PENSAMIENTOS DE BEETHOVEN

SOBRE MÚSICA.

No hay regla que no se pueda violar a causa de Schoner. (“Plus beau”)[100].

La música debe hacer brotar el fuego en el espíritu de los hombres.


La música es una revelación más alta que la sabiduría y la filosofía.


No hay nada más bello que acercarse a la divinidad y derramar sus irradiaciones sobre la raza humana.


¿Por qué escribo?—Porque lo que tengo en mi corazón es preciso que salga fuera, y esto me hace escribir.


¿Creéis que pienso en un violín sagrado, cuando el Espíritu me habla y escribo lo que me dicta?

(A Schuppanzigh).


Según mi manera habitual de componer, hasta cuando se trata de música instrumental tengo siempre el conjunto delante de mis ojos.

(A Treitschke).


Escribir sin piano es necesario... Poco a poco va naciendo la facultad de representarnos lo que deseamos y sentimos, que es una necesidad tan esencial para los seres nobles.

(Al archiduque Rodolfo).


La descripción pertenece a la pintura. Puede también la poesía, en esto, estimarse feliz (en comparación) con la música; su dominio no es tan limitado como el mío; pero, en desquite, el mío se extiende más lejos en otras regiones. Y no se puede tan fácilmente alcanzar mi imperio.

(A Wilhelm Gerhard).


La libertad y el progreso son la finalidad del arte, como lo son de la vida entera. Si no tenemos nosotros la solidez de los maestros de antaño, por lo menos el refinamiento de la civilización ha ampliado muchos horizontes.

(Al archiduque Rodolfo).


No tengo costumbre de retocar mis composiciones, una vez terminadas. No lo he hecho nunca porque estoy penetrado de esta verdad: que todo cambio parcial altera el carácter de la composición.

(A Thomson).


La música pura de las iglesias debería ser ejecutada solamente por las voces, a excepción del Gloria, o de algún otro texto de este género. Prefiero por eso a Palestrina; pero es un absurdo imitarlo sin poseer su espíritu ni sus concepciones religiosas.

(Al organista Freudenberg).


Cuando algún alumno vuestro tiene en el piano el juego de dedos conveniente, la justa medida, y que toca las notas muy exactamente, fijaos sólo en el estilo y no lo detengáis por pequeñas faltas, ni se las hagáis notar sino al fin del trozo.—Este método forma los músicos, lo cual es, después de todo, una de las primeras finalidades del arte musical... Para los pasajes (de virtuosismo) hacedle emplear a su turno todos los dedos... Sin duda, empleando menos dedos, se obtiene un efecto “perlado”, como se dice, o “como una perla”; pero a menudo son más amadas otras joyas[101].

(A Czerny).


Entre los músicos de otros tiempos sólo Haendel, el alemán, y Sebastián Bach tenían genio.

(Al archiduque Rodolfo, 1819).


Mi corazón palpita plenamente por el alto y grande arte de Sebastián Bach, este patriarca de la armonía (dieses Urvaters der Harmonie).

(A Hofmeister, 1801).


En todo tiempo he sido de los más fervientes admiradores de Mozart, y seguiré siéndolo hasta el fin de mi vida.

(Al abate Stadler, 1826).


Estimo vuestras obras por encima de todas las obras teatrales. Me encuentro en éxtasis cada vez que escucho una obra vuestra nueva, y en ella tomo más interés que en las mías propias: verdaderamente os estimo y os amo... Seréis siempre de mis contemporáneos aquél a quien más estimo. Si queréis proporcionarme un placer extremo bastará sólo con que me escribáis algunas líneas, lo cual me aliviará mucho. El arte une a todas las personas, y mucho más a los verdaderos artistas; y tal vez os dignéis también contarme en el número de ellos[102].

(A Cherubini, 1823).

SOBRE CRÍTICA

Por lo que a mí concierne como artista, no se ha podido decir nunca que yo haya hecho el menor caso de lo que se escriba acerca de mí.

(A Schott, 1825).


Pienso con Voltaire “que algunos piquetes de moscas no pueden detener a un caballo en su fogosa carrera”.

(1826).


En cuanto a estos imbéciles, no hay más que dejarlos hablar. Su charlatanería seguramente que no hará a nadie inmortal, como tampoco privará de la inmortalidad a ninguno de aquéllos a quienes Apolo la ha concedido.

(1801).