JORNADA SEGUNDA.


Sala del palacio de Ménfis.

ESCENA PRIMERA.

Dos soldados romanos, con un retrato grande de Mariene.

Sold. 1.°

Ya que en sus melancolías

No hay cosa que le divierta

Más, que en varios trajes ver

Repetida esta belleza,

Y este es el primer retrato

De cuantos de la pequeña

Lámina al lienzo pasó

Del noble arte la excelencia,

Pongámosle de su cuarto

Sobre el marco de esa puerta,

Para que cuando entre y salga

A todas horas le vea.

Sold. 2.°

Bien has prevenido.

Sold. 1.°

Pues

Sea presto, que ya llega. (Cuélganle.)

Sold. 2.°

Con la prisa que me das,

No sé si bien puesto queda.

¡Quiera Dios que no se caiga,

Vencido el clavo ó la cuerda!

ESCENA II.

OTAVIANO.—Dichos.

Otavian.

(Para sí.) Pasion tan desesperada,

Que al primer paso tropieza

En un imposible, y cae

En otro, queriendo ciega

Dar una esperanza viva

En una hermosura muerta,

Bien se ve que no es pasion,

Sino locura, y de tema

Tan invencible, que triunfos,

Aplausos, lauros y empresas

No la alivian, puesto que

Ni todo ni parte sean

A echar de mí una aprension

Tan rebeldemente necia.

Sold. 1.°

Como mandaste, señor,

Que en todo Ménfis se hicieran

De este pequeño retrato

(Vuélvele el pequeño.)

Várias copias, traje esta,

(Señala el grande.)

Por ser la más parecida.

Otavian.

Dices bien, pues no pudiera

Haberla mejor sacado

El pincel, cuando corriera

Las líneas y los bosquejos

Al lienzo desde mi idea.

¿Que nunca me hayas sabido,

O con maña ó con cautela,

De Aristóbolo, quién fuese

Alma de deidad tan bella?

Sold. 1.°

Con ese intento mil veces

A la torre que le encierra

De guarda entré; pero nunca

Lo supe; que de manera

Aristóbolo ha perdido

El juicio desde que en ella

Está, que es en vano ya

Que á nada en razon atienda.

Otavian.

¿Qué dices?

Sold. 1.°

Que solamente

Desatinos dice y piensa.

Otavian.

No me espanto ¡ay infelice!

Si la causa que le fuerza

A perder el juicio ha sido

Perder esta hermosa prenda.

¿Cómo es compatible, ¡oh rara

Beldad! que un delirio sientan

Dos, el uno porque te halle,

Y el otro porque te pierda?

¡Qué mal hice cuando necio,

De amor y de su violencia,

Culpé á Antonio que adorase

A aquella gitana,[12] á aquella

Que en los teatros del mundo

Hizo la mayor tragedia!

¡Oh qué bien vengado está

De mi altivez y soberbia!

Pues para mayor trofeo,

Con instrumento se venga

Tan fácil como un retrato,

Y ese de una beldad muerta.

(Tocan dentro cajas destempladas.)

¿Pero qué es aquesto? Cuando

Triste pronuncia mi lengua

Muerta beldad, me responden

Las cajas y las trompetas

Destempladas. ¿Si los cielos,

Si los montes, si las selvas,

Si los vientos, si los mares,

Cuando mi voz les acuerda

De igual pérdida la ruina,

Compadecidos celebran

De esa difunta hermosura

Repetidas las exequias?

(Vuelven á sonar las cajas.)

Otra vez ¡piadosos cielos!

Suena el rumor de más cerca.

Ved quién ese pavor causa.

Sold. 1.°

Mucho extraño que las señas

No te lo digan, pues es

Ceremonia usada esta

De los bárbaros gitanos,

Siempre que rendida ó presa

Alguna persona real

En su corte sale y entra.

Otavian.

¿Pues quién entra ó sale hoy,

O preso ó rendido en ella?

ESCENA III.

UN CAPITAN.—Dichos.

Capitan.

(Que ha oido la pregunta de Otaviano.)

El Tetrarca, á quien tú diste

Orden de que yo le prenda.

Y viendo cuánto supone

Virey que por tí gobierna,

Usando la ceremonia

De que con sus armas venga,

Y con salva se reciba,

Bien que trágica y funesta,

Llega á tus piés.

(Vuelven á tocar cajas destempladas.)

ESCENA IV.

EL TETRARCA, en medio de soldados.—Dichos.

Otavian.

Más estimo

Ver postrada esa soberbia,

Que el alto triunfo con que

Roma recibirme espera.

Quede él solo, y los demas

Salgan, Patricio, allá fuera;

Que por si acaso mi enojo

Tras sí mis acciones lleva,

No quiero que nadie airado

Con un rendido me vea.

Templad vos, pues sois mi espejo,

Mi cólera.

(Mira el retrato que tiene en la mano.)

Tetrarc.

(Ap.¡Suerte adversa!

¿A qué más pudo llegar

De tus ceños la influencia?)

Invicto Otaviano, cuyo

Nombre en láminas eternas

El tiempo escriba, dictado

De las plumas y las lenguas,

A tus piés llego ofendido,

Porque para que vinieran

Mi lealtad y mi valor

A rendirte esta obediencia,

No era menester que fuesen

Por mí; que el que se respeta

Por fuerza cuando por gusto

Puede, á sí mismo se afrenta,

Pues quita á la voluntad

Lo que le añade á la fuerza.

Dáme tu mano. (Ap. Mas ¡cielos

(Otaviano le alarga una, y el Tetrarca al ir á besársela repara en el retrato que Otaviano tiene en la otra.)

Divinos! al besar ésta,

¿Qué es lo que en la otra miro?

¿Habrá en el mundo quien beba

Dos venenos á dos manos,

Y á un mismo tiempo los sienta

En los labios y en los ojos?)

(Vuelve Otaviano la espalda, y Heródes le sigue de rodillas.)

Otavian.

Si informado no estuviera

De mi razon, á la tuya

Bastante crédito diera;

Pero si son destempladas

Cláusulas, que no concuerdan,

Esa afectada humildad

Con tu traidora soberbia;

No violencia, no rigor

La prevencion te parezca;

Que con vasallos que son

De los de viva quien venza,

Fuerza es que la voluntad

Se aproveche de la fuerza.

Tetrarc.

(Ap. ¡Mortal estoy! Dadme, dioses,

Valor, que quizá no es ella.—

¡Que agora me la ocultase!)

Si contra mí te aconseja

Quien pretende...

Otavian.

No presumas

Que mal advertido hiciera

Extremos tales; de tí

Sé la ambicion con que intentas

Conspirar al sacro imperio,

A cuyo efecto la guerra

Mantenias, dando á Antonio

Los socorros para ella.

Estas firmas te convencen:

De ellas lo sé. Llega, llega,

Míralas bien, tuyas son.

Míralas.

(Saca unas cartas, y preséntaselas puestas encima del retrato.)

Tetrarc.

Ya miro, al verlas,

Mi muerte más declarada

De lo que áun tú mismo piensas,

Pues... yo... si...

Otavian.

Esa turbacion

Es ya segunda evidencia.

Pero quien á un Idumeo

Honró, baja estirpe hebrea,

Rebelada de sus nobles

Tribus, esto y más merezca.

Y así, miéntras el castigo

A los demas escarmienta,

Sabe que soy Otaviano,

Que soy el único César

De Roma, y el Nilo y Tíber

Humildes mis plantan besan;

Y que á cuantos contra mí

Con traiciones, con cautelas

Quieran conspirar, negando

A mi poder la obediencia,

Seré yo quien los corone

De laurel, para que sean,

Con un impulso á mis plantas,

Con una accion á mis huellas,

Dos trofeos de una vez,

Mi laurel y su cabeza.

(Vase Octaviano hácia la puerta sobre la cual está el retrato.)

Tetrarc.

(Ap.) ¡Que esto escuchen mis oidos,

Y aquesto mis ojos vean,

Sin que el dolor me despeñe!

Yo he de morir, cosa es cierta,

A sus manos ó á mis celos:

Pues él á mis celos muera,

Y á mis manos; que una vida

Tan grande, no es bien se venda

A menor precio.

(Al entrarse Otaviano, va á herirle Heródes; cae el retrato en medio de los dos, y se queda clavado en él el puñal.)

Otavian.

(Volviendo.)¿Qué es esto?

Tetrarc.

Desesperada impaciencia,

Que ha de costarme el decirla

Aun mucho más que el hacerla.

Otavian.

¡Tú con el desnudo acero,

Cuando yo la espalda vuelta,

Y entre tu acero y mi espalda

Esta hermosa imágen puesta!

¡Turbado tú, yo seguro,

Y ella herida! ¡Tú con muestras

De venganzas, yo de agravios,

Y ella de piedades! ¡Muerta

Tú la accion, yo vivo al riesgo,

Y ella ofendida! Vive ella

(Que como á deidad que adoro,

Bien puedo este obsequio hacerla),

Que este sacrílego acero,

Ya que horrores representa,

El instrumento ha de ser,

Pues lo fué de tu violencia,

(Quita el puñal del retrato.)

De tu castigo: vea el mundo

Que el que me agravia, me venga.

¡Hola!

ESCENA V.

EL CAPITAN, soldados.—OTAVIANO, EL TETRARCA.

Capitan.

Señor.

Otavian.

A la torre,

Donde su hermano se encierra,

Llevad tambien al Tetrarca,

Donde sólo un criado tenga

De los que le hayan seguido.

Tetrarc.

Cuando mi sepulcro sea,

La vida debo á un puñal,

Yo le pagaré con ella.

Otavian.

Y yo la vida á un retrato;

Y pues que de otra manera

No puedo, con adorarle

Tambien pagaré mi deuda. (Vanse.)


Prision en una torre de Ménfis.

ESCENA VI.

Dos soldados, y POLIDORO, paseándose.

Sold. 1.º

Grande es tu melancolía.

Polidor.

¿Melancolía decís,

Bergantonazo? Mentís.

Sold. 1.º

Pues ¿qué es eso?

Polidor.

Hipocondría;

Que un príncipe como yo

No habia de adolecer

Vulgarmente, ni tener

Mal que tiene un sastre.

Sold. 1.º

No

Te enojes de eso.

Polidor.

Sí quiero,

Que estar triste solamente,

No es achaque competente

De un príncipe prisionero:

Y más si se considera

La grande superchería

Con que de noche y de dia

Me tratan.

Sold. 2.º

¿De qué manera?

Polidor.

¿De qué manera, picaño?

¿Qué príncipe se perdiera,

Donde una infanta no hubiera

Que condolida á su daño

Con músicas le avisara

Desde el cubo del terrero,

Y á pagar de su dinero

Las guardas le sobornara,

Para que una noche oscura,

En dos caballos los dos,

Por parque, á la paz de Dios

Se fuesen á su ventura?

Sold. 2.º

Si estuviera por acá

(Ap. Así saber algo trato)

La dama de aquel retrato.

Quizá ella...

Polidor.

Claro está

Que mirara por su honor;

Y caso que allá estuviera

Preso un infante, y no hubiera

Tenídole mucho amor;

Las desdichas acabadas

De esta mi prision cruel,

Por no haberse ido con él

La matara yo á patadas,

Segun la adoro; y sospecho

Que si donde estoy supiera,

Estrafalaria viniera

Por mí.

Sold. 2.º

Lo medio está hecho,

Porque yo compadecido

Aderezo te traeré

De escribir. (Vase.)

Sold. 1.º

Yo un propio haré,

Al punto que haya sabido

Dónde se ha de encaminar

La carta.

Polidor.

¿Qué dices?

Sold. 1.º

Digo

Lo que por tí á hacer me obligo.

Polidor.

Mil abrazos te he de dar

Miéntras, habiendo avisado

Y librádome mi dama,

Te hago el hombre de más fama.

Sold. 1.º

No es aquese mi cuidado;

(Ap. Que más que espero de tí,

De Otaviano espero, pues

Con eso sabrá quién es

Dueño del retrato.) (Sale el Soldado 2.º)

Sold. 2.º

Aquí

Hay ya de escribir recado.

Polidor.

¿Con su tinta y pluma?

Sold. 2.º

En él

Se dice todo.

Polidor.

¿Hay papel?

Sold. 2.º

Tambien.

Polidor.

¿Batido y cortado?

Sold. 2.º

No, pero el que bastará.

Polidor.

¿Polvos?

Sold. 2.º

Polvos hay.

Polidor.

¿Oblea,

Lacre y sello?

Sold. 2.º

Sí.

Polidor.

Pues ea,

Llegadme el bufete acá. (Llégansele.)

La silla. (La llegan.)

Sold. 2.º

Ya está llegada.

Polidor.

¿Papel, tinta y pluma aquí

No hay? ¿Polvos y sello?

Los dos.

Sí.

Polidor.

Pues áun no tenemos nada.

Sold. 1.º

¿Qué falta que prevenir?

Polidor.

Lo mejor.

Sold. 2.º

Sepa qué fué,

Volando por ello iré.

Polidor.

El que yo no sé escribir.

Sold. 1.º

¿Ahora sale con eso

El tonto...

Sold. 2.º

El loco...

Sold. 1.º

El menguado?

(Maltrátanle y échanle á rodar la capa y el sombrero.)

Polidor.

¿Quién vió príncipe aporreado?

ESCENA VII.

EL TETRARCA, EL CAPITAN.—POLIDORO, los dos soldados.

Capitan.

Esta es la torre en que preso

Aristóbolo está: en ella

Dejarte el César mandó.

Sold. 2.º

(Aparte á su compañero.)

Gente en la prision entró.

Sold. 1.º

No vean que le atropella

Nuestro enojo; que han mandado

Con respeto le tratemos.

Sold. 2.º

Que le servimos mostremos.

(Vuelven á poner á Polidoro la capa y el sombrero, fingiendo que le sirven.)

Capitan.

¿Cómo tu Alteza ha pasado

La noche?

Polidor.

Mal, y peor

La mañana; que á porrazos

Aquestos picaronazos

Me han muerto. (Da tras ellos.)

Capitan.

Tente, señor;

¿Qué haces?

Polidor.

Reñir, vive Apolo,

A manera de valiente

Al uso, que habla si hay gente,

Y calla cuando está solo.

Capitan.

Advierte que á estar contigo

Viene el Tetrarca tu hermano.

Polidor.

¿El Te... qué?

Capitan.

El Tetrarca.

Polidor.

(Ap.) En vano

Es ya excusarse el castigo

De haber tal engaño hecho.

Capitan.

(A Heródes.) Llegad: bien podeis llegar

Con Aristóbolo á hablar.

(Adelántase Heródes.)

Tetrarc.

(Ap. ¡Qué miro! Mas sospecho

Que hay algun secreto aquí,

Pues con su nombre no ignoro

Que esté preso Polidoro

Para grande fin; y así,

Disimular me conviene.)

Dáme en mis últimos plazos,

Aristóbolo, los brazos...

Polidor.

(Ap.) Borracho el Tetrarca viene:

¡Aristóbolo me llama!

Tetrarc.

Ya que en mis penas el cielo

No me deja otro consuelo

Que ver mentida la fama

Que de tu muerte corrió.

Polidor.

(Ap.) ¡Vive Dios, que insiste en ello!

¿Qué fuera que sin sabello[13]

Fuese Aristóbolo yo?

Capitan.

(Ap. á los soldados.) Dejarlos solos es bien,

Que hablen los dos, pues es llano

Que á algun efecto Otaviano

Quiso que juntos estén.

(Vanse el Capitan y soldados.)

ESCENA VIII.

EL TETRARCA, POLIDORO.

Tetrarc.

¿Estamos ya solos?

Polidor.

Sí.

Tetrarc.

¿Qué es aquesto, Polidoro?

Polidor.

Un fingimiento que lloro.

Tetrarc.

¿De qué suerte?

Polidor.

Escucha.

Tetrarc.

Dí.

Polidor.

Porque este traje lucido

Me dió mi amo, es lo primero;

Que parece caballero

Un pícaro bien vestido.

Lo segundo, porque el dia

Que el César triunfante entró,

Y á Antonio y Cleopatra halló

En su fatal bobería,

Prisioneros nos hicieron,

Y como iba galan yo,

Con la caja en que guardó

Cartas y joyas, creyeron

Que era Aristóbolo. Él

El engaño prosiguió,

Con que él me Aristoboló,

Y yo le Polidoré.

Qué fué dél, no sé; que están

Mis ánsias con luz tan ciega,

Sin ver si vienen ni van,

En un callejon Noruega,

Aprendiendo á gavilan.

Tetrarc.

Ya que de aqueso informado

Estoy, á un lado te aparta:

Que tengo que hablar conmigo.

Polidor.

Esa es la dicha más rara

De un buen hablador, hallarse

Con quien no le diga nada,

Y le oiga cuánto él diga. (Vase.)

ESCENA IX.

EL TETRARCA.

Ya que solo me veo, salgan

En lágrimas y suspiros,

Sin estruendo de palabras,

A los labios y á los ojos

Tan cautelosas mis ánsias,

Que saliendo de ella, áun no

Las eche ménos el alma.

¿Qué es esto, cielos, qué es esto,

¡Ay de mí! que por mí pasa?

Que bien será menester

Que vuestra autoridad valga

Mi crédito, porque es tal

El tropel de mis desgracias,

Que áun pasando á la experiencia,

Se me queda en la ignorancia.

Dejo aparte que del sacro

Laurel pierda la esperanza;

Dejo haberme convencido

De mis designios mis cartas;

Dejo el castigo forzoso

De accion tan desesperada

Como que á morir matando

Me despeñase mi saña;

Pues la desesperacion,

Designios y ambicion paran

Solo en pensar que ya tengo

El cuchillo á la garganta;

Y voy á que otro dolor

Es tal, que el morir no basta

Para acabar con él, puesto

Que en mi frase se adelanta

De á la garganta el cuchillo;

Pues dirá desde hoy mi patria

Que, el cuchillo al corazon,

Murió su infeliz Tetrarca.

Al corazon dije, y dije

Bien; que él es á quien traspasa

Ver en poder de Otaviano

A Marïene retratada,

Y en dos partes, como quien

Dice que la luna clara

De un espejo, si está entera,

Hace un rostro, y si quebrada,

Dos; mostrando que en abusos

De supersticiones várias,

El espejo que se quiebra

Siempre agüeros amenaza;

Y es el mayor haber visto

A Mariene con dos caras.

Bien discurro yo que en una

Hermosura soberana,

Por soberana hermosura

Solamente la retratan,

Sin más intencion que el serlo,

O la excelencia ó la gala

Del artífice; bien creo

Que al verla, el no recatarla

De mí, es ignorar quién sea;

Que ser mi esposa y mostrarla

Era cosa muy indigna

Para hecha cara á cara,

Cuando no por mí, por ella;

Pero todo esto no salva

El que no tenga interior

Afecto ¡ay de mí! de amarla

Quien no contento con una

En la mano, otra en la sala,

Jura por ella el haber

De tomar de mí venganza.

Y pasando á que el puñal

En su pecho... (Tocan cajas dentro.)

¿Mas qué cajas

A marchar tocan? ¿Habrá

Quien en esta triste estancia

Me diga qué marcha es esta?

ESCENA X.

FILIPO.—EL TETRARCA.

Filipo.

Sí.

Tetrarc.

¿Quién?

Filipo.

Yo, á quien adelanta

Su lealtad á ser, señor,

El criado que se manda

Que sólo te asista.

Tetrarc.

¡Oh, cuánto

El ser tú quien me acompaña,

Estimo!

Filipo.

No es leal el que

No lo es hasta las aras;

Y así, aqueste breve tiempo

Que le queda á tu esperanza

De vida (pues se presume

Que ántes que de Egipto salga

Otaviano, su rigor

En tí ejecute), mis canas,

Mi amor, mi fe, mi alma y vida

Vienen á ver qué me encargas.

Tetrarc.

¿Tan breve y tan cierta es

Mi muerte?

Filipo.

El que su jornada

Apresure, lo adivina.

Tetrarc.

¿Cómo?

Filipo.

Como hace la marcha

Á Jerusalen, por si hay,

Muerto tú, novedad.

Tetrarc.

Calla,

Filipo, no me lo digas;

Que tú eres el que me matas

Antes que él.

Filipo.

¿Yo, señor?

Tetrarc.

Sí,

Pues tú el morir me adelantas.

¡Á Jerusalen el César,

Donde (¡los cielos me valgan!)

Halle á Marïene viva,

Quien la idolatró pintada!

¡Él victorioso, yo muerto,

Y ella querida! ¿Qué aguarda

Mi desesperado amor?

(Quiere quitar la espada á Filipo.)

Filipo.

¿Qué haces?

Tetrarc.

Quitarte la espada

Para arrojarme sobre ella;

Que más valor y más causa

Tengo yo que Antonio.

Filipo.

Mira...

Tetrarc.

Sí haré, si me das palabra

De hacer por mí una fineza.

Filipo.

No habrá cosa que no haga

Yo por tí.

Tetrarc.

¿Si es prodigiosa?

Filipo.

Ningun prodigio me espanta.

Tetrarc.

¿Si es terrible?

Filipo.

Que lo sea.

Tetrarc.

¿Cruel?

Filipo.

¿Qué importa?

Tetrarc.

¿Temeraria?

Filipo.

Valor tengo para todo.

Tetrarc.

¿Fiera?

Filipo.

Nada me acobarda.

Tetrarc.

¿Y si es bárbara?

Filipo.

Tampoco.

Tetrarc.

Pues escucha. Pero aguarda,

Que es tal la resolucion,

Que para representarla

A los teatros del mundo,

Como al fin trágica farsa,

Pues hay recado, quiero ántes,

Con escribirla ensayarla.

(Pónese á escribir.)

Filipo.

(Ap.) ¿Qué será resolucion,

Que con prevenciones tantas

Piensa? Apénas dos renglones

Escribe y cierra la carta,

Cuando á mí vuelve.

Tetrarc.

Oye agora.

Filipo.

Sí haré con vida y con alma.

Tetrarc.

Si todas cuantas desdichas,

Si todas cuantas desgracias

Ha inventado la fortuna,

Deidad de los hombres vária,

Se perdieran, todas juntas

Hoy en mí solo se hallaran;

Que soy epílogo y cifra

De las miserias humanas.

Yo que ayer de Marïene

Esposo y galan, con raras

Muestras de amor coroné

De victorias mi esperanza;

Hoy lloro agravios, sospechas,

Temores, desconfianzas

Y... celos iba á decir;

Pero imaginarlos basta.

Yo que ayer de Palestina

Gobernador y monarca,

No cupe ambicioso en cuanto

El sol dora, y el mar baña;

Hoy pobre, triste y rendido,

Entre dos fuertes murallas

Aprisionándome el vuelo,

Tengo abatidas las alas.

Yo que del laurel sagrado

Ayer pretendí las ramas

Siempre verdes, á pesar

De los rayos que las guardan;

Hoy, segur suya mi acero,

Veo que sus pompas tala,

Solamente por llegar

Embotado á mi garganta.

¡Pluguiera al hado! ¡pluguiera

Al cielo que aquí pararan

Sus presagios, y que en mí

Se desmintiera la ingrata

Indignacion de un destino!

Pues muriendo yo á la saña

Del temple infausto, pudiera

Persuadir á la ignorancia,

Que ya de lo que más quise

Ejecutó la amenaza.

Mas ¡ay triste! ¡ay infelice!

Que no soy yo á quien más ama

Mi misma vida, supuesto

Que tambien ella tirana

Me aborrece por ser mia;

Y no con morir acaban

Mis desdichas, que inmortales

Mas allá de morir pasan.

Otaviano... Al pronunciarlo,

Valor y aliento me faltan.

Otaviano adora... ¿Cómo

Lo diré sin que me añada

Dolor á dolor?—Adora

A Marïene; pintada

Dos veces la ví, y dos veces

A él gentil, pues idolatra

Una vez á un sol sin luz,

Y otra á una deidad sin alma.

¡Mal haya el hombre infeliz,

Otra y mil veces mal haya

El hombre que con mujer

Hermosa en extremo casa!

Que no ha de tener la propia

De nada opinion; pues basta

Ser perfecta un poco en todo,

Pero con extremo en nada;

Que es armiño la hermosura

Que siempre á riesgo se guarda:

Si no se defiende, muere;

Si se defiende, se mancha.

No pues mi ambicion, Filipo,

No mi atrevida arrogancia,

No el ser parcial con Antonio,

No mi poder, no mis armas,

Me aflige, me desespera,

Me precipita y me arrastra;

Sino el ser de Marïene

Esposo. ¡Oh caigan, oh caigan

Sobre mi mares y montes!

Aunque si de ofensas tantas

El peso no me derriba,

No me rinde, no me agrava,

El de los montes y mares

No me agobiará la espalda.

Y así, viendo cuánto á instantes

Mi vida cuenta la parca,

Y cuánto á brazo partido

En esta lóbrega estancia

Luchando estoy de mi muerte

Con las sombras y fantasmas;

Viendo, en fin, que apénas hoy

En una pública plaza

Seré horror de la fortuna,

Seré del amor venganza,

Cuando él sea ¡ay infeliz!

(Pues á Jerusalen marcha,

Donde es fuerza que la vea)

En tálamos de oro y grana,

Heredero de mis dichas,

Dueño de mis esperanzas;

Muero de agravios y celos

Que matan, porque no matan.

Dirásme que ¿qué me importa,

Pues con la vida se acaban

Las desdichas? ¡Ay Filipo,

Cuánto esa opinion engaña!

Que amor en el alma vive,

Y si ella á otra vida pasa,

No muere el amor, sin duda,

Puesto que no muere el alma.

El ¿no nace de una estrella,

Ya propicia ó ya contraria?

¿Pues cómo faltará amor,

Miéntras la estrella no falta?

¿Quieres ver cuál es la mia?

Pues si pudiera apagarla

Hoy con el último aliento

Lo hiciera, porque faltara

Del cielo, y otro ninguno

En su gracia ó su desgracia

No naciera como yo,

Porque como yo no amara.

Y en fin, ¿para qué discurre

Mi voz? ¿para qué se cansa?

Otra pena, otro dolor,

Otro tormento, otra ánsia

En el corazon no llevo,

Sino sólo ver que aguarda

Marïene á ser empleo

De otro amor, de otra esperanza.

Sea barbaridad, sea

Locura, sea inconstancia,

Sea desesperacion,

Sea frenesí, sea rabia,

Sea ira, sea letargo,

O cuanto despues mis ánsias

Quisieren; que todo quiero

Que sea, pues todo es nada,

Como no sean mis celos;

Y así, pues que la palabra

Me has dado de obedecerme,

Haz lo que mi amor te encarga.

Vuelve á Jerusalen, vuelve

A la esfera soberana

Del mejor sol de Judea;

Y en diciéndote la fama

Que he muerto, en el mismo instante

Con mortal eclipse apaga

A la tierra el mejor rayo,

Al cielo la mejor llama,

Al campo la mejor flor,

La mejor estrella al alba.

Tolomeo, que quedó

Por capitan de mis guardas,

Y siempre á Mariene asiste

Sin poder seguirme, á causa

De quedar convaleciente

De aquella herida pasada,

Dará la ocasion, á cuyo

Fin, para él es esta carta: (Dásela.)

Dél te fía, pues no dudo,

Previstas las circunstancias

De un veneno ó de un dogal,

Que él te guarde las espaldas.

Muera yo, y muera sabiendo

Que Mariene soberana

Muere conmigo, y que á un tiempo

Mi vida y la suya acaban;

Pero no sepa que yo

Soy el que morir la manda:

No me aborrezca el instante

Que pida al cielo venganza.

No te acobarde lo horrible

De una historia tan extraña;

Que cuando murmuren unos

Que hubo quien dejó por manda

Un homicidio, creyendo

Que así sus penas engaña,

Que así sus quejas desmiente,

Que así desdice sus ánsias,

Y que así enmienda sus celos,

Otros habrá que le aplaudan;

Pues no hay amante ó marido

(Salgan todos á esta causa)

Que no quisiera ver ántes

Muerta, que ajena su dama.

Filipo.

Bien quisiera responderte;

Mas no es posible, que baja

Mucha gente á la prision.

Tetrarc.

Por si vienen por mí, salga

Mi valor á recibirlos.

Tú, cobrando la ventaja

Que puedas, parte, Filipo,

Al instante.

Filipo.

Señor...

Tetrarc.

Calla,

Que sé que tienes razon;

Pero no puedo escucharla.

Filipo.

Ni yo decirla, que llega

Ya la gente.

Tetrarc.

Esferas altas,

Cielo, sol, luna y estrellas,

Nubes, granizos y escarchas,

¿No hay un rayo para un triste?

Pues si ahora no los gastas,

¿Para cuándo, para cuándo

Son, Júpiter, tus venganzas? (Vanse.)


Playa de Jaffa.

ESCENA XI.

ARISTÓBOLO, MARIENE, LIBIA, damas y soldados judíos.

(Tocan cajas.)

Aristób.

Dáme otra vez los brazos,

Porque coronen tan hermosos lazos

Hoy la esperanza mia.

Mariene.

Mi vida, hermano, á tu valor se fía:

Publiquen, pues, tus glorias,

Que victorias de amor son mis victorias.

Aristób.

Ya que por la lealtad de Polidoro

(Como te dije) con mi nombre preso,

De un infeliz á otro infeliz suceso,

Pude llegar donde tu luz adoro,

Y donde á tu obediencia y tu decoro

Atenta dignamente

Nuestra nacion, de su alistada gente

General me ha nombrado,

Cumpliré la palabra que te he dado

De morir animoso,

O traerte libre á tu adorado esposo.

Mariene.

¡Oh, cúmplamela el cielo!

Y pues el campo de cristal y hielo

De aquí á Egipto es tan breve

Por ese pasadizo que de nieve,

O se encrespa ó se eriza,

Cuando el copete de su frente riza,

Presto la nueva espero

De que mi amor desempeñó tu acero.

Aristób.

Si tu amor va conmigo,

Fácil empresa, fácil triunfo sigo.

(Vuelven á tocar cajas.)

ESCENA XII.

TOLOMEO.—Dichos.

Tolom.

Ya el campo cristalino

Tanto pez de madera, ave de lino,

Admite en sus esferas,

Que parecen las ondas lisonjeras,

Ocupando horizontes,

Una vaga república de montes.

Y pues noble no queda,

Que excusarse á tan alta faccion pueda,

Que me des te suplico

Licencia...

Mariene.

Antes de oirla, la replico.

Capitan de mis guardas te ha dejado

Mi esposo; su palacio te ha fiado.

No es asistirme á mí ménos ufana

Faccion que esotra.

Aristób.

Dice bien mi hermana;

Y pues el cargo, que os quedeis abona,

Mirad que me mireis por su persona.

Tolom.

Obedecerte espero.

Mariene.

Y yo veros partir á todos quiero,

Porque os den para iros,

Agua mis ojos, viento mis suspiros.

(Vuelven á tocar la caja, y vanse Mariene, Aristóbolo, las damas y los soldados.)

ESCENA XIII.

TOLOMEO, LIBIA.

Libia.

Permita la ocasion á mi deseo

El que de tu salud ¡oh Tolomeo!

El parabien te dé; si bien pudiera

Dármele á mí mejor de que no hubiera

Marïene admitido

La fineza de ir; que hubiera sido

Doblada la dolencia

Consolar un dolor con una ausencia.

Tolom.

Agradezca, señora,

El favor toda una alma que te adora;

Y pues como á milagro

Suyo, mi vida á tu deidad consagro,

Crê que el morir sentia,

No, Libia hermosa, no porque moria,

Sino porque sin verte,

Pagaba con dos vidas una muerte.

Libia.

Responderte quisiera;

Mas la Reina, que ocupa la ribera,

Me echará ménos: sólo te prevengo

Que ya falseada para vernos tengo

Del jardin esta llave.

Tolom.

Si ser amor ladron de casa sabe,

Dáme la llave ahora,

Y apénas desdoblar verás, señora,

La falda que arrugó la noche fria,

Sobre la hermosa variedad del dia,

Cuando entre en el jardin, y sean sus flores

Los testigos no más de tus favores,

Siendo sus pompas bellas,

Si flores para tí, para mí estrellas.

Libia.

Toma, y advierte no entres (que quejosa

De tí Sirene, y de mi amor celosa

Anda) hasta... Mas no puedo

Proseguir: adios, pues.

Tolom.

Confuso quedo.

Oye, espera.

Libia.

No faltes desta parte;

Que yo, si puedo, volveré á informarte.

(Vase.)

ESCENA XIV.

TOLOMEO, y despues, FILIPO.

Tolom.

Aunque en la paz me quedo,

Temer más guerra en mis sentidos puedo

Que tienen mar y tierra,

Pues incluyen más guerra

Que tierra y mar el ánsia y el cuidado

Del que aquí aborrecido y allí amado,

Lidia con su deseo,

Siendo Sirene y Libia...

Filipo.

(Dentro.)Tolomeo.

Tolom.

¡Cielos! ¿Llamáronme?

Filipo.

Sí.

Tolom.

¿Quién?

(Sale Filipo con una banda en el rostro.)

Filipo.

Un hombre que ha llegado

En un barco que ha volado

Desde el mar de Egipto aquí,

Y que sin ser conocido

De otro (á cuyo fin cubierto

El rostro, ha tomado puerto

En sitio más escondido),

A solas tiene que hablaros.

Seguidme.

Tolom.

¿No me direis

Quién sois?

Filipo.

Despues lo sabreis.

Tolom.

(Ap. ¿Quién vió sucesos más raros?)

Guiad, pues.

Filipo.

Sí haré, que ninguno

Me ha de ver hablar con vos. (Vanse.)


Otro punto de la costa, más retirado.

ESCENA XV.

TOLOMEO, FILIPO.

Tolom.

Ya estamos solos los dos,

Y el sitio es tan oportuno

Que es apartado lugar.

Filipo.

Pues leed ese papel;

Que en viendo lo que hay en él,

Tenemos mucho que hablar.

Tolom.

Cada punto, cada instante

Añadís al corazon

Otra nueva confusion.

Filipo.

Aun más quedan adelante.

Lêd, que más duda os espera

Por piadoso ó por cruel.

Tolom.

Del Tetrarca es el papel,

Y dice... (Lee para sí.)

Filipo.

(Ap.)Desta manera,

Descubriendo su intencion,

Lo que hay en él he de ver,

Para ver qué debo hacer.

Tolom.

Notable es mi confusion.

(Lee.) «A mi servicio conviene,

»A mi honor y á mi respeto,

»Que muerto yo, con secreto

»Deis la muerte á Marïene.»

Hombre, que de asombros lleno

Traes en carta tan sucinta,

Del rejalgar de su tinta,

Conficionado el veneno;

Si conjuracion ha sido

La desta temeridad,

Y á examinar mi lealtad

De parte suya has venido;

No sólo en lo que contiene

Mi honor convendrá[14]; mas piensa

Que he de morir en defensa

De mi reina Marïene.

Y pues traidor, vive Dios,

Eres (que no te encubrieras

El rostro, si noble fueras),

Y estamos solos los dos,

Te tengo de hacer pedazos

Entre mis brazos.

Filipo.

No harás,

Que yo no esperaba más

Para darte mil abrazos. (Descúbrese.)

Tolom.

¡Filipo! (¡qué es lo que veo!)

¡Tú sospechoso! (¡qué miro!)

Ya con más causa me admiro,

Con más razon no lo creo.

Filipo.

El Tetrarca para tí

Con esta carta me envía;

Que de los dos solos fía

La accion que contiene en sí.

Muerto él, nos manda que muera

Marïene; pero ya

Que de tu valor está

Vista la fe verdadera,

Quédese el caso encubierto;

Que si él vive, estarlo es bien,

Y si acaso muere, ¿quién

Ha de obedecer á un muerto?

Tolom.

Dices bien; pero aun es mucha

Mi duda: sepa qué es esto.

¿Quién en tal furor le ha puesto?

Filipo.

Si quieres saberlo, escucha.

Otaviano enamorado

De un retrato que...

Tolom.

Detente,

Que por aquí viene gente.

Filipo.

A los dos nos ha importado

Que no me vean, y así,

Por desmentir la sospecha,

Quédate á hacer la deshecha,

Y vénte despues tras mí;

Que en ese monte te espero,

Y mil prodigios sabrás. (Vase.)

ESCENA XVI.

TOLOMEO.

¿Qué tengo que saber más,

Si ya de lo que sé muero?

Mariene era, ya torció

A los jardines el paso;

Y yo suspenso del caso

Que me ha sucedido, no

Sé de una accion tan cruel

Cuántas cosas anticipo.

Vuelvo á seguir á Filipo,

Volviendo á lêr el papel.

ESCENA XVII.

SIRENE.—TOLOMEO.

Sirene.

Decidme si por aquí

Ha pasado Marïene;

Que en su seguimiento... Pero

Si hubiera visto quién eres,

Ni áun esto te preguntara,

Por no hablarte, por no verte.

Tolom.

Espera, Sirene, aguarda.

Sirene.

¿Para qué, tirano aleve,

Ingrato, falso, inconstante?

Tolom.

Para que sepas, Sirene,

Que los hombres como yo,

Con principales mujeres

Bien pueden no ser amantes,

Pero no el no ser corteses.

Yo, por soldado, no tuve

Inclinacion...

Sirene.

Cese, cese

Tu voz, que áun satisfacciones

De tí no quiero.

ESCENA XVIII.

LIBIA, que se queda retirada, escuchando á TOLOMEO y SIRENE.

Libia.

(Ap.)¡Valedme,

Cielos! ¡Qué escucho! Mas ¿cómo

Lo dudo? pues claramente

Dice que la satisface

La que dice que no quiere

Oir satisfacciones.

Tolom.

Ya

Que aquesta ocasion ofrece

El acaso de encontrarme,

Por mí mismo has de oirme: atiende.

Sirene.

No haré tal; que cortesana

Yo tambien, no quiero hacerte

El pesar de que no leas

El papel que te divierte

Tan á solas; y así es bien

(Porque él sea el que me vengue,

Mostrando cuán poco ó nada

Mis vanidades lo sienten)

Que pues leyéndole te hallo,

Que leyéndole te deje. (Vase.)

ESCENA XIX.

TOLOMEO, LIBIA.

Libia.

(Ap.) ¿Qué papel, cielos, será

El que la venga y la ofende?

Tolom.

Haces bien, pues, aunque vuelva

A lêrle una y muchas veces,

Una y muchas volveré

A dudar lo que contiene.

Libia.

(Ap.) Mi sufrimiento ¿qué aguarda?

Tolom.

(Lee.) «A mi servicio conviene...»

Libia.

(Adelantándose y asiendo á Tolomeo el papel.)

Suelta, ingrato.

Tolom.

¿Qué es aquesto?

Libia.

Saber qué papel es este.

Tolom.

Pues no lo has de saber, Libia.

Libia.

¿Cómo no?

Tolom.

Si es que merece

Algo contigo mi honor,

Si me estimas, si me quieres,

Débate yo la fineza

De no verle.

Libia.

¿Qué es no verle?

Si lo que á decirte vuelvo

Es que en el jardin no entres,

De cuya puerta la llave

Mi amor te entregó imprudente,

Hasta que una seña mia

Te asegure de Sirene,

Porque quejosa de tí,

Y de mí celosa, suele

Estar en él á deshoras;

¿Cómo, dí, ingrato, pretendes,

Hallándote con la misma

De quien recatarte debes,

Dándola satisfaciones,

Y diciéndola que aqueste

Papel la venga de tí,

Que sin mirarle le deje?

Tolom.

Aunque tienes razon, Libia,

Vive Dios, que no la tienes.

El papel ni á ella ni á tí

Toca, y en fin no has de verle.

Libia.

He de verle.

Tolom.

Mira...

Libia.

Aparta.

Tolom.

Considera...

Libia.

Quita.

Tolom.

Advierte,

No desatento...

Libia.

¿Tú?

Tolom.

Sí.

Libia.

¿De qué suerte?

Tolom.

Desta suerte.

Libia.

¿Tú conmigo tan grosero?

Tolom.

¿Tú conmigo tan aleve?

Los dos.

Suelta el papel.

(Parten entre los dos el papel.)

ESCENA XX.

MARIENE, TOLOMEO, LIBIA.

Mariene.

¿Qué papel?

Tolom.

(Ap.) ¡Grave mal!

Libia.

(Ap.)¡Desdicha fuerte!

Tolom.

¿Qué pudiste engendrar, Libia,

Sino áspides y serpientes?

Libia.

¿Qué más áspides que celos?

Mariene.

¿Pues qué atrevimiento es este?

¿Así mi esplendor se agravia?

¿Así mi sombra se ofende?

¿Mi decoro se aventura,

Y mi respeto se pierde?

¿En mi casa, y á mis ojos,

Vuestras acciones se atreven

A profanar un palacio,

Templo de honor tal, que á verle

El sol no entrara, á no entrar

Con disculpa de que viene

A darle la luz; que el sol

Aun no entrara de otra suerte?

Dáme esa parte tú, y tú

Esotra: de ellas conviene

Informar á mi recato.

Tolom.

Que es una víbora advierte,

Que dividida en mitades,

Con cualquier extremo muerde.

Mariene.

Véte tú, Libia, de aquí.

Libia.

(Ap.) Piedad es el que me ausente,

Por no verla tan airada. (Vase.)

ESCENA XXI.

MARIENE, TOLOMEO.

Mariene.

Tú tambien, ¿qué aguardas? Véte.

Tolom.

Si por ventura han podido

Mis servicios merecerte

Sola una merced que sea

Capaz de muchas mercedes,

Rompe ese papel, y no

Le leas, señora: atiende

Que cuanto por verle ahora,

Darás despues por no verle.

Mariene.

¿Qué deseo de mujer

Se rindió al inconveniente?

Tolom.

El que advertido de mí

Sepa que, á fin diferente

De que llegase á tus manos,

Está inficionado ese

Papel de un mortal veneno,

Tan rigoroso y tan fuerte,

Que matará á quien le mire,

Que es la causa porque el lêrle

A Libia le defendia,

Viendo que entre estos laureles

Era ella quien le habia hallado,

No siendo ella á quien previene

Matar mi fe en tu servicio;

Que hay en él algun aleve,

Con quien se escribe Otaviano.

Y así, que de tí le eches,

Con lágrimas á tus piés,

Te suplico humildemente.

Mariene.

Quien advierte de un peligro

Nunca suplicando advierte,

Porque el beneficio manda,

Y no ruega: luego mientes;

Que si estos extremos haces

Cuando me acuerdas los bienes,

¿Qué dejas que hacer, qué dejas

Cuando los males acuerdes?

Letra del Tetrarca es,

Con que ya se desvanece

El que fuese tuyo, y ya,

Que viva ó muera, he de lêrle.

Tolom.

¡Ay infelice de tí!

Mariene.

Dice á partes desta suerte:

Muerte es la primer razon

Que he hallado: honor contiene

Esta. Marïene aquí

Se escribe. ¡Cielos, valedme!

Que dice mucho en tres voces

Marïene, honor y muerte.

Secreto aquí, aquí respeto,

Servicio aquí, aquí conviene,

Y aquí, muerto yo, prosigue.

Mas ¿qué dudo? ya me advierten

Los dobleces del papel

Adonde están los dobleces,

Llamándose unos á otros.

Sé, oh prado, lámina verde,

En que ajustándolos lea.

(Pone los pedazos en el suelo, y júntalos.)

(Lee.) A mi servicio conviene,

A mi honor y á mi respeto,

Que muerto yo, ¡hados crueles!

Deis... ¡con qué temor respiro!

Deis la muerte á Marïene.

Bien dijiste que era fiero

Tósigo y veneno fuerte,

Puesto que si no me mata,

Por lo ménos lo pretende.—

¿Quién este papel te dió?

Tolom.

Filipo, que con él viene

De Egipto. Pero, señora,

Estar satisfecha puedes

De su lealtad y la mia,

Pues los dos...

Mariene.

Otra vez mientes;

Que ni él ni tú sois leales.

Pues cobardes, pues aleves,

O viva ó muera, no sois,

Como debeis, obedientes

Al precepto de mi esposo.

¿Quién más es cómplice en este

Secreto?

Tolom.

Nadie, señora.

Mariene.

Pues mira lo que te advierte

Mi voz, que ninguno sepa,

Ni áun Filipo, que á entenderle

Llegué yo.

Tolom.

Un mármol seré. (Vase.)

ESCENA XXII.

MARIENE.

¡Oh infeliz una y mil veces

La que se ve aborrecida

De la cosa que más quiere!

¿En qué, amado esposo mio,

En qué mi vida te ofende,

Que te pesa de que viva

La que de adorarte muere?

Cuando yo tu libertad

Trato, y á imperios de nieve

Doy, Semíramis de ondas,

Babilonias de bajeles;

Cuando en mi imaginacion,

Despues que vives ausente,

Adorando estoy tu sombra,

Y á mis ojos aparente,

Por burlar mi fantasía,

Abracé el aire mil veces;

¿Tú en una obscura prision,

Funesto mísero albergue,

En vez de abrazar mi imágen,

Estás trazando mi muerte?

O te quiero ó no. Si no

Te quiero, ¿no es más decente

A un noble, que de mujer

Que le olvida no se acuerde?

Y si te quiero, ¿por qué,

Despues de muerto, pretendes

Que muera? ¿No sabré yo,

Sin mandarlo, obedecerte?

Luego olvidando ¡ay de mí!

O queriendo, de una suerte

Ofendes tu vanidad,

O mi gratitud ofendes.

Si del mundo el mayor monstruo

Me está amenazando en ese

Encuadernado volúmen,

Mentira azul de las gentes,

Y tú me matas, será

Bien decirse de tí que eres

El mayor monstruo del mundo.

¡Mas ay! que en llegando á este

Término, no se qué nuevo

Espíritu me enfurece;

Y pues me tocan al alma

Afectos tan diferentes

De los mios, ¡plegue al cielo,

Fementido esposo aleve,

Que el socorro que te envío

Nunca á tomar puerto llegue!

Entre las Sirtes y Scilas

De Egipto á pique le echen

Los zozobrados embates,

Los contrastados vaivenes

De las ráfagas de Eolo,

O los sepulcros de Tétis.

No sólo en tu libertad

Milite, pero de suerte

Irrite á Otaviano, que

Apresurando tu... ¡Tente,

Lengua! no su muerte digas;

Basta que él diga mi muerte;

Que una cosa es ser quien soy,

Y otra ofenderme él. ¡Oh plegue

Al cielo que victoriosa

Tan en su favor navegue

La armada de tu socorro,

Que sobre el puerto de Ménfis

En tan grande estrecho ponga

La confusion de sus gentes,

Que temerosa de que

Las mias sus muros entren

A sangre y fuego, á partido

Reducidas, me lo entreguen

Vivo, para que á mis brazos...!

Pero ¿qué digo? Suspende,

Lengua, otra vez el acento,

Si no es que decir intentes:

«A mis brazos, para que

Vengativa é impaciente

En ellos le haga pedazos.»

—¡Ay de mí! ¡qué fácilmente

De un extremo á otro se pasan

En afectos de mujeres

Las lástimas á ser iras,

Y los favores desdenes!

De mujeres dije; pero

Dije mal, que excluirse deben

Las mujeres como yo

De lo comun de las leyes.

Y pues piadosas en una

Parte y en otra crueles

Mis ánsias lidian, en tanto

Tropel como me acomete

De divididos afectos,

De encontrados pareceres

Y opuestas obligaciones;

¡Déme el cielo industria, déme

Medio el hado, para que

Tanto unas como otras temple,

Que como esposa ofendida,

Y como reina prudente,

Cumpla con el mando, y cumpla

Conmigo, cuando á ver lleguen

Cielo, sol, luna y estrellas,

Astros y signos celestes,

Montes, mares, troncos, plantas,

Hombres, fieras, aves, peces,

Que como reina perdone,

Y como mujer me vengue!