JORNADA SEGUNDA.
ESCENA PRIMERA.
CUPIDO; RÚSTICO, y coro de música, dentro.
Rústico.
(Dentro.) Vuelva el festivo rumor
De la métrica armonía,
Repitiendo con primor:
Titirití, que de Apolo es el dia,
Titirití, que no del Amor.
Coro.
(Dentro.) Titirití, etc.
Cupido.
¡Que estos baldones, cielos,
Me obliguen á sentir
Miedos de un bruto, cuando
Me debiera lucir
El no ser brutos triunfos para mí!
Mas ya, cobrado el arco
Y flecha que perdí,
Verá el celeste coro
Que al que venció vencí.
Flecha de oro su pecho
Para amar, ha de herir,
Cuando el de Dafne, á quien
Tejer las flores ví,
Flecha de plomo hiera;
Porque los dos así
Lleguen, aborreciendo
Y amando, á discurrir
Que no son brutos triunfos para mí.
Y porque contra todos
Será en vano esparcir
Flechas, el aire tengo,
Pues dios del aire fuí,
De infestar.—¡Ah del Eco!
ESCENA II.
La ninfa ECO.—CUPIDO.
Eco.
¿Qué quieres?
Cupido.
Fiar de tí
A mi honor la venganza.
Eco.
¿De qué suerte?
Cupido.
Oye.
Eco.
Dí.
Cupido.
En todos tus espacios
Voz no has de repetir
Que no sea Amor. Amor
Tu coro ha de decir;
Que yo haré que ninguno
Sus ecos llegue á oir,
Que no muera al encanto
De amar y de sentir.
Eco.
Sí haré; que tu venganza
Tambien me toca á mí,
Pues muriendo de amor,
Es lustre mio decir
Que no son brutos triunfos para tí.
(Dentro grita de pastores.)
Cupido.
Pues á esparcir entre esas
Voces, que contra mí
Prosiguen el aplauso
De mi opuesto adalid,
Las tuyas, entre tanto
Que yo voy á fundir
Arpones que publiquen
Que es mi poder feliz,
Contra las fieras no,
Contra los dioses sí.
Eco.
Bien harás, que el que sepan
Tambien me importa á mí...
Los dos.
Que no son brutos triunfos para tí.
(Vase Cupido.)
Eco.
Y así en tanto á ese efecto
Mi coro interrumpir
Verás de su alborozo
El placer. (Vase.)
ESCENA III.
APOLO, DAFNE, FLORA, LIBIA, RÚSTICO, villanos, ninfas; despues, ECO y coro.
Dafne.
(Dentro.)Proseguid,
Y hasta perder su esplendor
De vista en la noche fria,
No cese alegre el rumor.
(Vuelven otra vez á salir todos bailando, como entraron.)
Todos.
Titirití, que de Apolo es el dia,
Titirití, que no del...
(Pasa por entre ellos Eco cantando, y todos se suspenden.)
Eco.
¡Amor, amor, amor!
Libia.
Nunca el eco ha respondido
Tan dulcemente veloz.
Dafne.
Dices bien, pues es su voz
Boreal iman del sentido.
Apolo.
¿Qué es lo que os ha suspendido,
Que á todos turbar se ve?
Flora.
No sé más de que quedé
Yo absorta.
Lauro.
Yo tan sin mí
Que no sé lo que sentí.
Rústico.
Yo sí, pues que no lo sé.
Vill. 1.º
¡Qué ánsia!
Vill. 2.º
¡Qué pena!
Vill. 3.º
¡Qué horror!
Vill. 4.º
¡Qué pasmo!
Vill. 5.º
¡Qué desconsuelo!
Vill. 6.º
¡Qué sentimiento!
Todos.
¿Quién, cielo,
El aire inficiona?
Coro 1.º,
que es el de Amor. (Dentro.)
Amor.
(Vase cada uno por su parte.)
Apolo.
Oid, esperad.
Dafne.
Es error;
Que si el amor ofendido
Contagio del aire ha sido,
Advierte que á tu poder
Mayor monstruo que vencer
Le queda que el que ha vencido. (Vase.)
Apolo.
Pues no le temais, que lleno
El aire de otra armonía,
Pues es la música mia,
Vencerá el encanto ajeno.—
Íris bella.
ESCENA IV.
ÍRIS.—APOLO.
Íris.
¿Qué me quieres?
Apolo.
Que pues tormentas reduces,
Y á la merced de mis luces
Deidad de las nubes eres,
Remontando á ellas las aves,
De cuya música he sido
Maestro, solamente olvido
Digan tus coros süaves;
Para que de mí vencido
Amor, temple su furor,
Dando á venenos de amor
Contravenenos de olvido.
Íris.
Tú verás que el primer medio
De lograr su desengaño,
Será prevenir el daño,
Porque cuiden del remedio. (Vase Apolo.)
ESCENA V.
ÍRIS, Coro de amor y Coro de olvido, dentro.
Íris.
(Canta.) ¡Hola, aho, ah del valle, pastores!
Huid, porque anda otra fiera en el monte
Y fiera más fiera en saña y rigor,
O el eco lo diga en sus ecos.
Coro 1.º
(Dentro.)Amor.
Íris.
Amor enojado,
Amor ofendido, Amor desdeñado,
¿Qué fiera mayor?
O el eco lo diga en sus ecos.
Coro 1.º
(Dentro.)Amor.
Íris.
Y así, pues amor los ecos esparcen,
Aquí repitan olvido las aves;
Porque competido
De Amor el agravio y de Apolo el favor,
Publiquen en lides de olvido y amor,
Los ecos...
Coro 1.º
(Dentro.)Amor.
Íris.
Las aves...
Coro 2.º
(Dentro.)Olvido.
Todos.
Porque competido
De Amor el agravio y de Apolo el favor
Publiquen en lides de olvido y amor,
Los ecos amor y las aves olvido. (Vase Íris.)
ESCENA VI.
Salen como oyendo la música SILVIO por la parte del olvido, y CÉFALO por la del amor.—Coro de amor y Coro de olvido, dentro.
Céfalo.
¿Los ecos amor?
Silvio.
¿Las aves olvido?
Céfalo.
Despues que haciendo porfía,
Por no dejarme vencer
De Silvio, di en aprender
Cómo á Dafne fingiria
Que la amaba, noche y dia
Siento en el alma un ardor
Tal, que hecho tema el dolor,
Me parece que he traido
Tras mí una voz que al oido
Siempre está diciendo...
Coro de Eco.
(Dentro.)Amor.
Silvio.
Desde que por merecer
Con Dafne, di en estudiar
Cómo se ha de desvelar
Lo que se ha de padecer,
Tal aprension di en hacer,
Que, dueño de mi sentido,
No sé qué ilusion ha sido
La que me sigue veloz,
Que parece que una voz
Siempre está diciendo...
Coro de Íris.
(Dentro.)Olvido.
Céfalo.
Qué fuera, que (como aquel
Que domestica una fiera,
Cuando ya la considera
Rendida, obediente y fiel,
Juega con ella, y cruel
Vuelve á su primer furor)
Familiarmente traidor,
Viendo que con él jugaba,
Vuelva contra mí su brava
Natural violencia...
Coro de Eco.
(Dentro.)Amor.
Silvio.
¿Qué fuera, que como quien
Teme un veneno violento,
Suele hacer dél alimento,
Porque cuando se le den,
El mal se convierta en bien,
Hubiera mi afecto sido?
Pues de un olvido he temido
Morir; y buscando el medio,
Se ha venido á hacer remedio
Del olvido el mismo...
Coro de Íris.
(Dentro.)Olvido.
Céfalo.
Tal vez oí que por ensayo,
Polvorista artificial
Fingió un trueno de metal
Y encendió contra sí el rayo.
Mucho en mi mortal desmayo
Recelo que mi valor
Muera á manos de mi error,
Pues cuando á ensayarme llego
De amor al fuego, su fuego
Revienta contra mí...
Coro de Eco.
(Dentro.)Amor.
Silvio.
A un hombre, que adoleció
De un mal que no conocia,
Aleve enemigo un dia
Con la herida que le dió
El mal le manifestó,
Y quedó convalecido:
Yo así, del olvido herido,
Le tuve por homicida,
Hasta ver que me dió vida,
Por darme muerte el...
Coro de Íris.
(Dentro.)Olvido.
Céfalo.
¿Qué nuevo afecto traidor
Triunfa de mi libertad?
Silvio.
¿Qué auxiliar nueva deidad
Se declara en mi favor?
Coro de Eco.
(Dentro.) Amor.
Coro de Íris.
(Dentro.)Olvido.
Silvio.
¿Olvido?
Coro de Eco.
(Dentro.) Amor.
Céfalo.
¿Amor?
Los dos.
Pero es error...
Céfalo.
Haber delirios temido...
Silvio.
Haber favores creido...
Los dos.
Por más que en vago rumor...
Los dos y los
coros.
Publiquen en lides de Apolo y Amor.
Coro de Eco.
(Dentro.) Los ecos amor.
Céfalo.
Los ecos amor.
Coro de Eco.
(Dentro.)Las aves olvido.
Silvio.
Las aves olvido.
ESCENA VII.
DAFNE.—CÉFALO, SILVIO.
Dafne.
¡Los ecos amor, las aves olvido!
Por salir de una ilusion,
Viéndôs, pastores, aquí,
Vengo á saber... (Ap. ¡Ay de mí!
Que Céfalo y Silvio son.)
Silvio.
Pues ¿de qué es la suspension?
Céfalo.
Prosigue: ¿qué causa fué
La que te trajo?
Dafne.
No sé,
Que aunque saberla quisiera,
No que de ninguno fuera
De los dos.
Los dos.
¿Por qué?
Dafne.
Porque
Temo que á vuestra porfía
Volvais; y habiéndome hallado
Bien con no haber declarado
A quién la vida debia;
No la experiencia querria
De la pasada cuestion,
Que acuerde la obligacion.
Silvio.
Por mí, poco que temer
Tienes; que yo sabré hacer
Desprecio la pretension.
Que ya, sin que sienta cuerdo
El mirarme aborrecido,
Solo me acuerdo en mi olvido,
Que de que olvido me acuerdo.
Nada ya en perderte pierdo,
Y así, no temas, oh bella
Dafne, que hable en mi querella.
Dafne.
¿Qué más, para mi pesar,
En ella quieres hablar,
Que hablando, no hablar en ella?
Que si el que ha de fingir eres
Traer tus penas escondidas,
Fingiendo lo que me olvidas,
Me acuerdas lo que me quieres.
Silvio.
Bien hasta aquí, ingrata, infieres;
Pero viendo desde aquí
Que vivo tan sobre mí
Que áun fingido no me quejo,
Y con Céfalo te dejo
Por ir huyendo de tí,
Verás que mi olvido halló
Causas que tú no previenes;
Pues falso con los desdenes
Pude no estarlo, mas no
Con los celos; y pues yo
Me ausento sin los recelos,
Los sustos ni los desvelos
De ver al competidor,
¿Cómo llevará tu amor
El que se deja sus celos? (Vase.)
Dafne.
Oye, espera.
ESCENA VIII.
DAFNE, CÉFALO.
Céfalo.
No cruel
Tu voz le detenga, no;
Que eso es querer que halle yo
Los celos que dejó él.
Dafne.
Tú, ¿por qué?
Céfalo.
Porque yo fiel
Amante tuyo, rendido
A tus plantas, el perdido
Tiempo que no te amé, lloro:
Y pues tu hermosura adoro,
A pesar de aquel temido
Hado, no tras ese fiero
Desden vayas ofendida;
Que si él finge que te olvida,
Yo no finjo que te quiero.
Dafne.
La misma razon infiero
Que en él, en tí, y no sé á quién
El premio mis ánsias den;
Pues amor y olvido igual,
Aunque él no lo fingió mal,
Tambien tú lo finges bien:
Y pues conocer se deja
Cuánto fué mi exámen necio,
Ni desto he de hacer aprecio,
Ni de aquello he de hacer queja,
Y así, de entrambos se aleja
Corrido mi desengaño.
Céfalo.
¿De qué?
Dafne.
De que es igual daño,
Pesando males y bienes,
Oir por engaño desdenes
Que favores por engaño. (Yéndose.)
Céfalo.
No, si á este campo venías
Con la duda que no sé,
Te vuelvas con ella, en fe
De no oir las ánsias mias:
Y pues de mí no la fías,
A que otro la diga espero
Dar lugar; que el dia primero
Que sabes que sé querer,
No quiero más que saber
Que sé que sabes que quiero. (Vase.)
ESCENA IX.
DAFNE, y despues los dos coros, dentro.
Dafne.
En segunda confusion
De la que traje, me veo;
Que aunque de uno y otro creo
Ser su variada pasion
Efectos de la cuestion,
Con todo eso, habiendo habido
Mudanza en mí, la he creido
En ellos. ¿Quién, vil temor,
A Céfalo mudó?
Coro 1.º
(Dentro.)Amor.
Dafne.
¿Quién á Silvio trocó?
Coro 2.º
(Dentro.)Olvido.
Dafne.
Olvido y amor oí:
Ya son en la pena mia
Dos las dudas que traia,
Porque si sólo hasta aquí
Pudo introducir en mí
Una voz helado ardor,
Ya es abrasado temor
El que otra ha introducido,
Oyendo que ha competido
El agravio y el favor.
Los dos coros.
(Dentro.)
Publiquen en lides de Apolo y Amor,
Los ecos amor, las aves olvido.
Dafne.
En los palacios de Atlante,
Dicen que una fuente habia,
Que al que más libre bebia,
Le dejaba más amante,
Y que otra, poco distante,
Al que amante la gustaba,
Libre en su olvido dejaba:
Sin duda, de ambos cristales
Las cláusulas desiguales
Estas son: pues yo, que amaba
A Céfalo, cuando atiendo
A esta hechizada armonía;
Yo, que á Silvio aborrecia,
Cuando estoy estotra oyendo,
No sé ni de cuál me ofendo,
Ni de cuál me obligo, no.
¿Habrá, ya que amor causó
Un efecto, quien aquí
Diga el que otro causó?
ESCENA X.
APOLO.—DAFNE.
Apolo.
(Dentro.)Sí.
Dafne.
¿Quién á eso se atreve? (Sale Apolo.)
Apolo.
Yo.
Yo, que habiéndome tú dicho
Que habia otro más rebelde
Monstruo que vencer, no quise
Dejar el duelo pendiente.
Y así, al veneno de amor
Busqué el antídoto fuerte
Del olvido, porque sólo
El olvido al amor vence.
ESCENA XI.
Pasa por lo alto CUPIDO, tirando flechas.—APOLO, DAFNE.
Cupido.
(Ap.) Ahora lo verás, y pues
Esperé á esta ocasion, vuelen
Invisibles flechas, que una
Apague lo que otra enciende. (Vase.)
Dafne.
En la parte que me toca,
Mi altivez te lo agradece,
Pues libre de una pasion,
De un instante acá, parece
Que todo el Etna del pecho
En cenizas se convierte,
Pesándome el corazon,
Segun que oprimido siente
No sé qué grave delirio,
Más que si de plomo fuese.
Apolo.
¡Qué fuera (¡ay de mí!), qué fuera,
Que al exhalarse el ardiente
Etna de tu pecho, en mí
Prendan sus iras crueles!
Dafne.
¿Cómo?
Apolo.
Como dividiendo
Los contrarios accidentes
De nieve y fuego, ha partido
En mí el fuego, en tí la nieve...
Dafne.
¿Qué causa? Dí.
Apolo.
Tu hermosura.
Dafne.
¿No la habias visto otras veces?
Apolo.
Sí, pero lo que se ve,
No es, Dafne, lo que se atiende.
¿Ahora sabes que el influjo
Reservado punto tiene,
Y que no siempre es hermoso
Aun lo que es hermoso siempre,
Pues no lo es cuando lo es,
Sino cuando lo parece?
Dafne.
No sé, porque solo (¡ay triste!)
Sé que un hielo me estremece.
Apolo.
Yo, que un incendio me abrasa.
Dafne.
Yo, que un pasmo me suspende
Tanto, que me obliga á que
De aquel presagio me acuerde,
Pues si allí fuí vivo tronco,
Muerta estatua aquí.
Apolo.
Detente.
Dafne.
¿A qué?
Apolo.
A que con solo oirme,
Tan no visto dolor temples.
Dafne.
El respeto de mirarte
Deidad, y el temor de verte
Deidad ofendida, me hace
Que huya de tí.
Apolo.
Si me temes
Como á deidad ofendida,
Yo sabré por complacerte
Que el estilo de deidad
Con el de mortal se mezcle,
Usando de entrambas voces.
Dafne.
¿De qué suerte?
Apolo.
Desta suerte.
Bellísima hermosa Dafne,
¿Ves ese monte eminente
Que expuesto al rigor del hielo
Y á la saña de la nieve,
(Canta.)
Humilde, postrado y rendido padece
Helados rigores del cano Diciembre?
Pues apénas el Abril
Bordará su esfera verde,
Cuando le verás ceñido
De rosas y de claveles,
(Canta.)
Ufano gozando, contento y alegre
Matiz en las flores, cristal en las fuentes.
Pasará la primavera,
Y en jóven edad ardiente
El estío, su esmeralda
Verás que en oro guarnece,
(Canta.)
Brotando la falda del rústico albergue
Campañas de flores en golfos de mieses.
Llegará el otoño, y no
Habrá yerto árbol, que fértil,
De varios frutos no veas
Todas sus ramas pendientes,
(Canta.)
Brindando á la vista y al gusto igualmente
Hermoso el agrado y goloso el deleite.
Deste pues círculo entero
Del año soy rey, y deste
Compuesto triunfo de horas,
Dias, semanas y meses,
(Canta.)
El dueño serás, bella Dafne, si quieres
Feriarme á tan sólo un favor tus desdenes.
¿Qué lágrima que la aurora
En líquido aljófar vierte,
Y en cuajada perla guarda
La concha que se la bebe,
(Canta.)
No será á tu oído, si al zarcillo pende,
Susurro que diga que de mí te acuerdes?
¿Qué oculta vena en sus minas
De plata ú de oro, obediente,
O ya al yunque que la ablanda,
O ya al torno que la tuerce,
(Canta.)
No será tratable esplendor cuando llegues
A ver que en tus ropas se borda ó se teje?
¿Qué rebelde piedra, dócil
No pulirá lo rebelde,
Si cuando el cincel la gasta,
Y cuando el buril la muerde,
(Canta.)
Es para que sea blanca, roja ó verde,
Ya flor en tu pecho, ya estrella en tu frente?
El ignorado perfume,
Que hasta hoy ninguno entiende
Si la ballena le aborte,
O si el escollo le engendre,
(Canta.)
Despues que te sirva en curadas pieles,
Fénix de tu olfato, le haré que se queme.
Y áun cuando te agrade, Dafne,
Que te sirva el mismo fénix,
Será en tu estrado su hoguera
Brasero de tus tapetes.
(Canta.)
Y en fin, porque sólo adorarte...
Dafne.
Suspende
La voz, que cuando no fuera
Por mí, dejara de verte
Por ver que con lo que dices
Contradices lo que sientes.
Apolo.
¿Yo?
Dafne.
¿No publicas olvido?
Apolo.
Sí.
Dafne.
¿Pues qué hay de que te quejes,
Si nadie de que le aprendan
Lo que él enseña, se ofende?
(Canta.)
Que dar un consejo y sentir que le acepten,
Es formar un monstruo de opuestas especies.
Fuera de que si al Amor
Vencer, Apolo, pretendes,
No se vence Amor amando.
Apolo.
¡Ay, que ya no es amor este!
Dafne.
Luego si este no es amor,
No tengo qué agradecerte. (Yéndose.)
Apolo.
Sí, no siendo amor, porque
Es adoracion, sí tienes;
Y así... (Ásela del vestido.)
Dafne.
Suelta, y no me sigas,
Pues que tú mismo me ofreces
(Canta.)
Con la leccion de que libre te olvide,
Tambien la razon de que esquiva te deje.
(Vase.)
Apolo.
¡Con mi antídoto me matan!
¡Ay de mí infeliz mil veces!
Gusano de seda he sido,
Yo me he labrado mi muerte.
Pero ¿qué importa, qué importa,
Ni que amor de mí se vengue,
Ni que tú?...
ESCENA XII.
Villanos, RÚSTICO, BATA, FLORA, LAURA.—APOLO.
Villanos.
(Dentro.)Allí está, llegad
Todos.
Apolo.
Mas ¿qué estruendo es este,
Que me embaraza á que siga
Sus pasos? (Salen Bata y Rústico.)
Bata.
Escucha.
Rústico.
Atiende.
Bata.
Habiendo, Pollo, sabido...
Rústico.
Cuantos el rústico albergue...
Bata.
De los montes de Tesalia...
Rústico.
Habitan, lo que te deben...
Bata.
No sólo en matar figones...
Rústico.
Sino en vencer juntamente...
Bata.
Los encantos del Amor...
Rústico.
Pues trabucando calletres...
Bata.
Vine á olvidar yo á ese tonto...
Rústico.
Vine á amar yo á esa serpiente...
Bata.
Y habiendo tambien sabido...
Rústico.
Cuanto las ninfas alegres...
Bata.
Del Peneo ambas victorias...
Rústico.
De mí ayudadas, celebren...
Bata.
Con diversos instrumentos...
Rústico.
Todos en tu busca vienen...
Bata.
Alegremente festivos...
Rústico.
Diciendo...
Bata.
De aquesta suerte...
(Salen todos los zagales cantando y bailando.)
Todos.
(Cantan.) ¡Viva Apolo, viva,
Pues sólo puede
Vencedor llamarse
Quien al Amor vence!
Apolo.
¡Ay de mí! que ya estas voces,
Más que me obligan, me ofenden.
Bata.
(Canta.) Préstame esta noche
Tu arco y tus flechas,
Que me importa la vida
Matar dos dueñas.
Y sólo pueden
Matar dueñas arpones
Que matan sierpes.
Todos.
¡Viva Apolo, viva,
Pues sólo puede
Vencedor llamarse
Quien al Amor!...
Apolo.
Cesen,
Villanos, vuestros aplausos;
Que miente vuestra voz, miente
Vuestro acento, si de mí
Publica que sólo puede
Vencedor llamarse
Quien al Amor vence.
Unos.
¿Qué es esto?
Otros.
¿Qué le habrá dado?
Rústico.
No sé; pero el que quijere
Vivir, guárdese del sol
El dia que se enfurece.
Apolo.
Huid todos, huid de mí,
Villanos, viles, aleves;
Que ya es baldon y no aplauso
El decir que sólo puede
Vencedor llamarse
Quien al Amor vence.
Flora.
Huye, Laura. (Vase.)
Laura.
Flora, huye. (Vase.)
Todos.
Sí, que está loco parece.
Bata.
Debe de durar la luna
De hebrero, en cuya creciente,
Ni cuando anochece sabe,
Ni sabe cuando amanece. (Vase.)
(Vanse todos, quiere huir Rústico, y le detiene Apolo.)
ESCENA XIII.
APOLO, RÚSTICO.
Apolo.
No huyas tú.
Rústico.
(Ap.)¡Por fuerza hube
Yo de ser el que cogiese!
Apolo.
¿Qué temes?
Rústico.
¿Qué he de temer?
Que me dé como dar suele
Cuando madura membrillos.
Mas diga lo que me quiere.
Apolo.
Yo ví á Dafne...
Rústico.
Yo tambien.
Apolo.
Y sentí en un punto breve,
No sé qué ofensa que halaga,
No sé qué halago que ofende.
Rústico.
Eso no sentí yo; que eso
La gente ruin no lo siente.
Apolo.
Dijo que de una pasion
Se olvidaba: en que se infiere
Que tiene amor.
Rústico.
Sí tendrá,
Porque es cosa que se tiene.
Pero ántes que pasemos
Adelante, ¿qué le mueve
A no habrar con la armonía
Que solía?
Apolo.
¿Cómo quieres,
Destemplado el corazon,
Que la voz no se destemple?
Yo es fuerza que lleve el dia
A los campos de Occidente,
Y porque sepa en mi ausencia
Si hay quien su quietud desvele,
Tú la noche en este valle
Has de estar, porque me cuentes
Si ella del sacro Peneo
Deja el cristalino albergue,
Y sale á hablar á su orilla
Con su amante.
Rústico.
Hé aquí que él viene,
Y que ella sale, y se enojan
Que sin ser vecino aceche,
Y dan conmigo en el rio:
Con que yo ahogado y tú ausente
No das conmigo hasta dar
Con el signo de los peces.
Apolo.
Yo haré que en tí reparar
Nadie pueda.
Rústico.
¿De qué suerte?
Apolo.
Haciendo que transformado
En árbol, ninguno á verte
Llegue, que por tronco no
Te tenga.
Rústico.
¡El diablo me lleve
(Maldicion que se habrá oido
En Tesalia pocas veces),
Si tal esperare! (Vase.)
Apolo.
Aguarda.
Mas ¿qué importa que te alejes
Para no ser racional
Planta entre esotras viviente,
El dia que mi deidad
Puede fingirla aparente?
Y tú, en tanto, hermosa Íris,
Del olvido no te acuerdes;
Deja que la voz de Amor
Veloz en sus ecos suene.
Ame, y no olvide.
(Vase Apolo, y vuelve Rústico convertido en árbol.)
Rústico.
¡Valedme,
Dioses de mi devocion,
Pues que lo sois, Baco y Céres,
En este aprieto, en que ya
Mi pié en raíz se convierte,
En corteza mi pellejo,
Y de la planta á la frente
En ramas mis brazos, y hojas
Mi melena y mi copete!
ESCENA XIV.
DAFNE, despues, CÉFALO.—RÚSTICO, hecho árbol.
Dafne.
(Para sí.) En aquesta soledad,
Supuesto que ya anochece,
Libre de Apolo, será
Bien que á mis solas me queje.
(Sale Céfalo.)
Rústico.
(Entre sí.) Peor es esto, que á esta parte
Parece que siento gente.
Céfalo.
En lo florido, la senda
Es esta en que Dafne viene.
Rústico.
(Entre sí.) Y áun á esotra, y si el escaso
Crepúsculo ver consiente,
Mezclando luces y ramas,
Entre lo rojo lo verde,
Dafne es la que viene allí,
Y Céfalo el que allí viene.
Mas ¿qué sería si él fuera
El galan que Apolo teme?
Atienda pues; que quizá
El placer será dos veces
Placer, cuando ahora lo sepa,
Y despues cuando lo cuente.
Dafne.
(Para sí.) Deshecha fortuna mia,
¿Qué nuevo delirio es este,
Que no veo, que no oigo
Cosa alguna en que no encuentre
Aborrecimiento? Tanto,
Que á mí misma me parece
Que me aborrezco (¡ay de mí!)
Desde aquel instante, desde
Aquel punto...
Céfalo.
Hermosa Dafne,
Perdona; que no consiente
El nuevo afecto que en mí
Quieren los hados que reine,
Que no te siga, porque
El recelo de que pienses
Que es fingido amor, me hace
Que tras tí...
Dafne.
La voz suspende;
Que fingido ó no, no sabes
A cuán mala ocasion vienes.
Y si quieres que yo crea
Que es verdad el que me quieres,
O que crea que lo finges
Tan bien que me lo parece,
Una fineza lo diga.
Céfalo.
¿Qué fineza?
Dafne.
Que me dejes
Con mi soledad.
Céfalo.
No sé
Que sea fineza decente,
Que el que desdenes estima
Se vaya por no oir desdenes.
Trátame mal; pero no
Tan mal que de tí me alejes.
Dafne.
Haz esto por mí.
Céfalo.
Sí haré,
Porque veas claramente
Que sólo obedece quien
A tanta costa obedece.
Mas partamos el camino,
Y puesto que yo me ausente,
Quede quien te hable por mí
El rato que aquí estuviere.
Dafne.
¿Quién ha de hablarme?
Céfalo.
Este tronco,
En cuya corteza...
Rústico.
(Para sí.)Ese
Es mi pellejo.
Céfalo.
Mi amor
Dejará escrito con este
Puñal un mote...
Rústico.
(Para sí.)¡Mal haya
El primer impertinente
Que inventó motes!
(Céfalo escribe con el puñal.)
Céfalo.
Que diga
«Céfalo por Dafne muere.» (Vase.)
Rústico.
(Para sí.) Y yo por Céfalo y Dafne.
Dafne.
Vuelva, pues que vuelvo á verme
A mis solas, á mis quejas.—
¡Qué hielo!... Mas Silvio es éste.
Con su tema vendrá.
ESCENA XV.
SILVIO.—DAFNE, RÚSTICO.
Silvio.
¿Aquí
Dafne, estabas?
Dafne.
Por no verte
A tí, ni á nadie, busqué
Esta soledad. Si vienes
A proseguir tus fingidos
Desaires, el paso tuerce,
Y déjame, que ya sé
Lo bien que lo finges. Véte,
Silvio; que á solas me importa
Quedar... ó yo me iré.
Silvio.
Tente;
Que no tan solo en tu busca[4]
Vengo, pero si supiese
Que aquí estabas, no llegara;
Porque áun fingidos no quieren
Acordarse mis pesares
De que fueron tus placeres.
Acaso por aquí vine,
Y porque falsa no quedes
Presumiendo que es deshecha
De haberte seguido, deje
En este tronco mi olvido
Quien mi mudanza te acuerde.
(Va á escribir en el árbol, y vuélvese Rústico de espaldas.)
Rústico.
(Para sí.) Ya está escrita aquesa plana,
Y si otros la hoja vuelven,
Yo vuelvo el tronco y la hoja.
Silvio.
Aquí verás, si lo lees,
Si te busco ó no, pues dice... (Escribe.)
«A Dafne Silvio aborrece.» (Vase.)
ESCENA XVI.
DAFNE, RÚSTICO.
Dafne.
Yo lo agradezco.
Rústico.
Yo no.
Dafne.
¿Quién habló aquí?
Rústico.
Sea quien fuere.
Dafne.
Voz, ¿cúya eres?
Rústico.
De una planta,
Para melon excelente,
Porque es de cáscara escrita.
Dafne.
¿Las plantas hablan y sienten?
Rústico.
Presto lo verás, si á mí
Te acercas.
Dafne.
¡Cielos, valedme!
Que al oir que lo veré
Presto, el pecho se estremece,
El corazon se retira,
El aliento desfallece:
Tanto, que aunque ya las sombras
De la noche al alba vencen,
Embargada del asombro
Con que esta voz me suspende,
Aun no acierto á retirarme.
¡Presto lo veré! Mil veces
Sienta absorta, tema muda,
Arda helada y ciega tiemble. (Vase.)
ESCENA XVII.
RÚSTICO, y luégo APOLO.
Rústico.
Ve aquí que ya para mí
Siete años la noche tiene,
Pues ya ha cerrado, y Apolo
De mí no se acuerda. Advierte,
Oh rubio padre del dia,
Que es hora de que despiertes;
Que no daré un cuarto por
Enamorado que duerme. (Sale Apolo.)
Apolo.
Apénas la blanca aurora
Doró la cima eminente
Deste monte, cuando á él
Mis sentimientos me vuelven,
Fiando el pértigo del carro
A Etonte y Flegon. Aqueste
Es el árbol que dejé
Por espía: á saber llegue
Qué vió en mi ausencia. Mas él
Que me responde, parece,
Antes que se lo pregunte:
Pues un mote escrito tiene
En la corteza, que dice:
(Lee.) «Céfalo por Dafne muere.»
¡Oh mal hayas tú, porque
Lo primero que en tí encuentre,
Sean mis celos!
Rústico.
¿Con eso
Se viene ahora?
Apolo.
No quede
Hoja en tí...
Rústico.
(Ap.)Vuelva la hoja,
Porque ya que esto le pese,
Estotro le desenoje.
Apolo.
Que no tale, que no queme...
(Da Apolo con el puñal en las ramas, y Rústico se vuelve de espaldas.)
Rústico.
Aquesos son mis cabellos:
Usted no me los repele.
Apolo.
Porque otra vez no me digas...
(Lee.) «A Dafne Silvio aborrece.»
Rústico.
(Ap.) Ya con esto lo he enmendado,
Pues es fuerza que se huelgue.
Apolo.
¡Esto más, infame tronco,
Rudo padron de mi muerte,
Y áun de dos muertes! supuesto
Que no sé cuál más me ofende,
O el que ama lo que amo,
O el que lo que amo aborrece.
Rústico.
(Ap.) Por activa y por pasiva
Lo erré.
Apolo.
Pero en mal tan fuerte
No es ocasion de que arguya
Quién más al alma se atreve,
El que mi gusto disfama
O el que mi gusto apetece.
Rústico.
Pues ¿qué culpa tengo yo?
Apolo.
Nada me digas, y vuelve,
Rústico, á tu primer forma;
Que no quiero que me cuentes
Más.
Rústico.
¿Qué más, si te he contado
Que dos á Dafne divierten,
Como quien quiere la cosa,
Y como quien no la quiere? (Vase.)
Apolo.
¿Qué distinto fuego, cielos,
De otro cualquier fuego es este,
Que aborreciendo ó amando
Contrarios vientos le encienden?
ESCENA XVIII.
DAFNE.—APOLO.
Dafne.
(Sin ver á Apolo.) El mismo temor que anoche
De aquí me ausentó, me vuelve
Con el dia, persuadida
A que sus sombras, que siempre
Horrores engendran, fueron
Ilusiones aparentes,
Y á desengañarme... Pero
Apolo está aquí.
Apolo.
Detente,
Si ya no es que vergonzosa
De que sepa de quien eres
Aborrecida y amada,
Tirana la fuga intentes.
Dafne.
Si hubieras sabido, Apolo,
Que era yo la que imprudente
Amaba ó aborrecia,
Fuera bien irme y no verte;
Mas ¿por qué el que me aborrezcan
O me amen, ha de ponerme
En fuga tuya?
Apolo.
Porque
No sé qué estimacion pierde,
O aborrecida ó amada,
Una mujer, sea quien fuere,
Que el saber que tiene hechos
Los oídos á desdenes
O á favores, facilita
La accion de quien se la atreve.
Dafne.
Antes se la dificulta;
Que aborreciendo igualmente
Al que aborrece y al que ama,
A entrambos afectos tiene
Cerrado el paso: y lo pruebo.
Apolo.
¿De qué suerte?
Dafne.
Desta suerte.
(Vase huyendo y él tras ella, y vuelven por otra parte, sin cesar la representacion.)
Apolo.
Aunque otra vez huyas, no,
Como otra vez, detenerme
Podrán villanos festejos.
Dafne.
Sus alas Amor me preste.
Apolo.
¿Cómo ha de dar contra sí
Sus alas Amor? (Éntranse.)
Dafne.
(Dentro.)Si atiende
Que es miedo el que á mí me valga,
Para que de tí se vengue. (Salen.)
Apolo.
Si es venganza tuya, ingrata,
Tu rigor, yo he de vencerle
Triunfando dél y de tí. (Entran.)
Dafne.
(Dentro.) Tarde ó nunca podrás.
Apolo.
(Dentro.)¿Eres
El dia de hoy, que del sol huyes?
Dafne.
(Dentro.) Soy el de ayer, que no vuelve.
Apolo.
(Dentro.) No eres sino el de mañana,
Pues á manos del sol vienes.
(Salen: Apolo alcanza á Dafne, y detiénela.)
Dafne.
¡Dadme vuestro favor, dioses!
Apolo.
¿Cómo un dios contra otro puede?
Dafne.
¿No pudo Amor contra tí?
Apolo.
Ya es fuerza que lo confiese.
Dafne.
Y que yo á los cielos pida
Amparo.
Apolo.
Porque no lleguen
A oir sus voces... ¡bella Íris!
Haz que las tuyas las lleven
Confusas al aire.
Dafne.
¡Eco!
Porque al alcázar celeste
Suban, repitan las tuyas
Mis ánsias.
Apolo.
Todas se mezclen.
ESCENA XIX.
Música, dentro.—APOLO, DAFNE.
Dafne.
Dioses, cielo, luna, estrellas...
Música.
(Dentro.) Dioses, cielo, luna, estrellas...
Dafne.
Montes, mares, prados, fuentes...
Música.
(Dentro.) Montes, mares, prados, fuentes...
(Todo esto se ha de representar huyendo ella, y desasiéndose de él siempre que la alcance, sin llegar á lucha.)
Dafne.
Troncos, riscos, plantas, flores...
Música.
(Dentro.) Troncos, riscos, plantas, flores...
Dafne.
Aves, brutos, fieras, peces...
Música.
(Dentro.) Aves, brutos, fieras, peces...
Dafne.
Dadme amparo...
Música.
(Dentro.)Dadme amparo...
Dafne.
Socorredme...
Música.
(Dentro.)Socorredme...
Dafne.
De un tirano...
Música.
(Dentro.)De un tirano...
Dafne.
De un aleve.
Música.
(Dentro.)De un aleve.
Apolo.
¿Ves cómo nadie te oye?
Dafne.
Veo que todos me ofenden.
¡Gran Peneo, padre mio!...
Música.
(Dentro.) Gran Peneo, padre mio...
Dafne.
Por tu honor y mi honor vuelve...
Música.
(Dentro.) Por tu honor y mi honor vuelve...
Dafne.
No permitas...
Música.
(Dentro.)No permitas...
Dafne.
Que yo llegue...
Música.
(Dentro.)Que yo llegue...
Dafne.
A ver ántes...
Música.
(Dentro.)A ver ántes...
Dafne.
Mi desdicha que mi muerte.
Música.
(Dentro.) Mi desdicha que mi muerte.
Apolo.
Primero, ingrata, en mis brazos
Que te alivien y consuelen
Los dioses á quien invocas,
Ni los cielos á quien mueves,
Verá el Amor...
Dafne y Música.
(Dentro.)No verá.
(Da vuelta un peñasco con Dafne, y queda á sus espaldas un laurel, con quien se abraza Apolo.)
Apolo.
¡Hados! ¿qué prodigio es este?
¡La beldad que á abrazar iba
Entre mis brazos, convierten
En yerto tronco los dioses,
Que de su llanto se duelen!
A cuyo prodigio pasman,
A cuyo asombro fallecen,
Aun más que ella mis sentidos;
Pero no mi fuego ardiente:
Pues á su pompa postrado,
Es bien que idólatra quede
A serlo más de sus hojas,
Que de mis rayos las gentes,
Adorando su hermosura,
Aun en su cadáver siempre.
ESCENA XX.
Sale CUPIDO y todos los demas, como él los va llamando.—APOLO; DAFNE, convertida en laurel.
Cupido.
¡Íris bella!
Íris.
¿Qué me mandas? (Sale.)
Cupido.
¡Eco hermosa!
Eco.
¿Qué me quieres? (Sale.)
Cupido.
¡Sábia Libia!
Libia.
¿Qué me ordenas? (Sale.)
Cupido.
¡Silvio ingrato!
Silvio.
¿Qué pretendes? (Sale.)
Cupido.
¡Céfalo amante!
Céfalo.
¿Qué dices? (Sale.)
Cupido.
¡Ninfas del Peneo!
Ninfas.
¿Qué emprendes? (Salen.)
Cupido.
¡Pastores del valle!
Zagales.
¿A qué
Nos llamas? (Salen.)
Cupido.
Oidme, atendedme.
Bien sabeis que mi desaire
Fué (ya lo he dicho otras veces)
No ser mis armas capaces
De brutos, que amor no sienten.
El triunfo disteis á Apolo;
Y para que llegue á verse
Quién triunfa con más ventajas,
Quién más aplausos merece,
Quien vence fieras, ó quien
Vence al dios que fieras vence;
Volved los ojos, vereis
Que á un tronco adorando muere,
Porque esto de adorar troncos
De sus ídolos lo aprende.
Apolo.
Lo que por baldon, Amor,
Me dices, es bien acepte
Por blason de mis hazañas;
Que mi mayor triunfo es este
De saber amar, ya que
Confieso que tú me vences,
Pues solo amar sabe el que ama
Aun más allá de la muerte.
Dafne es esta, que á los dioses
Con su llanto compadece
Tanto, en culto de su honor,
Que en árbol me la convierten,
Tan raro que, vegetable
Jeroglífico, contiene
Su duracion en lo eterno,
Su juventud en lo verde.
Y yo, porque desde aquí
Por sagrado le venere
El mundo, elijo sus hojas
Para lauro de mis sienes;
Siendo su nombre laurel,
A quien ni el ábrego hiele,
Ni el cierzo abrase, gozando
De iguales verdores siempre.
Del rayo estará seguro;
Y para que más se aumente
Su honor, con él sus victorias
Han de coronar los reyes.
Bata.
Y añade que en las batallas
De aceitunas y escabeches
Será general.
Todos.
A todos
Tan gran prodigio suspende.
Rústico.
Sino á mí, que ya sé á qué
Sabe el ser tronco viviente.
Céfalo.
A mí sí, pues en mí el hado
Su influjo cumplió inclemente,
Y me ha de costar la vida
Quedar llorando su muerte.
Silvio.
Yo, aunque libre de su amor
Viva, á los dos aconseje
Que, en lôr suyo, de sus ramas
Llevemos.
Todos.
Bien nos adviertes.
Apolo.
Tened, esperad, que no
A todos se les concede
Ese honor.
Todos.
Pues ¿para quién
Le guardas?
Apolo.
Su dueño tiene;
Que yo de la astrología
Que en ese globo celeste
Cada dia leo, sé
Que habrá rey tan excelente
Que por su valor invicto,
Que por su ingenio prudente
Y por su persona amable,
Le merezca solamente.
Todos.
¿Qué rey?
Apolo.
El segundo Cárlos,
De tantos gloriosos reyes
Heredero, que no solo
Consiga el alto honor deste
Primero laurel del mundo,
Mas el de todos, de suerte
Que venga á ser su corona
El laurel de los laureles:
Cuyo generoso nombre,
El dia que se celebre,
Será comun alborozo
De tantas diversas gentes,
Que no habrá parte en el orbe
Que desde Oriente á Occidente
No le festeje y le aplauda.
Cupido.
Yo (á quien como Amor compete
La celebridad del dia,
Pues ninguno habrá que niegue
Que el amor de los vasallos
Patrimonio es de los reyes),
A pesar de Apolo (puesto
Que aunque él el laurel defiende,
No es triunfo suyo el dia que
Yo le gozo y él le siente),
Tengo de ser quien humilde
De sus hojas á ofrecerle
Llegue la triunfal guirnalda.
Todos.
Todos ufanos y alegres
Te acompañaremos.
Apolo.
Yo,
Vencido de Amor dos veces,
A ese fin seré el primero
Que su heroico nombre intente,
Si el alba le cuenta á dias,
Que el tiempo á siglos le cuente.
Pues todos haciendo caso
La imaginacion, que puede
Persuadirnos á la dicha
De que merecemos verle,
Postrados (como si aquí
Le tuviésemos presente)
El sacro Laurel de Apolo,
Con festivos parabienes,
Ofrezcamos á sus plantas,
Por si por dicha merece,
Siendo don nuestro, ceñir
El rizo Ofir de sus sienes.
Y porque la voz de amor
En todos á un tiempo suene,
Pues es de todos, conmigo
Decid lo que yo dijere.
Cupido.
(Canta.) Señor, amor en sombras...
Todos y Música.
Señor, amor en sombras...
Cupido.
De fabulosos dioses...
Todos y M.
De fabulosos dioses...
Apolo.
(Canta.) Y del amor vencido...
Todos y M.
Y del amor vencido...
Apolo.
El César de los orbes...
Todos y M.
El César de los orbes...
Íris.
(Canta.) El arco de la paz...
Todos y M.
El arco de la paz...
Íris.
Que vuestro imperio logre...
Todos y M.
Que vuestro imperio logre...
Eco.
(Canta.) El eco que le esparza...
Todos y M.
El eco que le esparza...
Eco.
En siempre heroicas voces...
Todos y M.
En siempre heroicas voces...
Todos.
Todos humildemente...
Música.
Todos humildemente...
Todos.
A vuestras plantas ponen...
Música.
A vuestras plantas ponen...
Todos y M.
Aquel laurel que pisa
La falda deste monte. (Bailando.)
Cupido.
(Canta.) Y pues hoy es el dia...
Todos y M.
Y pues hoy es el dia...
Cupido.
Que amor sus triunfos goce...
Todos y M.
Que amor sus triunfos goce...
Cupido.
Dénos la que ha de ser...
Todos y M.
Dénos la que ha de ser...
Cupido.
Amor de los amores...
Todos y M.
Amor de los amores...
(Canta Apolo, repitiendo siempre la música, y todos.)
Apolo.
(Canta.) Apolo os lo suplica,
previniendo esplendores,
Con que si á vos laureles,
A ella rayos coronen.
Íris.
(Canta.) En cuya paz, el aire
Nos dé tan feliz prole...
Eco.
(Canta.) Que el eco de su fama
Llene mares y montes.
Céfalo.
De suerte que á ser venga...
Silvio.
En unidad conforme...
Bata.
Todo en ella finezas...
Rústico.
Y todo en vos blasones...
Todos.
Siendo aqueste laurel
Cuando ambas sienes dore...
Música.
Bandera de los aires,
Garzota de las flores.
Todos.
De suerte que á ser venga,
Cuando ambas sienes dore
Este laurel, que pisa
La falda deste monte,
Bandera de los aires,
Garzota de las flores.