentro.)Espera,
Aguarda.
Tetrarc.
Pero ¡Qué escucho!
(Sale Mariene huyendo, y Otaviano tras ella.)
Mariene.
Será en vano, pues primero
Que logres... Mas ¡cielos justos!
¿Qué es lo que miro?
Tetrarc.
Turbado
He quedado.
Otavian.
Yo confuso.
Mariene.
Y yo confusa y turbada,
Pues entre dos daños, de uno
Doy en otro, y ya no sé
Cuál dejo, ni cuál procuro,
Cuál pierdo, ó cuál solicito,
Cuál hallo, al fin, ó cuál busco;
Pues siempre tengo peligro,
Cuando paro, y cuando huyo.
Tetrarc.
Vista tu fuga, á tu honor
Este pecho será muro.
Otavian.
No temas, que de tu vida
Este pecho será escudo.
Tetrarc.
Cumple, pues, lo que prometes.
Otavian.
Así verás si lo cumplo.
(Sacan las espadas.)
Mariene.
¡Ay de mí! Para salir
De tan justo ó tan injusto
Duelo, estas luces apague. (Apaga las luces.)
Tetrarc.
¿Adónde, César perjuro,
Te escondes?
Otavian.
Yo no me escondo.
Tetrarc.
No te encuentro, aunque te busco.
Mariene.
Tente, esposo. ¡Ay infelice
De mí! (Encuéntranse, los dos y riñen.)
Otavian.
A mi violento impulso
Muere, aleve.
Tetrarc.
Aunque la espada
Perdí, con aqueste agudo
Puñal morirás.
(Encuentra con Mariene, y la hiere.)
Mariene.
¡Ay triste!
Tened piedad, dioses justos,
Pues aquí muero inocente. (Cae.)
Otavian.
¡Qué es lo que oigo!
Tetrarc.
¡Qué escucho!
Otavian.
Vengaré su muerte.
ESCENA XVII.
TOLOMEO, soldados, damas, con luces; y despues, LIBIA, ARISTÓBOLO, FILIPO y POLIDORO.—EL TETRARCA, OTAVIANO.
Solds.
Entrad
Todos, que es grande el tumulto.
Damas.
Llegad todas.
Libia.
A tan grande
Estruendo, romper no excuso
Mi prision.
Aristób.
y Filipo.
Señor, ¿qué es esto?
Polidor.
No haber gozado el indulto
Marïene como yo.
Otavian.
Dar muerte al hombre más bruto,
Más bárbaro, más sangriento,
Que ha eclipsado el sol más puro.
Tetrarc.
Yo no la he dado la muerte.
Todos.
¿Pues quién?
Tetrarc.
El destino suyo,
Pues que muriendo á mis celos,
Que son sangrientos verdugos,
Vino á morir á las manos
Del mayor monstruo del mundo.
Aristób.
El mayor monstruo los celos
Son siempre.
Tetrarc.
Porque ninguno
De mí la venganza tome,
Vengarme de mí procuro,
Buscando desde esa torre
En el ancho mar sepulcro. (Vase.)
Otavian.
Seguidle todos, seguidle.
Tolom.
Desesperado y confuso
Se arrojó al mar.
Otavian.
Retirad
Aquese cielo caduco,
Y diga en su monumento
Para los siglos futuros
El epitafio: «Aquí yace,
Desfigurado su vulto,
La beldad más milagrosa,
Muerta por celos injustos.»
Tolom.
Libia, tu mano merezca
Quien al peligro se expuso
De libertarte.
Libia.
En llorando
De Mariene el infortunio.
Filipo.
En que acaba la tragedia,
Donde se cumplió su influjo.
Polidor.
Como la escribió su autor;
No como la imprimió el hurto
De quien es su estudio echar
A perder otros estudios.