LA TORMENTA SE ACERCA
A la par que nuestros planes, la idea de la matanza, que se consideraba como una manifestación del poder absoluto de los exaltados, iba cundiendo en el pueblo, y se veía que no le faltaba para realizarse mas que una ocasión favorable. Al mismo tiempo había carlistas frenéticos deseosos de que la situación se hiciera más tirante que veían casi con gusto la perspectiva de una matanza de correligionarios en Barcelona, y mendizabalistas entusiastas de su jefe que deseaban que hubiese algaradas populares, para que así Mendizábal, que había prometido la paz en seis meses, si no se turbaba el orden y todos le ayudaban, tuviera un pretexto para sincerarse y seguir en el Poder.
Varias veces el general Pastors, gobernador de la Ciudadela, había enviado peticiones a Alvarez, que mandaba la capital en ausencia de Mina, para que trasladasen a O'Donnell y a varios carlistas presos señalados para ser víctimas de la venganza popular a otra ciudad o a un barco de guerra; pero ni Alvarez ni su secretario Feliú de la Peña accedían.
—Que se revienten—decía Alvarez, riendo—; que se hagan la pascua—y se alegraba de los temores de Pastors.
Este, que era un pobre hombre bruto, pero de buen fondo, quería salvar, sobre todo, a su amigo O'Donnell, y no comprendía por qué le negaban lo que pedía.