* * *

De repente los ecos divinos

Que en el templo se apagaron,

Desde lejos de nuevo llamáronle

Con el poderoso encanto

Que del fondo del sepulcro

Hizo levantar á Lázaro.

Agitóse al oirlos su alma

Y volvió de su sueño letárgico

Á la vida, como vuelve

Á su patria el desterrado

Que ve al fin los lugares queridos,

Mas no á los seres amados.

Alma que has despertado

Vuelve á quedar dormida;

No es que aparece el alba,

Es que ya muere el día

Y te envía en su rayo postrero

La postrimera caricia.

***

Si al festín de los dioses llegas tarde,

Ya del néctar celeste

Que rebosó en las ánforas divinas

Sólo, alma triste, encontrarás las heces.

Mas aun así de su amargor dulcísimo

Conservarás tan íntimos recuerdos,

Que bastarán á consolar tus penas

De la vida en el áspero desierto.