JORNADA SEGUNDA

ESCENA CUARTA

La capilla. Don Farruquino aparece en el presbiterio, sentado en un escano con espaldar de viejo y noble belludo, orlado por grandes clavos de bronce. Enfrente se abre el arco de la tribuna, donde se sume la figura negra y bruja de Andreina.

ANDREINA

iToda estoy temblando, mi rey!

DON FARRUQUINO

?Te dijo el ciego lo que habias de hacer?

ANDREINA

Algo me dijo… iMas los otros juraron segarme el cuello!

DON FARRUQUINO

Busca la llave, y me la echas….

ANDREINA

No se como lograrlo, pues la tiene el senor capellan.

DON FARRUQUINO

Se la robas.

ANDREINA

?Mas con que engano?

DON FARRUQUINO

Cuando duerma. ?El se acuesta con tigo o con la Rebola?

ANDREINA

iAsus! iQue picardias habla!… Ciego habia de estar para condenarse con la Rebola! iY lo que es conmigo! iAsus! Llevo muchos anos a cuestas, cuatro onzas y un doblon, para que me tienten los Dianos…. No diga esas picardias, mi rey, que un dia le sale una avispa en la lengua…. Yo le servire con toda voluntad en aquello que pueda, y cuantas llaves hay en la casona vere de traerselas, por si alguna abre.

DON FARRUQUINO

Si no, tendre que salir poniendo fuego a la puerta.

ANDREINA

Yo vere de servirle…. Mas luego no olvide la promesa que me hizo de tener a una de mis rapazas como su ama.

DON FARRUQUINO

Ya te dije que si alcanzo un curato, me llevo a las dos.

ANDREINA

Tanto no pido, iAsus!….

Se santigua la vieja encubridora, y el tonsurado segundon se pone en pie, y avizora hacia la puerta que comunica con la casona, una puerta pequena en la sombra humeda del muro de piedra, que rezuma. Se oye el rechinar de la llave. Don Farruquino se esconde en el rincon mas oscuro, y espera. La puerta se abre, y una sombra se aparta para dejar paso al Caballero. Otra sombra negra y bruja, huye de la tribuna.

EL CABALLERO

iSenor capellan, por que no esta encendida la lampara?

EL CAPELLAN

Se habra bebido el aceite alguna lechuza.

EL CABALLERO

Siento el volar de unas alas en esta oscuridad.

EL CAPELLAN

Aquel ventanal tiene rotos los cristales, y como entra el viento pudo entrar la lechuza.

EL CABALLERO

Las alas que yo siento se abren dentro de mi.

Avanzan las dos sombras hacia el presbiterio. Sus pasos huecos, en la soledad de la capilla, tienen una vaga resonancia, y las palabras un misterio de sombra.

EL CABALLERO

?Donde esta enterrada?

EL CAPELLAN

Esta losa la cubre, senor.

EL CABALLERO

Es preciso que la levantemos, Don Manuelito. iQuiero verla!

EL CAPELLAN

Nuestras fuerzas no bastan, senor.

EL CABALLERO

iPiedra, piedra, levantate!

Don Juan Manuel se arrodilla ante la sepultura, y entenebrecido, y suspirante, reza en voz baja. El capellan, en tanto, escudrina en la sombra con recelosa prevision. De pronto da una gran voz, grande y estentorea.

EL CAPELLAN

iFalta la lampara!

EL CABALLERO

iTragame, tierra!

EL CAPELLAN

iNo han sido lechuzas las que entraron aqui, fueron lobos!

EL CABALLERO

iNi una luz que alumbre tu sepultura, pobre Rusa! iNada han dejado! iRusa, pide por mi y por esos ladrones que bebieron la leche de tus pechos! iSon nuestros hijos, Maria Soledad!

El CAPELLAN

iY no han temido la colera divina!

EL CABALLERO

Y tampoco temen la mia, Don Manuelito!

EL CAPELLAN

iEl Senor pudo enviar sobre sus cabezas un rayo que los aniquilase!

EL CABALLERO

Yo pude enviarles un tiro.

EL CAPELLAN

iSon como fieras!

EL CABALLERO

Son lobeznos, hijos de lobo.

EL CAPELLAN

El Senor Don Juan Manuel nunca ha sido como ellos.

EL CABALLERO

iYo he sido siempre el peor hombre del mundo! Ahora siento que voy a dejarlo, y quiero arrepentirme. La luz que ellos apagaron se enciende en las tinieblas donde el alma vivia, y para que mi linaje, donde hubo santos y grandes capitanes, no lo cubran mis hijos de oprobio, acabando en la horca por ladrones, les repartire mis bienes y quedare pobre, pobre de pedir por las puertas…. Ahora probemos entre los dos a levantar la sepultura…. iQuiero ver a mi muerta!… iAcaso me hable!

EL CAPELLAN

Esos son delirios, Senor Don Juan Manuel.

EL CABALLERO

iPiedra, levantate!

EL CAPELLAN

iDon Juan Manuel somos viejos! Somos viejos y la vejez no tiene fuerzas. En otro tiempo no digo que no la hubiesemos levantado….

EL CABALLERO

Y ahora tambien.

EL CAPELLAN

Somos viejos.

EL CABALLERO

Mayor peso llevo sobre los hombros.

EL CAPELLAN

Y el que nunca se doblo, se dobla.

EL CABALLERO

Si, me doblo, y solo anhelo dejar la vida, Don Manuelito.

EL CAPELLAN

Ya tuvo el consuelo de rezar sobre la sepultura…. Vamonos de aqui….
?Mas, que ruido fue ese?….

EL CABALLERO

Consegui mover la losa.

EL CAPELLAN

iTiene los brazos de hierro!

EL CABALLERO

iMe sangran las manos!

EL CAPELLAN

Yo le ayudare, senor. ?Donde hallariamos algo con que apalancar?

EL CABALLERO

En esta oscuridad, apenas se ve.

Recorre el capellan el presbiterio y la capilla. En el fondo oscuro, sus ojos sagaces descubren de pronto un bulto inmovil, sin contorno ni faz, que simula la vieja escultura de algun santo. Se acerca mas. Alarga una mano en las tinieblas, y antes de haber palpado, va siente como un fulgor de adivinacion. Es Don Farruquino.

EL CAPELLAN

iAh!… Sacrilego, te habia reconocido.

DON FARRUQUINO

Silencio.

EL CAPELLAN

iNo bastaba el saqueo de la casa!

DON FARRUQUINO

Silencio…. Hablaremos donde no este mi padre.

EL CAPELLAN

?Como osaste tan impio latrocinio? ?Como has entrado en este sacro recinto? iHabla!

DON FARRUQUINO

Quise dar paz a mi conciencia.

EL CAPELLAN

iCon un sacrilegio!

DON FARRUQUINO

Impidiendo que otros lo cometiesen. Sabia de cuanto mis hermanos son capaces, y entre aqui para impedirlo….

EL CAPELLAN

?Donde estan las alhajas de la capilla?

DON FARRUQUINO

Ya habian sido robadas….

EL CAPELLAN

iNo mientas, perverso!

El Caballero desciende las gradas del presbiterio y avanza algunos pasos en la oscuridad de la capilla. La procer figura, que tiene la vaguedad de un fantasma, parece crecer bajo la nave, y su vos resuena impregnada de grave tristeza, de una tristeza de patriarca y de guerrero. Los dos clerigos callan.

EL CABALLERO

?Por que te escondes, mal hijo?

DON FARRUQUINO

No me escondo, senor.

EL CABALLERO

?Temes mi justicia?

DON FARRUQUINO

Quien esta sin culpa, nada teme.

EL CABALLERO

iHas apagado la unica luz que ardia sobre la sepultura de tu madre!

DON FARRUQUINO

Si mi padre lo dice, sera verdad.

EL CABALLERO

Eres solapado en las palabras como en las obras. iDefiendete, al menos!

DON FARRUQUINO

Dios Nuestro Senor ha elegido mi cabeza inocente para que sobre ella caigan las culpas de otros.

EL CABALLERO

A mi no puedes enganarme… Llega y ayudame a levantar la sepultura… No tardare en morir, y si tardase os faltaria paciencia para esperar… Porque no acabeis en la horca he pensado repartiros mis bienes. Me heredareis en vida… Llega y ayudame… Si tienes hijos, ellos me vengaran… Los votos no te impediran tenerlos. Llega para que podamos levantar la losa.

EL CAPELLAN

Vamos, alma de Faraon.

DON FARRUQUINO

No reconozco a Don Juan Manuel.

EL CAPELLAN

Tiene razon, cuando dice que va a morir.

Se llegan al presbiterio, se mueven vagarosos alrededor de la sepultura, tantean, se encorvan, y en silencio, con una rodilla en tierra, en un tacito acuerdo, comienzan a levantar la losa. Se les oye jadear. Cuando aparece el hueco negro, pestilente, humedo, el viejo linajudo se inclina sobre el, y solloza con un sollozo sofocado y terrible de leon viejo. El hijo, con los ojos nublados de miedo, se aparta.

DON FARRUQUINO

iNo puedo mas!

EL CAPELLAN

Temo que a tu padre le de un arrebato de sangre.

EL CABALLERO

iMaria Soledad, aqui estoy! iHablame!

EL CAPELLAN

Basta ya, senor….

EL CABALLERO

iQuiero ver su rostro por ultima vez!

El Caballero levanta la tapa del feretro y en la oscuridad de la cueva albean las tocas del sudario y destella la cruz colocada sobre el pecho, entre las manos yertas. El Caballero se inclina, y un aire de humeda pestilencia, que le hace sentir todo el horror de la muerte, pone frio en su rostro.

EL CABALLERO

iMaria Soledad, esperame!… Tienes los ojos abiertos y siento que me miras… Ahora me voy, pero vendre pronto y para siempre a tu lado… iDios!… iDios!… iCativo Dios, por que me llevaste a la Rusa!….

El Capellan acude, y levanta el desfallecido cuerpo del Caballero. El hijo, mas tardo por miedo o desamor, se acerca tambien y le ayuda. Casi en brazos le sacan de la capilla. Don Juan Manuel, en la puerta los hace detener y se arrodilla.

EL CABALLERO

iAbierta queda mi sepultura!… iMaldito quien intente poner la losa antes de haber bajado yo a la cueva! iMaria Soledad, esperame!

[Ilustracion]