CONCLUYE LA LUCHA
La lucha había terminado, lucha de ochenta y dos años para la cual había sido campo esta vida. Trágico y glorioso combate en que tomaron parte todas las fuerzas de la vida, todos los vicios y todas las virtudes. Todos los vicios menos uno, la mentira, que persiguió sin cesar y atacó hasta en sus últimos refugios.
En primer término, la libertad embriagada, las pasiones que entrechocan en la noche tempestuosa, que iluminan, de trecho en trecho, con deslumbradores relámpagos, crisis de amor y de éxtasis, visiones del Eterno. Años del Cáucaso, de Sebastopol, años de juventud tumultuosa e inquieta. Luego, la gran tranquilidad de los primeros años del matrimonio. La felicidad del amor, del arte, de la naturaleza,—La Guerra y la Paz. El pleno día del genio, que abarca todo el horizonte humano y el espectáculo de estas luchas, que para el alma pertenecen ya a lo pasado. Las domina, es el amo de ellas, y ya no le bastan. Como el príncipe Andrés, tiene los ojos vueltos hacia el cielo inmenso que luce por encima de Austerlitz. Este cielo lo atrae:
Hay hombres de alas potentes, a quienes la voluptuosidad hace descender en medio de la multitud, donde sus alas se rompen: yo, por ejemplo. Después, baten sus alas rotas, remontan el vuelo vigorosamente, y de nuevo caen. Las alas serán curadas: y volaré muy alto. ¡Que Dios me ayude![814]
Estas palabras fueron escritas en medio de la más terrible tempestad, cuyo recuerdo y eco son las Confesiones. Tolstoi fué arrojado más de una vez por el suelo, destrozadas las alas. Y siempre se obstinó; volvió a levantarse; y he aquí que flota en “el cielo inmenso y profundo” con sus dos grandes alas, que son una la razón y otra la fe. Pero no encontró la calma que buscaba, porque el cielo no está fuera de nosotros, el cielo está en nosotros. Allá Tolstoi respira sus tempestades de pasiones; y se distingue por eso de los apóstoles que renuncian, pues pone en su renunciación el mismo ardor que ponía en vivir. Y es siempre la fe a la que abraza, con una violencia de amante; está “loco de vida”; está “ebrio de vida”; no puede vivir sin esa embriaguez[815]. Embriagado de felicidad y de desventura, a la vez; embriagado de la muerte y de la inmortalidad[816]. Su renunciación a la vida individual no es más que un grito de pasión exaltada hacia la vida eterna. No; la paz que alcanzó, la paz del alma que él invocaba no es la de la muerte; es la de esos mundos inflamados que gravitan en el espacio infinito. En él la cólera es calma[817] y la calma es ardiente. La fe le ha dado armas nuevas para recomenzar, más implacable, el combate que desde sus primeras obras no cesó de librar contra las mentiras de la sociedad moderna. No se detiene ya en algunos tipos de novelas, sino que ataca a los grandes ídolos: hipocresías de la religión, del Estado, de la ciencia, del arte, del liberalismo, del socialismo, de la instrucción popular, de la beneficencia, del pacifismo,[818]... Los abofetea, se encarniza contra ellos.
El mundo contempla, de lejos en lejos, la aparición de esos grandes espíritus rebeldes que, como Juan el Precursor, lanzan anatemas contra una civilización corrompida. La última de esas apariciones había sido Rousseau. Por su amor a la Naturaleza[819], por su odio a la sociedad moderna, por su celo de independencia, por su fervor de adoración al Evangelio y la moral cristiana, Rousseau anuncia a Tolstoi, que se juzga continuador de aquél:
“Algunas de sus páginas me llegan al corazón, decía, y creo que yo las habría escrito”[820].
Pero ¡cuánta diferencia entre las dos almas, y cómo la de Tolstoi es más puramente cristiana! ¡Qué falta de humildad, qué arrogancia farisaica, la de este grito insolente de las Confesiones del ginebrino!:
¡Ser Eterno! Que uno solo te diga, si osa decirlo: ¡fuí mejor que este hombre!
O en este reto al mundo:
Declaro arrogantemente y sin temor: quienquiera que me crea un hombre deshonesto, es él mismo un hombre que merece ser ahorcado.
Tolstoi lloraba lágrimas de sangre sobre los “crímenes” de su vida pasada:
Sufro las torturas del infierno. Recuerdo toda mi cobardía pasada, y estos recuerdos no me abandonan, me envenenan la vida. Se lamenta de ordinario que no se conserven recuerdos después de la muerte ¡Qué felicidad que así sea! ¡Cuál sufrimiento sería, si, en esa otra vida, me acordase de todo el mal que he cometido aquí abajo![821]...
No es él quien hubiera escrito sus Confesiones, como Rousseau, porque decía éste, “sintiendo que el bien sobrepasaba el mal, tenía yo interés en decirlo todo”[822]. Tolstoi, después de haber ensayado, renuncia a escribir sus Memorias: la pluma se le cae de las manos; no quiere ser objeto de escándalo para quienes lo habrán de leer:
Las gentes dirán: ¡Ved a este hombre que muchos colocan a tanta altura! ¡Y qué cobarde era! Luego, a nosotros, simples mortales, es Dios mismo quien nos ordena que seamos cobardes[823].
Nunca conoció Rousseau el bello pudor moral de la fe cristiana, la humildad que da al viejo Tolstoi un candor inefable. Detrás de Rousseau—encuadrando la estatura de la isla de los Cisnes—se ve la Roma de Calvino. En Tolstoi, encuentra uno a los peregrinos, a los inocentes, cuyas ingenuas confesiones y cuyas lágrimas habían conmovido su infancia.
Pero mucho más aún que la lucha contra el mundo, que le es común con Rousseau, otra lucha llena los treinta últimos años de la vida de Tolstoi, un magnífico combate entre las dos más altas potencias de su alma: la Verdad y el Amor.
La Verdad (“esta mirada que va derecho a las almas”), la luz penetrante de estos ojos grises que os traspasan... Era su fe más antigua, la reina de su arte.
La heroína de mis escritos, la que yo amo con todas las fuerzas de mi alma, la que fué, es y será siempre bella, es la verdad[824].
La verdad, único despojo que aún flotaba del naufragio, después de la muerte de su hermano[825]. La verdad, eje de su vida, roca en medio de la mar...
Pero bien pronto, la “horrible verdad”[826] no le bastará, porque el Amor la había suplantado. Era la fuente viva de su infancia, “el estado natural de su alma”[827]. Cuando sobrevino la crisis moral de 1880, no abdicó de la verdad y la abrió al amor[828].
El amor es “la base de la energía”[829]. El amor es “la razón de vivir”, la única, con la belleza[830]. El amor es la esencia del Tolstoi madurado por la vida, del autor de La Guerra y la Paz y de la carta al Santo Sínodo[831].
Esta penetración de la verdad por el amor forma el precio único de las obras maestras que escribió, al mediar su vida—nel mezzo del cammin—y que distingue su realismo del realismo de Flaubert. Éste pone su fuerza en no amar a sus personajes; y por grande que así sea, le falta el ¡Fiat lux!
La luz del sol no es suficiente, se necesita la del corazón. El realismo de Tolstoi se encarna en cada uno de los seres, y, viéndolos con sus ojos, encuentra, aun en el más vil, razones para amarlo y para hacernos sentir la cadena fraternal que nos une a todos[832]. Por el amor penetra hasta las raíces de la vida.
Mas es difícil mantener esta unión. Hay horas en que el espectáculo de la vida y de sus dolores es tan amargo que parece un reto al amor, y que, para salvarlo, para salvar su fe, está uno obligado a levantarla tan alto por encima del mundo, que corre peligro de perder con él todo contacto. ¿Y qué hará quien ha recibido de la suerte el don soberbio y fatal de ver la verdad y no poder dejar de verla? ¡Quién dirá lo que Tolstoi sufrió con el continuo desacuerdo de sus últimos años, entre sus ojos despiadados que veían el horror de la realidad, y su corazón apasionado que insistía en esperar y afirmar el amor!
Todos nosotros hemos conocido estos trágicos debates. ¡Cuántas veces nosotros mismos nos hemos encontrado en la alternativa de no ver o de odiar! ¡Y cuántas veces un artista—un artista digno de este nombre, un escritor que conozca el poder espléndido y temible de la palabra escrita—se siente oprimido de angustia cuando llega el momento en que tenga que escribir tal o cual verdad![833]. Esta verdad sana y viril, necesaria en medio de las mentiras modernas, mentiras de la civilización, esta verdad vital, podría decirse, como el aire que respiramos... Y después se advierte que este aire ¡cuántos pulmones no pueden soportarlo! ¡cuántos seres debilitados por la civilización, o simplemente débiles por la bondad de sus corazones! ¿Será preciso, pues, no tenerlos para nada en cuenta, y arrojarles implacablemente esta verdad que mata? ¿No hay, por encima de todo, una verdad que, como dice Tolstoi, “está abierta al amor”? ¡Pero qué! ¿es posible, sin embargo, consentir en arrullar a los hombres con mentiras consoladoras, como Peer Gynt arrullaba, con sus cuentos, a su vieja madre moribunda?... La sociedad se encuentra continuamente enfrente de este dilema: la verdad o el amor. De ordinario resuelve sacrificando a la vez la verdad y el amor.
Nunca Tolstoi traicionó alguna de sus dos creencias. En sus obras de la madurez, el amor es antorcha de la verdad. En las obras de sus últimos tiempos, es una luz de lo alto, un rayo de la gracia que desciende sobre la vida, pero que no se mezcla con ella, como se ha visto en Resurrección, donde la fe domina a la realidad, que permanece exterior a ella. Aun el mismo pueblo que pinta Tolstoi como muy débil y mediocre, cada vez que mira a las figuras aisladamente, toma, desde el momento que piensa en él de una manera abstracta, una santidad divina[834]. En su vida de todos los días se acusaba el mismo desacuerdo que en su arte, y aun más cruelmente. Bien sabía lo que el amor reclamaba de él, pero obraba de otro modo; no vivía según Dios, vivía de acuerdo con el mundo. Y ¿el amor mismo, dónde encontrarlo? ¿Cómo distinguir entre sus rostros diversos y sus órdenes contradictorias? ¿Era el amor a su familia, o el amor a todos los hombres?... Hasta los últimos instantes se debatió entre estas alternativas.
¿Dónde está la solución? Él no la encontró. Dejemos a los intelectuales orgullosos el derecho de juzgarlo con desdén. Ciertamente, ellos la han encontrado, ellos que poseen la verdad y que en ella con seguridad se apoyan. Para estos intelectuales, Tolstoi era un débil y un sentimental, cuya vida no puede ofrecerse de ejemplo. Y sin duda, no es un ejemplo que puedan seguir: no saben ellos vivir suficientemente. Tolstoi no pertenecía a la “élite” vanidosa, no era de ninguna iglesia, ni de la de los escribas, como los llamaba él mismo, ni de la de los fariseos, de la una o de la otra fe. Es el tipo más alto del cristiano libre, que se esfuerza, durante toda su vida, hacia un ideal que siempre se halla más lejano[835].
No habla Tolstoi para los privilegiados del pensamiento, habla para los hombres ordinarios, hominibus bonae voluntatis. Es nuestra conciencia. Dice lo que todos nosotros pensamos, almas medianas, y lo que nosotros tememos leer en nosotros mismos; no es para nosotros un maestro pleno de orgullo, uno de esos genios arrogantes que reinan en su arte y su inteligencia por encima de la humanidad. Es “nuestro hermano”, como gustaba de llamarse a sí mismo en sus cartas, con el nombre más bello y más dulce de todos.
Enero de 1911.
NOTAS:
[518] Salvo algunas interrupciones, principalmente una bastante larga entre 1865 y 1878.
[519] En su notable biografía de León Tolstoi: Vida y Obra, Memorias, Recuerdos, Cartas, Fragmentos del Diario íntimo, Notas y Documentos biográficos, reunidos, coordinados y anotados por P. Birukov, revisados por León Tolstoi y traducidos del manuscrito por J. W. Bienstock. Esta publicación, comenzada en 1905, no se ha terminado aún. Tres volúmenes han aparecido, y el tercero llega al año de 1884. Es la recopilación de documentos más importantes sobre la vida y obra de Tolstoi y de ella he tomado abundantes datos.
[520] Tomó parte también en las campañas napoleónicas, y estuvo prisionero en Francia durante los años de 1814 y 1815.
[521] Infancia, Capítulo II. (Tomo I de las Obras completas de León Tolstoi, traducidas por J. W. Bienstock).
[522] Infancia, Capítulo XXVII.
[523] Yasnaia Poliana, cuyo nombre significa la “Clara claridad”, es una pequeña aldea situada al Sur de Moscú, a pocas leguas de Tula, “en una de las provincias rusas más agrícolas. Las dos grandes regiones de Rusia—dice M. A. Leroy-Beaulieu—la región de los bosques y la de las tierras de cultivo, allí se tocan y se confunden. En sus alrededores no se encuentran ni finlandeses, ni tártaros, ni poloneses, ni judíos, ni ukranos. Este país de Tula está en el corazón mismo de Rusia”. (A. Leroy-Beaulieu, León Tolstoi, Revue des Deux Mondes, 15 de diciembre de 1910).
[524] Tolstoi lo retrató en Ana Karenina, en la figura del hermano de Levine.
[525] Escribió el Diario de un Cazador.
[526] En realidad era una parienta lejana. Había amado al padre de Tolstoi y había sido amada por él; pero como Sonia, en La Guerra y la Paz, se había sacrificado.
[527] Infancia, Capítulo XII.
[528] ¡No llega a afirmar en sus noticias autobiográficas (fechadas en 1878), que se acordaba de sus sensaciones cuando lo fajaban en pañales y cuando lo bañaban en tina, recién nacido! (Véase los Primeros Recuerdos. Una traducción francesa fué publicada en el mismo volumen que Amo y Criado).
[529] Primeros Recuerdos.
[530] De 1842 a 1847.
[531] Nicolás, cinco años mayor que León, ya había terminado sus estudios en 1844.
[532] Amaba las conversaciones sobre cuestiones metafísicas, “tanto más, decía, cuanto eran más abstractas y alcanzaban un grado tal de obscuridad que, creyendo decirse lo que se piensa, se dicen cosas muy distintas”. (Adolescencia, XXVII).
[533] Adolescencia, XIX.
[534] Sobre todo en sus primeras obras, en las Narraciones de Sebastopol.
[535] Era el tiempo en que leía a Voltaire, complacido en su lectura. (Confesiones, I).
[536] Confesiones, I. Traducción de J. W. Bienstock.
[537] Juventud, III.
[538] De marzo a abril de 1847.
[539] “Cuanto hace un hombre lo hace por amor propio”, dice Nekhludov en Adolescencia.—En 1853, escribía Tolstoi en su Diario: “Mi más grave defecto es el orgullo. Un amor propio inmenso, irrazonable... Soy tan ambicioso que si tuviera que escoger entre la gloria y la virtud (que tanto amo), creo que seguramente me quedaría con la primera”.
[540] “Quería que todos me conociesen y me amasen; deseaba que sólo al escuchar mi nombre todos se llenaran de admiración y me dieran gracias”. (Juventud, III).
[541] Según un retrato de 1848, cuando tenía 20 años (reproducido en el primer volumen de Vida y Obra).
[542] “Me imaginaba que no había felicidad posible sobre la tierra para un hombre que tenía, como yo, la nariz tan grande, los labios tan gruesos y los ojos tan pequeños”. (Infancia, XVII). Habla además con desolación de “este rostro sin expresión, de rasgos flojos, blandos, indecisos, sin nobleza, que recuerdan a los simples mujiks; y estas manos y estos pies tan grandes”. (Juventud, I).
[543] “Dividía yo a la humanidad en tres clases: los hombres elegantes, los únicos dignos de estimación; los hombros no elegantes, dignos de desprecio y de odio; y la plebe. Esta no existía”. (Juventud, XXXI).
[544] Principalmente durante una estancia en San Petersburgo, en 1847-48.
[545] Adolescencia, XXVII.
[546] Conversaciones con Paul Boyer, (Le Temps, 28 de agosto de 1901).
[547] Nekhludov figura también en Adolescencia y en Juventud (1854): en Un encuentro en el destacamento (1856): en el Diario de un Marcador (1856): en Lucerna (1857), y en Resurrección (1899). Debe advertirse que este nombre designa a personajes muy diferentes. Tolstoi no trató de conservarle el mismo aspecto físico, y Nekhludov se mata al final del Diario de un Marcador. Muestra las diversas encarnaciones de Tolstoi, en todo lo que tenía de mejor y de peor.
[548] La Mañana de un Señor. Tomo II de las Obras Completas, traducción de J. W. Bienstock.
[549] Es contemporánea de las narraciones de Infancia.
[550] El 11 de junio de 1851, en el campo fortificado de Stari-Iurt en el Cáucaso.
[551] Diario, traducción da J. W. Bienstock.
[552] Diario. 2 de julio de 1851.
[553] Carta a su tía Tatiana, en enero de 1852.
[554] Un retrato de 1851 deja ver ya el cambio que se realiza en su alma. La cabeza erguida, el semblante se anima, las cavidades de los ojos son menos sombrías, mientras los ojos conservan todavía su severa fijeza, y la boca entreabierta, que sombrea un naciente mostacho, es huraña; tiene siempre algo de orgulloso y provocativo, pero mucha más juventud.
[555] Las cartas que escribió entonces a su tía Tatiana están llenas de efusión y de lágrimas. Se decía Liova-riova, León el llorón (6 de enero de 1852).
[556] La Mañana de un Señor es fragmento de un proyecto de Novela del propietario ruso. Los Cosacos son la primera parte de una gran novela del Cáucaso. La inmensa Guerra y Paz no era, en el pensamiento del autor, más que una especie de preámbulo de una epopeya contemporánea, de la cual los Decembristas debían constituir la parte central.
[557] El peregrino Gricha, o la muerte de la madre.
[558] En una carta a Birukov.
[559] La Mañana de un Señor no fué concluida hasta 1855-56.
[560] Los dos viejos, (1885).
[561] La Incursión, Tomo III de las Obras Completas, traducción de J. W. Bienstock.
[562] Tomo III de las Obras Completas.
[563] Tomo IV de las Obras Completas.
[564] Aun cuando hayan sido terminadas mucho más tarde, en 1860 en Hyères (no fueron publicadas sino hasta 1863), la mayor parte de la obra es de esta época.
[565] Los Cosacos. Tomo III de las Obras Completas.
[566] “Tal vez—dice Olenine, enamorado de la joven cosaca,—amo en ella a la Naturaleza... Amándola siento que formo parte indivisa de la Naturaleza”. A menudo compara a la que ama con la Naturaleza. “Ella es, como la Naturaleza, igual, tranquila y taciturna”. Además, relaciona el aspecto de las montañas lejanas y el de “esta mujer majestuosa”.
[567] Así también en la carta de Olenine a sus amigos de Rusia.
[568] Diario. Traducción de J. W. Bienstock.
[569] Se encuentra asimismo esta manera en La Tala en el Bosque concluida en la misma época. Por ejemplo: “Hay tres especies de amor: 1.º, amor estético; 2.º, amor de consagración; 3.º, amor activo, etc.”. (Juventud). O bien “Hay tres clases de soldados: 1.º, los sumisos; 2.º, los autoritarios; 3.º, los fanfarrones, que se subdividen al mismo tiempo en a, sumisos de sangre fría; b, sumisos obligados; c, sumisos borrachos, etc.”. (La Tala del Bosque).
[570] Juventud, XXXII (Volumen II de las Obras Completas).
[571] Enviada a la revista el “Sovremennik”, y publicada inmediatamente.
[572] Tolstoi lo recordó, mucho más tarde, en sus conversaciones con su amigo Teneromo. Particularmente ha contado de una crisis de terror que le sobrevino una noche que ya estaba acostado, en el “dormitorio” cavado en plena trinchera. Se encontrará este Episodio de la guerra de Sebastopol en el volumen intitulado los Revolucionarios, traducción de J. W. Bienstock.
[573] Un poco más tarde, Droujinine amigablemente le pondrá en guardia contra este peligro: “Tenéis una tendencia excesiva a la delicadeza del análisis. A veces estáis a punto de decir: en fulano, las pantorrillas indicaban su deseo de viajar por las Indias... Debéis refrenar esta inclinación, pero no ahogarla por nada del mundo”. (Carta de 1856, citada por P. Birukov).
[574] Tomo IV de las Obras Completas, páginas 82-85.
[575] Que mutiló la censura.
[576] 2 de septiembre de 1855. Traducción de J. W. Bienstock.
[577] “Su amor propio se confundía con su vida; no encontraba otra alternativa: ser el primero, o perecer... Deseaba reconocerse superior a los hombres con quienes se comparaba”.
[578] En 1889, Tolstoi, al escribir un Prefacio para los Recuerdos de Sebastopol por un oficial de artillería, de A. J. Erchov, retorna con el pensamiento a estas escenas. Todo recuerdo heroico había desaparecido en ellas. No recuerda sino es que el miedo duró siete meses, el doble miedo: de la muerte y de la vergüenza, horrible tortura moral. Todos los triunfos del sitio, para él, se resumían en esto: haber sido carne de cañón.
[579] Suarés: Tolstoi, Edición de “La Unión para la Acción Moral”, 1899, reeditada en los “Cuadernos de la Quincena”, con el título de Tolstoi vivo.
[580] Turguenef se quejaba, en una conversación, del “estúpido orgullo nobiliario de Tolstoi, de sus fanfarronadas de Junker”.
[581] “Un rasgo de mi carácter, bueno o malo, pero que me fué peculiar siempre, consiste en que, hasta a pesar mío, me oponía siempre a las influencias exteriores epidémicas... Sentía repulsión por la corriente general”. (Carta a P. Birukov).
[582] Turguenef.
[583] Grigorovitch.
[584] Eugenio Garchine: Recuerdos de Turguenef, 1883. Véase Vida y Obra de Tolstoi, por Birukov.
[585] La más violenta, que produjo una ruptura decisiva entre ellos, tuvo lugar en 1861. Turguenef gustaba de mostrar sus sentimientos filantrópicos y hablaba de las obras de beneficencia de que se ocupaba su hija, y nada irritaba más a Tolstoi que la caridad mundana.
“Yo creo, dijo, que una muchacha elegantemente vestida que sostiene sobre sus rodillas unos harapos sucios y malolientes, representa una escena teatral que carece de sinceridad”.
La discusión se acaloró. Turguenef, fuera de sí, amenazó a Tolstoi con abofetearlo; y éste exigió una reparación, al momento, en un duelo a fusil. Turguenef, que en el acto había lamentado su arrebato, le envió una carta de excusas; pero Tolstoi no perdonó aquello nunca. Cerca de veinte años después, como se verá adelante, fué él quien pidió perdón, en 1878, cuando abjuraba de toda su vida pasada y complacido humillaba su orgullo delante de Dios.
[586] Confesiones. Tomo XIX de las Obras Completas, traducción de J. W. Bienstock.
[587] “No había, dice, ninguna diferencia entre nosotros y un asilo de alienados. Aun en esta época yo lo sospechaba vagamente; pero, como lo hacen todos los locos, trataba de locos a los demás, excepto a mí mismo”. Ibid.
[588] Confesiones.
[589] Diario del príncipe D. Nekhludov, Lucerna. Tomo V de las Obras Completas.
[590] Diario del príncipe D. Nekhludov.
[591] En este viaje conoció en Dresden a Auerbach, quien había sido su primer inspirador para la instrucción del pueblo; a Froebel, en Kissingen; en Londres, a Herzen; y en Bruselas a Proudhon, quien parece haberle producido una gran sorpresa.
[592] Sobre todo en 1861 y 1862.
[593] La Educación y la Cultura. Véase Vida y Obra de Tolstoi. Tomo II.
[594] Tolstoi ha expuesto estas teorías en la revista Yasnaia Poliana, en 1862. (Tomo XIII de las Obras Completas).
[595] Tomo IV de las Obras Completas.
[596] Tomo V de las Obras Completas.
[597] Ibid.
[598] Tomo VI de las Obras Completas.
[599] Discurso acerca de la “Superioridad del elemento artístico en la literatura sobre todas sus corrientes temporales”.
[600] Le oponía ejemplos de sus mismas obras, como el viejo postillón de Tres Muertos.
[601] Se advertirá que ya otro hermano de Tolstoi, Dmitri, había muerto de tisis en 1856. Tolstoi mismo se creía atacado de esa enfermedad en 1856, en 1862 y en 1871. Era, como escribe, en 28 de octubre de 1852, “de una complexión fuerte, pero débil de salud”. Constantemente sufría por enfriamientos, males de la garganta, de los dientes, de los ojos, reumatismos. En el Cáucaso, en 1852, debía, “al menos dos días por semana, recluirse en su casa”. La enfermedad lo detuvo por varios meses, en 1854, en el camino de Silistrie a Sebastopol. En octubre de 1856 estuvo seriamente enfermo del pecho en Yasnaia Poliana, y en 1862, por temor a la tisis fué a ponerse en cura a Samara, por medio del “kumis”, entre los baskires, y volvió allá casi anualmente después de 1870. Su correspondencia con Fet está llena de estas preocupaciones. Y tal estado de salud hace comprender mejor su obsesión de la idea de la muerte. Más tarde hablaba de la enfermedad como de su mejor amigo:
“Cuando se está enfermo parece que se desciende una cuesta muy suave, que, en algún punto, está cerrada por una cortina, ligera cortina de tela a un lado de la cual está la vida, y al otro, la muerte. ¡Cuánto el estado de enfermedad supera, en valor moral, al estado de salud! ¡No me habléis de esas gentes que no han estado nunca enfermas! Son terribles: las mujeres sobre todo; una mujer saludable no es más que una bestia feroz”. (Conversaciones con M. Paul Boyer, “Le Temps”, 27 de agosto de 1901).
[602] El 17 de octubre de 1860, carta a Fet. (Correspondencia inédita, página 27-30).
[603] Escrito en Bruselas, en 1861.
[604] Otro cuento de esta época, un simple relato de viaje, que evoca recuerdos personales, La Tormenta de nieve, (1856), tiene una gran belleza por sus impresiones poéticas y casi musicales. Tolstoi volvió a emplear este cuadro, más tarde, para Amo y Criado (1895).
[605] Tomo V de las Obras Completas.
[606] Cuando era niño, en un acceso de celos, había hecho caer de un balcón a la que debía de llegar a ser Mme. Bers, su pequeña compañera de juegos, entonces de nueve años. Ella estuvo por largo tiempo coja.
[607] Véase en La Felicidad Conyugal la declaración de Sergio:
“Suponed a un señor A., un viejo hombre que ha vivido, y una dama B., joven, feliz, que no conoce todavía ni a los hombres ni la vida. Por razón de diversas circunstancias de familia él la amaba como a una hija, y no pensaba que podría llegar a amarla de otra manera... etc.”.
[608] Acaso ponía también en su obra los recuerdos de una novela de amor, bosquejada en Yasnaia Poliana en 1856, con una muchacha muy distinta de él, frívola y mundana, a quien acabó por cansar, aunque estaban sinceramente enamorados el uno del otro.
[609] De 1857 a 1861.
[610] Diario, octubre de 1857, traducción de Bienstock.
[611] Carta a Fet, de 1863. (Vida y Obra de Tolstoi.)
[612] Confesiones, traducción de Bienstock.
[613] “La felicidad de la vida de familia me absorbe por completo”. (5 de enero de 1863).—“¡Soy tan feliz, tan feliz! ¡La amo tanto!” (8 de febrero de 1863.—Véase Vida y Obra).
[614] Ella había escrito algunas novelas cortas.
[615] Recopió, se asegura, siete veces La Guerra y la Paz.
[616] Inmediatamente después de su matrimonio, Tolstoi suspendió sus trabajos pedagógicos, escuelas y revistas.
[617] Tanto como su hermana Tatiana, inteligente y artista, de quien amaba mucho Tolstoi el talento y genio musical. Decía Tolstoi: “He tomado a Tania (Tatiana), la he fundido con Sonia (Sofía Bers, condesa de Tolstoi) y de allí ha salido Natacha”. (Citado por Birukov).
[618] La instalación de Dolly en la casa de campo destartalada; Dolly y sus hijos; muchos detalles de tocador; sin hablar ya de algunos secretos del alma femenina, que la intuición de un hombre de genio acaso no habría bastado a penetrar si una mujer no se los hubiese descubierto.
[619] Indicio característico de la intervención sobre el espíritu de Tolstoi por el genio creador: su Diario se interrumpió trece años, desde el 1.º de noviembre de 1865, en plena composición de La Guerra y la Paz. El egoísmo artístico hizo callar el monólogo de la conciencia. Esta época de creación es también una época de intensa vida física. Tolstoi estaba loco por la caza. “En la caza olvido todo...”. (Carta de 1864). En una de estas cacerías a caballo se rompió el brazo (en septiembre de 1864) y precisamente durante su convalecencia dictó las primeras partes de La Guerra y la Paz. “Al volver en mí del desvanecimiento, me dije: yo soy un artista. Y lo soy, pero un artista aislado”. (Carta a Fet de 23 de enero de 1865). Todas sus cartas de esta época, escritas a Fet, exultan la alegría creadora. “Miro como ensayos de pluma, dice, todo lo que he publicado hasta hoy”. (Ibid.)
[620] Ya entre las obras que ejercieron influjo sobre él, entre los veinte y los treinta y cinco años, Tolstoi señala:
“Goethe, Hermann y Dorotea... Influencia muy grande”.
“Homero, Ilíada y Odisea (en ruso)... Influencia muy grande”.
En junio de 1863 anota en su Diario:
“Leo a Goethe y numerosas ideas nacen en mí”.
En la primavera de 1865 Tolstoi releyó a Goethe, y cita el Fausto, “la poesía del pensamiento, la poesía que expresa lo que no puede expresar ningún otro arte”.
Más tarde sacrificó a Goethe, como a Shakespeare, a su Dios; pero permaneció fiel en su admiración a Homero. En agosto de 1857 leía, con igual pasmo, la Ilíada y el Evangelio; y, en uno de sus últimos libros, el panfleto contra Shakespeare (1903), precisamente opone Homero a Shakespeare, como ejemplo de sinceridad, de mesura y de arte verdadero.
[621] Las dos primeras partes de La Guerra y la Paz fueron publicadas en 1865 y 1866, con el título de El Año de 1805.
[622] Tolstoi comenzó la obra en 1863, con los Decembristas, de que escribió tres fragmentos (publicados en el Tomo IV de las Obras Completas). Pero advirtió que los cimientos de su edificio no eran suficientemente seguros, y cavando más adelante, llegó a la época de las guerras napoleónicas y escribió La Guerra y la Paz, cuya publicación principió en enero de 1865, en el “Russki Viestnik”. El sexto volumen fué terminado en el otoño de 1869. Entonces Tolstoi remontó el curso de la historia, y concibió el proyecto de una novela épica sobre Pedro el Grande; y después otra: Mirovitch, sobre el reinado de las emperatrices del siglo XVIII y sus favoritos. En ella trabajó, de 1870 a 1873, acopiando documentos, bosquejando varias escenas, pero sus escrúpulos realistas le hicieron renunciar: tenía la conciencia de que no llegaría a resucitar de manera verídica el alma de estos tiempos tan distantes. Más tarde, en enero de 1876, concibió la idea de una nueva novela sobre la época de Nicolás I; después volvió a los Decembristas apasionadamente, en 1877, recogiendo testimonios de los supervivientes y visitando los lugares de la acción. En 1878 escribía a su tía, la condesa A. A. Tolstoi: “¡Es esta obra para mí tan importante! No podéis imaginaros cuánto me es importante, tan importante como para vos lo es vuestra fe. Quisiera decir que más todavía”. (Correspondencia inédita, página 9). Pero se alejó del asunto en la medida que lo profundizaba; ya su pensamiento estaba en otra parte. El 17 de abril de 1879, escribía a Fet: “¿Los Decembristas? ¡Dios sabe dónde estarán!... Si me ocupé y escribí de ellos, me vanaglorio con la esperanza de que tan sólo el olor de mi espíritu sería insoportable para quienes sólo se interesan por los hombres, para bien de la humanidad”. (Ibid. página 132). En este momento de su vida la crisis religiosa había principiado, e iba a quemar a todos sus antiguos ídolos.
[623] La primera traducción francesa de La Guerra y la Paz, hecha en San Petersburgo, data de 1879; pero la primera edición francesa es de 1885, en tres volúmenes, de la Casa Hachette. Una nueva traducción íntegra, en seis volúmenes, acaba de ser publicada en las Obras Completas (Tomo VII-XII).
[624] Pedro Besukhov, que se ha casado con Natacha, será un “decembrista”. Ha fundado una sociedad secreta para velar por el bien general, una especie de Tugendbund; y Natacha se asocia a sus proyectos con exaltación. Denissov no comprende una revolución pacífica, pero está pronto para una revolución armada. Nicolás Rostov ha guardado su lealtad ciega de soldado; él, que decía, después de Austerlitz: “Sólo una cosa tenemos que hacer nosotros: cumplir nuestro deber, batirnos y no pensar más”. Se irrita contra Pedro, y exclama: “¡Mi juramento ante todo! Si se me ordena marchar contra ti con mi escuadrón, marcharé y te batiré”. Su esposa, la princesa María, aprueba sus ideas. El hijo del príncipe Andrés, el pequeño Nicolás Bolkonsky, de quince años de edad, delicado, enfermizo y encantador, de grandes ojos, de cabellos de oro, escucha febrilmente la discusión; todo su amor es para Pedro y para Natacha; no ama ni a Nicolás ni a María, y tiene culto por la memoria de su padre, de quien apenas se acuerda; sueña con parecérsele, ser grande, realizar alguna gran hazaña. ¿Cuál? ¡no lo sabe!... “Digan lo que digan, la haré... Sí, la haré. Él mismo me daría su aprobación”. Y la obra concluye en un juego de niño, que se mira en la forma de un gran hombre de Plutarco, con su tío Pedro, precedido de la gloria y seguido de un ejército. Si los Decembristas hubieran sido escritos entonces, no hay duda de que el pequeño Bolkonsky habría sido uno de los héroes.
[625] He dicho que las dos familias Rostov y Bolkonsky, en La Guerra y la Paz recuerdan muchos de los rasgos de las familias paterna y materna de Tolstoi. También hemos visto anunciarse en las narraciones del Cáucaso y de Sebastopol varios tipos de soldados de La Guerra y la Paz.
[626] Carta del 2 de febrero de 1868, citada por Birukov.
[627] Particularmente, decía, el del príncipe Andrés, en la primera parte.
[628] Es de lamentarse que la belleza de la concepción poética esté algunas veces opacada por las charlas filosóficas, con las cuales Tolstoi recarga su obra, sobre todo en la última parte. Trata de exponer su teoría de la fatalidad de la historia, y el mal está en que se vuelve a esta teoría sin cesar y se repite obstinadamente. Flaubert, que “lanzaba gritos de admiración” mientras leía los dos primeros volúmenes, que declaraba “sublimes” y “llenos de cosas a lo Shakespeare”, arroja por fastidio el tercer volumen: “rueda horriblemente. Se repite, filosofa. Se ve allí al señor, al autor y al ruso, en tanto que hasta el segundo volumen no se había visto más que a la Naturaleza y a la humanidad”. (Carta a Turguenef de enero de 1880).
[629] La primera traducción francesa de Ana Karenina se publicó en dos volúmenes, en 1886, en la casa Hachette. En las Obras Completas la traducción íntegra ocupa cuatro volúmenes. (Tomo XV-XVIII).
[630] Carta a su esposa (archivos de la condesa Tolstoi), citada por Birukov. (Vida y Obra.)
[631] El recuerdo de esta noche horrible se encuentra en el Diario de un loco, 1883. (Obras Póstumas).
[632] Cuando está terminando La Guerra y la Paz, en el estío de 1869, descubre a Schopenhauer, que lo entusiasma: “Schopenhauer es el más genial de los hombres”. (Carta a Fet, 30 de agosto de 1869).
[633] Existe aún, dice, entre Homero y sus traductores, la diferencia del “agua hervida y destilada y el agua de manantial, fría, hasta destemplar los dientes, cristalina, asoleada, que a menudo arrastra arenillas, pero que es más pura y más fresca”. (Carta a Fet, en diciembre de 1870).
[634] Correspondencia inédita.
[635] Archivos de la condesa Tolstoi. (Vida y Obra.)
[636] La novela fué terminada en 1877. Apareció sin el epílogo en el Russki Viestniki.
[637] La muerte de tres niños (18 de noviembre de 1873, febrero de 1875 y fines de noviembre de 1875); de la tía Tatiana, su madre adoptiva (el 20 de junio de 1874), y de la tía Pelagia (22 de diciembre de 1875).
[638] Carta a Fet, de 1.º de marzo de 1876.
[639] “La mujer es la piedra de toque de la carrera de un hombre. Difícil es amar a una mujer y no hacer nada bueno; y la única manera para no estar constantemente disgustado, inactivo por causa del amor, es casarse”. (Traducción Hachette, Tomo I, página 312).
[640] Tomo I, página 86.
[641] Tomo I, página 149.
[642] Lema, al frente del libro.
[643] Adviértase también, en el epílogo, el espíritu netamente hostil a la guerra, al nacionalismo y al paneslavismo.
[644] “El mal es lo razonable para el mundo. El sacrificio, el amor, es locura”. (II, 344).
[645] Tomo II, 79.
[646] Tomo II, 346.
[647] Tomo II, 358.
[648] “Ahora me entrego de nuevo a la fastidiosa y vulgar Ana Karenina, con el único deseo de desembarazarme de ella cuanto antes...”. (Carta a Fet, 26 de agosto de 1875, Correspondencia inédita, página 95).
“Me es indispensable terminar la novela que me fastidia”. (Ibid., 1.º de marzo de 1876).
[649] En las Confesiones (1879). Tomo XIX de las Obras Completas.
[650] Hago aquí un resumen de varias páginas de Confesiones, conservando las expresiones de Tolstoi.
[651] Ana Karenina, Cit: “Y Levine, amado, feliz, padre de familia, se aleja, el arma en la mano, como si hubiera temido ceder a la tentación de poner fin a su suplicio”. (II, 339). Este estado de espíritu no era particular a Tolstoi y a sus héroes. Estaba Tolstoi sorprendido con el creciente número de suicidios entre las clases acomodadas de toda Europa, y principalmente de Rusia; y a ello hace alusión a menudo en sus obras de este tiempo. Se diría que pasó sobre la Europa de 1880 una gran ola de neurastenia, que barrió a millares de seres. Quienes entonces eran adolescentes conservan de esa racha el recuerdo, y para ellos, la expresión de Tolstoi sobre esta crisis tiene un valor histórico. Escribió la oculta tragedia de una generación.
[652] Confesiones, página 67.
[653] Sus retratos de esta época acusan ese carácter popular. Una pintura de Kramskoi (1873) representa a Tolstoi en blusa de mujik, la cabeza inclinada, con un aire de Cristo alemán. La frente empieza a encalvecer hacia las sienes, las mejillas están hundidas y con barba. En otro retrato de 1881, tiene aspecto de contramaestre endomingado: los cabellos cortos, la barba y los bigotes extendidos, el rostro parece más ancho abajo que arriba; las cejas fruncidas, los ojos mansos; la nariz, de anchas ventanas como de perro; las orejas enormes.
[654] Confesiones, páginas 93-95.
[655] A decir verdad, no era ésta la primera vez. El joven voluntario del Cáucaso, el oficial de Sebastopol, Olenine de Los Cosacos, el príncipe Andrés y Pedro Besukhov en La Guerra y la Paz, habían tenido visiones semejantes. Pero Tolstoi era tan apasionado que, cada vez que encontraba a Dios creía que lo encontraba por la primera vez y que no había habido para él antes más que la noche y la nada. En su pasado no veía más que sombras y vergüenzas. Nosotros, que conocemos por su Diario, mejor que él, la historia de su corazón, sabemos cómo este corazón fué siempre, aun en sus extravíos, profundamente religioso. Por otra parte, él mismo conviene en ello en un pasaje del primer Prefacio a la Crítica de la Teología Dogmática: “¡Dios mío, Dios mío! ¡he errado, he buscado la verdad donde necesitaba buscarla! Yo sabía que erraba. Halagaba yo mismo mis malas pasiones, sabiéndolo; pero yo no te olvidaba nunca. Te he sentido siempre cerca, hasta cuando me extraviaba”. La crisis de 1878-79 fué sólo más violenta que las otras, acaso por influencia de los duelos repetidos y de la vejez que se acercaba; y su única novedad estuvo en que, en lugar de que la visión de Dios se desvaneciese sin dejar rastros, después que la llama del éxtasis se había extinguido, Tolstoi, advertido por la experiencia pasada, se apresuró a “avanzar, en tanto que la luz estuviera con él” y a deducir de su fe todo un sistema de vida. No es que no lo hubiera intentado antes (recuérdense las Reglas de Vida, concebidas cuando era estudiante); pero, a los cincuenta años, tenía menos ocasiones de dejarse distraer de su camino por las pasiones.
[656] El subtítulo de las Confesiones es: Introducción a la Crítica de a la Teología dogmática y al Examen de la doctrina cristiana.
[657] “Yo, que colocaba la verdad en la unidad del amor, me sorprendí de este hecho: que la religión destruía, ella misma, lo que deseaba producir”. (Confesiones, página 111).
[658] “Y me he convencido de que la enseñanza de la Iglesia es, teóricamente, una mentira astuta y perniciosa; prácticamente, un compuesto de groseras supersticiones y de hechicerías, bajo el cual desaparece absolutamente el sentido de la doctrina cristiana”. (Respuesta al Santo Sínodo. 4-17 de abril de 1901). Véase también La Iglesia y el Estado (1883). El crimen más grande que Tolstoi reprocha a la Iglesia en su “alianza impía” con el poder temporal, que la ha hecho afirmar la santidad del Estado, la santidad de la violencia, es “la unión de los bandoleros con los mentirosos”.
[659] A medida que avanzaba en edad, este sentimiento de la unidad de la verdad religiosa a través de la historia humana, y del parentesco de Cristo con los otros sabios, desde Buda hasta Kant y Emerson, se fué acentuando, al extremo de que Tolstoi se defendía en los últimos años, de que tuviera “alguna predilección por el cristianismo”. Muy interesante es, en este sentido, una carta escrita en 27 de julio a 9 de agosto de 1909, al pintor Jan Styka, y recientemente publicada en “El Teósofo” de 16 de enero de 1911. Fiel a su costumbre, Tolstoi, lleno de la convicción más reciente, tiene la tendencia de olvidar algo en exceso, su estado antiguo de alma y el punto de partida de su crisis religiosa, que era puramente cristiano:
“La doctrina de Jesús, escribía, no es para mí más que una de las bellas doctrinas religiosas que hemos recibido de la antigüedad egipcia, judía, hindú, china, griega. Los dos grandes principios de Jesús: el amor de Dios, es decir de la perfección absoluta; y el amor del prójimo, es decir, de todos los hombres sin distinción, fueron predicados por todos los sabios del mundo, Krishna, Buda, Lao-Tsé, Confucio, Sócrates, Platón, Epicteto, Marco Aurelio, y entre los modernos Rousseau, Pascal, Kant, Emerson, Channing y muchos otros. La verdad religiosa y moral está en todas partes y siempre es la misma... No tengo ninguna predilección por el cristianismo. Si me he interesado particularmente por la doctrina de Jesús, es, primero, porque he nacido y he vivido entre los cristianos, y, segundo, porque encontré una gran alegría de espíritu en desprender la teoría pura de las sorprendentes falsificaciones realizadas por todas las Iglesias”.
[660] Protesta Tolstoi que no ataca a la verdadera ciencia, que es modesta y que conoce su límite. (De la Vida, capítulo IV. Traducción francesa de la condesa Tolstoi).
[661] Ibid. Capítulo X.
[662] Tolstoi releyó frecuentemente los Pensamientos de Pascal durante el período de crisis que precedió a las Confesiones. De ello habla en sus cartas a Fet (14 de abril de 1877 y 3 de agosto de 1879); y recomendaba a su amigo que los leyera.
[663] En una carta sobre la razón, escrita el 26 de noviembre de 1894 a la baronesa X... (carta reproducida en el volumen intitulado Los Revolucionarios, 1906), agrega Tolstoi:
“El hombre ha recibido directamente de Dios un solo instrumento para el conocimiento de sí mismo y de sus relaciones con el mundo: y no tiene otros. Este instrumento es la razón. La razón nos viene de Dios; es no sólo la cualidad superior del hombre, sino también el único instrumento de conocimiento de la verdad”.
[664] De la vida, capítulo X, XIV-XXI.
[665] De la Vida, XXII-XXV. Como con la mayor parte de las citas, hago un resumen de varios capítulos en algunas frases características.
[666] Me reservo para estudiar más tarde, cuando haya sido publicada la obra completa de Tolstoi, los diversos matices de este pensamiento religioso, que ciertamente evolucionó con respecto a varias cuestiones, particularmente en lo que toca a la concepción de la vida futura.
[667] Cito la traducción publicada en Le Temps de primero de mayo de 1901.
[668] “Hasta entonces había pasado toda mi vida fuera de la ciudad...”. (¿Qué debemos hacer?)
[669] Ibid.
[670] Tolstoi declaró varias veces su antipatía hacia los “ascetas que obran para ellos solos, apartados de sus semejantes”. Los coloca en el mismo saco que a los revolucionarios ignorantes y orgullosos, “que pretenden hacer el bien a los demás, sin saber lo que a ellos mismos les hace falta... Amo con el mismo amor, decía, a los hombres de estas dos categorías; pero odio sus doctrinas con el mismo odio. La doctrina única es la que ordena una actividad constante, una existencia que responda a las necesidades del alma y que trate de realizar la felicidad de los otros. Tal es la doctrina cristiana. Igualmente alejada del quietismo religioso y de las pretensiones altivas de los revolucionarios, que sueñan transformar el mundo sin saber en qué consiste la verdadera felicidad”. (Carta a un amigo, publicada en el volumen intitulado Placeres crueles, 1895. Traducción de Halpérine-Kaminsky).
[671] Tomo XXVI de las Obras Completas.
[672] Retrato de 1885, en daguerrotipo, reproducido en la edición de ¿Qué debemos hacer?, de las Obras Completas.
[673] ¿Qué debemos hacer?, página 213.
[674] Toda esta primera parte (los quince primeros capítulos), que hormigueaba en tipos, fué suprimido por la censura rusa.
[675] “La verdadera causa de la miseria son las riquezas acumuladas en manos de quienes nada producen y que se han concentrado en las ciudades. Los ricos se han reunido en las ciudades para divertirse y para defenderse, y los pobres vienen a ellas a nutrirse con las migajas de las riquezas. Es sorprendente que muchos de ellos continúen trabajando, y que no se consagren todos a la caza de un medro más fácil: comercio, acaparamiento, mendicidad, prostitución, estafas, en la delincuencia misma”.
[676] “El eje del mal es la propiedad. La propiedad no es más que el medio de disfrutar del trabajo ajeno”. La propiedad, aún agrega Tolstoi, es lo que no es de nosotros, sino de los demás. “El hombre llama su propiedad a su mujer, sus hijos, sus esclavos, sus bienes; pero la realidad le demuestra su error, y debe de renunciar a esa propiedad o sufrir y hacer sufrir”. Tolstoi presiente ya la revolución rusa: “Desde hace tres o cuatro años, dice, se nos injuria en las calles, se nos llama holgazanes. El odio y el desprecio del pueblo oprimido aumentan”. (¿Qué debemos hacer?, página 419).
[677] El campesino revolucionario Bondarov habría querido que esta ley fuese reconocida como una obligación universal. Tolstoi estaba entonces bajo su influjo, como también bajo el de otro campesino, Sutaiev. “Durante toda mi vida, dos pensadores rusos han ejercido sobre mí una gran acción moral, han enriquecido mi pensamiento, me han explicado mi propia concepción del mundo: han sido dos campesinos, Sutaiev y Bondarev”. (¿Qué debemos hacer?, página 404). En el mismo libro Tolstoi hace el retrato de Sutaiev, e inserta una conversación con él.
[678] El Alcohol y el Tabaco. (Traducción de Halpérine-Kaminsky, publicada con el título de Placeres viciosos, 1895). El título ruso es: Por qué las gentes se embriagan.
[679] Placeres crueles, 1895. (Los comedores de carne, La Guerra, La Caza). Traducción de Halpérine-Kaminsky. Títulos rusos: (de Los Comedores de Carne): El Primer Grado. La Guerra es un extracto de una obra voluminosa. El Reino de Dios está en nosotros (capítulo VI).
[680] Sorprende que Tolstoi haya sufrido tanto para desprenderse de ella. En él era una pasión atávica, heredada de su padre. No era sentimental y parece que nunca tuvo mucha piedad hacia los animales; sus ojos penetrantes apenas se detenían en las miradas, tan elocuentes a menudo, de nuestros humildes hermanos, a excepción del caballo, para el cual, como gran señor, tuvo predilección siempre. No dejaba de tener un fondo de crueldad nativa. Después de narrar la lenta muerte de un lobo, al cual había matado, descargándole un garrotazo en el nacimiento de la nariz, dice: “Experimentaba un sentimiento voluptuoso, al recuerdo de los sufrimientos del animal moribundo”. El remordimiento despertó ya tarde.
[681] Estío de 1878. Véase Vida y Obra.
[682] 18 de noviembre de 1878. Ibid.
[683] Noviembre de 1879. Ibid. Traducción de Bienstock.
[684] 5 de octubre de 1881. Vida y Obra.
[685] 14 de octubre de 1881. Ibid.
[686] Marzo de 1882.
[687] 1882.
[688] 23 de octubre de 1884. Vida y Obra.
[689] “El pretendido derecho de las mujeres ha nacido y no podía nacer sino en una sociedad de hombres que se apartaron de la ley del verdadero trabajo. Ninguna mujer de obrero cumplido reclama el derecho de compartir con el marido el trabajo en las minas o en los campos. Solamente demandan ese trabajo las mujeres que quieren compartir el trabajo imaginario de la clase rica”.
[690] Son estas las últimas líneas de ¿Qué debemos hacer?, y están fechadas el 14 de febrero de 1886.
[691] Carta a un amigo, publicada con el título de Profesión de fe, en el volumen intitulado Placeres crueles, 1895. Traducción de Halpérine-Kaminsky.
[692] La reconciliación tuvo lugar en la primavera de 1878. Tolstoi escribió a Turguenev, pidiéndole perdón y Turguenev vino a Yasnaia Poliana en agosto de 1878. Tolstoi le devolvió su visita en julio de 1881. Todo el mundo se sorprendió con su cambio de maneras, su dulzura, su modestia. Estaba “como regenerado”.
[693] Carta a Polonski (citada por Birukov).
[694] Carta escrita en Bougival, el 28 de junio de 1883.
[695] Capítulo XII de la edición rusa. El traductor francés hizo con ella la introducción.
[696] Se advertirá que en el reproche que dirige a Tolstoi M. de Vogüé, a su vez emplea por propia cuenta las expresiones mismas de Tolstoi: “Justamente o por error, decía, y quizá para nuestro castigo hemos recibido del cielo este mal necesario y soberbio: el pensamiento... Arrojar lejos esta cruz es una rebelión impía” (La Novela Rusa., 1886). Por otra parte, Tolstoi escribía a su tía la condesa A. A. Tolstoi, en 1883: “Cada uno debe de cargar su cruz... La mía está en el trabajo del pensamiento, malo, orgulloso, lleno de seducciones”. (Correspondencia inédita, página 4).
[697] ¿Qué debemos hacer?, página 378-9.
[698] Aun llegará a justificar el sufrimiento, no solamente el sufrimiento personal, sino también el de los demás. “Porque en el alivio del sufrimiento de los otros está la esencia de la vida racional. ¿Cómo, pues, el instrumento de trabajo podría ser un objeto de sufrimiento para el trabajador? Es como si el labrador dijese que una tierra no labrada es un dolor para él”. (De la Vida. Capítulo XXXIV-XXXV).
[699] 23 de febrero de 1860. Correspondencia inédita, páginas 19-20. En esto le desagradaba el arte “melancólico y dispéptico” de Turguenev.
[700] Esta carta del 4 de octubre de 1887, fué publicada en los Cuadernos de la Quincena, 1902, y en la Correspondencia inédita, 1907.
¿Qué es el Arte? se publicó en 1897-1898; pero en esto pensaba ya desde hacía quince años, es decir, desde 1882.
[701] Insistiré sobre este punto a propósito de la Sonata a Kreutzer.
[702] Su intolerancia había aumentado desde 1886. En ¿Qué debemos hacer? no osa siquiera referirse a Beethoven (ni a Shakespeare); antes reprochaba a los artistas contemporáneos que osasen ampararse en estos hombres. “La actividad de los Galileo, de los Shakespeare, de los Beethoven, no tiene nada de común con la de los Tyndall, de los Víctor Hugo, de los Wagner. De la misma manera los Santos Padres negarían todo parentesco con los Papas” (¿Qué debemos hacer? Página 375).
[703] Y aun quiso marcharse antes de que terminase el primer acto. “Para mí la cuestión estaba resuelta; ya no tenía dudas. Nada había que esperar de un autor capaz de imaginar escenas como aquéllas. De antemano se podía afirmar que no escribía nada que no fuese malo”.
[704] ¡Se sabe que, para hacer una selección de los poetas franceses de las escuelas modernas, tuvo esta idea admirable: “copiar, de cada volumen, la poesía que se encontrase en la página 28!”
[705] Shakespeare, 1903. La obra fué escrita con motivo de un artículo de Ernesto Crosby sobre Shakespeare y la clase obrera.
[706] Textualmente: “La Novena Sinfonía no une a todos los hombres, sino solamente a un pequeño número de ellos, a los cuales separa de los demás”.
[707] “Era uno de esos hechos que se producen a menudo, sin atraer la atención de nadie, ni interesar, no digo ya al universo, pero ni aun al mundo militar francés”...
Y más adelante:
“Será necesario que pasen algunos años antes que los hombres despierten de su hipnotismo y comprendan que de ninguna manera podrían saber si Dreyfus era culpable o no, y que cada uno tiene otros intereses más importantes e inmediatos que el Asunto Dreyfus”. (Shakespeare, traducción de Bienstock, páginas 116-118).
[708] “El Rey Lear es un drama muy malo, muy negligentemente escrito, que no puede inspirar sino disgusto y fastidio”. Otelo, por el cual Tolstoi muestra algunas simpatías, sin duda porque la obra concuerda con sus pensamientos de entonces sobre el matrimonio y sobre los celos, “con ser el menos malo de los dramas de Shakespeare, no es más que un tejido de palabras enfáticas”. El personaje de Hamlet no tiene ningún carácter, “es un fonógrafo del autor, que repite todas sus ideas, al hilo”. En cuanto a La Tempestad, Cymbelino, Troilus, etc., Tolstoi no los menciona si no es por su “inepcia”. El único personaje de Shakespeare que encuentra natural es el de Falstaff, “precisamente porque aquí el lenguaje de Shakespeare, lleno de frías bromas y juegos de palabras ineptas, concuerda con el carácter falso, vanidoso y libertino de este ebrio repugnante”.
Tolstoi no siempre había pensado así. Entre 1860 y 1870 tenía placer en leer a Shakespeare, sobre todo en la época en que tuvo la idea de escribir un drama histórico sobre Pedro I. En sus notas de 1869 se ve que aún tomaba a Hamlet por modelo y por guía. Después de citar sus trabajos concluidos, La Guerra y la Paz, que relacionaba con el ideal homérico, agregaba Tolstoi: “Hamlet y mis futuros trabajos: poesía del novelista en la pintura de caracteres”.
[709] Coloca en “el arte malo” sus “obras de imaginación” (¿Qué es el arte?). Ni siquiera exceptúa de su condenación del arte moderno sus propias obras teatrales, “desnudas de esta concepción religiosa que debe formar la base del drama del porvenir”.
[710] Más exactamente: “Es la dirección de la corriente del río”.
[711] Desde 1873 escribía Tolstoi: “Pensad lo que queráis, pero de tal manera que cada palabra pueda ser comprendida por el carretero que transporta los libros de la imprenta. No es posible escribir nada malo en una lengua enteramente clara y sencilla”.
[712] Tolstoi ha dado el ejemplo: Sus cuatro Libros de Lectura para los niños campesinos, han sido adoptados en todas las escuelas de Rusia, laicas y eclesiásticas. Sus Primeros Cuentos Populares son el alimento de millares de almas. “En el bajo pueblo, escribe Stephan Anikine, antiguo diputado a la Duma, el nombre de Tolstoi se confunde con la idea de ‘libro’. Se puede escuchar a menudo, a algún pequeño aldeano, pedir ingenuamente, en una biblioteca: ‘Dadme un buen libro, un Tolstoi’, es decir un libro grueso”. (En memoria de Tolstoi, lecturas hechas en el aula de la Universidad de Ginebra, el 7 de diciembre de 1910).
[713] Este ideal de la unión fraternal entre los hombres no señala para Tolstoi el término de la actividad humana; su alma insaciable le hace concebir un ideal desconocido, más allá del amor. “Tal vez la ciencia descubrirá un día, para el arte, un ideal aún más elevado, y el arte lo realizará”.
[714] A estos mismos años pertenece, según la fecha de la publicación y sin duda también de su conclusión, una obra que en realidad fué escrita en los tiempos felices del noviazgo y de los primeros años de matrimonio: la hermosa historia de un caballo, Kholstomier (1861-1886). Habla de ella Tolstoi en una carta a Fet, de 1863. (Correspondencia inédita, página 35). El arte de sus principios, con sus paisajes finos, su simpatía penetrante hacia las almas, su humor, su juventud tiene parentesco con las obras de su período de madurez. (La felicidad conyugal, La Guerra y la Paz). El final macabro, las últimas páginas sobre los cadáveres comparados del viejo caballo y de su amo, son de una brutalidad de realismo que recuerda los años siguientes a 1880.
[715] La Sonata a Kreutzer, El Poder de las Tinieblas.
[716] Le Temps, 29 de agosto de 1901.
[717] “Por lo que toca al estilo, le decía su amigo Drujinin, en 1856, sois muy ilustrado, a las veces tanto como un innovador y un gran poeta, a veces tanto como un oficial que escribe a un camarada. Lo que escribís con amor es admirable; pero inmediatamente que os mostráis indiferente, vuestro estilo se embrolla y se hace espantoso”. (Traducción de Bienstock, Vida y Obra).
[718] Vida y Obra. Durante el estío de 1879, Tolstoi vivió en gran intimidad con los campesinos; y Strakov nos dice que, aparte de la religión, “se interesaba mucho por el lenguaje; comenzaba a sentir profundamente la belleza de la lengua del pueblo. Diariamente descubría nuevas palabras, y diariamente trataba en forma peor la lengua literaria”.
[719] En sus notas sobre lecturas, Tolstoi ha escrito, entre 1860 y 1870: “Los Bylines... Impresión muy grande”.
[720] Los dos viejos (1885).
[721] Donde está el amor está Dios (1885).
[722] De qué viven los hombres (1881). Los tres viejos (1884). El Ahijado (1886).
[723] Este relato lleva el siguiente título: ¿Es mucha la tierra que necesita un hombre? (1886)
[724] Fuego que hace llama no se extingue ya (1885).
[725] El cirio (1885). Historia de Iván el imbécil.
[726] El Ahijado (1886). Estas narraciones populares han sido publicadas en el tomo XIX de las Obras Completas.
[727] Muy tardíamente adquirió el gusto por el teatro. Fué un descubrimiento que hizo en el invierno de 1869-1870, y, según su costumbre, se inflamó de entusiasmo. “Todo este invierno me he ocupado exclusivamente en el drama y, como ocurre siempre a los hombres que hasta la edad de cuarenta años no han reflexionado sobre algún asunto y que de pronto, en él fijan su atención, les parece que ven entonces muchas cosas nuevas... He leído a Shakespeare, a Goethe, Puchkin, Gogol y Molière... Quisiera leer a Sófocles y a Eurípides... He estado en cama largos días, enfermo; y cuando estoy así los personajes, dramáticos o cómicos, comienzan a moverse dentro de mí, y lo hacen muy bien...”. (Carta a Fet, 17-21 de febrero de 1870. Correspondencia inédita, páginas 63-65).
[728] Variante del acto IV.
[729] Es de considerar que la creación de este drama angustioso haya sido para Tolstoi una pena. Escribía a Teneromo: “Vivo bien y jovialmente. He trabajado todo este tiempo en mi drama El Poder de las Tinieblas, y está concluido”. (Enero de 1887. Correspondencia inédita, página 159).
[730] La primera traducción, exacta, de esta obra, en francés, ha sido publicada por J. W. Bienstock, en el “Mercure de France” (marzo y abril de 1912). Bienstock ha denunciado las extrañas libertades que se tomaron en las traducciones anteriores de los textos de Tolstoi.
[731] La traducción francesa de este Postfacio, por M. Halpérine-Kaminsky, se ha publicado con el título: De las relaciones entre los sexos, en el volumen intitulado Placeres crueles.
[732] Adviértase bien que Tolstoi no tuvo jamás la ingenuidad de creer que el ideal del celibato y de la castidad absoluta sea realizable por la humanidad actual; pero, según él, un ideal es irrealizable por definición: es un llamamiento a las energías heroicas del alma.
“La concepción del ideal cristiano, que es la unión de todas las criaturas vivientes en el amor fraternal, es inconciliable con la práctica de la vida que exige un esfuerzo continuo hacia un ideal inaccesible pero que no supone haberle alcanzado nunca”.
[733] Al final de La Mañana de un Señor.
[734] La Guerra y la Paz. No quiero recordar a Alberto (1857), la historia de un músico de genio; esta novela es muy débil.
[735] Véase en Juventud el relato humorístico de las penas que sufrió para aprender a tocar el piano. “El piano era para mí un medio de encantar a las señoritas con mi sentimentalismo”.
[736] Se trata de los años de 1876 y 1877.
[737] S. A. Bers. Recuerdos de Tolstoi. (Véase Vida y Obra.)
[738] Tomo I, página 381. (Edición de Hachette).
[739] Pero nunca dejó de amarla. Uno de los amigos de sus últimos días fué un músico, Goldenveiser, que pasó el estío de 1910 cerca de Yasnaia. Casi cada día iba a tocar trozos de música a Tolstoi, durante su última enfermedad. (Journal des Débats, 18 de noviembre de 1910).
[740] Carta del 21 de abril de 1861.
[741] Camilo Bellaigue, Tolstoi y la música. (Le Gaulois, 4 de enero de 1911).
[742] Que no se diga que se trata aquí únicamente de las últimas obras de Beethoven. Aun a las primeras que consentía en mirar como “artísticas”, reprocha Tolstoi “su forma artificial”. En una carta a Tschaikovsky, opone asimismo a Mozart y Haydn “la manera artificial de Beethoven, Schumann y Berlioz, que calculan el efecto”.
[743] Véase la escena contada por M. Paul Boyer: “Tolstoi hacía que le tocaran Chopin. Al final de la cuarta balada, sus ojos se llenaron de lágrimas—¡Ah! ¡animal! gritó; y bruscamente se levantó y se marchó”. (Le Temps, 2 de noviembre de 1920).
[744] Amo y Criado (1895) es como una transición entre las lúgubres novelas que la precedieron y Resurrección, en la cual se derrama la luz de la caridad divina. Pero más todavía se siente en ella la cercanía de La Muerte de Iván Ilich y de los Cuentos Populares, que de Resurrección, que solamente anuncia, hacia el fin, la sublime transformación de un hombre egoísta y cobarde, por la acción de un ímpetu de sacrificio. La mayor parte de la historia es el cuadro, muy realista, de un amo desprovisto de bondad y de un criado resignado que son sorprendidos, en la estepa, de noche, por una tormenta de nieve y que pierden el camino. El amo, que trata desde luego de huir, abandonando a su compañero, regresa y, encontrándolo semihelado, se arroja sobre él, le cubre con su cuerpo, le calienta, sacrificándose por instinto; no sabe por qué, pero las lágrimas se agolpan a sus ojos; piensa que se ha convertido en aquél a quien salva, en Nikita, y que su vida ya no le pertenece a él, sino a Nikita. “Nikita vive, luego también yo vivo todavía”. Casi ha olvidado que él era él, Vasili. Piensa: “Vasili no sabía lo que debía de hacer... no lo sabía, y yo, yo sí lo sé ahora...”. Y escucha la voz de Aquél a quien esperaba, (en esta parte su sueño recuerda otro de los Cuentos Populares) de Aquél que, hacía un momento, le había dado la orden de acostarse sobre Nikita. Lleno de alegría clama: “¡Ya llego, Señor!” Y siente que ahora ya es libre, que nada lo retiene... ha muerto.
[745] Tenía prevista Tolstoi una cuarta parte, que no escribió.
[746] Tomo I, página 379. Cito la traducción de Teodoro de Wyzewa. Una traducción íntegra de Resurrección debe formar los tomos XXXVI y XXXVII de las Obras Completas.
[747] Tomo I, página 129.
[748] Por lo contrario, estuvo ligado a todos los mundos que pintó en La Guerra y la Paz, Ana Karenina, Los Cosacos y Sebastopol, salones aristocráticos, ejército, vida rural. No tenía para ello más que recordar.
[749] Tomo II, página 20.
[750] “Llevan los hombres en sí mismos el germen de todas las cualidades humanas, y ora se manifiesta una, ora se manifiesta otra, mostrándose a menudo los hombres como diferentes de ellos mismos, es decir, de como habitualmente han parecido. En algunos, estos cambios son particularmente rápidos. A esta clase de hombres pertenecía Nekhludov. Bajo la influencia de causas físicas y morales se producían en él cambios bruscos y completos”. (Tomo I, página 258).
Quizá Tolstoi se haya acordado de su hermano Dmitri, que también se casó con una Maslova; pero el temperamento violento y desequilibrado de Dmitri era diferente del de Nekhludov.
[751] “Muchas veces en su vida había hecho estos lavados de conciencia. De esta manera llamaba a las crisis morales en que, percibiendo de frente el aceleramiento o la paralización de su vida interior, se decidía a barrer las inmundicias que obstruían su alma. Al salir de estas crisis, no dejaba nunca de imponerse reglas que juraba observar siempre. Escribía un diario y comenzaba una nueva vida; pero en cada ocasión no tardaba en recaer en el mismo punto, o aun más abajo que antes de la crisis...”. (Tomo I, página 138).
[752] Al saber que la Maslova de nuevo ha hecho una de las suyas con un enfermero, Nekhludov se siente más resuelto que nunca a “sacrificar su libertad para redimir el pecado de esta mujer”. (Tomo I, página 382).
[753] Nunca dibujó Tolstoi un personaje con lápiz tan seguro y vigoroso como el Nekhludov de las primeras páginas. Véase la admirable descripción del momento de levantarse y de la mañana de Nekhludov, antes de la primera sesión en el Palacio de Justicia.
[754] Carta de la Condesa Tolstoi, de 1884.
[755] Le Temps, 2 de noviembre de 1902.
[756] Tolstoi la consideraba como una de sus obras capitales: “Uno de mis libros, (Para todos los días) al cual he tenido la suficiencia de atribuir una gran importancia...”. (Carta a Jan Styka, 27 de julio y 9 de agosto de 1909).
[757] Estas obras fueron, en su mayor parte, publicadas después de la muerte de Tolstoi. M. J. W. Bienstock las ha publicado en una traducción francesa, (3 volúmenes de la colección Nelson). La lista de esas obras es bastante larga, y de ella elegimos, entre las principales: El Diario póstumo del Feodor Kuzmitch, El Padre Sergio, Hadji-Murad, El Diablo, El Cadáver viviente, drama en doce cuadros; El falso cupón, Alexis el tonto, El Diario de un loco, La Luz luce en las tinieblas, drama en cinco actos; Todas las cualidades vienen de ella, pequeña pieza popular, y una serie de excelentes novelas cortas: Después del baile, Lo que yo he visto en sueños, Khodynka, etc. Véase Apéndice, página 431. Pero la obra esencial que falta por publicar y que no se publicará en mucho tiempo, es el Diario de Tolstoi. Abarca cuarenta años de su vida, desde la época del Cáucaso hasta la víspera de su muerte; es el libro de Confesiones más despiadadas que jamás haya escrito un gran hombre.
[758] El título ruso de esta obra es: Una sola cosa es necesaria. (S. Luc. XI, 41).
[759] La excomunión de Tolstoi por el Santo Sínodo es de 22 de febrero de 1901. Fué originada por un capítulo de Resurrección, relativo a la misa y a la Eucaristía. Este capítulo (lo lamentamos) ha sido suprimido en la traducción francesa.
[760] Sobre la nacionalización del suelo. (Véase el Gran Crimen 1905).
[761] “Ruso puro de la vieja Moscovia, dice M. A. Leroy-Beaulieu, gran ruso de sangre eslava, mezclada de finlandés, físicamente un tipo del pueblo más que de la aristocracia”. (Revue des Deux Mondes, 15 de diciembre de 1910).
[762] 1857.
[763] 1862.
[764] El Fin de un Mundo (1905 y enero de 1906). Véase el telegrama dirigido por Tolstoi a un diario americano:
“La agitación de los zemstvos tiene por objeto limitar el poder despótico y establecer un gobierno representativo. Que triunfen o no, el resultado seguro será el aplazamiento del verdadero mejoramiento social. La agitación política, al producir la ilusión funesta de este mejoramiento por medios exteriores, detiene al verdadero progreso, como es posible comprobarlo por el ejemplo de todos los Estados constitucionales: Francia, Inglaterra, América”. (El movimiento social en Rusia. M. Bienstock ha introducido este artículo en el Prefacio del Gran Crimen, traducción francesa, 1905). En una larga e interesante carta a una dama que le pedía formase parte de un Comité para la propagación de la lectura y la escritura entre el pueblo, Tolstoi expresa otros cargos contra los liberales: Han desempeñado el papel de engañados; se han hecho cómplices, por miedo, de la autocracia; su participación en el gobierno da a éste un prestigio moral, y los habitúa a compromisos que rápidamente los convierten en instrumentos del poder. Alejandro II decía que todos los liberales estaban prontos a venderse a cambio de honores cuando no de dinero. Alejandro III ha podido aniquilar sin peligros la obra liberal de su padre: “Los liberales cuchicheaban entre ellos, porque tal cosa no les agradaba, pero continuaban formando parte de los tribunales, seguían al servicio del Estado y en la prensa. En la prensa hacían alusión a cosas sobre las cuales la alusión estaba permitida; pero callaban sobre todo lo que estaba prohibido hablar, y publicaban cuanto se les ordenaba publicar”. Lo mismo hacen bajo Nicolás II: “¿Cuándo este joven que no sabe nada, que no comprende nada, responde con audacia y falta de tacto a los representantes del pueblo, protestan los liberales? De ninguna manera... De todas partes se envían al joven czar cobardes y aduladoras felicitaciones”. (Correspondencia inédita, páginas 283-306).
[765] Guerra y Revolución.
En Resurrección, cuando el examen en casación del juicio de la Maslova, en el Senado, es un darwinista materialista quien más se opone a la revisión porque le choca, secretamente, que Nekhludov quiera casarse por deber con una prostituta: toda manifestación del deber, y, más todavía, del sentimiento religioso, le produce el efecto de una injuria personal. (Tomo I, página 359).
[766] Véanse como tipos, en Resurrección, a Novodvorov, el agitador revolucionario, cuya vanidad y el egoísmo excesivo han esterilizado su gran inteligencia. Imaginación nula; “ausencia total de las cualidades morales y estéticas que producen la duda”. En seguida, unido a sus pasos, como su sombra, Markel, el obrero que se ha convertido en revolucionario por humillación y por deseo de venganza, adorador apasionado de la ciencia que no comprende, anticlerical con fanatismo, y asceta. Se encontrará también en Aún tres muertos, o en Lo divino y lo humano, (traducción francesa publicada en el volumen intitulado Los Revolucionarios, 1906) algunos especímenes de la nueva generación revolucionaria: Romana y sus amigos, que desprecian a los antiguos terroristas y pretenden llegar científicamente a los fines que persiguen, transformando al pueblo agricultor en pueblo industrial.
[767] Carta al japonés Izo-Abe, de fines de 1904. (Correspondencia inédita.)
[768] Las palabras vivientes de L. N. Tolstoi, notas de Teneromo, capítulo Socialismo, (publicado en traducción francesa en Los Revolucionarios, 1906).
[769] Ibid.
[770] Conversación con Paul Boyer. (Le Temps, 4 de noviembre de 1902).
[771] El Fin de un Mundo.
[772] “La más cruel de las esclavitudes está en ser privado de la tierra; porque el esclavo que tiene un dueño, es esclavo de uno solo; pero el hombre privado del derecho de la tierra es el esclavo de todo el mundo”. (El Fin de un Mundo, capítulo VII).
[773] Rusia estaba, en efecto, en una situación especial, y si el error de Tolstoi ha sido atribuir también esta situación al conjunto de los Estados europeos, no hay que sorprenderse de que se haya mostrado principalmente sensible para los sufrimientos que le tocaban más de cerca. Véase en El Gran Crimen, sus conversaciones en el camino de Tula, con los campesinos, que carecían todos de pan porque la tierra les faltaba, y que todos, en el fondo, esperaban que la tierra viniese a sus manos. La población agrícola de la nación forma el 80 por ciento. Un centenar de millares de hombres, dice Tolstoi, mueren de hambre a consecuencia del embargo de la tierra por los propietarios rurales. Cuando se llega a hablarles, como remedio de sus males, de la libertad de la prensa, de la separación de la iglesia y el Estado, de la representación nacional, y aun de la jornada de ocho horas, se burla uno de ellos impunemente.
“Quienes aparentan buscar, por todos los medios, el mejoramiento de la situación de las masas populares, recuerdan lo que pasa en el teatro cuando todos los espectadores ven perfectamente al actor que está oculto, en tanto que los otros que toman parte en la representación y que también lo ven, fingen no verlo, y se esfuerzan por distraer mutuamente su atención”.
No hay otro remedio que devolver la tierra al pueblo que trabaja; y, para la resolución de esta cuestión agraria, Tolstoi preconiza la doctrina de Henry George y su proyecto de un impuesto único sobre el valor del suelo. Éste es su Evangelio económico, y sobre él vuelve incansablemente, y tanto se lo ha asimilado que a menudo, en sus obras, emplea hasta frases enteras de Henry George.
[774] “La ley de no-resistencia al mal es la clave de la bóveda de todo el edificio. Admitir la ley de la ayuda mutua, desconociendo el precepto de la no-resistencia, equivale a construir la bóveda sin cerrarla en su parte central”. (El Fin de un Mundo.)
[775] En una carta de 1900, a un amigo (Correspondencia inédita, página 312), Tolstoi se queja de la falsa interpretación dada a su principio de la no-resistencia. Se confunde, dice: No te opongas al mal haciendo el mal... con No te opongas al mal, es decir, con: “Sé indiferente al mal...”. “Cuando la lucha contra el mal es el único objeto del cristianismo y el mandamiento de la no-resistencia al mal se da como el medio de lucha más eficaz”.
[776] El Fin de un Mundo.
[777] Tolstoi retrató dos tipos de estos “sectarios”, uno al final de Resurrección, otro en Aún tres muertos.
[778] Después de que Tolstoi condenó la agitación de los zemstvos, Gorki interpretaba el descontento de sus amigos, escribiendo: “Este hombre se ha convertido en el esclavo de su idea. Largo tiempo hace que se aísla de la vida rusa y ya no escucha la voz del pueblo. Se coloca a demasiada altura, por encima de Rusia”.
[779] Era para él un sufrimiento agobiador no poder ser perseguido. Tenía sed de martirio; pero el gobierno, muy prudente, se cuidaba bien de darle esa satisfacción. “En torno mío se persigue a mis amigos y se me deja tranquilo, aun cuando, si alguno hay perjudicial, soy yo. Evidentemente no valgo bastante para ser perseguido, y de ello tengo vergüenza”. (Carta a Teneromo, de 1892, Correspondencia inédita, página 184). “Es evidente que no soy digno de sufrir persecuciones, y me será preciso morir así, sin haber podido, por los sufrimientos físicos, dar testimonio de la verdad”. (A Teneromo, 16 de mayo de 1892. Ibid. Página 186). “Me es penoso estar en libertad”. (A Teneromo, 1.º de junio de 1894. Ibid. Página 188). ¡Dios sabe, sin embargo, que no daba motivo para eso! Insultaba a los czares, atacaba a la patria “este horrible fetiche al cual los hombres sacrifican su vida, y su libertad, y su razón”. (El Fin de un Mundo). Véase en Guerra y Revolución, el resumen que hace de la historia de Rusia. Es una galería de monstruos: “el chiflado Iván el Terrible, el borracho Pedro I, la ignorante cocinera Catarina I, la prostituida Elizabeth, el degenerado Pablo, el parricida Alejandro I” (el único para quien Tolstoi tuvo, sin embargo, alguna secreta ternura), “el cruel e ignorante Nicolás I, Alejandro II, poco inteligente, más malo que bueno, Alejandro III, seguramente un tonto, brutal e ignorante; Nicolás II, un inocente oficial de húsares; rodeado de bribones, un joven que no sabe nada, que no comprende nada”.
[780] Carta a Gontcharenko, refractario, del 19 de enero de 1905. (Correspondencia inédita, página 264).
[781] A los dukhobors del Cáucaso, 1897. (Ibid. Página 239).
[782] Carta a un amigo, 1900. (Ibid. Páginas 308-309).
[783] A Gontcharenko, 12 de febrero de 1905. (Ibid. Página 265).
[784] A los dukhobors del Cáucaso, 1897. (Ibid. Página 240).
[785] A Gontcharenko, 19 de enero de 1905. (Ibid. Página 264).
[786] A un amigo, noviembre de 1901. (Ibid. Página 326).
[787] “Es como una hendidura en la máquina neumática; todo el soplo de egoísmo que se quería aspirar del alma humana, vuelve a entrar a ella”. Y emplea todo su ingenio en demostrar que el texto original ha sido leído mal y que las palabras exactas del segundo Mandamiento eran: “Ama a tu prójimo como a Él mismo (como a Dios”). (Conversaciones con Teneromo).
[788] Conversaciones con Teneromo.
[789] Carta a un chino, octubre de 1906. (Correspondencia inédita, página 381 y siguientes).
[790] Tolstoi expresaba ya este temor en su carta de 1906.
[791] “No vale la pena negarse al servicio militar y policíaco, para admitir la propiedad, que se sostiene solamente por el servicio militar y de policía. Los hombres que llenan este servicio y sacan provecho de la propiedad obran mejor que aquéllos que se niegan a todo servicio y gozan de la propiedad”. (Carta a los dukhobors del Canadá, 1899. Correspondencia inédita, páginas 248-260).
[792] Léase en Las Conversaciones con Teneromo la hermosa página “sobre el sabio judío que, sumergido en su libro, no ha visto los siglos derrumbarse sobre su cabeza y los pueblos que aparecían y desaparecían de la tierra”.
[793] “Ver el progreso de Europa en los horrores del Estado moderno, el Estado sangrante, querer crear un nuevo Judenstaat, es un pecado abominable” (Ibid.).
[794] Llamamiento a los políticos, 1905.
[795] Se encontrará en el Apéndice de El Gran Crimen y en la traducción francesa de los Consejos a los Dirigidos (título ruso: Al pueblo trabajador), un Llamamiento de una sociedad japonesa para el Restablecimiento de la Libertad de la Tierra.
[796] Carta a Paul Sabatier, 7 de noviembre de 1906. (Correspondencia inédita, página 375).
[797] Cartas a un amigo, junio de 1892 y noviembre de 1901.
[798] Guerra y Revolución.
[799] Carta a un amigo. (Correspondencia inédita, páginas 354-55).
[800] Ibid. Acaso se trata aquí de la Historia de un Dukhobor, cuyo título figura en la lista de las obras inéditas de Tolstoi.
[801] “Imaginad que todos los hombres que poseen la verdad se reuniesen para vivir juntos y se instalasen en una isla: ¿Sería esto la vida?” (A un amigo, marzo de 1901, Correspondencia inédita, página 325).
[802] 1.º de diciembre de 1910.
[803] 16 de mayo de 1892. Tolstoi veía entonces a su mujer sufrir por la muerte de un niño, y nada podía hacer para consolarla.
[804] Carta de enero de 1883.
[805] “No reprocharé jamás a nadie que no tenga religión. El mal está en que los hombres mienten, fingiendo tener esa religión”. Y más adelante: “Que Dios nos libre de fingir amor porque esto es peor que el odio”. (Correspondencia inédita, páginas 344 y 348).
[806] Revue des Deux Mondes, 15 de diciembre de 1910.
[807] Revue des Deux Mondes, 15 de diciembre de 1910.
[808] A un amigo, 10 de diciembre de 1903.
[809] Le Figaro, 27 de diciembre de 1910. La carta, después de la muerte de Tolstoi, fué entregada a la condesa por su yerno, el príncipe Obolensky, a quien Tolstoi la había confiado algunos años antes. A esta carta se unía otra, igualmente dirigida a la condesa y que trataba de asuntos íntimos de la vida conyugal. La condesa la destruyó después de haberla leído. (Nota comunicada por Taciana Sukhotin, hija mayor de Tolstoi).
[810] Este estado de sufrimiento databa, pues, de 1881, es decir, del invierno pasado en Moscú y del descubrimiento que entonces hizo Tolstoi de la miseria social.
[811] Carta a un amigo (la traducción francesa, hecha por M. Halpérine-Kaminsky, ha sido publicada con el título de Profesión de fe en el volumen Placeres Crueles, 1895).
[812] Parece que sufrió en sus últimos años y sobre todo en sus últimos meses, la influencia de Vladimir-Grigoritch Tchertkov, amigo devoto que, establecido largo tiempo en Inglaterra, había consagrado su fortuna a publicar y divulgar la obra íntegra de Tolstoi. Tchertkov fué atacado violentamente por uno de los hijos de Tolstoi, León; pero si se ha podido acusar su intransigencia de espíritu, nadie ha puesto en duda su absoluta consagración; y, sin aprobar la dureza, acaso inhumana, de algunos actos de los cuales se cree advertir su inspiración (como el testamento por el cual Tolstoi privó a su mujer de la propiedad de todos sus escritos, sin excepción, comprendidos en ellos sus cartas privadas), es posible creer que estuvo más enamorado de la gloria de su amigo que el mismo Tolstoi.
[813] La Correspondencia de La Unión para la Verdad, en su número de 1.º de enero de 1911, publicó una interesante relación de esta fuga. Tolstoi bruscamente partió de Yasnaia Poliana el 28 de octubre de 1910 (10 de noviembre), hacia las cinco de la mañana. Lo acompañaba el doctor Makovitski. Su hija Alejandra, que Tchertkov llama su “colaboradora más íntima”, estaba en el secreto de la partida. Llegó el mismo día, a las seis de la tarde, al monasterio de Optina, uno de los más célebres santuarios de Rusia, donde había estado varias veces en peregrinación; allí pasó la noche y, a la mañana siguiente, escribió allí mismo un largo artículo sobre la pena de muerte. En la tarde del 29 de octubre (11 de noviembre), fué al monasterio de Chamordino, donde su hermana María era monja; comió con ella y le comunicó el deseo que habría tenido de pasar el fin de su vida en Optina, “encargándose de desempeñar las más humildes labores, pero con la condición de que no se le obligase a ir a la iglesia”. Durmió en Chamordino; hizo, en la mañana siguiente, un paseo a la aldea vecina, donde pensaba tomar alojamiento, y volvió a ver a su hermana en la tarde. A las cinco llegó inopinadamente su hija Alejandra, quien sin duda le previno que su fuga era conocida y que habían salido en su seguimiento; y se pusieron en camino, en el acto, de noche. “Tolstoi, Alejandra y Makovitski se dirigieron hacia la estación de Koselsk, probablemente con la intención de ganar las provincias del Sur, quizás las colonias formadas por los dukhobors en el Cáucaso”. En el camino, Tolstoi enfermó y hubo de ponerse en cama en la estación de Astapovo. Fué allí donde murió.
[814] Diario, fecha de 28 de octubre de 1879. (Traducción de Bienstock. Véase Vida y Obra). He aquí el pasaje entero, que es uno de los más bellos: “Hay en este mundo gentes pesadas, sin alas, que se agitan abajo. Entre ellas hay algunos fuertes como Napoleón. Dejan rastros terribles entre los hombres, siembran la discordia y arrasan siempre la tierra. Hay hombres que se dejan crecer las alas, se lanzan lentamente y flotan, como los monjes. Hay hombres ligeros, que se levantan fácilmente y vuelven a caer, los buenos idealistas. Y hay hombres de alas poderosas... Hay hombres celestes que, por amor a los hombres, descienden sobre la tierra replegando sus alas, y enseñan a los otros a volar. Después, cuando ya no son necesarios, remontan el vuelo, como Cristo”.
[815] “Se puede vivir solamente mientras que se está ebrio de vida” (Confesiones 1879). “Estoy loco de la vida... Es el estío, el estío delicioso. Este año he luchado por largo tiempo; pero la belleza de la Naturaleza me ha vencido. Me regocijo con la vida”. (Carta a Fet, julio de 1880). Estas líneas fueron escritas en plena crisis religiosa.
[816] En su Diario, fechado en octubre de 1865: “El pensamiento de la muerte...”. “Yo quiero y amo la inmortalidad”.
[817] “Me embriagaba con esta cólera hirviente de indignación, que amo en mí, que aun la excito cuando la siento, porque obra sobre mí de manera calmante, y me da, por algunos instantes al menos, una elasticidad extraordinaria, la energía y el fuego de todas las capacidades físicas y morales”. (Diario del Príncipe D. Nekhludov, Lucerna, 1857).
[818] Su artículo sobre la Guerra, a propósito del Congreso Universal de la Paz, en Londres, en 1891, es una ruda sátira contra los pacifistas, que creen en el arbitraje entre las naciones. “Es la historia del pájaro al cual se coge después de haberle puesto un grano de sal sobre la cola”. Es tan fácil de cogerlo después de todo. Equivale a burlarse de las gentes hablarles de arbitraje y de desarme consentido por los Estados. ¡Charlatanería todo eso! Naturalmente los gobiernos aprueban: ¡los buenos apóstoles! Saben bien que esto no les impedirá nunca enviar millones de gentes al matadero, cuando les plazca hacerlo. (El reino de Dios está en nosotros, capítulo VI).
[819] La Naturaleza fué siempre “el mejor amigo” de Tolstoi, como se complacía en decirlo: “Un amigo, está bien; pero morirá, se irá a cualquier parte y no se le podrá seguir, en tanto que la naturaleza, a la cual estamos unidos por acto de venta y la poseemos por herencia, es mejor. Mi naturaleza es fría, repulsora, exigente, estorbosa; pero es un amigo que se conservará hasta la muerte, y cuando muramos entraremos en ella”. (Carta a Fet, de 19 de mayo de 1861. Correspondencia inédita, página 31). Participaba de la vida de la naturaleza, renacía en cada primavera: “Marzo y abril son mis mejores meses para el trabajo”. (A Fet, el 23 de marzo de 1877). Lo amodorraba el fin del otoño: “Es para mí la estación más muerta, no pienso en nada, no escribo nada, me siento agradablemente estúpido”. (A Fet, el 21 de octubre de 1869). Pero la naturaleza que hablaba íntimamente a su corazón, era la naturaleza que lo circundaba, la de Yasnaia Poliana. Aun cuando, en el curso de su viaje a Suiza, haya escrito notas muy hermosas sobre el lago de Ginebra, allí se sentía extranjero, y su unión con la tierra natal le parecía entonces más estrecha y más dulce: “Amo a la naturaleza, cuando por todas partes me rodea, cuando por todas partes me envuelve el aire cálido que se derrama hasta la lejanía infinita, cuando esta misma yerba jugosa que he chafado al sentarme viste de verdura los campos infinitos; cuando estas mismas hojas que, agitadas por el viento, brindan sombra a mi rostro, se unen para formar el sombrío azul de la floresta lejana; cuando este mismo aire que respiro forma el azul claro del cielo infinito: cuando estoy solo para gozar de la naturaleza, cuando, en torno mío, revuelan y zumban millones de insectos y cantan los pájaros. El gozo principal de la naturaleza está para mí en cuanto me siento formar parte de toda ella. Aquí (en Suiza) las infinitas lejanías son hermosas, pero estoy desligado de ellas”. (Mayo de 1857).
[820] Conversaciones con Paul Boyer. (Le Temps, 28 de agosto de 1901). De hecho podría uno confundirlas a menudo, como en esta profesión de fe de Julia moribunda:
“Lo que me era imposible creer, nunca he podido decir que lo creía; y siempre he creído lo que decía creer. Era todo lo que podía hacer”.
Que puede relacionarse con la carta de Tolstoi al Santo Sínodo:
“Es posible que mis creencias molesten o desagraden; pero no me es posible cambiarlas, como no me es posible cambiar de cuerpo. No puedo creer otra cosa que lo que creo en esta hora en que me dispongo a volver hacia el Dios de quien procedo”.
O bien con este pasaje de la Respuesta a Cristóbal de Beaumont, que nos parece ser toda Tolstoi:
“Soy discípulo de Jesucristo, y mi Maestro ha dicho que quien ama a su hermano cumple la ley”.
O todavía:
“Toda la oración dominical, íntegra, está contenida en estas palabras: ¡Cúmplase tu voluntad!” (Tercera carta de la montaña.)
En relación con:
“Reemplazo todas mis plegarias con el Pater Noster. Todas las peticiones que yo puedo dirigir a Dios están expresadas con mayor altura moral por estas palabras: ¡Cúmplase tu voluntad!” (Diario de Tolstoi, en el Cáucaso, 1852-53).
La semejanza de pensamientos no es menos frecuente en el terreno del arte que en el de la religión:
“La primera regla del arte de escribir, dice Rousseau, consiste en hablar con claridad y expresar con exactitud nuestro pensamiento”.
Y Tolstoi:
“Pensad lo que queráis, pero de tal manera que cada palabra pueda ser comprendida por todos. No es posible escribir nada mal en una lengua que sea perfectamente clara”.
He demostrado antes que las descripciones satíricas de la Opera de París, en La Nueva Eloísa, tienen muchas relaciones con las críticas de Tolstoi en ¿Qué es el Arte?
[821] Diario, 6 de enero de 1903 (citado en el Prefacio de Tolstoi a sus Recuerdos, volumen primero de Vida y Obra de Tolstoi, publicados por Birukov).
[822] Cuarto Paseo.
[823] Carta a Birukov.
[824] Sebastopol en mayo de 1855.
[825] “La verdad... la única cosa que me ha quedado de mi concepción moral, la única cosa que cumpliré todavía”. (17 de octubre de 1860).
[826] Ibid.
[827] “El amor a los hombres es el estado natural del alma, y nosotros no lo advertimos”. (Diario, en la época que fué estudiante en Kazan).
[828] “La verdad se abrirá para el amor...”. (Confesiones, 1879-81). “Yo, que situaba a la verdad en la unidad del amor...”. (Ibid.)
[829] “¿Me habláis siempre de energía? Pero la base de la energía está en el amor, dijo Ana, y el amor no se da nunca a voluntad”. (Ana Karenina, II, página 270).
[830] “La belleza y el amor, estas dos razones de vivir”. (La Guerra y la Paz, II, página 285).
[831] “Creo en Dios, que es para mí el Amor”. (Carta al Santo Sínodo, 1901). “¡Sí, el amor!... No el amor egoísta, sino el amor tal como yo lo he experimentado, por la primera vez en mi vida, cuando vi a mi lado a mi enemigo moribundo, y lo amé... Es la esencia misma del alma. Amar a su prójimo, amar a sus enemigos, amar a todos y cada uno, ¡eso es amar a Dios en todas sus manifestaciones!... Amar a un ser que nos es grato, es amor humano; pero amar al enemigo, ¡esto casi es amor divino!...”. (El Príncipe Andrés, moribundo, en La Guerra y la Paz, III, página 176).
[832] “El amor apasionado del artista por su asunto, es el corazón del arte. Sin amor no hay obra de arte posible”. (Carta de septiembre de 1889. “Leo Tolstois Briefe 1848 bis 1910”, Berlín, 1911).
[833] “Porque yo escribo libros, sé todo el mal que ellos hacen...”. (Carta de Tolstoi a P. V. Vériguine, jefe de los dukhobors, de 21 de noviembre de 1897. Correspondencia inédita, página 241).
[834] Véase La Mañana de un Señor, o bien, en Las Confesiones, los retratos extremadamente idealizados de estos hombres sencillos, buenos, contentos de su suerte, tranquilos, que comprenden la vida; o bien, al fin de la segunda parte de Resurrección, esta visión “de una humanidad, de una tierra nueva”, que aparece a Nekhludov, cuando encuentra a los obreros que vuelven de su trabajo.
[835] “Un cristiano no podría ser moralmente superior o inferior a otro; pero es más cristiano a medida que más rápidamente avanza en la vida de la perfección, cualquiera que sea el grado en el cual se encuentre, en un momento dado: de suerte que la virtud estacionaria del fariseo es menos cristiana que la del ladrón, cuya alma esté en pleno movimiento hacia lo ideal, y que se arrepiente sobre su cruz”. (Placeres Crueles. Traducción de Halpérine-Kaminsky).