JORNADA PRIMERA.
Campo y bosques á la orilla del Peneo.
ESCENA PRIMERA.
Villanos, DAFNE, CÉFALO, SILVIO.
Villanos.
(Dentro.) Huid, pastores, huid,
Que anda en el monte la fiera.
Dafne.
(Dentro.) ¿No hay quien me socorra?
¿No hay quien me defienda?
Céfalo.
(Dentro.) Sí, miéntras yo viva.
Silvio.
(Dentro.) Sí, mientras yo muera.
(Salen Silvio y Céfalo, pastores galanes, trayendo entre los dos desmayada á Dafne, vestida en traje de ninfa bizarra.)
Dafne.
¡Ay de mí, infelice!
Céfalo.
Ya nada hay que temas:
Cóbrate y anima.
Silvio.
Descansa y alienta.
Dafne.
¿Cómo podré, si he llegado
A ver que me han socorrido,
Silvio, á quien he aborrecido,
Y Céfalo, á quien he amado?
Y no habiendo uno estimado
Mi amor, y otro sí, mi fiero
Desden dudó cuál primero
Lugar en mi riesgo adquiere,
Quien logra lo que me quiere,
O paga lo que le quiero.
Y así, habré de suspender
Las gracias, hasta apurar
Qué accion es más singular,
Obligar ó agradecer:
Y pues hoy no habeis de ver,
Vos favor, ni desden vos,
Confórmeos el ciego dios;
Que aunque me hallo agradecida,
Es poca alhaja una vida
Para partida con dos.
Céfalo.
Yo, hermosa Dafne, nací
Más al estudio inclinado
Que al amor; y habiendo hallado
En ese siempre turquí
Libro azul, en que aprendí
Del docto maestro del dia
Judiciaria astrología,
Que habia de venir á ser
La beldad de una mujer
Su destruicion y la mia,
Negué una y otra deidad
De Amor y Vénus, y sólo
En las cátedras de Apolo
Mantuve mi libertad.
Dígalo tu voluntad,
Pues el dia que llegué
A verme dichoso, en fe
No de mi merecimiento,
Sino en fe del cumplimiento
De mi opuesto hado, dejé
La patria con tan vil traza,
Como el huir mi desdicha
Desde luégo de una dicha,
De miedo de una amenaza.
Viendo, pues, cuánto embaraza
La ausencia al amor, volví
Creyendo que ya habria en tí
Hecho su efecto veloz:
A donde siendo tu voz
La primer cosa que oí,
A socorrerte llegué.
Y aunque hasta aquí hablé grosero,
Desde aquí perder no quiero
El mérito que gané;
Que si agradecido fué
Mi afecto, y amante ha sido
El de Silvio, yo he vencido;
Pues si puede el más constante
Ser noble sin ser amante,
No sin ser agradecido.
Silvio.
Yo más ciencias no aprendí
Que el arte de amar: si fué
El mejor libro, no sé;
Pero presumo que sí;
Que si lo fué para tí
Del sol el claro arrebol,
El sol de Dafne crisol
Fué de mi fe: ella dirá
Si de ciencia á ciencia va
Lo que va de sol á sol.
Si tú ántes de sucedido,
Hallaste que habia de ser
Tu peligro una mujer,
Yo hallé que ya lo habia sido;
Y si, buscando un olvido,
Tú te ausentaste, yo fiel
Acudo á un rigor cruel:
¿Quién, pues, morirá mejor?
¿Tú por huir de un temor,
O yo por volver á él?
Haber á tiempo llegado
Que la hayamos socorrido
Los dos, es haber querido
Ponerse una vez el hado
De parte del desdichado,
En quien con el desden crece
El amor; que el que se ofrece
Amado á cualquier fatiga,
Satisface; mas no obliga:
Cumple; pero no merece.
Y aunque para la cuestion
Basta la razon que he dado;
Habiendo Dafne tomado
Plazo á la satisfaccion,
No quiero tener razon,
Sino darme por vencido;
Y así, que suspenda pido
A quien las gracias previene;
Que, áun en tenerla, no tiene
Razon un aborrecido.
Y para atajar la duda,
La he de preguntar (dejando
Al tiempo, que él sabe cuando
Con el desengaño acuda),
¿Qué ocasion helada y muda,
Despues que las voces dió,
En la falda la dejó
Del monte donde la hallamos?
Céfalo.
Dices bien.—Dafne, sepamos
Qué fué tu peligro.
Dafne.
Yo
Os lo diré, agradecida
A la dilacion, pues basta
Que reconozca la deuda,
Miéntras no sé á quién pagarla.
Ya sabeis... (Pero es forzoso
Que de noticias me valga,
Que nunca por muchas sobran,
Y tal vez por una faltan)
Que este enmarañado monte,
Que en Tesalia, nuestra patria,
Es verde coluna, en quien
Del cielo el eje descansa,
Albergue fué de Fiton,
Aquel mágico, que en várias
Diabólicas ciencias diestro,
Quitó á los dioses la sacra
Adoracion de sus doctos
Simulacros, pues que en claras
Voces habló en esqueletos
Mejor que ellos en estatuas.
Oráculo pues de todas
Las gentes destas montañas,
Ya no eran Apolo y Vénus
Sus auxiliares, con tanta
Desestimacion, que habiendo
En esas dos cumbres altas
Dos templos suyos, apénas
Vimos por edades largas
En sus piadosos umbrales
Ni áun huella de humana planta,
Porque á la lóbrega gruta
De Fiton era á quien daban
La fe y el voto, teniendo
Sus respuestas por más sábias.
Viendo pues las dos deidades
Ya sus antorchas sin llama,
Sus altares sin ofrenda,
Y sin víctimas sus aras,
Ofendidas dispusieron,
En religiosa venganza,
Que Peneo, padre mio,
En cuyas ondas de plata
Me abortó marina ninfa,
Embrion de fuego y agua,
Rompiese el márgen, talando
Con obedecida saña
Las bárbaras poblaciones
De todas estas comarcas:
En cuya undosa avenida
Todos del monte se amparan,
Haciendo de sus peñascos,
De sus troncos y sus ramas
Contra pólvora de nieve
Rebellines de esmeralda.
Los sacerdotes de Apolo,
Y de Vénus las sagradas
Sacerdotisas, en vez
De dar abrigo á sus ánsias
Les intimaron sentencia
De muerte: con que cerradas
Las puertas de entrambos templos,
Reconocieron ser causa
De su estrago la ojeriza
De los dioses; y trocada
La estimacion de Fiton
En ira, en cólera y rabia,
En su mal vivo cadáver
Ensangrentaron las armas.
(¿Qué deja al enojo el que
Por el desenojo mata?)
Templó el homicidio el ceño,
Reducida la amenaza
De la inundacion al coto
De las márgenes que hoy guarda;
Pero apénas el peligro
Cesó, cuando en vez de gracias,
Dieron á los cielos quejas,
Lamentando más la falta
Del mago Fiton, que no
La culpa que fué la causa:
Con que enojados segunda
Vez los dioses, la pasada
Ruina trocaron en otra,
Para cuya cruel, extraña
Ira os prevengo, ya que
Si hasta aquí supisteis, haya
Novedad desde aquí, oyendo
Lo que en vuestra ausencia pasa.
El monte que zozobrado
Bajel fué, y de la resaca
A los embates quedó
Mal enjuto de las claras
Luces del sol, y no bien
Oreado de las auras,
En corrompidos vapores
De ovas, légamos y lamas,
Se pobló de inmundos monstruos
Desde la cumbre á la falda,
Entre cuyas venenosas
Especies, la más tirana,
Más horrorosa, más fiera,
Más terrible y más infausta,
Fué una escamada serpiente,
Que abrigándose en la estancia
De la cueva de Fiton,
Motivó á las siempre vagas
Supersticiones del vulgo,
Ser de su cadáver alma.
Esa pues ni ave, ni fiera,
Ni pez, siendo así que en agua,
En tierra y aire, pez, fiera
Y ave, corre, vuela y nada;
Sirviéndose para todo,
En el aire de las alas,
En la tierra de los piés,
Y en el mar de las escamas;
Con su anhélito el ambiente
Infesta, siempre que brama;
Y siempre que pace ó bebe,
Con su espuma, ondas y plantas:
Tanto, que apénas hay flor,
Que no sea avenenada
Cicuta, siendo ya en todo
El orbe ponzoña amarga,
Para el abuso de hechizos,
De ilusiones y fantasmas,
La ménos tocada yerba
De los montes de Tesalia.
No en esto solo el estrago
De tanto escándalo pára,
Sino en que, bandido monstruo
De todas estas campañas,
Los errados peregrinos
Y moradores asalta
Hasta que unos y otros sean
De sus presas y sus garras
Sangriento despojo: á cuyo
Terror, viendo cuánto engaña
Peligro que no escarmienta,
Volvió á sus primeras ánsias
El vulgo, reconociendo
Que no hay medios que le valgan,
Que no sean acudir
Con dones, feudos y párias
A los enojados dioses;
Pues cuanto más los agravia
Nuestro error, tanto más nuestro
Rendimiento los aplaca.
Y así, en divididas tropas
De mil festivas escuadras,
Que con varios instrumentos
Himnos á ambos dioses cantan;
Al templo de Apolo hoy suben,
Los hombres por una banda,
Y las mujeres por otra
Al templo de Vénus, para
Que ofrendas y sacrificios
Mejoren sus esperanzas.
Yo, que, al ruido, dejé el coro
De ninfas, y acompañada
De unos rústicos villanos,
Seguir quise las estampas
Del femenil escuadron,
Sentí moverse unas matas;
Y presumiendo que fuera
Alguna pequeña caza
Que llevar al sacrificio,
Seguirla quise y matarla.
Pero apénas la torcida
Senda dejé, y de la aljaba
Al arco puse la flecha,
Cuando entre las verdes jaras
De un ribazo, á quien servian
De entretejida muralla
Sobre dos desnudas peñas
Cuatro mal vestidas zarzas,
El monstruo ví, á cuyo horrible
Asombro volvió la espalda
La amedrentada cuadrilla,
Y yo absortamente helada,
«¿No hay quién me socorra?» juzgo
Que dije, y di desmayada
En tierra, donde no supe
De mí (¡ay infelice!), hasta
Que en los brazos de los dos
Perdí el susto y cobré el habla.
Y pues se deja inferir
Que mañosamente incauta
La fiera, estaba en acecho,
Y al ver tanta gente y armas,
A ocultarse al monte iria,
Con el instinto que alcanza,
Quizá heredado de quien
La dió el nombre, pues la llaman
Todos el monstruo Fiton;
Y pues con su fuga pasa
De un susto en otro la duda
De á quién le debo las gracias;
Por no agraviar á ninguno
(Puesto que mujer que paga
A dos, á ninguno obliga,
Y ántes á entrambos agravia),
Quiero á segunda experiencia
Dejar la duda fiada:
Y así, el que desde hoy (oid)
Por mí una fineza haga,
Será quien de mi socorro
Merezca el triunfo y la palma.
La fineza ha de ser que
Tú, Céfalo, que con tanta
Vanidad no amar blasonas,
Finjas amar; tú, que amas,
Silvio, finjas que aborreces:
De manera que trocadas
Las inclinaciones, vea
Yo en tí rendimientos y ánsias,
En tí olvidos y desdenes;
Que el que con mayor ventaja
Disimulare su afecto,
Y el no afecto suyo traiga
Más desmentido á mis ojos,
Será el que vencido haya
En la cuestion. Y porque
(Dentro grita de villanos.)
Ya de entrambos templos bajan
Las tropas haciendo á un tiempo
Con festivas consonancias
De instrumentos y de voces
Unas á otras la salva,
Cautelad vuestras pasiones;
Que yo librando la paga
Del socorro de mi vida
A una experiencia tan rara,
He de ver quién hace más
En servicio de una dama:
Quien lo que ama disimula,
O finge lo que no ama.
Silvio.
Advierte que no es igual
El partido; que me encargas,
Dafne, á mí lo más difícil.
Céfalo.
¿Qué lo más difícil llamas?
Silvio.
Disimular un afecto,
Que mudo volcan del alma,
Siempre está ardiendo, y no es
Posible que modo haya
Con que la llama se oculte,
Para que sin humos arda.
Céfalo.
¿Cuánto es más dificultoso
Querer que donde no hay llama,
Haya, ni áun humo, pues no
Respira él donde ella falta?
Silvio.
Caer en defectos es fuerza
El que disimula que ama,
Pues lleva dentro de sí
Quien lo contrario le manda.
Céfalo.
¿Cuánto es más forzoso que
En ellos quien finge caiga,
Pues no lleva quien le acuerde
El precepto que le encargan?
Silvio.
Sí, mas ¿cómo dormirá
Afecto que no descansa,
Teniendo siempre al oído
Despertador que le llama?
Céfalo.
¿Y cómo despertará
A las horas señaladas
El que sin despertador
Goza el sueño en quietud blanda?
Silvio.
¿Podrá representar bien
Uno un papel, cuando anda
Ofuscada la memoria
Con los versos de otra farsa?
Céfalo.
Podrá atenerse al apunto,
Que desde dentro le habla,
Que es lo que no podrá hacer
El que áun apunto le falta.
Silvio.
Fingir es accion que no
Hace uno en hacerla nada,
Pues hace por obediencia
Lo que otros hacen por gala.
Céfalo.
Ménos el que disimula
Hace, pues es cosa clara
Que mandarle que no diga
Es mandarle que no haga.
Silvio.
¿Y no hace harto en padecer
El que padeciendo calla?
Céfalo.
No, que el que calla no tiene
La obligacion del que habla,
Pues le obliga á que sea bueno,
Y á esotro el callar le basta.
Silvio.
Quien finge...
Céfalo.
Quien disimula...
Silvio.
No siente.
Céfalo.
No espera.
Dafne.
Basta; (Ruido dentro.)
Que el tiempo lo dirá... y más
Cuando vuestra porfía atajan
Las tropas, que ya del monte
Al valle vuelven, mezcladas
Unas con otras, bailando
Al compas de lo que cantan.
Silvio.
Pues aunque tema ser yo
Quien á lo más se adelanta,
Desde aquí desengañado
Mi amor, en tu vida, ingrata,
Verás en mí sino olvidos,
Desdenes, ceños, mudanzas.
Dafne.
Aun no sentidos, disuenan
Los desaires.
Céfalo.
Porque nada
Quede á deberte, divina
Dafne, rendido á tus plantas,
En tu vida en mí verás
Sino amor, finezas y ánsias.
Dafne.
Aun fingidos suenan bien
Rendimientos. (Ap. ¡Ay del alma
Que se da á tan vil partido,
Como vivir engañada
De afecto que agravia huyendo,
Y afecto que amando agravia!)
ESCENA II.
Salen por un lado FLORA, BATA y otras zagalas; y por otro salen LAURO, RÚSTICO y otros zagales, todos con instrumentos, cantando y bailando.—DAFNE, CÉFALO, SILVIO.
Coro 1.º
(de zagalas.) ¡Viva la gala...
Coro 2.º
(de zagales.)¡Viva la gala....
Coro 1.º
De la madre del Amor...
Coro 2.º
Del hijo del alba...
Coro 1.º
De la diosa de la hermosura,
El donaire y la gracia!
Coro 2.º
Del que es dios en valles y montes,
De flores y plantas!
Todos.
¡Viva la gala, viva la gala
De la madre del Amor,
Del hijo del alba!
Zag.ª 1.ª
¡Viva la gala de aquella
Clara vespertina estrella,
Que en seguir del sol la huella
La primera se señala!
Todos.
¡Viva la gala!
Zagal 1.º
¡Viva la gala de aquel
Siempre amante, siempre fiel
Astro, que en saliendo él
Todos los demas iguala!
Todos.
¡Viva la gala!
Bata.
Tambien mi copra ha de ir.
Rústico.
Y la mia.
Unos.
Vaya.
Otros.
Vaya.
Bata.
¡Viva la gala dichosa
De la que en el cielo es diosa,
Y por acá es otra cosa,
No sé si buena ó si mala!
Todos.
¡Viva la gala!
Rústico.
¡Viva la gala, y la accion
Del padre de Faraon,
Que ha de matar al figon,
Que á sí solo se regala!
Todos.
¡Viva la gala, viva la gala
De la madre del Amor,
Del hijo del alba!
Dafne.
Decidme, galan pastor...
Rústico.
Fuera, que conmigo habra.
Dafne.
Decidme, zagala bella...
Bata.
Y conmigo.
Dafne.
¿Qué es la causa
De que tan alegres todos
Volvais á vuestras cabañas,
Despues de los sacrificios
Que habeis hecho?
Bata y Rústico.
Oye, y sabrásla.
Bata.
La diosa Véras...
Rústico.
El dios
Pollo...
Bata.
Calla, tonto.
Rústico.
Calla,
Sabida.
Bata.
Yo he de decirla.
Rústico.
Eso no: yo he de contarla.
Bata.
A mí me la pescudó,
Pues dijo «bella zagala.»
Rústico.
Y á mí, pues dijo «galan
Pastor.»
Lauro.
Quita, loco.
Flora.
Aparta,
Necia.
Rústico.
¿Es más galan pastor
Usted que yo?
Bata.
¿Es más bizarra
Zagala usted que yo?
Flora y Lauro.
Oye,
Dafne, y sabrás lo que pasa.
Lauro.
Mas si va á decirlo Flora,
La primacía he de darla;
Que la urbanidad más ruda
Se precia de cortesana
Con la belleza.
Flora.
Aunque no
Lo es la mia, he de aceptarla.
Al templo de Vénus, Dafne
Bella, deidad soberana
De las ninfas del Peneo,
Llegamos, donde postradas
Todas, hicimos rendida
Adoracion á sus plantas.
Las ofrendas que llevamos
Pusimos sobre sus aras,
Y en devota aclamacion,
Mezclamos en voces altas
Endechas que el temor llora,
Con himnos que el amor canta.
La diosa (que hasta las diosas
Con las dádivas se ablandan)
En voz de su estatua dijo
Que el sacrificio aceptaba,
Y que el Amor, descendiendo
De su soberano alcázar,
Con las plumas de sus flechas
En las plumas de sus alas,
Sería quien presto nos diese
De aquesta fiera venganza.
Lauro.
Lo mismo Apolo nos dijo,
Y que usando de las armas
Con que Délfos, cazador
Le vió un tiempo en sus montañas,
A Tesalia disfrazado
Vendria: en cuya esperanza
Volvemos cantando todos
En hacimiento de gracias...
Ella y Todos.
¡Viva la gala
De la madre del Amor
Del hijo del alba!
Dafne.
Pues yo, hasta llegar tambien
A la orilla que de nácar
Guarnece el sacro Peneo,
Con tales nuevas, ufana
Con todos iré.
Silvio.
Y tras tí
Quien adora las estampas
De tu pié.
Dafne.
¿Tan presto yerras,
Silvio, el papel que estudiabas?
Silvio.
Olvidóseme que habia
De olvidar; mas ya, tirana,
Mas ya, aleve, mas ya, fiera,
Equivocando las ánsias
Que padezco verdaderas,
Con las que desmiento falsas,
Iré huyendo de tu vista. (Vase.)
Dafne.
Céfalo, ¿cómo no tratas
Seguirme cuando me ausento?
Céfalo.
¡Ah, sí! no se me acordaba
De que estoy enamorado.
Ya voy siguiendo tus claras
Luces.
Dafne.
¡Qué mal se domeñan
Inclinaciones contrarias!
Flora.
Hasta llegar á la orilla
Vaya de música.
Todos.
Vaya.
(Cantan.)
¡Viva la gala, viva la gala
De la madre del Amor,
Del hijo del alba;
De la diosa de la hermosura,
El donaire y la gracia;
Del que es dios en valles y montes,
De flores y plantas!
¡Viva la gala
De la madre del Amor,
Del hijo del alba!
(Vanse cantando y bailando, y quedan Bata y Rústico.)
ESCENA III.
RÚSTICO, BATA.
Rústico.
¿No es bueno que hasta el bailar
Por valles y montes cansa?
Bata.
Rústico, ¿cómo te quedas?
Rústico.
Cansado me quedo, Bata,
A tomar aliento, aunque
Si viera que te quedabas
Tú, me fuera por no verte.
Bata.
Mal el pergeño me pagas
Con que pienso que te quiero,
Si es que el magin no me engaña.
Rústico.
Pues engáñete el magin,
Si es posible; que yo hasta
Que encuentre á quien me merezca,
No he de amar.
Bata.
Pues, alimaña,
¿Quién que te merezca quieres
Sino una desesperada
Como yo?
Rústico.
Pues ¿habrá más
De estarme, como me estaba,
Morgollo de amor?
Bata.
Pues él
Venir tiene á las montañas,
Yo me quejaré á él de tí.
Rústico.
¿Cómo, díme, mentecata,
Le has de conocer, si Amor
Para venir se disfraza?
Bata.
Los dioses, áun disfrazados,
Dan de quién son señas craras,
Que no habran como mosotros.
Rústico.
Pues ¿de qué manera habran?
Bata.
Con tan dulce melodía,
Tan süave consonancia,
Que siempre suena su voz
Como música en el alma:
Y así, en oyéndole que hace
Gorgoritas de garganta,
Cátale Dios.
Rústico.
El sabello
Es bien, porque todos hagan
Esa distincion. Mas díme,
¿Todo lo que dicen cantan?
Bata.
Cuando habran entre sí,
¿Qué sé yo lo que les pasa?
Fuera de que ¿quién les quita
Que tal vez?...
ESCENA IV.
Villanos.—Dichos.
Villanos.
(Dentro.)A la montaña,
Pastores.
Otros.
(Dentro.)Al bosque.
Otros.
(Dentro.)Al rio.
Otros.
(Dentro.) Al monte.
Otros.
(Dentro.)Por aquí ataja.
Bata.
Pero ¿qué es esto?
Villanos.
(Dentro.)Pastores,
Huid del valle, porque baja
A él la fiera.
Bata.
¡Ay de mí triste!
Rústico.
De mí alegre, si te agarra
Primero que á mí.
Bata.
No hará,
Que asida yo á tus espaldas,
Primero ha de dar contigo.
(Al huir él, se ase ella de sus espaldas sin verla: él huye, y ella tras él.)
Rústico.
¡Ay señores! ya me agarra,
Ya me trincha, ya me muerde,
Ya me engulle, ya me masca.
Bata.
¿Qué tiembras, que áun no es la fiera,
Mentecato, quien te traga?
Rústico.
Pues ¿quién me tiene?
Bata.
Yo soy.
Rústico.
Aun peor está que estaba;
Que fiera por fiera, no
La quedas á deber nada.
Mas yo huiré por esos trigos.
Bata.
Y yo por esas cebadas.
(Desásese de ella, y al entrarse cada uno por su lado, sale por el de Bata Cupido vestido de pastor, y Apolo de cazador por el otro, cantando todo lo que representan.)
ESCENA V.
CUPIDO, APOLO.—RÚSTICO, BATA.
Apolo.
Díme, bárbaro pastor...
Cupido.
Díme, rústica villana...
Apolo.
Si fueron las voces tuyas...
Cupido.
Si fueron tuyas las ánsias...
Apolo.
¿En cuál destas duras quiebras...
Cupido.
¿En cuál destas peñas altas...
Apolo.
Es donde el monstruo se oculta?
Cupido.
Es donde la fiera anda?
Rústico.
Aunque usted me lo pescude
Con armonía tan branda...
Bata.
Aunque saberlo pretenda
Usted con dulzura tanta...
Rústico.
Que me da á entender que es Pollo,
Que viene en su busca á caza...
Bata.
Que piense que es Escopido,
Que ya ha venido á matarla...
Rústico.
No estó para echar el huelgo.
Bata.
No estó para echar el habra.
Rústico.
Si ella quedó de venir...
Bata.
Serpiente es de su palabra.
Rústico.
Por ahí esperarla puede. (Vase.)
Bata.
Por ahí puede aguardarla. (Vase.)
ESCENA VI.
APOLO y CUPIDO, sin verse.
Cupido.
Ya podeis pedir albricias,
Altos montes de Tesalia...
Apolo.
Ya, incultas selvas, podeis
Alentar con esperanzas...
Cupido.
Pues disfrazado pastor,
Amor á vosotros baja.
Apolo.
Pues en vosotros, fingido
Cazador, Apolo anda.
Cupido.
A aquella parte parece
Que se han movido las ramas.
Apolo.
Ruido entre aquellos peñascos
Han hecho troncos y plantas.
Cupido.
¿Si será el monstruo el que esconden?
Apolo.
¿Si es el Fiton el que guardan?
Cupido.
Mas ¡qué miro!
Apolo.
Mas ¡qué veo!
Cupido.
¿Qué te admira?
Apolo.
¿Qué te espanta?
Cupido.
Verte de cazador. ¿Dónde
Están de Admeto las vacas?
Apolo.
Mirarte á tí de pastor
En monte de fieras tantas.
Cupido.
¿Por qué, si matar al fiero
Fiton mi madre me manda?
Apolo.
Porque no sé que se hiciesen
Para los montes tus armas.
(Canta.) No desdores, Cupido,
Tu arco y tus flechas;
Que es desaire de hermosas
Que maten fieras.
Cupido.
(Canta.) Antes quiero que vean,
Sagrado Apolo,
Que del Amor las armas
Lo rinden todo.
Apolo.
Teme á los despenados,
No diga alguno
Que tus flechas se emplean
Bien en los brutos.
Cupido.
Cuando el bruto no sienta
De qué mal muere,
Sentirá por lo ménos
Sentir que siente.
Apolo.
Tu peligro recela;
Que no es trofeo
Tan gran monstruo de un niño
Desnudo y ciego.
Cupido.
Aunque el Amor es ciego,
Desnudo y niño,
¿Cuándo le ha retirado
Ningun peligro?
Apolo.
Yo he venido á esta empresa
Y ha de ser mia.
Cupido.
¿Quién habrá, sin ser loco,
Que á Amor compita?
Apolo.
Quien á tí adelantando
Su valor, sepa
De sus rayos adonde
Corre la fiera;
Y ántes que tú llegues,
La habré postrado.
Cupido.
Si tus rayos enferman,
Matan mis rayos:
Y así, aunque tú la encuentres,
Dirá mi esfuerzo...
ESCENA VII.
Villanos, y luego, LIBIA.—APOLO, CUPIDO.
Villanos.
(Dentro.) ¡Ay qué terror! ¡Qué asombro!
Libia.
(Dentro.) ¡Valedme cielos!
Apolo.
Mas ¿qué voces son estas?
Cupido.
No sé, que solo
Sé que el escucharlas
Me tiene absorto. (Sale Libia huyendo.)
Libia.
Gallardos cazadores,
Que segun inferir
Deja al hombro el carcaj
Y en la mano el marfil,
Sin duda á nuestros montes
De vecino confín
Venís buscando caza,
Sin ver donde venís:
Mujer infeliz soy;
Pues estais dos, partid
Con deudas de mujer
Lástimas de infeliz,
Y dadme amparo. Libia,
De Vénus (¡ay de mí!)
Sacerdotisa soy:
Viendo al templo subir
Las zagalas del valle,
Con unas de quien fuí
Deuda ó amiga, quise
El camino partir;
Y habiéndolas dejado
En el bello jardin
Que hace la falda al monte;
Bien como astuto vil
Aspid, que disfrazado
Se disimula, ví
Que al paso me salia
Fiton, de quien á oir
Habreis llegado que es
Terror deste país.
Pero ¿qué me detengo?
(¡Ay triste!) en referir
Su furia y mi peligro,
Si en mi alcance tras mí...
Mas al verle no puedo,
No puedo proseguir;
Que es mordaza al hablar
El lazo del sentir.
Apolo.
No temas, Libia bella,
Que delante de tí,
De tu vida seré
Defensa yo.
Libia.
Al oir
Lo dulce de tu voz,
Me das á presumir
Que eres deidad que el cielo
Da en mi amparo.
Cupido.
¡Ay de mí!
(Cáesele el arco y flecha.)
Que al verte de tan cerca,
Arco y flecha perdí.
Apolo.
¿Por qué, Amor, en su amparo
No intentas preferir?
Cupido.
Por no vencerle á él,
Sin que él te venza á tí. (Vase retirando.)
Apolo.
(Siguiéndole.) No es eso, sino que
Amor en cualquier lid,
Si entra al principio osado,
Sale cobarde al fin.
Y para que conozcas
Mi esfuerzo, este sutil
Arpon, rayo sin llama,
Pájaro sin matiz,
Cometa de los aires,
Verás volar y herir,
Siendo el Fiton mi triunfo. (Vase.)
ESCENA VIII.
LIBIA.
Libia.
¡Qué valiente á salir
Al paso va á la fiera!
Y ¡qué fiera (¡ay de mí!)
Ella le mira! entrambos
Vibrando á un mismo fin,
Ella sus aceradas
Navajas de marfil,
Y él de su arco la cuerda.
¡Qué tiro tan feliz!
Que falseando á la escama
Las conchas que bruñir
Pudo, al temple del sol,
Del aire el esmeril,
Al corazon penetra,
A cuyo tiro ví,
Revoloteando el ala,
De la inhiesta cerviz
El crinado copete
Desmelenar la crin.
Por boca y por heridas
Ya verter, ya escupir
De venenosa nieve,
De infestado carmin
Dos fuentes ven las flores;
Y tanto, que al teñir
Su tez, lo que topacio
Nació, muere rubí.
Túmulo es de esmeralda
El risco, al sacudir
La cola; pues le hace
Sus bóvedas abrir,
En cuyo seno ya
Rendido, convertir
Se oye el fiero bramar
En tímido gemir.
Y pues amedrentados
Huyen todos de aquí,
Venid vosotras, ninfas
Del Peneo, venid,
Cuantas de sus cristales
El líquido viril
En bóvedas de nácar,
Plata y coral vivís:
Venid pues á mis voces.
ESCENA IX.
Salen seis NINFAS vestidas de escamas y tocadas de corales y perlas, y DAFNE, y por otra parte RÚSTICO.—LIBIA.
Todas.
(Cantan.) ¿Qué nos quieres, nos dí,
Que á todas á tu acento
Obligas á salir
Del cristalino albergue
Que habitamos?
Rústico.
Y á mí
De entre aquesas dos peñas,
Adonde me escondí,
Porque áun no dejó el miedo
Ánimo para huir.
Libia.
Que las rendidas gracias
Deis al que reducir
Pudo nuestro temor
Al más glorioso fin.
Allí Fiton herido
Yace, y triunfante aquí
Quien pudo darle muerte.
ESCENA X.
APOLO.—Dichos.
Ninfas.
(Cantando.) ¿Quién eres, oh gentil
Jóven, que tanto triunfo
Llegaste á conseguir?
Apolo.
(Cantando.) Apolo soy, oh ninfas,
Que del azul zafir
A cumpliros bajé
La palabra que os di:
Y aunque quiso el Amor
Conmigo competir,
El triunfo ha sido mio.
Rústico.
Yo lo quise decir,
Cuando el Amor dijeron
Que habia de venir;
Porque ¿qué habia de hacer
Un niño, sino huir
Del coco?
ESCENA XI.
CUPIDO, al paño.—Dichos.
Libia.
¿Qué esperais?
Llegad todas, rendid
Las vidas á sus plantas.
Cupido.
(Ap.) ¡Que esto pase por mí!
Todas.
Todas á ellas estamos.
Dafne.
Y yo la más feliz.
Pues por hija me toca
De Peneo aplaudir
Tan gran victoria, quiero
Matizar y pulir
De jazmin y de rosa
Una guirnalda, á fin
De coronar tus sienes;
Y pues deste pensil
Se vienen á la mano
Desde el lirio al jazmin,
Las flores ciento á ciento,
Las rosas mil á mil... (Hace una guirnalda.)
Admite (¡oh sacro Apolo!)
En honra desta lid,
Hoy por todas de Dafne
El don... Mas ¡ay de mí!
(Al ir á ponerle á Apolo la guirnalda, se le cae, quedando con las manos sobre la cabeza de Apolo.)
Que al ponerle en tu frente,
Deslumbrada al ofir
De tus rayos, en tierra
Se cayó.
Apolo.
Eso es decir
Que si jazmin y rosa
Mi frente han de ceñir,
Vienen á estar de más,
Con el florido Abril
De tus labios y manos,
La rosa y el jazmin.
Dafne.
No es, ¡ay triste!
Apolo.
Pues ¿qué es?
Dafne.
No sé más de que al ir
A coronar tus sienes
Con mi guirnalda, ví
Que otra de verdes hojas
Flechaba contra mí
Ardientes rayos, cuyo
Pavor me hace afligir
Tanto, que sin fatigas
Del cincel y el buril,
Parece que animado
Tronco, el hado de mí
Va labrando una estatua.
Libia.
No, bella Dafne, así
Des al agüero el dia;
Y en tanto que subir
Pueda al templo la fiera
A adornar su piel vil
Del dintel de su puerta
El grabado perfil,
Hasta él, acompañando
A su deidad, venid,
Cantándole la gala.
Rústico.
Yo, pues que no perdí
En el pasado susto
Mi frauta y tamboril,
Y de lance me hallo
Ninfo barbado aquí,
Por el camino haré
El són; y áun he de ir
Haciendo de repente
Las copras del festin,
Dando la vaya á Amor,
Y el triunfo á Apolo.
Ninfa 1.ª
Dí,
Que todas á tu modo,
Por más solaz, seguir
Queremos tus frialdades.
Rústico.
Pues todas prevenid
Las conchas y los ramos
De coral, que soprir
Puedan los estrumentos.
(Toman todas ramos colorados y unas tarjetas á modo de conchas, con que hacen el son.)
Ninfa 2.ª
Ya están.
Rústico.
¿Empiezo?
Todos.
Sí.
Dafne.
(Ap.) Fuerza es con todas ¡cielos!
Mis penas desmentir.
Apolo.
(Ap.) Mira en mi aplauso, Amor,
Qué caso hacen de tí.
Cupido.
(Ap.) Pues que de celos muero,
Nunca más Amor fuí;
Pero de mi venganza
Presto llegará el fin. (Vase.)
ESCENA XII.
Dichos, menos CUPIDO.
Rústico.
(Canta.) Ninfas que el rio y el prado
Vuestro igual albergue es,
Siendo en semanas del hado
Sábados del Amor, pues
No sois carne ni pescado,
Sabed que Apolo y Amor
Jugaban este verano,
Y Apolo como es dotor,
Salió á la primera mano
Triunfando de matador.
Amor, al verse arrastrado,
Un triunfo sirvió de pié,
Y dejó el juego, picado,
Sin hacer baza, porqué
No hace baza Amor baldado.
Con que de Apolo el clamor
Dijo, viendo su osadía,
Tiritando de temor:
Titirití, que de Apolo es el dia,
Titirití, que no del Amor. (Bailan.)
Todos.
Titirití, que de Apolo es el dia,
Titirití, que no del Amor.
Rústico.
Titirití, que el rapaz ceguezuelo...
Todos.
Titirití.
Rústico.
Corrido ha quedado...
Todos.
Titirití.
Rústico.
Pues de miedo ha dejado...
Todos.
Titirití.
Rústico.
Caer el arco en el suelo...
Todos.
Titirití.
Rústico.
Porque el sol mató al vuelo...
Todos.
Titirití.
Rústico.
Al monstruo traidor...
Todos.
Titirití.
Rústico.
Con un pasador,
Cuando con una modorra podia.
Todos.
Titirití, que de Apolo es el dia,
Titirití, que no del Amor.