* * *

Ansia que ardiente crece,

Vertiginoso vuelo

Tras de algo que nos llama

Con murmurar incierto.

Sorpresas celestiales,

Dichas que nos asombran;

Así cuando buscamos lo escondido,

Así comienzan del amor las horas.

Inacabable angustia,

Hondo dolor del alma,

Recuerdo que no muere,

Deseo que no acaba,

Vigilia de la noche,

Torpe sueño del día

Es lo que queda del placer gustado,

Es el amargo fruto de la vida.

***

Aunque mi cuerpo se hiela

Me imagino que me quemo,

Y es que el hielo algunas veces

Hace la impresión del fuego.

***

Á las rubias envidias

Porque naciste con color moreno,

Y te parecen ellas blancos ángeles

Que han bajado del cielo.

¡Ah!, pues no olvides, niña,

Y ten por cosa cierta,

Que mucho más que un ángel siempre pudo

Un demonio en la tierra.

***

De este mundo en la comedia

Eterna vienen y van

Bajo un mismo velo envueltas

La mentira y la verdad;

Por eso al verlas el hombre

Tras del mágico cendal

Que vela la faz de entrambas,

Nunca puede adivinar

Con certeza cuál es de ellas

La mentira ó la verdad.

***

Triste loco de atar el que ama menos

Le llama al que ama más;

Y terco impenitente, al que no olvida

El que puede olvidar;

Del rico el pobre en su interior maldice,

Cual si él rico no fuera si pudiese,

Y aquél siente hacia el pobre lo que el blanco

Hacia las razas inferiores siente.

***

Justicia de los hombres, yo te busco,

Pero sólo te encuentro

En la palabra, que tu nombre aplaude,

Mientras te niega tenazmente el hecho.

—¡Y tú, dónde resides?—me pregunto

Con aflicción—, justicia de los cielos,

Cuando el pecado es obra de un instante

Y durará la expiación terrible

¡Mientras dure el infierno!