* * *

En la altura los cuervos graznaban,

Los deudos gemían en torno del muerto,

Y las ondas airadas mezclaban

Sus bramidos al triste concierto.

Algo había de irónico y rudo

En los ecos de tal sinfonía,

Algo negro, fantástico y mudo

Que del alma las cuerdas hería.

Bien pronto cesaron los fúnebres cantos;

Esparcióse la turba curiosa;

Acabaron gemidos y llantos

Y dejaron al muerto en su fosa.

Tan sólo á lo lejos, rasgando la bruma,

Del negro estandarte las orlas flotaron,

Como flota en el aire la pluma

Que al ave nocturna los vientos robaron.