CONSEJOS DE MINA

Xaudaró llevó a su amigo Feliú al Club Unitario, del cual eran directores algunos plutócratas barceloneses. A su vez, Feliú de la Peña llevó a Xaudaró a la Capitanía General a visitar a Mina. El general y el ex confidente hablaron largo rato. Mina desconfiaba de algunos elementos liberales de Barcelona, sobre todo de los isabelinos; creía, o aparentaba creer, que nuestra impaciencia en proclamar la Constitución iba a ser perjudicial para la causa. Sabía que llegaba yo en calidad de consejero político enviado por Mendizábal, y esto, al parecer, le había ofendido profundamente.

Mina recomendó a Xaudaró que su grupo del Club Unitario no se fundiera para nada con los isabelinos ni con los mendizabalistas; quería, sin duda, seguir la antigua máxima maquiavélica de dividir para reinar. Xaudaró y los que le seguían aspiraban a una dictadura de Barcelona sobre las provincias catalanas libre del Poder central. Mina pretendía lo mismo, pretendía ser un dictador en Barcelona y que nadie se moviese sin que él diera su vistobueno.

La recomendación de Mina influyó en los que formaban la junta constituída por Madoz, Llinás, Gironella y otros; y al querer entrar nosotros en negociaciones con ellos dijeron que no consideraban prudente en aquellos momentos la proclamación de la Constitución de 1812.

Mina dejó bien advertido de sus ideas a Feliú de la Peña, a Xaudaró, a don Pedro Gil, capitalista muy amigo del general, y a don Pascual Madoz. Madoz, que ya se había comprometido con nosotros, se echó atrás y tomó una actitud completamente ambigua.