UN AVISO
El día 3 de enero, por la noche, se presentó en mi casa un hombre desconocido; me preguntó si estaba solo; le contesté que sí, e inmediatamente me dijo:
—Vengo a advertirle a usted que mañana serán ejecutados los prisioneros carlistas de la Ciudadela.
—¿Cómo lo sabe usted? ¿De quién tiene usted esta noticia?
—No se lo puedo decir a usted. Bástele a usted saber que el hecho es cierto; mañana lo podrá comprobar.
Quise sonsacar algo a aquel hombre, pero no conseguí nada; me repitió que me comunicaba la noticia para que tomara mis medidas, y se marchó.
Vacilé un momento, e inmediatamente me decidí, me puse las botas, tomé la capa y el sombrero y metí una pistola en el bolsillo. Bajé corriendo las escaleras, salí a la calle, pero el hombre había desaparecido.
Hice mil cábalas pensando quién podía comunicarme aquella noticia; pensé si sería mi confidente carlista o alguno del Club Unitario, pero no pude deducir nada.