ALVAREZ Y FELIÚ DE LA PEÑA

Don Antonio María Alvarez era un criollo inquieto, atravesado, desprovisto de sentido moral. Tenía ese espíritu rencoroso tan frecuente en los americanos. Violento y nada valiente, odiaba a los españoles reaccionarios porque le parecían, y era natural que le pareciesen, los más españoles entre los españoles. Para Alvarez todos los españoles eran unos pendejos. Solía acudir Alvarez al café de la Noria, y allí bebía y se exaltaba hablando contra la reacción y contra los carlistas. Alvarez se dejaba guiar por los elementos populares que querían la venganza a toda costa y hacer una San Bartolomé con los carlistas. Le secundaba en sus violencias el brigadier Ayerve, aragonés de Huesca, progresista, ordinario e inculto, que hablaba muy en bárbaro.

Consejero de Xaudaró fué el teniente coronel don José Feliú de la Peña, que era secretario de la Capitanía General. Feliú de la Peña tenía el carácter de esos hombres turbios que aparecen en períodos mixtos de absolutismo y de anarquía. Había sido fiscal en los tiempos de la comisión militar ejecutiva; luego fué designado por Llauder para la secretaría de policía de Cataluña, y después había entrado en la Capitanía General. Feliú, el Tuerto, como le llamaban, era intrigante, atrevido y lleno de audacia; hacía negocios con los suministros militares, como antes los había hecho explotando las casas de juego.