JORNADA TERCERA.


Sala en casa de Doña Ana.

ESCENA PRIMERA.

DON JUAN, á oscuras.

Nada me sucede bien.

¿Qué roca habrá que contraste

Tanta avenida de penas,

Tantos golpes de pesares?

Del aposento en que estaba

Por testigo de mis males,

Imposible de sufrirlos,

E imposible de vengarme,

Celoso y desesperado

Salir pretendo á la calle

A esperar aquel galan

Tan feliz, que coronarse

Pudo de tantos favores,

De dichas que son tan grandes.

Echéme por la ventana

(Porque allí no me estorbasen

La venganza de mis celos),

Presumiendo que era fácil,

Ganando desde el tejado

De la puerta los umbrales;

Y saltando dél á un patio,

Donde la ventana sale,

Perdí el tino, y dí á otra casa.

Pero parece que abren

Una puerta, y entra gente...

Y con las luces que traen

Percibo mejor las señas.

¿Hay suceso semejante?

¡Vive Dios, que esta es la casa

De Doña Ana! ¡Si tomase

Hoy puerto en el mismo golfo

Esta derrotada nave!

Ella es. ¿Qué he de hacer, cielos?

Que no es bien que aquí me halle,

Y presuma que he venido

Cobardemente á quejarme

De mis celos, sin vengarlos.

¿Hay confusion más notable?

¿Qué haré? Que no me está bien

Ya ni el irme ni el quedarme.

(Escóndese.)

ESCENA II.

DOÑA ANA y DOÑA LUCÍA, con luz. — DON JUAN, escondido.

D.ª Ana.

Quítame este manto. ¡Gracias

A mi fortuna inconstante

Que me ha dado (¡ay infelice!)

Un solo punto, un instante

De tiempo para llorar,

De lugar para quejarme!

Y así, ya que estoy á solas,

Sean tormentas, sean mares

Mis lágrimas y mis quejas

Entre la tierra y el aire.

D.ª Luc.

Señora, si dese modo

Tan justos extremos haces,

Triunfará de amor la muerte.

Consuelo tus penas hallen;

Que para todo hay consuelo.

Que si Don Juan (por guardarle

A Don Pedro aquel decoro

Que debió á sus amistades)

Se arrojó por la ventana,

Ya en su seguimiento parten

Don Pedro, Arceo y Pernía,

Porque los dos no se maten.

D.ª Ana.

Y cuando remedie (¡ay triste!)

Mi temor, ¿para adelante

Puede ya dejar de ser

Lo que fué? ¿Pueden borrarse

De la memoria los celos

En que yo no tuve parte?

D. Juan.

(Ap. al paño.) De cuanto yo desde aquí

Puedo á las dos escucharles,

Nada entiendo; y sólo entiendo

Que temo que me declaren

Mis congojas, mis desdichas,

Mis recelos, mis pesares;

Porque no es posible, no,

Que un celoso sufra y calle.

D.ª Luc.

Acuéstate, por tu vida,

Porque en la cama descanses.

D.ª Ana.

No hay descanso para mí.

Fuera de que he de esperarle

A Don Pedro; que le dije

Que con lo que le pasase

En alcance de Don Juan

(Pues todos van á buscarle),

Viniese á avisarme; y ya

Parece que llaman. Abre.

ESCENA III.

DON PEDRO, ARCEO, PERNÍA. — Dichos.

D.ª Ana.

Señor Don Pedro, ¿qué hay?

D. Ped.

Que todo ha salido en balde.

D.ª Ana.

¿Cómo?

D. Ped.

No habemos hallado

A Don Juan, y es bien notable

Suceso, porque de aquella

Ventana, que al patio cae,

Para salir al portal

Hay una puerta, y la llave

Está echada, de manera

Que ha sido imposible hallarle,

Cuando ni en mi casa está,

Ni salir pudo á la calle.

Arceo.

No le hemos buscado bien,

Si va á decir las verdades;

Porque á un celoso, señora,

Le ha de buscar el que hallarle

Quisiere, ahogado por los pozos,

O ahorcado por los desvanes.

Pernía.

Ya le he dicho que se meta

En juntar sus consonantes.

No hable palabra donde

Yo estoy.

Arceo.

Quínola pasante,

Tambien yo le tengo dicho

Que de dar lanzadas trate,

Y sacar, no para el toro,

Para el lacayo el alfanje,

Y no más.

D.ª Luc.

Entre dos ruines

Sea mi mano el montante.

D. Ped.

No es posible hallarle, en fin.

D.ª Ana.

Son mis penas, no os espante,

Y bien dicen que son mias.

Pues ellas disponer saben

Tantas falsas apariencias,

Que me culpen y le agravien.

¡Plegue á Dios, señor Don Pedro,

Que él me destruya y me falte,

Si á aquel hombre ví en mi vida,

Sino hoy, que pudo entrarse

Aquí tras una mujer,

A quien siguió desde el Parque,

Y vióme á mí! ¿Mas por qué

Lo digo ¡ay Dios! si escucharme

No puede Don Juan, y doy

Satisfacciones al aire?

D. Ped.

Quedad, señora, con Dios;

Que por si vuelve á buscarme

A mi casa, vuelvo á ella.

¿Qué mandais?

D.ª Ana.

No es bien que os mande,

Que os ruegue sí, que volvais

A la mañana á contarme

Lo que hubiere sucedido.

D. Ped.

Quedad con Dios.

(Vase.)

D.ª Ana.

Él os guarde.—

Lucía, cierra esas puertas,

Y entra despues á acostarme;

Que he de madrugar mañana,

Porque he de salir al Parque

A hacer una diligencia.—

¡Oh si á este vivo cadáver

Hoy ese lecho de pluma

Sepulcro fuera de jaspe!

(Vase.)

ESCENA IV.

DON JUAN, al paño; ARCEO, DOÑA LUCÍA.

D. Juan.

(Ap.) ¿Al Parque mañana? ¡Ay cielos!

No estos desengaños basten:

Vuelvan atras mis desdichas,

Pues pasa el riesgo adelante.

Arceo.

De todos estos enredos,

De todos estos debates,

Vos teneis, Doña Lucía,

La culpa, pues vos contasteis

A vuestra ama que en mi casa

Estaba Don Juan.

D.ª Luc.

De tales

Sucesos, quien me lo dijo

A mí, tiene mayor parte;

Que ya sabe quien me cuenta

A mí el suceso que sabe,

Que es decirme que lo diga

El decirme que lo calle.

Arceo.

Eres tan dueña, que puedes

Servir desde aquí adelante

De molde de vaciar dueñas.

D.ª Luc.

Tú escudero vergonzante.

Arceo.

Eres dueña.

D.ª Luc.

Tú eres loco.

Arceo.

Eres dueña.

D.ª Luc.

Tú un bergante.

Arceo.

Eres dueña.

D.ª Luc.

Tú un bufon.

Arceo.

Eres dueña.

D.ª Luc.

Tú un infame.

Arceo.

Eres dueña.

D.ª Luc.

Tú un bribon.

Arceo.

Item más, dueña; y no trates

De desquitarte, porque

No has de poder desquitarte.

D.ª Luc.

¿Cómo no? Eres un...

Arceo.

Dí, dí.

D.ª Luc.

Mal poeta.

Arceo.

¡Tate, tate!

¿Poeta, dijiste? Adios, dueña;

Que ya quedamos iguales.

D.ª Luc.

¿Desa manera te vas?

Arceo.

Pues ¿qué quieres?

D.ª Luc.

Que te aguardes

Aquí, miéntras que mi ama

Acaba de desnudarse,

Y volveré á hablar contigo

Un rato.

Arceo.

Aquí espero.

(Vase Doña Lucía, llevándose la luz.)

ESCENA V.

DON JUAN, al paño; ARCEO.

Arceo.

Madres

Las que á los hijos parísteis

Para nocturnos amantes

De viejas, mirad en mí

Las desdichas á que nacen.

Esperando una estantigua

Estoy, confuso y cobarde,

Aquí donde mis suspiros

Pueblan estas soledades.

(Sale Don Juan del cuarto en que estaba.)

D. Juan.

(Ap.) Ahora, desconfianzas,

Es tiempo de aconsejarme,

Si esto que pasa por mí

Son mentiras ó verdades.

El recatarme me importa

De Doña Ana: ella no sabe

Que la escucho, y en suspiros

Que mal pronunciados salen

Desde el corazon al labio,

Me ha dado ciertas señales

De que mi desdicha llora,

De que siente mis pesares.

Estos criados no pueden

Engañarse ni engañarme,

Puesto que Arceo á Lucía

La contó cómo ocultarme

Pude en casa de Don Pedro,

Y ella á Doña Ana: bastante

Desengaño de que fué

Entónces ella á buscarme.

Mas ¡ay de mí! si es aquesto

Como dicen señas tales,

¿Don Hipólito á qué efecto

Dijo que á él iba á buscarle?

¿O qué mujer es aquesta?

Y en fin, ¿para qué ir al Parque

Mañana quiere Doña Ana,

Para que á mí no me falte

Cuidado? ¡Pues vive Dios,

Que tengo de averiguarle!

Si aquí estoy, es imposible

Que disimule y que calle;

E imposible, si me ven,

De que la ida del Parque

Averigüe: luego irme

Será lo más importante.

Este criado á Lucía

Espera: miéntras no sale,

Pues no ha cerrado la puerta,

Salir pretendo á la calle,

Por seguirla donde fuere.

Que me prendan ó me maten,

Todo, todo importa ménos

Que no que me desengañe.

Arceo.

Ya siento pasos.—Lucía,

Seas bien venida, dame

Los brazos.

(Abraza á Don Juan.)

¡Barbada vienes!

¿Quién es?

D. Juan.

Callad, que no es nadie.

Arceo.

¿Cómo no es nadie? Yo soy

Tan cortés y tan galante,

Que ántes crêré que sois muchos.

¡Ay, ay!

D. Juan.

¡Vive Dios, que os mate,

Si no callais!

ESCENA VI.

DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA. — DON JUAN, ARCEO.

D.ª Ana.

(Dentro.)¿Que rüido

Es aquél?

(Sale Doña Lucía á oscuras y encuentra con Don Juan.)

D.ª Luc.

(Bajo á Don Juan.)

¡Eres notable!

¿Es posible que tu miedo

Tan grandes extremos hace,

Que des voces? Salte presto,

Para que aquí no te hallen.

Vénte tras mí.

D. Juan.

(Bajo á ella.Vamos.) (Ap. ¡Cielos!

Hasta que me desengañe

He de callar; que esta es

Propia condicion de amantes.)

(Vanse Doña Lucía y Don Juan, que al entrarse, encuentra con Arceo.)

Arceo.

¿Otro diablo? ¡Vive Dios,

Que tienen aquestos lances

Cosas de la Dama Duende!

ESCENA VII.

DOÑA ANA, medio desnuda, con luz. — ARCEO; despues, DOÑA LUCÍA.

D.ª Ana.

¡Hola! ¿No responde nadie?

Mas ¡ay de mí!

Arceo.

(Ap.)Yo me embozo,

Por ver si puedo excusarme

De que me conozcan.

(Sale Doña Lucía.)

D.ª Luc.

(Ap.)Ya

No hay peligro que me espante,

Pues ya en la calle está Arceo.

¿Mas no es el que está delante?

¿Quién era, si él está aquí,

El que yo puse en la calle?

Arceo.

(Ap.) ¡Aquí muero!

D.ª Ana.

Caballero,

Que, recatado el semblante,

La noble clausura rompes

Destos sagrados umbrales,

Si necesidad acaso

Te ha obligado á extremos tales,

De mis joyas y vestidos

Francas te daré las llaves:

Ceba tu hidrópica sed

En sus telas y diamantes.

Pero si, más codicioso

De honor que de hacienda, haces

Estos extremos, te ruego

(Estoy muerta) que no trates

Con tal desprecio (¡ay de mí!)

El honor (estoy cobarde)

De una mujer infelice,

Sujeta á desdichas tales.

Porque si para mi afrenta

A aqueste cuarto llegaste,

Vive Dios, que ántes que intentes

Hablarme palabra, y ántes

Que ofenda al dueño que adoro,

Yo con mis manos me mate;

Porque si lágrimas solas

No enternecen un diamante,

Rompiéndome el pecho yo,

Le sabré labrar con sangre.

Arceo.

No labraréis, si yo puedo;

Que fuera mucho desaire

Ser pelícana una dama,

Y ser labradora un ángel.

Grandes casos de fortuna

A vuestra casa me traen.

No á hacer mella en vuestras joyas,

Ni á vuestra opinion ultraje.

Y porque os asegureis

De mi término galante,

Segura quedais de mí.

A Dios, señora, que os guarde.

(Vase.)

D.ª Luc.

¡Qué miro!

D.ª Ana.

¿Fuése ya?

D.ª Luc.

Sí.

D.ª Ana.

Echa á esa puerta la llave;

Y pues ya la blanca aurora

Venciendo las sombras sale,

No me quiero desnudar.

¡Ay, Don Juan, si esto mirases!...

¿Quién de que no es culpa mia

Pudiera desengañarte?

(Vanse.)


El Parque.

ESCENA VIII.

DOÑA CLARA é INÉS, en el traje corto, como primero.

Inés.

¿Al Parque vuelves?

D.ª Clar.

Rendida,

Sin ley, razon ni sentido,

Donde la vida he perdido,

Vuelvo, Inés, á hallar la vida.

Inés.

Bastante está lo sentido,

Y si yo no me he engañado,

Toda la gloria ha parado

En que has, señora, advertido

De ayer el raro suceso.

D.ª Clar.

¿De que sirviera negar

Con la lengua mi pesar,

Si con llanto lo confieso?

Vana de que hallarse habia

Don Hipólito burlado,

Le llamé; y su desenfado

Burló de la industria mia.

Que aunque es verdad que me dió

Satisfacciones que allí

Por mi respeto creí,

Inés, por mi gusto no;

Pues no me pudo negar

Que fué donde otra mujer

Le llamaba, y mi placer

Se convirtió en mi pesar.

Yo misma (¡ay de mí!) encendí

El fuego en que triste peno,

Yo conficioné el veneno

Que yo misma me bebí,

Yo misma desperté, yo,

La fiera que me ha deshecho,

Yo crié dentro del pecho

El áspid que me mordió.

Arda, gima, pene y muera

Quien sopló, conficionó,

Alimentó, despertó,

Veneno, ardor, áspid, fiera.

Inés.

Bien en tantos pareceres

Hoy dirán cuantos te ven,

Que sólo queremos bien,

Tratadas mal, las mujeres.

¿Para qué habemos venido

Al Parque con tal cruel

Pena?

D.ª Clar.

A ver si viene á él

Don Hipólito.

Inés.

Él ha sido,

Por cierto, muy lindo ensayo.

D.ª Clar.

Si hoy doy tregua á mis temores,

Yo os coronaré de flores,

Mañanas de Abril y Mayo.

(Vanse.)

ESCENA IX.

DON HIPÓLITO, DON LUIS.

D. Hipól.

En efecto, hasta su casa

A Doña Clara seguí

Como visteis, y la dí

Del engaño que me pasa

Satisfacciones, diciendo

¿Qué ofensa era ir á ver,

Llamado de una mujer,

Lo que mandaba? Y haciendo

Extremos de enamorado,

Que supe fingir muy bien

(Porque ya no hay, Don Luis, quien

No haga el papel estudiado),

La dejé desenojada,

Atenta á mi desengaño;

Y al fin, con su mismo daño

Vino ella á ser la engañada,

Pues mis extremos creyó;

Siendo así, Don Luis, verdad

Que alma, vida y voluntad

La Doña Ana me robó;

Porque una vez persuadido

De que me llamaba á mí

Y hallarla despues allí,

Me empeñó en haber creido

Que ella fué quien me llamó.

D. Luis.

Vos teneis lindo despejo.

D. Hipól.

¿Fuera más cuerdo consejo

Darme por vencido?

D. Luis.

No.

Mas á haberme sucedido

A mí lo que á vos con ellas,

Jamás volviera yo á vellas

De turbado y de corrido.

D. Hipól.

Fuera linda necedad.

Puntualidades teneis

Tan necias, que pareceis

Caballero de ciudad.

Mira, si aquesta fortuna

A corrella te acomodas,

Querer por tu gusto á todas,

Por tu pesar á ninguna.

ESCENA X.

DOÑA ANA y DOÑA LUCÍA, vestidas como Doña Clara. — DON HIPÓLITO, DON LUIS.

D.ª Luc.

Ya estás en el Parque, ya (Ap. las dos.)

Decirme, señora, puedes

Con qué intento deste modo

A su hermoso sitio vienes.

D.ª Ana.

Si has de verlo, ¿para qué

Ahora que lo diga quieres?

Que es retórica excusada

Decir las cosas dos veces,

Y más cuando están tan cerca

De suceder, que presente

Está el que vengo buscando.

D.ª Luc.

(Ap. á ella.) El hombre, señora, es este

De los engaños de ayer,

Si mis ojos no me mienten.

D.ª Ana.

Por él lo digo; pues solo

He salido á hablarle y verle,

Donde por la obligacion

Que á ser caballero tiene,

Desengañe mi opinion;

Pues los que son más corteses

Caballeros, siempre amparan

El honor de las mujeres.

D.ª Luc.

¿Para aquesto de tu casa

Al Parque, señora, vienes,

Donde es una culpa más

Si aquí acertaran á verte?

D.ª Ana.

Don Juan está retraido

Donde quiera que estuviere,

Y solo, á este sitio, donde

Hay tal concurso de gente,

No se atreverá á venir.

Y así más seguramente

Es donde le puedo hablar.

D.ª Luc.

¡Plegue á Dios que no lo yerres!

D.ª Ana.

Tápate, y llega á llamarle.

Dí que una mujer pretende

Hablarle: que se retire

Del amigo con quien viene.

D.ª Luc.

(A Don Hipólito.) Caballero, una tapada

A solas hablaros quiere,

Que es la que mirais. Seguidnos.

D. Hipól.

(Ap. Doña Clara es, claramente

Lo dice el traje. Otra vez

Al engaño de ayer vuelve;

Mas hoy no lo ha de lograr.)

(Llégase, y habla á Doña Ana.)

Notable, vive Dios, eres,

Pues que tan mal te aseguras

De quien te estima y no ofende.

Si buscas satisfacciones

Mayores de las que tienes,

No es menester que me sigas,

Pues en el alma estás siempre.

D.ª Ana.

Por otra me habeis tenido:

En vuestras voces se infiere,

Y quiero desengañaros

Desde luego. ¿Conoceisme?

(Descúbrese.)

D. Hipól.

Otra vez me preguntasteis

En otra ocasion más fuerte

Eso mismo, y respondí

Que sí y que no; y me parece,

Pues siempre es una la duda,

Dar una respuesta siempre.

Sí os conozco, pues que os miro;

No os conozco, porque suelen

Los bienes pasarse á males,

Y hoy al revés me sucede.

D.ª Ana.

Seguidme hácia la Florida,

Porque hablaros me conviene

Donde estéis solo; y decidle

A ese amigo que se quede.

(Vanse las dos.)

D. Hipól.

Don Luis, de nueva aventura

Podeis darme parabienes.

Doña Ana es esta tapada.

Ahora no puedo hacerme

Engaño, que yo la he visto

Con mis ojos claramente.

¿Veis cómo fué la de ayer

Esta misma? ¿Veis si vuelve

A buscarme? Aquí os quedad,

Y murmurad, si os parece,

El haber dicho que tengo

Buena estrella con mujeres.

ESCENA XI.

DOÑA CLARA é INÉS, tapadas. — DON HIPÓLITO, DON LUIS.

Inés.

(Ap. á D.ª Clara.) Don Hipólito está aquí.

D.ª Clar.

Pues no andemos más, detente.

(Quédanse paradas Doña Clara é Inés; Don Hipólito, engañado por el traje, cree que son Doña Ana y Lucía, que esperan á que las siga, y se acerca y las habla.)

D. Hipól.

Ya os sigo. Guiad, señora

Doña Ana, donde quisiereis;

Que yendo con vos, hermosa

Deidad de estos campos verdes,

Cualquiera sitio será

La Florida; que le deben

A vuestros ojos de fuego

Y á vuestra planta de nieve

Púrpura y verde las flores,

Cristal y aljófar las fuentes.

D.ª Clar.

(Ap. Doña Ana dijo: ¡ay de mí!

Mas ¿qué nuevo engaño es este?

Mas no tarde en discurrillo

Quien averiguarlo puede.

La Florida es el lugar

Citado, y á él me conviene

Llevarle.) Venid.

D. Hipól.

(Ap.)Fortuna,

¡Oh cuánto mi amor le debe,

Pues seguro de los celos

De Doña Clara, me ofreces

A Doña Ana! Triunfo hermoso

De tu gran deidad es este.

(Vanse todos, y queda solo Don Luis.)

ESCENA XII.

DON JUAN. — DON LUIS.

D. Juan.

Hácia esta parte bajó

Doña Ana; que entre la gente

Que venía, la perdí

De vista. Pero no puede

Esconderse. Y es verdad;

Pues cuando á mí me mintiesen

Tantas señas, me dijera

Verdad mi infelice suerte.

Con Don Hipólito va

Hablando. Ya no hay que espere.

Muera de cólera y rabia

Quien de amor y celos muere.

D. Luis.

(Ap. ¡Válgame el cielo! ¡qué miro!

Don Juan de Guzman ¿no es este?)

¡Señor Don Juan de Guzman!

D. Juan.

¿Quién llama? (Ap. ¿Quién vió más fuerte

Confusion? Este es Don Luis.)

D. Luis.

Donde quiera que yo viere

A quien agravia mi sangre

Y á quien mi opinion ofende,

Primero que con la lengua,

Sin ceremonias corteses

Le saludo con la espada,

Voz de honor más elocuente.

Sacad la vuestra; porque

Con más opinion me vengue.

D. Juan.

Yo no he rehusado en mi vida

Con la mia responderle

A quien me habla con la suya.

Y si matarme os conviene,

Daos priesa; que si os tardais,

Os podrá quitar la suerte

Otra herida, y no es capaz

Una vida de dos muertes.

D. Luis.

No os respondo, porque ya

Hablar el acero debe.

(Riñen.)

D. Juan.

(Ap.) Con Doña Ana entró en la huerta

Don Hipólito. ¡Oh aleve

Pena! ¿Quién crêrá que allí

Me agravien, y aquí se venguen?

D. Luis.

Desguarnecióse la espada.

D. Juan.

Daros pudiera la muerte;

Pero porque echeis de ver

Cómo mi valor procede,

Y como debí de darla

A vuestro primo igualmente

(Pues el que fuera una vez

Traidor, lo fuera dos veces;

Porque ser uno cobarde

No es defecto que se pierde),

Id por espada, que aquí

Os espero.

D. Luis.

(Ap.¡Trance fuerte,

Pues quien me agravia me obliga,

Pues me halaga quien me ofende!

Mas ya sé qué debo hacer.)

Esperad, que brevemente

Volveré.

D. Juan.

Ya veis el riesgo

A que estoy, si aquí me viesen.

Y por quitarme del paso,

Puesto que veis que lo es este,

Dentro estoy de la Florida.

D. Luis.

Antes de un instante breve

A ella volveré á buscaros.

(Vase.)

ESCENA XIII.

DON JUAN.

¿Qué haré en penas tan crueles,

Que un inconveniente es

Sombra de otro inconveniente?

Cuando sigo un daño, otro

En mi seguimiento viene;

Uno busco y otro hallo,

Y en todos no sé qué hacerme;

Que soy en un caso mismo

Persona que hace y padece.

Si á Don Hipólito sigo,

Falto á Don Luis neciamente;

Y si espero á Don Luis, falto

A mis celos. ¿Mas qué teme

Mi valor? ¿No es morir todo?

Máteme el que ántes pudiere,

Don Hipólito ó Don Luis:

Pues cosa justa parece,

Si me busca al que yo ofendo,

Que busque yo el que me ofende.

(Vase.)


La Florida.

ESCENA XIV.

DOÑA CLARA, DON HIPÓLITO.

D. Hipól.

En aqueste hermoso márgen,

En este florido albergue,

Que la hermosa primavera

A tanto estudio guarnece,

Podeis decirme, señora

Doña Ana, lo que á esto os mueve

(Pues ya sabeis que he de estar

A vuestro servicio siempre),

Y no esa grosera nube

Tan bellos rayos afrente.

Amanezca vuestro sol,

Pues ya el del cielo amanece.

D.ª Clar.

Yo haré lo que me mandais;

Que á conceptos tan corteses,

Que á discursos tan galantes,

Hace mal quien no obedece.

(Descúbrese.)

D. Hipól.

(Ap.) ¡Doña Clara es, vive Dios!

D.ª Clar.

¿Qué os admira? ¿Qué os suspende?

Yo soy: proseguid, que va

El discursillo excelente.

D. Hipól.

Ni me suspendo ni admiro,

Sino sólo de que pienses

Que no te habia conocido,

Y sabido que tú eres.

Pero quíseme vengar

De que salgas desta suerte

De casa, trocando el nombre.

D.ª Clar.

¡Oh qué anciano chiste es ese!

D. Hipól.

¡Vive Dios, que cuando dije

A Don Luis que no viniese

Tras mí, le dije quién eras!

Venga él, y si no dijere

Que es verdad, castiga entónces

Mis culpas con tus desdenes.

Yo voy por él, y dirá...

D.ª Clar.

Todo cuanto tú quisieres.

No le llames.

D. Hipól.

Pues ¿por qué?

D.ª Clar.

Porque es el «Muñoz, que miente

Más que vos» del refrancillo.

D. Hipól.

No, no: mejor es que éntre

A desengañarte. (Ap. No es

Sino que yo busco este

Desahogo, con que pueda

Admirarme y suspenderme

De que de una mano á otra

Así una mujer se trueque.)

(Vase.)

ESCENA XV.

DON JUAN. — DOÑA CLARA, que al verle se echa el manto.

D. Juan.

(Ap. De toda la Florida

La esfera, de matices guarnecida,

Celoso he discurrido,

Y hallar en ella ¡ay cielos! no he podido,

Mis celos. ¿Cuándo ¡cielos!

Se hicieron de rogar tanto los celos,

Que se esconden buscados?

Mas huyen porque están ya declarados.

¿No es aquella Doña Ana?

Vano es mi enojo, y mi venganza vana,

Pues sola la he encontrado.

¿Quién crêrá que es tan necio mi cuidado,

Que me pesa de vella,

No estando Don Hipólito con ella?

Volverme quiero. Pero ¿cómo ¡cielos!

Podré? que son mis rémoras los celos.)

Fiera enemiga mia, (A ella.)

Falsa sirena y engañosa arpía,

Esfinge mentirosa,

Aspid de nieve y rosa,

¿Dónde está aquel amante

Que tan firme te adora, tan constante,

Porque me vengue en él de tí mi acero,

Y no en tí dél mi lengua?

D.ª Clar.

Caballero,

Vos venís engañado

Con tanta pena y tanto desenfado;

Pues ocasion no ha habido,

(Descúbrese.)

Para que á mí, tan necio y atrevido

Me hableis, sin conocerme, con desprecio.

D. Juan.

Decís bien: atrevido anduve y necio.

Por otra dama os tuve;

Que como á luna y sol guarda una nube,

Con embozo de sol hallé una luna.

Perdonad, mi señora,

Que no hablaba con vos.

ESCENA XVI.

DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA. — DOÑA CLARA, DON JUAN.

D.ª Ana.

Yo puedo ahora

Serviros de testigo,

Pues no hablaba con vos, sino conmigo.

D.ª Clar.

Pues si con vos hablaba,

Hable con vos, que aquí mi enojo acaba.

(Vase.)

ESCENA XVII.

DOÑA ANA, DON JUAN, DOÑA LUCÍA.

D.ª Ana.

Mucho me alegro, Don Juan,

De que hayais llegado á tiempo

Que os desengañen y engañen

A vos vuestros ojos mesmos;

Porque si vos padeceis

A un mismo instante esos yerros,

Ya es fuerza que lo creais,

Como quien pasa por ellos;

Pues pensar que lo que vos

Crêis, no puede otro creerlo,

Es hacer más advertido

Al otro, y á vos más necio;

Y no hay ninguno que quiera

Tan mal á su entendimiento.

D. Juan.

¡Oh, qué necio desengaño,

Doña Ana, pues cuando veo

Que es verdad que me engañaron

Mis ojos, tambien advierto

Que el desengaño me ofende,

Pues tú le traes á este puesto!

Luego engaño y desengaño

Todo ha sido engaño: luego

No te puedes excusar

Del agravio de mis celos;

Pues hoy, como del engaño,

Del desengaño me ofendo;

Pues el engaño era agravio,

Y el desengaño desprecio.

D.ª Ana.

En haber venido aquí,

Ni te engaño ni te ofendo;

Pues por tí sólo he venido.

D. Juan.

¿Pues pudiste tú saberlo?

D.ª Ana.

No; mas pude adivinarlo,

Desta manera viniendo

Para hacer que te buscara

Don Hipólito.

D. Juan.

¿A qué efecto?

D.ª Ana.

A efecto de que te diese

La satisfaccion él mesmo.

D. Juan.

¡Oh qué necia prevencion!

Porque cuando da muy necio

El que fué segundo amante

Al que fué amante primero,

De celos satisfacciones,

Es cuando le da más celos.

D.ª Ana.

No hagas graduacion de amores;

Que no soy mujer que puedo

Tener primero y segundo.

D. Juan.

Calla, calla, que me acuerdo

De una noche... Pero aquí,

Más que yo, dice el silencio.

D.ª Ana.

¡Pluguiera á Dios, las disculpas

Que yo desa noche tengo,

Pudiera significarte!

Pero puedo, si no puedo,

Con decir que soy quien soy.

D. Juan.

¡Ojalá bastara eso!

D.ª Ana.

Sí bastara, si me amaras.

D. Juan.

Porque te amo, no te creo.

D.ª Ana.

Pues ves aquí que en mi casa

Anoche un hombre encubierto

Estaba, que allí se entró...

D. Juan.

Dí.

D.ª Ana.

De la justicia huyendo.

Y en efecto, enternecido

A mi llanto ó á su esfuerzo,

Se fué. Y si le vieras tú

Salir de mi casa, es cierto

Que pagara yo la pena

De la culpa que no tengo.

D. Juan.

No hiciera, cuando aquel hombre

Fuera un hombre como Arceo,

Que es el que anoche en tu casa

Escondido y encubierto

Le tuvo Doña Lucía.

D.ª Luc.

(Ap.) ¡Por Dios, que me ven el juego!

D.ª Ana.

¿Qué dices?

D. Juan.

Lo que es verdad.

D.ª Ana.

¿Hay tan grande atrevimiento?

D. Juan.

Pero siendo un hombre noble

El que entónces quedó muerto,

Y abriendo con llave, ¿no

Entraba?... Pero no quiero

Pronunciarlo, por no ser

Víbora yo de mi aliento.

Quédate á Dios, que le guarde,

Doña Ana, para otro dueño;

Que son muchos desengaños

Para un hombre que va huyendo.

(Ap. Por esperar á Don Luis

Solo me voy y me quedo.)

(Vase.)

D.ª Ana.

¡Tente, espera, escucha, aguarda!

¿Quién crêrá mis sentimientos?

ESCENA XVIII.

DON HIPÓLITO, y tras él DOÑA CLARA, siguiéndole. — DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA.

D. Hipól.

(A Doña Ana.) No pude hallar á Don Luis

En todo el Parque...

D.ª Clar.

(Ap.)Yo vuelvo

Tras Don Hipólito, á ver

En qué paran sus enredos.

D.ª Luc.

(Ap.) ¡Que hubiese tan mala lengua!

D. Hipól.

(A D.ª Ana.) Pero, vive Dios, que es cierto,

Clara, que te conocí

Desde el instante primero.

D.ª Ana.

No hicisteis, porque si hubierais

Conocídome, sospecho

Que no os debiera mi honor,

Don Hipólito, estos riesgos:

Advertid que hablais conmigo.

(Descúbrese.)

D. Hipól.

(Ap.) ¿Qué tramoya es esta, cielos?

D.ª Clar.

No hablaba sino conmigo,

Como vos dijisteis, puedo

Decir yo; que yo tambien

Quien hable conmigo tengo.

(Descúbrese.)

D. Hipól.

(Ap.) ¡Vive Dios, que me han cogido

Por hambre las dos en medio!

D.ª Ana.

Pues aunque vos me imitais

A mí, imitaros no puedo

Yo á vos; que no he de dejaros

Sin averiguar primero

Un engaño con los dos.

D.ª Luc.

(Ap.) ¡Que haya en el mundo parleros!

D. Hipól.

Pues ¿qué esperais?

D.ª Ana.

Un testigo

Que ha de oirlo y ha de verlo...

Y él viene ya; que esta sola

Piedad al cielo le debo.

ESCENA XIX.

DON PEDRO, DON JUAN, ARCEO. — Dichos.

D. Ped.

No habeis de ir desa suerte,

Ya que en el Parque os encuentro,

Despues que toda la noche

Os busqué.

D. Juan.

Mirad que tengo

Que hacer, y me va el honor.

D. Ped.

Oid á Doña Ana primero.

Arceo.

¿Qué hay, Lucía? (Ap. á ella.)

D.ª Luc.

Parlerías.

Ya todo se sabe, Arceo.

D.ª Ana.

¡Gracias á Dios que llegais,

Don Juan, una vez á tiempo

Que mi verdad conozcais!—

Decid, Doña Clara, ¿es cierto

Que ayer fuisteis á mi casa,

De Don Hipólito huyendo,

Y que él creyó que yo fuí

La tapada?

D.ª Clar.

Sí, y queriendo

Cortesanamente hacerle

Una burla, escribí luégo

Un papel en vuestro nombre.

Y en la casa de Don Pedro

Le fuí á ver, donde pasó

Lo que proseguirá él mesmo.

D.ª Ana.

Con esto, Don Juan, he dado

Los desengaños que puedo.

El cielo en los otros hable,

Pues solo los sabe el cielo.

ESCENA XX.

DON LUIS. — Dichos.

D. Luis.

¡Señor Don Juan de Guzman!

D. Ped.

(Ap.) Peor se va poniendo esto.

Arceo.

(Ap.) ¡Por Dios que le ha conocido

Don Luis, el primo del muerto!

D. Hipól.

(A Don Luis.) ¿Este es Don Juan de Guzman?

El no conocerlo siento,

Para haber en vuestra ausencia

Hecho...

D. Luis.

Esperad, deteneos;

Que este duelo ha de vencer

La hidalguía, y no el acero.

D. Juan.

Pudiérades esperar

A verme solo en el puesto.

D. Luis.

Importa que haya testigos

Para lo que hacer intento.

A que fuese por espada,

Que se me quebró riñendo

Con vos, me disteis lugar:

Si tardo, disculpa tengo,

Pues por haberos escrito

Este papel me detengo.

De la causa en que soy parte,

Este es el apartamiento;

Que si deudor de una vida

Erais mio, y noble y cuerdo

Me la disteis, contra vos

Derecho ninguno tengo.

Y si entónces no lo hice,

Fué porque allí, no teniendo

Espada, no presumierais

Que os daba el perdon de miedo;

Y así os le entrego, Don Juan,

Cuando en la cinta la tengo.

D. Juan.

No sólo me dais la vida,

Sino el honor; y pues viendo

Estais la dama que fué

La ocasion deste suceso,

Ella os pague con los brazos

Lo que con almas no puedo.

D.ª Ana.

Pues con vuestras amistades

Todas las nuestras hacemos.

D.ª Clar.

No hacemos; porque si ya

No tengo quien me dé celos,

No tengo á quien quiera bien.

D. Hipól.

Pues ¿hay más de no quereros?

D.ª Ana.

Arceo y Doña Lucía

Se casen luégo al momento.

Arceo.

¿Mas que nace el Ante-Cristo

De Lucías y de Arceos?

D. Juan.

Mañanas de Abril y Mayo

Dan fin: perdonad sus yerros.