* * *
Sed de amores tenía, y dejaste
Que la apagase en tu boca
¡Piadosa samaritana!
Y te encontraste sin honra,
Ignorando que hay labios que secan
Y que manchan cuanto tocan.
—
¡Lo ignorabas!..., y ahora lo sabes,
Pero yo sé también, pecadora
Compasiva, porque á veces
Hay compasiones traidoras,
Que si el sediento volviese
Á implorar misericordia,
Su sed de nuevo apagaras,
Samaritana piadosa.
—
No volverá, te lo juro;
Desde que una fuente enlodan
Con su pico esas aves de paso,
Se van á beber á otra.
***
Sintiéndose acabar con el estío
La desahuciada enferma,
—¡Moriré en el otoño!—
Pensó entre melancólica y contenta,
Y sentiré rodar sobre mi tumba
Las hojas también muertas.
Mas... ni aun la muerte complacer la quiso,
Cruel también con ella:
Perdonóle la vida en el invierno,
Y cuando todo renacía en la tierra
La mató lentamente, entre los himnos
Alegres de la hermosa primavera.
***
Una cuerda tirante guarda mi seno,
Que al menor viento lanza siempre un gemido,
Mas no repite nunca más que un sonido
Monótono, vibrante, profundo y lleno.
Fué ayer y es hoy y siempre:
Al abrir mi ventana,
Veo en Oriente amanecer la aurora,
Después hundirse el sol en lontananza.
Van tantos años de esto,
Que cuando á muerto tocan,
Yo no sé si es pecado, pero digo:
—¡Qué dichoso es el muerto, ó qué dichosa!