* * *

Viéndome perseguido por la alondra

Que en su rápido vuelo

Arrebatarme quiso en su piquillo

Para dar alimento á sus polluelos,

Yo, diminuto insecto de alas de oro,

Refugio hallé en el cáliz de una rosa,

Y allí viví dichoso desde el alba

Hasta la nueva aurora.

Mas aunque era tan fresca y perfumada

La rosa, como yo no encontró abrigo

Contra el viento, que alzándose en el bosque

Arrastróla en revuelto torbellino.

Y rodamos los dos en fango envueltos

Para ya nunca levantarse ella,

Y yo para llorar eternamente

Mi amor primero y mi ilusión postrera.