EN MÁLAGA
Estando ya en la Península, Mendizábal me persiguió implacablemente; pero en Málaga hallé asilo seguro y protección. Mi amigo Thompson, comerciante inglés, me llevó a la casa de un conocido suyo. Visité al general don Juan San Just, que me acogió con gran amabilidad, y me dijo que podía estar tranquilo.
No obstante las muchas órdenes de prisión que se comunicaron contra mí, y las cartas particulares que se escribieron para desacreditarme pintándome como un intrigante sin honor y sin conciencia, hice allí muy buenos amigos.
Mi residencia en Málaga me proporcionó la ocasión de observar y conocer en globo las maquinaciones que se pusieron en juego desde la Corte para derribar el ministerio Istúriz, y las intrigas que se tramaron para acabar con los isabelinos y dejar a Mendizábal como dictador de España.
La muerte de los dos gobernadores, ambos isabelinos, la intervención de Escalante, los gritos que se dieron, todo, me hizo creer que en aquel ensangrentado motín andaban los partidarios de Mendizábal en unión de comerciantes y de contrabandistas.
Pamplona, mayo, 1921.